Basura y política: mezcla del relleno sanitario de Huauchinango

Basura y política: mezcla del relleno sanitario de Huauchinango

  • Detienen su cierre pues autoridades la califican de revanchismo pese al daño sanitario y ecológico acreditado
  • La decisión afecta los trabajos para combatir la contaminación de la “Cuenca Hidrográfica del Río Necaxa”  área natural protegida
Foto: Leticia Animas.

Leticia Ánimas Vargas

Las acusaciones de “mala fe” vertidas por los nuevos funcionarios municipales en contra del ex alcalde Rogelio López, quien clausuró el desbordado y mal administrado relleno sanitario intermunicipal de Huauchinango, revivieron una vieja historia de omisiones burocráticas, incapacidad técnica y disputas políticas, que concluyó con un nuevo capítulo de la degradación ambiental que ha sufrido el municipio en los últimos años, en concordancia con los problemas ecológicos mundiales.

Un relato que comenzó en septiembre del 2002 con la apertura del entonces moderno confinamiento final de los residuos sólidos urbanos de Huauchinango, Juan Galindo, Naupan y, por unos años, Xicotepec, municipios que acumularon 100 toneladas de basura al día en el predio Los Pinos, cercano al río y a la comunidad de Totolapa, cuyos habitantes fueron los primeros denunciantes del manejo irresponsable del relleno sanitario, convertido en gigantesca montaña de desperdicios que contaminó suelos, aire, arroyos, atrajo a miles de animales carroñeros y enfermó a los habitantes de la junta auxiliar situada apenas a 50 metros del sitio.

Ocho años y cinco meses debieron esperar para contemplar el cierre definitivo del basurero, cuando años atrás, en 2005, los funcionarios de la administración municipal que encabezaba Carlos Martínez Amador daban cuenta del fin de la vida útil del relleno sanitario. Notas periodísticas guardan las declaraciones de la entonces directora del relleno sanitario, Ana Luisa Avilés Zamora, quien afirmó que el proyecto inicial previó una vida útil de 10 años para el confinamiento “pero en tres años se llenó, supongo que por mal manejo, pero de la administración pasada”, en alusión al gobierno municipal 2002-2005 presidido por el panista Carlos Miguel Ignacio López, gestor del nuevo relleno tras la clausura del tiradero de Tecacalango por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

Pese al acierto de construir un sitio de disposición final de los residuos que cumplía con la Norma Oficial Mexicana 083 -concebida en 1996 y modificada en 2003 (NOM 083 SEMARNAT 2003), que regula la creación, administración y clausura de los rellenos sanitarios-, los hechos demostraron que la normatividad fue incumplida, pues se acumuló la basura sin control, ignorando las medidas para la compactación de los residuos en celdas y su extendido en capas recubiertas con arcilla.

Tampoco se respetaron las medidas para la captación de lixiviados, nombre que reciben los líquidos producidos por la putrefacción de los materiales que componen los residuos, despidiendo sustancias que son altamente dañinas para suelos, acuíferos y afluentes. Por eso, los lixiviados deben captarse en un sistema de tuberías para su almacenamiento y posterior tratamiento químico para eliminar, en la medida de lo posible, su toxicidad y evitar que se escurran a ríos y mantos freáticos, como ocurrió en Totolapa.

El drenaje pluvial del relleno sanitario nunca funcionó, creando una enorme gelatina acuosa que terminó por desbordarse apenas tres años después de su construcción, cuando miles de toneladas de basura cayeron barranco abajo, tapando el camino de acceso a Totolapa y vertiendo proporciones incalculables de residuos a la presa y río de Necaxa, contaminando kilómetros y kilómetros del afluente, hectáreas de cultivo hasta alcanzar el mar. Ejercitando la imaginación, la idea de una situación similar en todos los ríos del mundo resulta catastrófica.

Tapando hoyos, abriendo otros

Foto: Leticia Ánimas.

