Los Caballitos de Tarquinia de Marguerite Duras

Los Caballitos de Tarquinia de Marguerite Duras

Alejandro Badillo

En 1963, en plena efervescencia política y cultural, el escritor y cineasta francés Alain Robbe-Grillet publicó Pour un nouveau roman, una reunión de ensayos donde proponía la renovación de la novela, el rompimiento con esquemas tradicionales usados por Emile Zolá y Balzac.

Tusquets Editores. 1era edición, 2003. Traducción de Caridad Martínez

La “nueva novela” según Robbe-Grillet, debía alejarse de la lógica, de los complejos marcos históricos, de la ficción utilizada como un instrumento para reflejar conflictos sociales. Para Robbe-Grillet la novela debía dejar atrás la psicología, registrar hechos sin comentarlos, internarse en la ambigüedad y la sugerencia. Marguerite Duras (Gia Dinh, cerca de Saigón, Vietnam, 4 de abril de 1914 – París, 3 de marzo de 1996) novelista, guionista y directora de cine francesa, fue junto con Claude Simon y Nathalie Sarraute uno de los primeros escritores cuya propuesta fue vinculada con la “nouveau roman”.

La narrativa de Duras, profundamente marcada por la experiencia cinematográfica, prefiere evocar antes que describir, construir personajes mediante imágenes antes que elaborar complicados retratos psicológicos. Duras, conocida internacionalmente por el éxito de su novela corta El amante (1984), tuvo una vida marcada por el desamor, crisis emocionales, largos años de convivencia con el alcohol, factores que no le impidieron la escritura de varias novelas, obras de teatro y guiones cinematográficos. Los caballitos de Tarquinia publicada diez años antes del manifiesto de Robbe-Grillet, condensa muchas propuestas de la “nueva novela”.

La trama no tiene un foco aparente, sino que gravita alrededor de varios elementos: unas vacaciones en un pueblo de la costa italiana, la muerte de un muchacho por una mina explosiva, un incendio en la montaña, la posibilidad de una visita a los frescos de Tarquinia, dos parejas que se desconocen lejos de la ciudad, que parecen huérfanos de la rutina y que constantemente ponen en duda sus motivaciones para estar juntos, su capacidad de amar. El personaje central es el calor agobiante de la costa que inmoviliza el tiempo, hace que los turistas sientan las vacaciones como un día muy largo.

La prosa de Duras -como la lente de una cámara- se limita a seguir a sus personajes, reproduce las pláticas de las parejas, acciones en apariencia intrascendentes (planear la cena, la compra de cigarros en la tienda más cercana al pueblo, una infidelidad que se planea casi de forma inconsciente y que nunca se lleva a cabo) pero que sirven para reflejar el tedio de los turistas, la atmósfera que los rodea, el silencio que los entrampa y que les hace beber interminables Camparis. La lluvia se espera mientras se come, mientras se suda, mientras se recorre las calles amarillas y desiertas de la costa.

Los frescos de la ciudad etrusca de Tarquinia aparecen en la novela como proyecciones, deseos postergados que permanecen a la distancia, como el incendio en la montaña, el amor que se desbarata, la renuencia de los padres del muchacho muerto a firmar el acta de defunción. Los caballitos de Tarquinia, como buena parte de la obra de Marguerite Duras, es fundamental para conocer las nuevas direcciones que siguió la narrativa en el siglo pasado.

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