La eterna incomprendida

La eterna incomprendida

Soy fanático de los clichés, lo reconozco. Por eso mismo lo diré: Cien años de soledad es mi libro favorito y Gabriel García Márquez uno de los autores que más disfruto y admiro.

La primera vez que escuché sobre Walter Benjamin –o al menos que fui consciente de su existencia- fue cuando realizaba una entrevista en mi carácter de reportero de la fuente de cultura.

Lo digital está por todas partes. Desde que abrimos los ojos hasta que nuestra jornada termina, esta palabra está presente como adjetivo de diversos objetos y experiencias cotidianas.

Mi hija no-nata tiene nombre desde los cinco meses de gestación: Malinali. Al escucharlo, nuestras familias, amigos y conocidos reaccionan favorablemente, encontrándolo hermoso, salvo excepciones como mi sobrino de 8 años que sugirió que buscáramos otro porque “está muy difícil: no me gusta”.

La página de FB del Museo Nacional del Arte (MUNAL) fue de nuevo plataforma de polémica en 2016, no tan ardiente como la que suscitaron sus fotos "pornográficas" de la exposición El hombre al desnudo de 2014, pero polémica finalmente.

La radio es un espacio mágico desde el que se pueden dar vida a infinidad de historias y reflexionar sobre innumerables temas. La radio, sin embargo, posee límites naturales.

México tiene mucho capital creativo. Sin embargo, a veces, las ideas se quedan a la mitad del camino, sin dar el siguiente paso hacia su materialización. ¿Qué es lo que falta?, ¿dónde fallamos?

La piel tiene memoria. Su epidermis guarda recuerdos imborrables, desde caricias y escalofríos de excitación hasta heridas que, en ocasiones, no solo trascienden a la dermis sino incluso al alma.

Amado y abucheado por igual; analizado desde diversos ángulos o reducido al lugar común de “22 tipitos tras un balón” (23 si contamos al odiado árbitro), lo que es innegable es que el futbol soccer es un fenómeno cultural con presencia en las cuatro esquinas del planeta.

En su carta de 1956 al poeta surrealista Jehan Mayoux, Marcel Duchamp le comparte una idea que me parece clave: «Una obra está hecha completamente por aquellos que la miran o la leen y la hacen sobrevivir por sus aclamaciones o incluso por su condena». ¿Quiénes son aquellos de los que habla el artista franco-estadounidense: los críticos, los historiadores del arte, los otros artistas? ¿Y el público?, ¿estarán aquellos conscientes de su poder?