En Puebla, La Langosta se ha Posado
Una revisión a 20 años del nacimiento de uno de los primeros e-Zines de México
Por Ernesto Aroche Aguilar @earoche
23 de marzo, 2012
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Ernesto Aroche Aguilar

@earoche

Son las 2 de la mañana de hace 20 años, Gerardo Horacio Porcayo y José Luis Zárate, están ahí, frente a una computadora tratando de programar en lenguaje máquina el futuro del lenguaje hombre, o al menos uno de sus futuros posibles: el de los soportes digitales para la narrativa.

Es desde una IBM 286… No, desde una commodore64 y con IRIS, un programa que permitía trabajar el hipertexto –un programa shareware que les consiguió Mauricio-José Schwarz— que los dos jóvenes escritores, que eligieron la ciencia ficción como trinchera creativa, le dan vida y forma a La Langosta se ha Posado, uno de los dos primeros fanzines digitales o e-Zines mexicanos. El otro es “OtraCosa”, la versión electrónica de “EstaCosa” un fanzine creado por Mauricio-José Schwarz para reducir los costos de producción de la versión en papel.

Es 1992, uno de los últimos años bisiestos del siglo pasado. La empresa estadunidense ATT presenta el video teléfono en los Estados Unidos mientras en las escuelas secundarias mexicanas se enseña computación escribiendo en un pizarrón los comandos del sistema operativo MS-Dos, “Windows” –puntualiza Zárate  a Lado B— todavía está a unos años”. Es el mismo año en que el Pravda deja de circular en la URSS, Bill Clinton derrota en las urnas a Bush y Carlos Salinas de Gortari firma el TLC que llevaría a México al primer mundo.

Es el año en que el futuro toca la puerta en Puebla, justo 10 años después de que falleciera Phillip K. Dick, una de las sombras que se mueven en los diskettes primero de 5 ¼ —sólo en el primero número— y después 3.5  en los que se distribuiría La Langosta.

¿Por qué el nombre?

La Langosta se ha Posado es el título de un libro ficticio que leen los personaje de la novela El hombre en el castillo, ucronía publicada por el mítico Philip K. Dick, situada en un mundo donde los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial.

El novela ficticia, firmada por Hawthorne Abdensen, narra la historia de un mundo similar al nuestro, donde el Eje Berlín-Roma-Tokio perdió la que gran guerra.

Este pequeño homenaje no sólo se debió  a que Philip K. Dick sea los más grandes autores de ciencia ficción, sino a que fue uno de los precursores del Ciberpunk –incluso antes de que este subgénero fuera bautizado-, corriente que fue una importante influencia para varios de los escritores mexicanos de ciencia ficción de la última década del siglo XX. (Paco Coca)

El huevo de la langosta

Pero la generación espontánea no existe en la literatura, y menos en sus soportes. Porcayo cruzó el continente en 1991 para participar en la primera convención latinoamericana de ciencia ficción que organizara el Círculo Argentino de CF y Fantasía (CACyF) en la ciudad de Buenos Aires.

Porcayo regresa no sólo cargado de entusiasmo, en su maleta trae también 25 números de Axxón, el primer e-Zine electrónico de América Latina y la idea de replicar el modelo para romper la dependencia con el papel, al fin escritores de ciencia ficción: la computadora es una de las ventanas más inmediatas al futuro tecnológico.

“Eran los tiempos primigenios –confiesa Zárate en una larga entrevista con Lado B— cuando tener una computadora en casa era algo casi descabellado, cuando el videojuego más sofisticado era el Pong, ese juego de dos barras que se mueven verticalmente para golpear una pelota, y las pantallas eran monocromáticas, negras con letras verdes. Pero ya imaginábamos las posibilidades que el aparato traía consigo, y una de esas posibilidades era reproducir los textos de tal manera que se pudieran copiar fácilmente”.

Hasta ese momento Porcayo y Zárate, que trabajaban muy de cerca con Celine Armenta Olvera directora del Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Puebla, publicaban Prolepsis, una hoja volante, un tríptico fotocopiado que se distribuía por correo. Un pequeño fanzine con todas las de la ley: una publicación hecha por fanáticos de un tema específico, artesanal, distribuida de mano en mano o a través del correo, muchas veces efímera.

“Ahí nos dimos cuenta de lo que difícil que era distribuir los textos a otras partes, cuando buscamos distribuirlos de manera profesional usando las redes de distribución de diarios y nos pedían 10 mil ejemplares impresos, mínimo, un increíbletanto por ciento de las increíbles ganancias que tendríamos”.

–Pedían –puntualiza Porcayo, el también autor de la primera novela Ciberpunk mexicana, La primera calle de la soledad— el primer ejemplar gratuito y todas las ganancias para ellos, y ya a partir de ahí comenzaban a distribuir.

“El problema es que nunca hemos tenido gran presupuesto, y había que encontrar la manera de publicar, estábamos muy entusiasmados escribiendo, era un grupo importante de gente escribiendo ciencia ficción y escribiendo géneros, y queríamos mostrar ese trabajo y hacerlo llegar más allá de las fronteras de Puebla”.

El nido de la langosta

La mesa para la gestación de La Langosta comenzó a ponerse en 1984 cuando nació el Premio Nacional Puebla de Cuento de Ciencia Ficción o Premio Puebla, que ganarían en sus primeras dos ediciones Mauricio-José Schwarz con su cuento La pequeña guerra y Héctor Chavarría con Crónica del gran reformador, y no sería hasta su cuarta edición cuando el galardón quedó en manos de Zárate con su cuento El viajero.