El cierre definitivo del relleno sanitario llegó como regalo de San Valentín para los vecinos de Totolapa el 14 de febrero de 2011, cuando recibieron el proyecto ejecutivo validado por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales el 19 de agosto de 2010, fecha de redacción del oficio número SMA 01-010/00872, enviado por el entonces secretario Francisco Castillo Montemayor al ex presidente municipal Rogelio López Angulo, mediante el cual se “emite la validación técnica del Proyecto para la preparación de celda y clausura definitiva del relleno sanitario del municipio de Huauchinango”. La alegría causada por el avance de los trabajos pronto se opacó con la visita del nuevo subsecretario del Medio Ambiente del gobierno del estado, Juan Carlos Morales Páez, quien detuvo las obras durante una inspección organizada por la administración del nuevo alcalde Omar Martínez Amador. El funcionario estatal encontró “que el relleno ha sido trabajado de una manera poco profesional, por decir lo menos, e irresponsable, por decir lo más. Hay una contaminación evidente”.

La medida fue interpretada como revanchismo político pues ocurrió dos días después de la entrega-recepción del ayuntamiento, cuando el secretario general Zeferino Hernández González y el síndico Luis Gerardo Martínez Chequer, acusaron “mala fe” en la clausura del basurero y la supuesta intención de crear “un problema” para la administración entrante.

Dos trabajadores fueron puestos a disposición del Ministerio Público por el derribo de 19 árboles ubicados en un terreno aledaño al tiradero, del cual se extraía la tierra para recubrir la montaña de basura. Los operarios fueron puestos en libertad 24 horas más tarde y los trabajos de clausura recomenzaron tres días después, una vez que los representantes de la empresa Acqua Consultores presentaron la documentación que acreditaba la obra.

A pesar del estricto apego a la normatividad ambiental mostrada por el funcionario de la rebautizada Secretaría de Sustentabilidad Ambiental y Ordenamiento Territorial del gobierno estatal (SAOT), el ayuntamiento de Huauchinango y la gran mayoría de los municipios de la región depositan sus residuos en el predio El Zoquital, ubicado a tres kilómetros de la ciudad de Xicotepec de Juárez, sobre la carretera federal a Tuxpan.

Considerado un confinamiento temporal, mientras se concreta el fallido proyecto de un relleno sanitario intermunicipal, El Zoquital es una inmensa cascada de basura de 100 metros de largo que cae barranca abajo, en contraste con el intenso verdor de la vegetación que le rodea. La propiedad de la barranca la ostenta el señor Conrado Rivera Garrido, quien cobra 100 mil pesos mensuales al ayuntamiento de Huauchinango por el depósito de los desperdicios, en un sitio que a todas luces viola las normas ambientales.

Los trabajadores del lugar ofrecieron pocos datos sobre el propietario. Al ser cuestionados sobre los municipios que utilizan el tiradero a cielo abierto, aceptaron que “todos” arrojan la basura ahí. Los camiones recolectores del ayuntamiento de Huauchinango recorren esta ruta desde el 15 de febrero, consumando un proceso simple que se reduce a descargar los desperdicios al pie de la cañada, donde son arrojados sin más tratamiento que la pepena realizada por los encargados.

Solución a corto plazo

El responsable del departamento de Impacto Ambiental de la SAOT, Víctor Julio Casiano Urrutia, instó al presidente municipal Omar Martínez a priorizar la compra inmediata de un terreno para la disposición final de los residuos urbanos de Huauchinango, durante la reunión del Consejo de Planeación y Desarrollo Municipal (COPLADEMUN) instancia encargada de validar la aplicación de los recursos federales etiquetados en el Ramo 33. Aún con la existencia de la tecnología que permite el reciclaje del 80% de los residuos domésticos -constituidos por plásticos, principalmente-, Casiano Urrutia aseguró que los residuos orgánicos que no se utilizan como composta requieren de una disposición final. Afirmó que un relleno sanitario bien administrado no representa un peligro para el medio ambiente, por lo que se avocarán en la selección de un sitio que cumpla con los criterios establecidos en la norma.

Foto: Leticia Ánimas.

Presente en las obras de clausura del basurero de Los Pinos, el funcionario estatal consideró que la mejor opción la representa un relleno sanitario regional, de “capacidades grandes, que no tengan cinco o diez años de vida, que tengan 20 años y que sean bien operados. Ese es el proyecto que trae esta nueva administración. Pero, muchas veces nos enfrentamos a que no lo decidimos nosotros, tenemos que ir convenciendo a las autoridades de los distintos municipios”.

