The Shape Of Water: Hablemos de monstruos

The Shape Of Water: Hablemos de monstruos

Héctor Jesús Cristino Lucas

Erase una vez, un niño mexicano que soñaba con ser el rey de los monstruos. Un niño tapatío que amaba a los vampiros y a los demonios por igual. Él no creía que fueran peligrosos o antagonistas de horrores. Tenía su propia versión de ellos y estaba dispuesto a demostrarlo.  

Cuando Guillermo Del Toro era apenas un niño, quedó fascinado por las emblemáticas criaturas de la Universal Studios. Sin embargo, tenía dos monstruos predilectos de aquel variopinto catálogo en blanco y negro de la época dorada del horror clásico: la ya conocida creación de Mary Shelley, la criatura de Frankenstein, y por supuesto, el menos conocido de todos, el grotesco Monstruo de la laguna negra. Este último, a palabras del mismo Guillermo, fue “uno de los monstruos más hermosos que jamás se habían creado.”

Monstruo de la laguna negra fue una mítica película de 1954, inspirada en una antigua leyenda sudamericana acerca de una raza de humanoides pez que secuestraban mujeres en el Amazonas. Fue dirigida por Jack Arnold y estelarizada, de entre las tantas estrellas del momento, por una bellísima joven de nombre Julie Adams que encarnaría al  personaje de Kay Lawrence.

El monstruo -quien por cierto diseñó una mujer, Millicent Patrick, e interpretó Ben Chapman- terminaría completamente enamorado de Kay, y como es común en estas películas, dicho amor sería la misma razón que destruiría a la criatura.

Sin embargo, el pequeño Del Toro no quedó tan satisfecho con este trágico final. De entre sus tantas fantasías inocentes, en lo más recóndito y oculto de un niño, en lo sensible y en lo mágico, ahí, en el fondo, imaginó un final alternativo, uno donde el monstruo, de hecho, se quedaba con la chica. Uno donde vivía feliz y tranquilo al lado de Julie Adams mientras practicaban piezas de baile, comían o jugaban.

Y luego de tanto, nos llega la versión más íntima del clásico en blanco y negro por excelencia, Creature From the Black Lagoon, con la que quizás sea la película más galardonada de todas las cintas de Del Toro, desde la única e insuperable Pan’s Labyrinth.

Hablemos de monstruos; hablemos de The Shape Of Water, una de las favoritas competidoras por el codiciado premio a Mejor Película, y por supuesto, Mejor Director en la ceremonia de los Academy Awards 2018.

Para los que siguen las críticas y artículos de El Cinemaniaco en Lado B, deben estar conscientes ya, de que soy un fanático casi obsesionado con la obra del tapatío, por lo que no quisiera encasillarme en una de esas tantas críticas predecibles como las que abundan en internet hoy en día.

¿A qué me refiero? Simple. No quiere decir que por ser un fanático empedernido de Del Toro no vea los defectos en todas sus películas, porque siempre las ha habido… así que, ¿por qué no iniciamos primero con estos puntos antes de pasar a lo bueno?

Hay un  problema con The Shape Of Water que si bien a lo largo de la historia puede pasar casi desapercibido, está implícito, haciendo ruido de vez en cuando hasta que al final, molesta más de lo que parece. Me refiero al factor sorpresa. No existe.

La película replica -con excelentes resultados- la fórmula narrativa del relato clásico de La Bella y la Bestia. De hecho, ese cuento es  el principal pilar de la historia, que múltiples veces el género fantástico del cine ha replicado en obras como King Kong de 1933. En esta película ya se huele desde el principio cómo terminará el embrollo.

Y bien. ¿Qué hay de lo bueno? Me parece que lo bueno es el resto del film. ¿Qué podemos halagar de Del Toro que no se haya halagado ya? ¡Dios mío con el detalle de época! Réplica exacta de los años 60. ¡Dios mío con el diseño del monstruo! Algunos alegarán que no tiene nada de original, ya que vimos algo parecido en Hellboy con el personaje de Abe Sapien, pero deben ver el proceso de creación para terminar encantado con él. ¡Dios mío con Sally Hawkins! Fue un placer verla en Maudie o Jazmín Blue, pero en The Shape Of Water se ha llevado todo lo que le faltaba, si eso es posible.

