Mujeres trabajando y su vida social en el Siglo XXI

Mujeres trabajando y su vida social en el Siglo XXI

Rosana Renau Aymamí

Es innegable que la situación de las mujeres ha mejorado en las últimas décadas en diversos aspectos, algunos de los cuales vale remarcar.

En primer lugar, y creo que esto es fundamental, dejamos de ser invisibles en la sociedad, para el estado y para nosotras mismas. Ya nos reconocemos como mujeres, como una parte fundamental y necesaria más allá del ámbito doméstico, estamos en todas partes y –aunque siempre fue así- antes no nos notaban ni nos notábamos.

Uno de los logros más grandes de los movimientos feministas de los 70 –siglo pasado- ha sido el reconocimiento de que las diferencias entre hombres y mujeres no sólo son biológicas sino que también implican desigualdades entre unos y otros.

Según avanzó la historia esto se hizo cada vez más evidente sobre todo en los momentos históricos en los que la realidad llevó a modificar estas diferencias que parecían insalvables. (Guerras, migraciones, etc.)

Para no prolongar este recuento quisiera revisar la imagen actual de las mujeres y cómo esta imagen ha modificado –no tanto como debería- gran parte de nuestros quehaceres.

1.- Durante mucho tiempo se consideró al hombre como el proveedor de la familia y a la mujer como la encargada de lo privado, en términos de políticas públicas que implicaban financiamientos, los fondos se entregaban al hombre de la casa y la mujer era la clienta pasiva beneficiaria de estos apoyos. Actualmente, no sólo en México sino en casi todo el mundo, esto ha cambiado, se reconoce el potencial productivo de las mujeres y cuando se trata de apoyar proyectos o de minimizar los índices de pobreza, los financiamientos a las mujeres siempre son mayores que los otorgados a los hombres. Dicho así esto suena injusto, sin embargo, detrás de estas nuevas políticas hay una lógica:

  1. el número de hogares encabezados por mujeres es cada vez mayor no sólo por abandono sino como consecuencia de la migración y otros factores externos a la familia
  2. en la  mayoría de los casos los hijos quedan con la madre y dependen de ella si no existe un padresposo en la familia
  3. aún con padre presente, debido a la crisis económica, las mujeres hemos tenido que salir a trabajar para completar el gasto que nos permite comer, ir a la escuela, vestirnos, etc.
  4. la maternidad –en el sentido amplio- da a las mujeres una responsabilidad por los demás que los hombres no tienen

En las múltiples evaluaciones sobre el uso de los financiamientos dados a hombres y mujeres se demostró que el dinero que se da a las mujeres tiene efectos más amplios –tanto en tiempo como en espacio- que el que se otorga a los hombres. Las mujeres invierten en mejoras para los suyos (hijos, familia, comunidad, etc.) sin dejar de reinvertir en su propio negocio, los hombres, por otra parte invierten en el negocio pero la ganancia extra no se reinvierte en las comunidades.

Esta visibilidad de las potencialidades femeninas ha dado buenos frutos, particularmente en las zonas rurales. Pensemos por un momento en el programa Oportunidades dirigido específicamente a mujeres de escasos recursos.

Aún cuando podamos tener muchos cuestionamientos al respecto debemos reconocer que ha tenido logros, no sólo para las propias mujeres sino también para las familias de ellas:

  1. La exigencia de asistencia al servicio de salud que, en el presente puede verse como imposición,  permitirá a la larga hacernos conscientes de la idea de medicina preventiva que es la mejor medicina con la que un pueblo puede contar.
  2. La exigencia de la asistencia de los niños a la escuela permite también una nueva idea sobre educación, trabajo y edades para cada uno.
  3. Permite a las mujeres contar con un presupuesto mínimo para atender a las necesidades de los hijos y, paralelamente, les permite ofrecer mejor nutrición y salud por medio de las pláticas y reuniones.

Conjuntamente con este proyecto los financiamientos a proyectos productivos de mujeres también han mostrado su efectividad. (Cafetaleras Cuetzálan, mieleras en Veracruz, etc.)

