El primer cacerolazo en Puebla: “No más violencia”, la consigna

El primer cacerolazo en Puebla: “No más violencia”, la consigna

Foto: EEF.

Josué Mota

La convocatoria surgió de forma espontánea. Alguien escribió en su cuenta Twitter que se debería organizar un cacerolazo en Puebla para el domingo, y la idea se vio apoyada cuando se supo que el viernes habría una en el Distrito Federal a la que también estaban convocados distinguidos personajes como Paco Ignacio Taibo II para, en El Ángel de la Independencia.

Pero los poblanos nunca habían organizado un cacerolazo. De hecho es una forma de protesta no muy difundida en el país. La mayoría sólo supo de ellos en la década de los 90 a través de los noticieros, en los que veían a las mujeres argentinas protestando por la crisis económica.

El incendio provocado en el Casino Royale de Monterrey causó indignación y tristeza.

Quienes ya aprendieron a usarla utilizaron su cuenta Twitter para manifestar ese coraje y dolor, otros lo hicieron a través del Facebook, aunque la mayoría de los mexicanos aún no usa las redes sociales.

Por eso sorprendió que en el primer cacerolazo poblano hubiera personas adultas que se enteraron porque alguien por ahí les aviso que habría una protesta contra la violencia el domingo a las 11 de la mañana. Es cierto que no fue una protesta numerosa, eran unas 80 personas aproximadamente que se comenzaron a reunir frente al asta del zócalo de la capital poblana. Poco a poco comenzaron a llegar más y cuando ya no se vieron tan solos, en medio de una multitud que atravesaba por ahí un tanto indiferente, comenzaron a golpear sus cacerolas con las cucharas.

El ruido distrajo la atención de quienes observaban a una orquesta que tocaba canciones populares del lado opuesto a la concentración. Algunas señoras turistas que pasaban por el lugar preguntaban sin pena “¿oiga de qué es la protesta?, porque no tienen ninguna pancarta y no sabemos”.

También estaban ahí las miradas de reprobación a los manifestantes, esas miradas que nunca pueden faltar en la capital de Puebla cuando alguien se manifiesta, esas miradas sobre los  que gritan o hacen ruido o alzan una pancarta, esas miradas que quisieran censurar.

De pronto, el pequeño grupo de los de las cacerolas comenzó a avanzar por los portales y después por el zócalo. Ahí seguían las miradas de quien ve a un bicho asqueroso, pero entonces se sumaron algunos aplausos principalmente de los viejos que pasaban por ahí en un paseo para celebrar el institucional Día del Abuelo. Algunos niños también se animaron a aplaudir al ritmo de los cacerolazos.

La pequeña marcha pasó entonces cerca de la orquesta que estaba también ahí supuestamente para celebrar el ya mencionado día. Más personas veían pasar y escuchaban los cacerolazos y miraban con sorpresa que algunas cacerolas ya estaban muy golpeadas. Luego, a los golpes, se unió un grito rítmico “¡No más violencia, no más violencia!”, y entonces algunos de los que pasaban por zócalo se paraban a aplaudir, pero eran los menos, la mayoría de la gente se volteaba cuando los manifestantes pasaban cerca de ellos, otros aplicaban la mirada de rechazo.

La protesta iba bien. Al menos no hicieron aparición alguno de los políticos en activo o jubilados que siempre aparecen en las protestas y quieren hablar por el micrófono hasta quedarse sin saliva. No hubo ninguno de esos personajes de la estrecha sociedad poblana que siempre hacen aparición cuando se trata de protestar contra el gobierno en turno y que al final sólo llevaban agua –en forma de dinero- a su molino –entiéndase su casa-.

Tras tres vueltas al zócalo, de pronto el grupo se detuvo frente a una construcción metálica blanca que nadie sabe qué significa o si se hizo en honor a algo o alguien, y de pronto un señor grandote pidió a todos que hicieran un minuto de silencio y luego que cantaran el himno, y así lo hicieron. Luego un poco más de cucharazos contra las ya muy fregadas cacerolas y luego cada quien por su lado.

El primer cacerolazo de Puebla no tuvo mucho eco, ni fue numeroso, pero al menos fue la muestra de que algunos están dispuestos a salir a la calle sin necesidad de que alguien más los organice, sin que la convocatoria venga de un grupo político. Eso, para Puebla, ya es algo.

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