¡Sí a las clases dinámicas!

¡Sí a las clases dinámicas!

Yossadara Franco Luna*

Constantemente escucho a alumnos pedir, casi aclamar, clases dinámicas. Es un tópico que continuamente sale a colación tanto en diálogos formales como informales y en las evaluaciones que hacen los estudiantes a sus profesores. Los argumentos son que ellos aprenden menos porque las clases son muy tediosas y al serlo se distraen buscando algo para no aburrirse. Visto desde aquí parece que simplemente quieren entretenimiento y no educación.

Los docentes, por otro lado, también concentran parte de su tiempo pensando en cómo hacer clases de ese tipo. Buscan, cual receta de cocina, actividades para que los alumnos sientan ―que no es lo mismo que sea― que la clase es excepcional o en su defecto va mejorando. Incluso cuando se habla de transformación docente hay un acento claro en que se dinamice al grupo construyendo una sesión atractiva y ello implica que disponga de toda su creatividad posible para que al estudiante le signifique algo el conocimiento que ahí se vierte. Parece que buscan llenar la profundidad que un tema requiere haciendo un circo de la clase.

Estoy de acuerdo: las clases deben ser dinámicas. Pero surgen dos preguntas en torno al tema ¿qué implica y qué elementos debe contener una clase sea dinámica? De las respuestas a estas problemáticas depende lo que realmente sucede en el hecho educativo. Los alumnos deben tener claro qué es lo que están pidiendo y los docentes saber qué es lo que quieren ofrecer.

En el fondo las clases, de cualquier grado, deben perseguir que el patrimonio intelectual de la humanidad se vuelva iluminador, es decir, que las personas que van conociendo una serie de datos y que de ellos en conjunto con la realidad tejen reflexiones sean capaces de sentirse provocados por la sociedad en la que viven y mejor aún que esa realidad los convoque a algo en bien del otro y de sí mismo. Un mundo más humano se trenza con datos, realidad y reflexión.

Una vez que se ha esclarecido el sentido de la clase es indispensable pensar no en cómo pueda parecer o hacer sentir que es dinámica sino en que de verdad lo sea.

Hay que dejar en claro: una clase dinámica es un diálogo profundo de ida y vuelta que realizan docentes y estudiantes en torno a un tema. Dinamizar una clase es responsabilidad de dos; no es la tarea del maestro porque si así lo fuera es de suponerse que los alumnos serán simples espectadores que pueden salir del show divertidos o aburridos, criticando las estrategias, las formas y los contenidos; esperando un mejor espectáculo para la siguiente, señalando en la evaluación a sus profesores con el dedo inquisidor al que menos los hace reír y al que más los hace dormir.

Por otro lado, el docente no puede ser un simple instructor que llega a un salón, realiza un monologo que versa sobre algún tema y decide que quien tenga interés lo siga. Su propósito no se haya en formar a sus estudiantes sino en regodearse en sus conocimientos siendo así un simple repetidor de datos y autores.

Ambas posturas son muy fáciles de encontrar en una escuela porque la tercera opción implica mucho esfuerzo. Una clase dinámica deberá ser aquella en la que se desmenuce el contenido siendo el alumno quien comience el ejercicio y para ello se requiere que lleguen a la sesión preparados, es decir, con los temas previamente investigados, sabiendo que no basta con hablar sino que el requerimiento es ir sumando datos y posturas a la clase. El docente fungirá como un verdadero guía, orientará las reflexiones y de forma honesta le dirá al alumno cuando acierta en éstas y cuando no lo logra; planteará preguntas que originen un debate serio y no una simple pelea por tener la razón.

El docente cerrará la clase abundando sobre lo que los alumnos no pueden ver por su propia condición de alumnos, implica no sólo el dominio del tema sino la pericia para abonar en los alumnos la duda, la inquietud y con ello la necesidad por querer más de esa clase: nadie se resiste ante un cañonazo de inteligencia.

Las ganancias son enormes: los alumnos tomarán la responsabilidad de las clases en sus manos y su papel como estudiantes seguramente los llevará a erigirse como ciudadanos reales, no aspirarán a divertirse en la clase porque entenderán que ésta es un espacio de reflexión y no el disneylandia con libros. Por otro lado, los docentes tendrán que estudiar más y ello seguramente los llevará a ser investigadores no sólo de su propia docencia sino de temas que sí pueden llegar a ser resueltos. En ese sentido, sí a las clases dinámicas.

*Responsable de Formación Social de la Preparatoria Ibero Tlaxcala/Universidad Iberoamericana Puebla

**El artículo expresa la opinión personal de la autora, que es académica de la Universidad Iberoamericana Puebla

***Este texto se encuentra en: http://eirculodeescritores.blogspot.com

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