Pero hay que reconocer también el costo que el modelo neoliberal ha implicado para toda la población y para las mujeres a quienes afecta de modo muy particular y voy a poner algunos ejemplos:

1.- El aumento en los alimentos y productos domésticos implica más trabajo para las mujeres por diversas razones:

  • la compra se complica en la búsqueda de ofertas
  • mientras menos procesados los alimentos –que son los más baratos- más tiempo requieren de preparación
  • el retorno a soluciones domésticas en cuestiones de limpieza, aún cuando tiene su lado amable, implica también más esfuerzo o, al menos más tiempo

2.- La pérdida de prestaciones sociales (comedores escolares u obreros, servicios médicos, etc.) debe ser compensada de algún modo y este modo es la familia –específicamente las mujeres-

El Estado y las familias tienen un convenio no escrito para cuidar de la población, es decir mientras más ofrece uno menos ofrece el otro pero en principio la suma es 10. El neoliberalismo implica que el estado se aleja de la población y entonces la familia debe ver por el bienestar de ésta.

En este sentido, cuestiones como la salud regresan a las familias que ahora no tienen acceso a seguros médicos ya sea por desempleo o por las nuevas formas de empleo que se están imponiendo. Para las mujeres –culturalmente responsables de la familia- también implica o gastos fuera del presupuesto o alternativas milenarias que conllevan más tiempo y trabajo. (Ej. Penicilina o tratamiento herbolario).

3.- En términos laborales la situación no es mucho mejor para la población en general y para las mujeres en lo particular:

Las nuevas formas de contratación (por obra, por tiempo, individuales, etc.) liberan a quienes contratan de adquirir compromisos en cuanto a seguridad social, prestaciones, retiros o jubilaciones lo cual crea una inseguridad en el futuro casi imposible de salvar. El autoempleo se ha convertido en una forma cada vez más generalizada de trabajo, la economía llamada “informal” cada vez es más común y frecuente.

Las condiciones de trabajo son cada vez menos favorables gracias a los altos índices de desempleo. Ejército Industrial de Reserva cada vez más ampliado.

Para las mujeres esto ha abierto otras opciones de trabajo que, como todo, tienen su parte amable y su parte no tan linda:

-Hay empleos casi absolutamente ocupados por mujeres (maquilas, textileras) que son mal pagados, se realizan en pésimas condiciones (iluminación, ventilación) y que aprovechan la necesidad de trabajo de las mujeres. Muchas de estas son clandestinas por lo cual no tienen seguro ni protección laboral mínima a menos que ocurra algún percance en el lugar de trabajo de lo cual “debería” hacerse responsable el propietario de la industria o del inmueble y ofrecer compensación.

-Una variedad absolutamente femenina de empleo es la maquila a domicilio que sintetiza muchas de las cuestiones anteriores. A las mujeres se les entrega en su casa el material y las instrucciones para maquilar partes de diversas empresas, se les paga por pieza acabada cuando la entregan.  En esta opción la situación es aún más  dramática que la anterior desde una perspectiva y menos dramática desde otra:

Como ventaja esta opción permite a la mujer cumplir con las tareas de la vida doméstica y tener un ingreso. Puede ver los frijoles, cuidar a los hijos y maquilar en el mismo tiempo y en el mismo espacio. Como desventaja aquí ni siquiera tiene derecho a reclamos por accidentes o prestaciones porque, en términos formales, no pertenece a la empresa para la cual trabaja y ninguno de sus accidentes será considerado como accidente de trabajo ya que sucedieron en “su casa”.

Más allá de todos estos argumentos hay uno que ha persistido desde mucho antes de los 70 y hasta hoy: el trabajo doméstico sigue siendo responsabilidad de nosotras sin importar nuestra participación en otros ámbitos.

¿Qué implica esto en nuestra vida cotidiana y en nuestra participación en otros espacios?

Implica que después de nuestras jornadas pagadas de 6,7 u 8 horas llegamos a casa a cumplir con otra jornada de trabajo no pagada de otras 3,4 o 5 horas. Esto quiere decir que tenemos una doble jornada de trabajo.  Haciendo sumas simples tenemos jornadas de trabajo de entre 9 y 13 horas diarias aún si sólo trabajamos medio tiempo fuera de casa.  Esto también se refleja en la participación política de nosotras (afortunadamente cada vez menos) porque las reuniones políticas (sindicales, de partido, de grupos) se organizan en horarios en los que las mujeres necesitamos estar en casa revisando tareas, preparando uniformes, dando de cenar, lavando, planchando, etc. La participación política implica una triple jornada.

En cuanto a la vida social las modificaciones son menos evidentes, para el conservadurismo hay cosas que no deben cambiar y las resistencias en este sentido se dan en nuestras relaciones cotidianas  que van desde el juicio a quienes no cumplen las normas establecidas hasta la minimización de cuestiones como la violencia doméstica o los derechos reproductivos de las mujeres.

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