Algunos han mencionado que el filme es una cursilería descomunal, pero lejos de ser un defecto, que sea cursi -porque algo hay de cierto en ello- en realidad la hace más poderosa, porque aunque sea una nueva versión del relato de La Bella y la Bestia, juega con elementos poco vistos entre el romance humano y el monstruo: la sexualidad -que desde el King Kong de 1976 no se había explorado tan explícitamente –  y claro, el tema de la empatía entre personajes que encajan a la perfección en la época de los 60. Plena Guerra Fría.

¿Cómo generar empatía con una criatura, catalogada como monstruo por los ojos humanos? Fácil: unirlo con personajes humanos que también son “monstruos” a ojos de la sociedad: homosexuales, afroamericanos o bien, personas con diversidad funcional, como en el caso de Elisa Esposito.

También se ha hablado de algunos clichés entre personajes, como por ejemplo que el malo sea siempre malo -en este caso, el inolvidable Michael Shannon-  o que el bueno -es decir, Sally Hawkins, Octavia Spencer o Richard Jenkins- sea siempre el bueno, pero me parece que no han captado el punto de todo.

En el caso de Shannon, quien interpreta al letal Strickland, le he visto más de humanidad que al resto de los personajes. Él no es malo porque deba serlo, sino porque las circunstancias le han obligado a serlo.

The Shape Of Water, desarrollada en los años 60, tiene un sinfín de homenajes a todas estas cintas de horror o ciencia ficción -e incluso cine Neo Noir- que representaron la paranoia gubernamental con la que Estados Unidos se mantenía ante Rusia en plena Guerra Fría. De ahí que los platillos volantes de The Day the Earth Stood Still (1951) sean más la metáfora de los rusos invadiendo América que de seres de otros planetas. Lo mismo con el cine de espías donde los malos siempre eran rusos malévolos. En The Shape Of Water se vuelven a presentar estos elementos pero rompiendo con los clichés a través de personajes más humanizados.

En cuanto a nuestro querido monstruoso y actor de cabecera para Del Toro, Doug Jones, vuelve a hacer de las suyas como el moderno Boris Karloff del cine fantástico a través de una excelente interpretación de un monstruo reservado e incomprendido. Sin embargo, he aquí el problema número uno para ciertos críticos: no hay conexión que funcione entre él y Sally Hawkins, lo que resulta en un romance flojo y sin sentido, pero yo discrepo. Nunca había visto una historia de amor tan auténtica y sin pretensión alguna.

Es el problema clásico de los que desconocen el cine fantástico. Ese cine donde los monstruos sí se enamoran y donde la doncella, sólo por ser la doncella, destruye al monstruo. Aquí, el romance es lo que reina y la doncella es en realidad la redentora de una historia de amor, no original pero sí diferente.

Repito: Lo único malo de esta película es que sabes lo que va a pasar. Si conoces a Del Toro podrás seguirlo y predecir cada movimiento que haga tras las cámaras, pero lejos de cualquier otro probable “defecto”, como si los personajes fueran cliché o que la conexión de los protagonistas no termina de cuajar, me parece más bien que la película ha implantado con fuerza y decisión el romance humano-monstruo de manera tan explícita que molesta. No es la clásica historia de amor a la que ya estamos acostumbrados.

No cabe duda, The Shape of water es una joya destinada al clásico instantáneo o al culto progresivo. Podrá ser incomprendida y ridiculizada por escenas que jamás se habían visto antes pero no nos estanquemos. En conjunto, el film es un grito desgarrador de los marginados y los incomprendidos. Y siendo Del Toro un mexicano radicando en E.U. sabe muy bien cómo transmitir eso a través de un cuento de hadas para adultos.

¿Que si la veo para un Oscar? Qué importa. Mejor hablemos de Del Toro, hablemos de monstruos.

Sinopsis:

“Elisa (Sally Hawkins) es una joven muda que trabaja como conserje en un laboratorio en 1963, en plena Guerra Fría, donde se enamorará de un hombre anfibio (Doug Jones) que se encuentra ahí recluido.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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