La pasión de Elías Guerra
El fundador del Ballet Folklórico de Puebla lleva toda su vida viviendo para la danza
Por Lado B @ladobemx
09 de febrero, 2012
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“Si la danza es ritmo, como la palabra lo dice,

es poesía del movimiento, es rito de los dioses

y es la pasión de la vida”

Elías Guerra Castillo

Foto: Joel Merino.

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Xavier Rosas

@wachangel

Elías Guerra Castillo cursaba el tercer año de primaria en el internado federal Aquiles Serdán número 22, uno de los 32 que fundó el ex presidente Lázaro Cárdenas, cuando inició su andar en la danza tradicional mexicana, aunque no sabe “en qué momento mis pies se dieron cuenta de que sabían bailar”.

Sombrero, morral de cuero grabado, violín y unos botines son los imprescindibles del director del Ballet Folklórico de Puebla. Y por si hubiera dudas de su pasión, la parte trasera de su camioneta rojo carmín porta una calcomanía con la leyenda: “Huasteco de Corazón”.

Dulce Montiel formó parte del Ballet durante más de 10 años. Cuando acababa de ingresar asistieron a bailar a la Universidad de Chapingo, “pero por ser la más chiquita me dieron el vestido más roto que te puedas imaginar. Las chavas grandes salieron rapidísimo (a escena) pero yo por las prisas me enterré un seguro en la cintura y una amiga, Zaida, me ayudó y me fijó el vestido; pero aunque corrí para salir a cuadro, ya era demasiado tarde, ya todas las demás habían entrado al baile de Polino Guerrero y tras las cortinas me quedé. Me puse a llorar porque ya no había salido a bailar y era la primera vez que bailaría Jalisco. El profe en vez de enojarse, me dijo: ¿qué te pasó?, le expliqué y me dijo: no llores, mira, sí vas a bailar, y se puso a bailar conmigo detrás del telón”.

En su percepción, el director del Ballet Folklórico de Puebla ha dejado una marca “difícil de olvidar” en todos aquellos que han sido sus alumnos. “Te transmite la pasión por la danza y por medio de ese amor a lo que hace y esa pasión que te contagia, se te va haciendo una disciplina. Amo el ballet, me emociona aún a la distancia, lloro cada vez que oigo las notas de La Negra, del Caballito o de Los Parianes, me mueve fibras muy dentro y ahora me da nostalgia recordarlo. Fueron los mejores años de mi vida, el ballet me dio cosas maravillosas, momentos mágicos, únicos”.

Foto: Joel Merino.

Todo por la ex novia

Fue hace 5 años cuando, por casualidad, conocí a Elías Guerra. Una novia había ingresado al grupo, así que lunes, miércoles y viernes esperaba a que terminara la práctica para acompañarla a su casa.

La primera semana permanecí sentado en una de las esquinas del salón en el que actualmente ensayan –en el Centro Escolar Morelos y Pavón-; para la segunda semana, no recuerdo cómo, terminé siendo parte de los músicos del ballet.

Ahí, instrumentos de los que nunca había escuchado: quinta huapanguera, jaranas guerrerenses y veracruzanas, el requinto, la leona, la quijada de caballo, la vihuela; así como danzas que desconocía: Xochipitzahuatl, los Moros, los Negritos de Xóchitl, el Paseo de las Velas, terminaron enamorándome, y poco a poco fui conociendo a tan singular maestro y su pasión contagiosa.

Cargando instrumentos

Oriundo de Cuesta Blanca, en el municipio poblano de Palmar del Bravo, Elías Guerra ingresó al grupo de danza que dirigía Don Jerónimo, “un señor que llevaban los maestros para que entrenara al grupo del internado que, cada año, competía a nivel nacional. Sólo nos enseñó danzas de origen prehispánico como Los Colcheros, Los Cuetaxme. A mí me parece que cualquiera que aprende una danza de esas no es suficiente para una carrera, pero de alguna manera despertó tan grande impresión en mí la danza, la fuerza de los instrumentos, las pisadas seguras, la energía del señor, su fuerza, su precisión, que se metió en mi sangre y nunca dejé de bailar”, recuerda.

