Moneyball

Moneyball

Camilo Useche*

El baseball es un deporte aburrido de ver, un deporte que para mi es tedioso y al que no le encuentro mucha gracia.   El caso es que es un deporte que mueve mucho dinero en los Estados Unidos y el precio de fichajes puede ser tan importante como el de la liga de futbol americano.  Lo curioso es que en el cine este deporte no ha tenido mucha suerte; que yo recuerde,  tan sólo “los búfalos de Durham” (1988) de Ron Shelton, con un Kevin Costner en pleno furor y  la sentimentaloide pero muy bien lograda película de Barry Levinson “ The natural”(1984) con el siempre impecable Robert Redford,  lograron calar en mi memoria; después las volvería  a ver sin duda alguna por la televisión un par de veces más. Debe haber muchas otras, de esas donde al último segundo hay un home run que voltea el marcador y la película termina mientras todo el equipo se abraza; también tengo en la memoria el rostro de Robert de Niro y de Tom Hanks en alguna de ellas, pero la verdad no me acuerdo, ni creo que valga la pena hacerlo.

Es paradójico que una película como “Moneyball” (la traducción al español es horrorosa: “rompiendo las reglas”) termine en un futuro en alguna de las listas de las mejores películas sobre deportes. Es paradójico, porque no es una película de baseball en si, más bien es una película que habla de dinero y de probabilidades.

Bennett Miller, el director que sorprendió hace unos años con « Capote »(2005), nos presenta ahora una película intensa, sobria y bien hecha, con un guión magnífico de Aaron Sorkin (La red social), sobre  la historia de Billy Beane’s, manager del equipo de baseball de Oakland, que rompió el record de victorias consecutivas con un equipo desmantelado y sin figuras. Que ¿cómo lo hizo ? Probabilidad, economía, matemáticas, sumas y restas; así fue, y de eso trata esta película, no de baseball, se trata de que hay equipos ricos y equipos pobres. Y Okland era un equipo pobre que logró estar, por un instante, por encima de los equipos ricos. Así es.  He ahí su magia.  Y Hasta por momentos, como sucedió en “El árbol de la vida”, nos desentendemos de la cara bonita de Brad Pitt, y nos sumergimos en su personaje construido brillantemente y con elegancia.   Todo parece funcionar, al menos hasta que termina la película.  En casa, puede pasar al olvido.

*Candidato a Doctor en Historia por I’ Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de Paris. Maestro en Relaciones Internacionales y Estudios Latinoamericanos UAM, Madrid. Historiador y sociólogo por la Pontificia Universidad Javeriana y por la Universidad Nacional de Colombia.

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