Balero de cristal

Balero de cristal

Emilio Gomagú Eran las tres de la tarde y algo faltaba. La sobriedad en un aniversario de la independencia me resulta extraño. Es nueve de...

 

La ciudad de la furia no da tregua. El calor, aún sin ser blanco de la mirada ardiente del sol, derrite los deseos de año nuevo. Las casas solas son tomadas por el viento caliente que recorre dubitativamente la ciudad. Los niños tampoco juegan en las calles. Sus voces, acalladas, escapan a través de algún muro, sumergidas en el chacualeo del agua de pequeñas piscinas improvisadas. Las calles están semivacías. Las cucarachas cuelgan de la frágil sombra de los dinteles de las puertas. Las nubes también huyen a guarecerse bajo la sombra que no están dispuestas a dar.