Por una recepción crítica de medios
Toda propuesta mediática (enfatizo, son tan sólo propuestas) conlleva un sesgo o un enfoque predeterminado y una intención, en ocasiones evidente, pero la mayoría de las veces subyacente u oculta.
Por Lado B @ladobemx
15 de agosto, 2011
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Hugo León Zenteno*

Sentados en un sillón, inertes ante el paso incesante de canales, aceptando sin ninguna oposición cuanto contenido o tema se nos ofrezca… Imagen ciertamente perturbadora pero en extremo común en nuestra cotidianidad. Aplica igual para adultos, niños o jóvenes; esta desconexión mental ante los mensajes televisivos funciona como mecanismo de evasión ante nuestras realidades y circunstancias. Aquí el problema radica en que no consideramos como nociva esta pasividad en tanto le conferimos a los textos (impresos, audiovisuales, hipermediales) una neutralidad que le despoja de algún tipo de riesgo para nuestra persona.

Pues bien, dicha neutralidad no existe. Toda propuesta mediática (enfatizo, son tan sólo propuestas) conlleva un sesgo o un enfoque predeterminado y una intención, en ocasiones evidente, pero la mayoría de las veces subyacente u oculta. No necesariamente, conviene aclarar, dicha intencionalidad busca ser dañina o peligrosa; sin embargo, cuando así sea es pertinente que el individuo sea capaz de percatarse de ello. Aquí es donde Intelectura pretende aportar su grano de arena; en la educación para la recepción crítica de los medios, los hipermedios y las noticias; en colaborar a generar una necesidad de que las audiencias sean activas, de que las lecturas -en el amplio sentido del término- sean inteligentes, informadas y congruentes con el sistema de valores que cada quien asume.

Valgan algunas ideas para ampliar la justificación de esta tarea. La alfabetización mediática, como también se le conoce en español a este concepto (a partir de la traducción de media literacy) ha sido una corriente educativa propiamente reconocida desde mediados del siglo pasado, a pesar de lo cual, su incorporación formal a los sistemas educativos de los diversos países del mundo ha sido muy paulatina. La noción como tal comenzó a ser esbozada en los años treinta del siglo pasado en la Gran Bretaña, nación que desde entonces ha debatido sobre los criterios y estilos pedagógicos de la media literacy. En Escandinavia, particularmente en Finlandia, Dinamarca y Suecia,  estos contenidos se convirtieron entre 1970 y 1980 en asignatura obligatoria en el currículum de educación básica. En 1978 fue fundada en Canadá la Association for Media Literacy (AML), organización que a la fecha promueve la cultura de la recepción crítica en ese país, donde, además, cada gobierno provincial agregó asignaturas del tema en sus programas educativos. Otros países donde el desarrollo en la materia ha sido notable son Australia y Nueva Zelanda. Actualmente, la Unión Europea posee políticas públicas y objetivos concretos para el fomento a la alfabetización mediática y digital en sus países miembros.

Más allá de las tendencias globales en términos de iniciativas gubernamentales o privadas, el ámbito doméstico nos provee de razones suficientes para interesarnos en esta temática. La oferta audiovisual y cibermediática crece diariamente y de manera desmesurada, por lo que desde hace tiempo se ha convertido en algo inmanejable para cualquier ser humano. Es decir, física y cognitivamente no podemos prestar atención a todos los estímulos comunicacionales que recibimos cada día,  simplemente sobrepasan nuestra capacidad sensorial y perceptual. Por tanto, hay que elegir; y eso implica descartar, valorar, sopesar, transigir, rechazar, aceptar. La creación de una conciencia crítica en medios es un proceso que cada uno debe construir a partir de sus propias visiones, entornos y potencialidades; no obstante, existen una serie de ideas -como las que he anticipado aquí- que conviene considerar para dicha construcción.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la UPAEP y en la Universidad de las Américas Puebla. Sus áreas de interés profesional son: recepción crítica de medios, hipermedios y noticias; análisis del mensaje periodístico en diarios nacionales e internacionales; ciberperiodismo; análisis y consultoría sobre arquitectura de información, usabilidad y calidad semántica en websites. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del arte, el beisbol, el chocolate y la lluvia.

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