De la noticiabilidad
Esto sí es noticia. Y esto no. ¿Cómo saberlo?, ¿cómo saber si estamos de acuerdo con quienes nos dicen que determinado hecho es noticioso? La semana pasada detallé los primeros cuestionamientos necesarios para un cabal proceso de consumo crítico de noticias; la distinción entre información y opinión, decía, funge como el primer paso en este sentido.
Por Lado B @ladobemx
31 de octubre, 2011
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Hugo León Zenteno*

Esto sí es noticia. Y esto no. ¿Cómo saberlo?, ¿cómo saber si estamos de acuerdo con quienes nos dicen que determinado hecho es noticioso? La semana pasada detallé los primeros cuestionamientos necesarios para un cabal proceso de consumo crítico de noticias; la distinción entre información y opinión, decía, funge como el primer paso en este sentido. Ahora bien, allí no se agotan los cuestionamientos que nos debemos hacer (y que debemos hacer a las noticias y a quien las publica); es necesario tratar de vincular los condicionantes que poseen los emisores de información con la manera en que nos presentan a esta última.

Es aquí donde aparecen las nociones de línea editorial y políticas editoriales, como los factores determinantes de la labor informativa que un periódico, revista, portal o medio audiovisual aspira a realizar. Toda publicación seria toma estos puntos de partida para normar el manejo que hace de la información, sus elecciones, jerarquizaciones, exclusiones y mecanismos de despliegue textual y visual. La línea editorial nos revela un conjunto de directrices sobre las cuales se sostienen ideologías a diseminar y se propician temáticas a publicar. Estas líneas pueden asociarse con posturas conservadoras, liberales, plurales, inclusivas, monográficas, desafiantes, conciliadoras, etc. además del sinfín de combinaciones entre ellas.

Las políticas editoriales son aplicaciones congruentes con la línea editorial de la publicación en cuestión, y generalmente se traducen en acciones, pautas estilísticas e incluso omisiones específicas respecto al tratamiento de la información, las cuales van encaminadas a prever, y en su caso resolver,  los dilemas éticos y formales que cotidianamente suele presentar el trabajo periodístico. Son ejemplos de políticas editoriales: la inclusión o exclusión de ciertos tipos de imágenes, el balance entre los distintos géneros periodísticos, la extensión mínima o máxima de las piezas periodísticas, el estilo de uso de acrónimos o iniciales, la forma de publicar las cartas de los lectores, la proporción infovisual del diseño editorial, etc.

Aun cuando muchos medios informativos no manifiestan expresamente sus líneas y/o políticas editoriales, resulta clave identificarlas en aras de comprender las razones del manejo informativo que dichas organizaciones elaboran de los hechos. Sobre todo en términos de la congruencia que puedan tener aquellos conceptos con mis propios intereses y con la percepción de lo que me parece un hecho noticioso. La concordancia resultante me convertirá en lector no sólo asiduo, sino crítico, y me pondrá en la posición de evaluar una serie adicional de elementos clave para la construcción de una news literacy: los valores noticiosos; cuya precisión será nuestro próximo motivo.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la UPAEP y en la Universidad de las Américas Puebla. Sus áreas de interés profesional son: recepción crítica de medios, hipermedios y noticias; análisis del mensaje periodístico en diarios nacionales e internacionales; ciberperiodismo; análisis y consultoría sobre arquitectura de información, usabilidad y calidad semántica en websites. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del arte, el beisbol, el chocolate y la lluvia.

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