Ese fue uno de los detonantes para que Puebla se convirtiera en uno de los epicentros del movimiento de ciencia ficción primero y en menor medida de géneros que se vivió en el país entre los 80 y 90, el otro fue la publicación de los cuentos ganadores y las menciones honoríficas en la revista que edita mensualemente el Conacyt: Ciencia y Desarrollo.

Comienzan a editarse antologías de cuentos, se crean asociaciones de escritores dedicados al género como la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía (Amcyf) que a su vez estimulan la creación con nuevos premios como el Sizigias y el Kalpa, este último organizado en conjunto con el Consejo Nacional para la Culturas y las Artes y la revista Tierra Adentro.

A Schwarz, Zárate y Porcayo se agregan nombres como el de Federico Shaffler, Gabriel Trujillo, Ignacio Padilla, Alberto Chimal, Pepe Rojo, Gerardo Sifuentes, José Luis Ramírez, escritores que desde sus propias trincheras también venían trabajando el tema o que llegaron a la ciencia ficción dentro del boom que se vivía.

A finales de los 90 y principios de este siglo, cuando comenzaba ya a menguar la ola cienciaficcionera, Editorial Vid intentaba inyectar nuevos bríos al crear el Premio Internacional Vid de Ciencia Ficción y Fantasía, galardón que ganarían por sus novelas: Alfonso Suárez, José Luis Zárate –en 1998 y en 2003— Gerardo Sifuentes y Antonio Malpica.

Y al fin, la langosta se posa

Pero son las dos de la mañana de un decembrino 1992,  Zárate y Porcayo se pelean con la máquina en un lugar perdido en Jojutla, Morelos, para programar hasta los puntos y aparte del número cero de La Langosta, tienen en la memoria de la computadora –a 20 años de distancia no tienen claro si fue en la commodore64 o en una PC 286, aunque apuestan por la primera— textos de Paco Ignacio Taibo II, Juan Hernández Luna, Federico Schaffler, Héctor Chavarría, Bruno Henríquez, Paul Myer, José Rouden, Andrés Eloy Martínez y Eugenio Palacios, y todavía discuten el slogan que acompañará el primer número: “ciencia ficción sin fronteras”, dice uno, una declaración de principios, claro. “Fanzine virtual, aparece el día menos pensado”, propone el otro. Tras un breve debate las dos propuestas se quedan, y acuerdan escribirlas en verde, blanco y rojo: si el fanzine no tiene fronteras y llegará muy lejos gracias a la magia del copiado digital hay que dejar al menos la huella de su origen.

A diferencia de un fanzine en papel, al que cualquiera está familiarizado, La Langosta tiene instrucciones para navegar en su interior. Nada de comandos complicados de MSDos –eso que en ese año todavía se enseñan en las escuelas públicas escribiéndolos en el pizarrón–, pero aun así hay que dejar en claro cuál es el procedimiento, las computadoras todavía no son tan comunes como los dos escritores quisieran.

La Langosta tendrá animaciones, muy básicas, hechas en ocho bits como las que se veían en los juegos de Atari, pero eso será unos números más tarde. Es el número cero y los autores todavía están entendiendo el programa, pero ya han logrado hacer navegable el producto que se divide en dos secciones: «El libro de arena», para trabajos narrativos; «La penúltima verdad», en donde van los artículos. En los siguientes números crearán una tercera: «Interzonas», para notas, crónicas de eventos y convocatorias a concursos.

La Langosta respiraría hasta 1996, con el número 9 –dedicado al tema vampírico– llegaría a su fin en el formato en que nació, al final el equipo estaría compuesto por Libia Brenda Castro, Rodrigo Pardo, Carlos Alberto Limón y Alberto Salinas, además de Zárate y Porcayo.

A pesar de que buscaron financiamiento público nunca lograron hacer entender a los burócratas de la cultura que su producto digital también era una revista literaria que valía la pena financiar.

En 1999 La Langosta intentó levantar la cabeza y mudarse a la red en su versión 0.2 montada en un servidor gratuito Xoom, que tras romperse la burbuja de los puntocom desapareció y con él se fue esa segunda época.

Con la llegada de los blogs Porcayo lanzó una nueva versión con La Langosta se ha Posteado –una intrincada red de blogs–, también  creó una cuenta de twitter, @capsulangostas, aunque el arribo a la twittliteratura no le ha resultado tan natural como a José Luis Zárate, que encontró en la red de los 140 caracteres un hábitat casi natural para lanzar desde ahí sus historias seriadas, como la que publicó la revista Nexos con el título Caperucita tuiteada.

Pero todo eso difícilmente está en la mente de Porcayo y Zárate que en esa madrugada de 1992 dan los últimos toques y se emocionan con lo que están muy cerca de terminar, están construyendo el futuro en un disquete de 5 ¼, un futuro  que 20 años después difícilmente alguien podrá volver a leer en su formato original, el soporte físico que tenían a la mano se volvió obsoleto muy rápido.

Para más información:

Perspectiva de la Ciencia Ficción Mexicana (1991-1997), texto de Porcayo y Zárate

Langosteca, archivos memorables de la langosta

Cuenta atrás, blog de José Luis Zárate

Wikiartículo sobre la ciencia ficción mexicana

En el blog, El viaje de Lonjho se pueden descargar varios números en su formato original de La Langosta se ha Posado, el único problema es que por la velocidad de los procesadores las animaciones ya no se pueden ver.

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Ernesto Aroche Aguilar