Admitió que proyectos de este tipo han fracasado en el pasado por la oposición de los vecinos de los sitios seleccionados, como en el caso de los municipios de Ahuazotepec, Zacatlán y Chignahuapan. “La intención es que si vamos hacer un relleno, lo hagamos como la norma lo marca, desde la selección del sitio hasta su clausura final”. No obstante, el funcionario estatal aceptó que las condiciones orográficas de la Sierra Norte ofrecen más obstáculos en la selección de un sitio de disposición final: “estamos frente a un problema muy serio (…) Creo que no termina el problema, empieza el problema, porque a dónde vamos a depositar los residuos”.

Y es que Huauchinango está situado dentro de la cuenca del río Necaxa, en una depresión surcada por cañadas que favorecen la filtración del agua de lluvia, generando arroyos y alimentando los mantos subterráneos. Su situación geográfica y la diversidad de alturas, que van de los 2 mil 400 hasta los 700 metros sobre el nivel del mar, le confieren al municipio una de las condiciones climatológicas más variadas del país, cubriendo el 61% de su territorio con bosques de pino, ocote y encino, principalmente, mientras que el 27% de la superficie que ocupa Huauchinango es selvática.

De acuerdo a los criterios establecidos en la NOM-083-SEMARNAT-2003, la selección de un sitio de disposición final de residuos sólidos urbanos y de manejo especial debe prever ciertas restricciones como el no estar ubicado en áreas naturales protegidas; a una distancia de por lo menos 500 metros de cualquier centro de población; no debe ubicarse sobre recargas de acuíferos; fuera de zonas de inundación; la distancia del sitio con respecto a ríos o arroyos debe ser de 800 metros como mínimo y de 300 metros con respecto a pozos para la extracción de agua, en uso o abandonados. La norma exige la realización de estudios geológicos que comprueben que el relleno sanitario no está asentado sobre fallas y fracturas que pongan en riesgo su estabilidad; estudios topográficos y geotécnicos que garanticen la protección del suelo, subsuelo, agua superficial y subterránea, así como la estabilidad de las obras civiles; estudios hidrogeológicos que muestren evidencias de acuíferos, la relación entre las unidades hidrogeológicas, además del análisis del flujo subterráneo regional.

La deseada sustentabilidad

Mediante el oficio número F00.7. DRPCGM.-049/2011, fechado el 14 de febrero de 2011 y en poder de este medio de comunicación, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) da cuenta de los trabajos para combatir la contaminación de la “Cuenca Hidrográfica del Río Necaxa”  área natural protegida, “según Decreto del 20 de octubre de 1938“, QUE considera el territorio de diez municipios del estado de Puebla y tres del estado de Hidalgo.

Entre ellos, destaca la puesta en marcha del “Proyecto Integral de Residuos Sólidos de la cabecera municipal de Huauchinango (…) que a partir de 2010 dio inicio y donde actualmente se separa la basura desde la casa, contando con un sistema de recolección de residuos separados, para posteriormente ser aprovechados con una visión sustentable en el centro de transferencia que anteriormente funcionó como relleno sanitario en Huauchinango”.

Gerhard Achar Zavalza, titular de la Unidad de Enlace de la CONANP-Región Planicie Costera y Golfo de México, con sede en Xalapa, Veracruz, respondió así a la solicitud de información número 1615100000711 presentada vía electrónica ante el Instituto Federal de Acceso a la Información, en el que se pidió el “Expediente completo del saneamiento de la Cuenca Hidrológica de Necaxa”.

Lo que aparentemente ignora la CONANP es que el ayuntamiento en funciones, encabezado por Omar Martínez Amador terminó en los hechos con el programa, imponiendo la anarquía en la recolección, toda vez que la separación de residuos que mantienen muchas familias de la ciudad es anulada en el tiradero de Xicotepec.

La conservación de los suelos, del agua, de los bosques, de los ciclos climáticos que permiten cultivos, la cría de ganado y la renovación de los recursos naturales que sustentan la vida de los serranos, dependen de acciones de carácter científico, con visión de largo plazo y en busca del beneficio general, lejos del interés político o el vano posicionamiento del grupo en el poder durante los próximos tres años.

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