El enfoque debe estar en la audiencia
 
Por Lado B @ladobemx
21 de agosto, 2011
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Hugo León Zenteno*

¿Y cómo iniciar?, ¿de dónde surge el cambio? En la medida en que nos adentramos en el tema de la recepción de medios, inevitablemente surgirán este tipo de preguntas. Finalmente es un proceso cuya existencia quizá desconocíamos o que acaso la mirábamos como un asunto que concernía únicamente a los entendidos. En aras de avanzar en el vínculo que como público tenemos con los medios, es necesario perfilar las dos aproximaciones generales que existen: una que parte de los medios mismos y otra que se enfoca en la audiencia.

En países con poca tradición en la recepción crítica de medios  -y por ende con débiles anclajes en estudios serios y fundamentos académicos- como en el caso de México, existe una tendencia a acoger la primera opción. Acaso porque nos libera de admitir una completa responsabilidad como receptores, quizá porque hay un dejo de idealismo en ella, o simplemente porque encaja mejor con dinámicas sociales poco comprometidas que hemos heredado de manera centenaria.

Este enfoque, el que cede las decisiones a la industria mediática, conlleva varios cuestionamientos que es preciso establecer: en primera instancia, significa apostar al deber social que tendría que asumir todo productor de mensajes públicos. Y que esta obligación estuviese lo suficientemente enraizada en ellos para que pudiera prevalecer aún en momentos en que se contrapusiera a sus intereses y necesidades comerciales. En un segundo momento, este encuadre supone que las propuestas que entretejen los emisores fueran creadas a partir de un conocimiento profundo de los distintos segmentos de públicos a los que se dirigen; más allá, implicaría un cabal entendimiento de la diversidad de entornos socioculturales (que propician también una pluralidad de competencias en el manejo de los lenguajes por parte de cada individuo) y de la complejidad de los esquemas axiológicos (es decir, los sistemas de valores) de las personas.

Como puede apreciarse, esta idea se antoja impráctica, por no decir que irrealizable. En suma, acarrearía un cúmulo de objeciones a los mensajes y a sus propios creadores. Y aquí caben una serie de preguntas: ¿Hollywood dejará de filmar películas con escenas violentas?; ¿las telenovelas mexicanas cesarán de reproducir estereotipos de personajes y de historias?; ¿abandonarán los diarios la publicación de noticias con tintes amarillistas o escandalosos?; ¿se alejarán los líderes de opinión de sus intereses particulares para ajustarse a los del bien común?; ¿las revistas de espectáculos se apartarán del morbo y de la intromisión en la vida personal de los “famosos”?; ¿las campañas políticas detendrán el cultivo de imágenes superficiales y se abocarán a transmitir ideologías y argumentos?;  ¿dejarán de existir millares de sitios de Internet con material pornográfico? No. La respuesta siempre será negativa. Sencillamente porque demandar todo esto va en contra de los propios intereses de quienes generan estos contenidos.

Sin embargo,  y a pesar de que podemos estar en profundo desacuerdo con el nivel de calidad, los modelos empleados y las temáticas que se abordan en los ejemplos mencionados, no me parece adecuado tomar una postura condenatoria. Sería, a fin de cuentas, caer en la censura, la cual generalmente se traduce en un atentado a la libertad de expresión.

Es por ello que el enfoque en la audiencia se vislumbra como el más adecuado para lidiar con los problemas inherentes a las discrepancias que cada quien tiene, cotidianamente, respecto a determinados mensajes. La ventaja radica en que la lectura que podemos hacer de los medios -después de un proceso crítico- es congruente con nosotros mismos, dado que la hacemos basados en lo que nosotros mismos creemos, sabemos, valoramos o incluso repudiamos. De esta forma, la recepción crítica se convierte en un mecanismo reforzador de nuestra identidad.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la UPAEP y en la Universidad de las Américas Puebla. Sus áreas de interés profesional son: recepción crítica de medios, hipermedios y noticias; análisis del mensaje periodístico en diarios nacionales e internacionales; ciberperiodismo; análisis y consultoría sobre arquitectura de información, usabilidad y calidad semántica en websites. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del arte, el beisbol, el chocolate y la lluvia.

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