La Super Bowl
El espectáculo más grande del mundo, el evento televisivo que congrega, anualmente, al mayor número de estadounidenses frente a la pantalla chica, la final de la liga deportiva más exitosa y rica del planeta.
Por Lado B @ladobemx
06 de febrero, 2012
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Hugo León Zenteno*

El espectáculo más grande del mundo, el evento televisivo que congrega, anualmente, al mayor número de estadounidenses frente a la pantalla chica, la final de la liga deportiva más exitosa y rica del planeta. Un  suceso que también convoca a un considerable número de países más allá de Norteamérica, si bien en algunos de esos lugares el Super Bowl es mirado como una rareza o como un original despliegue físico y táctico que no necesariamente es cabalmente comprendido. A final de cuentas, una buena parte de la audiencia mundial se acerca a la transmisión por su espectacularidad o por el simple hecho de que otras personas lo hacen, es decir, con un toque de curiosidad.

En México, la tradición del futbol americano es mucho más rancia y la afición es mucho más numerosa y conocedora que en el resto de Latinoamérica y que en Europa y Asia. Casi cincuenta años de presencia en la televisión abierta han generado una gran popularidad y ciertamente una comprensión del juego y de la minuciosidad estadística y estratégica que conlleva. Por ello, es conveniente puntualizar desde una perspectiva crítica y mediática lo que observamos en la cuadragésimo sexta edición del Super Tazón.

Por algunas circunstancias en mi entorno familiar, en esta ocasión miré el partido por la televisión abierta, después de varios años de que sólo lo hacía en algún sistema de cable o satélite, donde además podía optar por la transmisión original en inglés. La experiencia fue, digamos, paradójica: por un lado la señal generada por la cadena estadounidense, con una calidad en HD, con su acostumbrado soporte de gráficas y estadísticas y con su impecable manejo de cámaras, ángulos y tomas. Por otro lado, la producción nacional con una serie de inconsistencias y anclajes en el pasado que conviene abordar con más detalle.

De entrada, la labor de comercialización es poco congruente con la magnitud del evento. Son conocidas las altas cotizaciones que alcanzan los comerciales en la TV estadounidense; por ejemplo, este año el valor de un comercial de 30 segundos alcanzó el rango de los 3.5 millones de dólares, lo cual además arrastra a una buena parte de la industria publicitaria a crear anuncios específicos para la ocasión e incluso a programar lanzamientos de productos en tanto se aprovecha el gran aparador que significa un Super Bowl. Aquí, mientras tanto, la pauta publicitaria fue muy similar a la de un domingo cualquiera y lo único que pareció realizado ex profeso fueron los insertos virtuales que se vieron en las transmisiones de ambas televisoras. Y más allá de lo anacrónicos, y a veces hasta ridículos, que son dichos spots, son francamente una intromisión en la dinámica propia del partido. De las menciones publicitarias que tuvieron que hacer los cronistas de TV Azteca, casi mejor ni hablar, son un sucedáneo de la televisión de hace 50 años.

No obstante, lo más preocupante es el estancamiento en la cobertura desde un punto de vista periodístico. Desde la raquítica presentación de los jugadores titulares al inicio del juego, quizá porque partieron del supuesto de que toda la audiencia presenció el programa previo; hasta la inclusión (en TV Azteca) de un sinnúmero de saludos y avisos de tono parroquial que desplazan a un posible análisis o a una profundización en el relato. Por lo visto, los cronistas nacionales no están al tanto de cómo internet ha contribuido a la multiplicación y diversificación de información para el consumo del verdadero aficionado, lo cual se contrapone al manejo del lenguaje especializado en futbol americano que hacen aquéllos. Así, la narración sigue siendo muy poco técnica y muy alejada del nivel de conocimiento del espectador promedio.

Hace algunos años, me hallaba en Barcelona en el momento de la gran final de la NFL. Fue una odisea poder mirar el partido y peor aún lidiar con la transmisión de los inexpertos comentaristas españoles, quienes desde entonces y hasta ahora, se refieren al evento como “la Super Bowl”. Dada la calidad de cobertura que se hace hoy en día en otros espacios, el programa que presencié anoche, en nuestra televisión abierta, pareció también eso, la Super Bowl.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la UPAEP y en la Universidad de las Américas Puebla. Sus áreas de interés profesional son: recepción crítica de medios, hipermedios y noticias; análisis del mensaje periodístico en diarios nacionales e internacionales; ciberperiodismo; análisis y consultoría sobre arquitectura de información, usabilidad y calidad semántica en websites. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del arte, el beisbol, el chocolate y la lluvia.

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