Tres opciones distintas para ver teatro

Tres opciones distintas para ver teatro

Mely Arellano | Paco Coca | Ernesto Aroche

La oferta de un festival teatral no se limita al montaje de clásicos como la Tempestad de William Shakespeare o el multirrepresentado Don Juan de José Zorrilla, que fueron los platos fuertes de las primeras dos jornadas del Festival Internacional Héctor Azar, también hay espacio para los espectáculos callejeros, para el clown y para el teatro basado en la expresión corporal.

En esta entrega, Lado B asistió se enfocó en tres de estas propuestas. Una italiana, una mexicana y una argentina. Tres formas distintas de ver y representar el teatro.

ALBATROS MÁGICO

Foto: Ernesto Aroche

Un hombre de larguísimas piernas, con smokin, bastón y sombrero de copa llega a la plaza donde una mujer con vestido blanco toca un tambor. Le hace una reverencia y desaparece. Por una esquina aparece otro hombre, de estatura normal, también tocando un tambor. En cuestión de segundos aparecerá en escena otra mujer y otro hombre de larguísimas piernas, vestidos de rojo, y un albatros de larguísimas patas.

Pronto el público los rodea, se va creando expectativa conforme, parece, transcurre una historia. Pero la historia camina tan rápido como sus personajes y cuando alcanzan la otra esquina de la calle aparecen una payasa, músicos y acróbatas que desarrollan rutinas mientras cantan, regalan flores, tocan, lanzan aros, escupen fuego y se persiguen.

Y entonces ya no hay historia, o la historia se convierte en una fiesta que invade la calle. Conforme los personajes transitan por ella la gente los sigue maravillada. En realidad no son grandes trucos, pero emana de ellos un entusiasmo y una alegría que se contagian, como si sus movimientos fueran mágicos y los espectadores estuvieran por unos minutos totalmente hechizados.

Teatro Tascabile di Bergamo

“Albatros”

Dir. Giuseppe Chierichetti

Italia

Pasacalles de la Plaza de la Democracia al zócalo

VIÑETAS SOBRE EL MÁS ALLÁ

Un par de hombres hacen casting en el centro del escenario mientras a un lado, un grupo delibera acerca de lo que los actores intentaron decir. Antes, en una pantalla se proyecta lo que distintas personas opinan sobre la muerte, o mejor dicho, sobre lo que nos espera en el más allá.

A donde van los muertos (lado b), del grupo argentino Krapp, se presentó en el Teatro de la Ciudad. Pese al flojo inicio, que provocó la salida de algunos asistentes, la capacidad de estos sudamericanos para transmitir emociones sin hablar, sólo con movimientos y algunos ruidos, terminó por atrapar al público.

Un robot que da vueltas por el escenario y contesta preguntas hasta que se queda sin pila. Un caballo formado por dos hombres que cabalga alrededor del escenario. Una especie de ruleta rusa que termina con un muerto en escena y un intermedio con una cascarita sobre el escenario musicalizada en vivo, fueron algunas de las viñetas con las que el director Luis Biasotto intenta responder la pregunta planteada en el título de la obra.

Al final, los muertos salen por un lado del escenario para reaparecer en la pantalla que se reactiva al final de la obra mientras un hombre pregunta si las preguntas planteadas fueron respondidas por los actores. Al público parece importarle poco y prefiere responder con aplausos.

Grupo Krapp

“A donde van los muertos (lado b)”

Dir. Luis Biasotto

Argentina

Teatro de la Ciudad

RISAS SIN DESCANSO

Foto: Ernesto Aroche

El hombre levanta del piso su sombrero. Lo coloca sobre su cabeza pero este se niega a quedarse ahí, cubriendo sus mechones de peluche color morado que lleva a manera de cabello. Y salta. El hombre que calza unos zapatos exagerados y viste unos pantalones bombachos color café, levanta el sombrero del suelo. Lo vuelve a poner sobre su cabeza, pero hay resistencia. Salta de nuevo. Las risas estallan. Aziz Gual, el clown que tomó por asalto el atrio de Santo Domingo hace rato que tiene al público en la bolsa y se permite recrear por cosa de un minuto una de las rutinas de Buster Keaton, el famoso actor de la época silente del cine estadunidense, como un elemento más de su espectáculo “De Risa en Risa”.

Malabarista. Monta sobre su barbilla tres escaleras cada una más pesada que la otra. Prestidigitador. Crea ilusiones con pequeñas bolas color naranjas que regurgita una y otra vez ante la mirada incrédulo de su público. Clown. Lleva a la audiencia a un paseo por el océano montado en un barco de papel que enfrenta enormes olas que lo bañan de agua sin temor a naufragar. Músico. Tras pisar tierra firme toma un pequeño acordeón y sube a un monociclo acompañado de cientos de palmas. Y los actos, y sketches se siguen. Uno tras otro. Sin apenas detenerse. Salpicado siempre de una risita cómplice que contagia más risa.

Y el show continúa en esa mezcla de estilos y formas de entender la comedia. Nada raro cuando se sabe que el hombre detrás del nombre Aziz Gual es un graduado del Ringling Bros. and Barnum & Bailey Clown College, que tomó clases con el mimo por antonomasia: Marcel Marceau, y estudió técnicas de circo y clown en la Ecole du Cirque Space Catastrophe en Bruselas Bélgica. Transpira espectáculo, espectáculo circense. No por nada fue colaborador en la creación del Proyecto “Circo del mundo” del Cirque Du Soleil en México.

Aunque hace tiempo que dejó el circo como espacio vital y se apropió de teatros, y espacios urbanos para montar sus espectáculos, como el que desarrolla ante niños y adultos congregados en ese atrio transformado de clínica de la risa, o como el que presentó por una temporada en el teatro Julio Castillo, Humor en Cubos, un montaje también interdisciplinario.

En el escenario el clown se calza ahora una máscara. Y luego otra. Y otra más. Está ensayando personalidades y estados de ánimo. Algo busca más allá de la risa que arranca cada transformación. Algo que tal vez esté debajo de esa capa de maquillaje en la piel del hombre que también se llama Aziz. La función termina.

Aziz Gual

“De risa en risa”

Dir. Aziz Gual

México

Atrio de Santo Domingo

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