Aquellos fueron sus primeros acercamientos a la danza, primero cargando los instrumentos de Don Jerónimo, ya que sólo los estudiantes más grandes –de 5º y 6º de primaria- podían pertenecer al ballet: “a veces le ayudaba a tocar (la guitarra conchera, el caracol y las percusiones) y ahí se hizo Elías Guerra, en el internado”.

En secundaria Guerra Castillo se integró al Grupo de Teatro Ivonne Resek, donde continuó danzando: “no empecé bailando Puebla, empecé bailando polcas del norte, sones de Jalisco, sones veracruzanos, bailes de Oaxaca, porque de Puebla no se conocía un repertorio; es más, no había música grabada, ni una sola danza, ni un solo baile ni jarabe”, recuerda.

“La danza existe en todo espacio, en todo tiempo y en todo momento. La danza no tenemos que verla como un grupo de gente bailando, la danza es ritmo, es emoción, la danza la traemos dentro aunque a veces no nos damos cuenta”

Elías Guerra Castillo, director del Ballet Folklórico de Puebla.

Foto: Joel Merino.

Al término de la pre-vocacional, se desempeñó como docente en Chilapa de Vicente Guerrero, en Zautla. Fue gracias a Alberto Chalini, quien le pidió ayuda para tener su título, que llegó a la capital poblana a formar el Ballet Folklórico de Puebla.

“La primera semana de septiembre (1964), nos vimos en la Normal para que se lo entregara (el título). Nos vimos y luego de entregárselo me preguntó si no me quedaba, ya que iba a ensayar danza con el maestro Fausto Galindo. Ahí fue cuando me presentó: ‘maestro, él es Elías Guerra, es profesor de la sierra, pero sabe bailar muy bien, sabe florear la riata, toca muchos instrumentos, así como chisme o yo no sé por qué le dijo todo eso’”.

A partir de ese momento Elías Guerra conoció a quienes formarían al primer grupo de del Ballet Folklórico de Puebla: Vicente Sánchez, José Luis Jácome, Jacobo Balderas, Pepe Huerta, Pepe Solano, Alejandra Gómez, Lolita Ramírez, Vertis Soto, Alejandra Mayorga, María Elena Botello.

Por su trabajo en la sierra sólo asistía a ensayos los sábados, hasta que conoció a José Luis Herrera Zárate, “Chano”, en el Ballet Normalista, quien lo presentó con Martha Molina de Martínez Márquez, directora de la primaria del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (Cenhch) y del Ballet Costumbrista, ella consiguió que le cambiaran su plaza a una población en Cholula, a media hora de la capital.

“Eso se arregló  en 15 minutos. El director me dijo que me presentara el lunes, pero le dije que no podía porque a mis niños en la sierra quién los iba a atender; me contestó que no me preocupara y que ellos lo iban a resolver (…) el jueves (de la siguiente semana) me dieron mi nombramiento”, recuerda.

De 1964 a 1970 dedicaba 20 horas a la semana a ensayar con el Ballet de la Normal del Estado y el Ballet Folklórico de Puebla: “me nació hacer un grupo porque yo tenía la necesidad muy grande de bailar, no era que alguien me lo platicara o me hubiera invitado, era saber que hay danza mexicana y que yo podía bailar eso”.

En 1970 formó parte del Ballet Folklórico de Amalia Hernández, primero como bailarín y luego como músico; sin embargo decidió dejar Bellas Artes para continuar su trabajo en Puebla, con su propio grupo.

Hoy, a casi 47 años de fundado el Ballet Folklórico de Puebla, Elías Guerra sigue sintiendo que “la danza nació con él; es decir, yo nací para la danza y yo no vivo de la danza, vivo para ella”.

Foto: Joel Merino.

Trayectoria

Docente del Centro Escolar José María Morelos y Pavón.

Miembro del Instituto Nacional de Investigación y Difusión de la Danza.

Miembro de la  Asociación Nacional de Maestros de la Danza Mexicana.

Miembro de la Asociación Internacional de Grupos Folklóricos.

Es considerado uno de los máximos representantes de la cultura popular en el estado.

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