La güiña, el gato montés que está en peligro de extinción

La güiña, el gato montés que está en peligro de extinción

Yvette Sierra Praeli | Mongabay Latam
  • Una investigación de la universidad de Kent, en Inglaterra, refleja cómo está afectando el cambio de uso de suelo la supervivencia de este animal.
  • Se estima que existe una población de menos de 10 000 individuos y esta especie ha sido incluida como Vulnerable en la Lista Roja de la UICN.

Un estudio reciente realizado por conservacionistas de la universidad de Kent, Inglaterra, ha dado nuevas luces sobre las causas que están poniendo en peligro la supervivencia de la güiña (Leopardus guigna), una especie de gato montés que habita principalmente en Chile.

La investigación, liderada por Nicolás Gálvez, ingeniero agrónomo especializado en ciencias animales, evalúa los factores socioecológicos de la disminución de carnívoros y se centra en la güiña, especie que ha estado en declive por muchos años, con una población estimada en menos de 10 000 individuos y que figura desde 1996 en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), bajo la categoría de Vulnerable.

El hallazgo principal es que este gato montés está amenazada principalmente por la fragmentación de su hábitat  y la división en pequeñas parcelas de las grandes granjas que habita este mamífero. Se trata de un cambio en relación a lo que se conocía antes de este estudio, pues se consideraba que la güiña estaba disminuyendo debido a la pérdida de su hábitat y a la persecución de personas que los asediaban para evitar que estos felinos ataquen a sus animales de granja.

El hábitat de la güiña está siendo afectado por la subdivisión de las grandes granjas. Foto: Nicolás Gálvez.

La güiña es el felino neotropical más pequeño que requiere de un hábitat forestal con bosques densos, además de la presencia de bambúes y que habita parcelas de bosque remanentes dentro de áreas agrícolas. Para algunas personas, este gato montés -por ser carnívoro- es una plaga, pues suele alimentarse de pollos y animales de granja, por lo tanto, es víctima de la persecución y matanza por parte de los dueños de estos animales, explica la investigación.

Al respecto, Gálvez señaló a Mongabay Latam que la especie que eligió para su investigación “tiene una distribución muy estrecha y pequeña en áreas que están aumentando en densidad humana”. Comentó, además, que el hábitat de la güiña se está fragmentando, principalmente, para convertirse en viviendas residenciales. “Las regulaciones actuales permiten a los propietarios subdividir sus tierras agrícolas hasta en media hectárea, por lo tanto, creo que se necesita una mayor regulación sobre estos territorios”, agregó.

En el artículo científico  publicado en la Revista de Ecología Aplicada (Journal of Applied Ecology) se señala que “el cambio en el uso de la tierra es una de las mayores amenazas que enfrenta la biodiversidad terrestre a nivel mundial”. Explica también que las especies están amenazadas por la pérdida de hábitat, fragmentación, degradación y aislamiento, y que aquellas que tienen una baja tasa de reproducción, baja densidad de población y grandes requerimientos de área individual o un nicho estrecho, tienen un mayor riesgo de extinción.

Sin embargo, la reciente investigación ha revelado que estos felinos pueden adaptarse a la pérdida de su hábitat, es decir, de los bosques. Aunque cuando las grandes extensiones de terrenos se dividen en pequeñas parcelas aumenta el riesgo de desaparición de la especie.

Otro de los hallazgos se refiere a la matanza de la que son víctimas, una de las causas a las que se atribuía la reducción de su población. El estudio, no obstante, permitió descubrir que “solo el 10% de los habitantes rurales han matado a una güiña en la última década. Esto sugiere que la persecución es una amenaza mucho menor para su supervivencia que la subdivisión de granjas “, se explica en el paper.

Dibujo de un niño que representa la idea que se tiene de la güiña como amenaza para los animales de granja. Fuente: British Ecological Society.

Sobre la importancia de esta especie, Gálvez señaló que se trata de “un depredador superior, que juega un papel importante en el ecosistema –y aclaró– que un componente importante de su dieta son los roedores, incluida la especie Olygorizomis longicaudatus, transmisor del mortal virus hanta”.

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¿Cómo se hizo la investigación?

El estudio se realizó a través de una serie de cuestionarios, datos de captura de cámaras trampa e imágenes de sensores remotos.

Los investigadores del Instituto Durrell de Conservación y Ecología (DICE), liderados por Gálvez, eligieron para su investigación la región de la Araucanía en el sur de Chile, específicamente en dos áreas geográficas: la cordillera de los Andes y el valle central.

Sobre las zonas de estudio, en la publicación se explica que el valle central tiene un uso intenso por la presencia de cultivos, ganado y asentamientos urbanos; mientras que las tierras agrícolas en los Andes se usan menos y están rodeadas de bosques continuos en laderas empinadas y áreas protegidas. Gálvez explicó, además, que el hábitat natural de la güiña son los bosques nativos y sotobosques denso, así como los barrancos y las vías fluviales.

Los cuestionarios fueron aplicados para conocer la incidencia de la persecución y matanza de la especie. Para ello se reunió datos sociodemográficos y económicos sobre los encuentros de las personas con las güiñas, sobre los animales de las granjas, la frecuencia de depredación de estos animales por los gatos carnívoros y la presencia de perros en el terreno. Estos cuestionarios fueron aplicados en hogares cercanos a las zonas donde se instalaron  las cámaras trampa.

Como parte de la investigación se colocaron cámaras trampa en los 145 espacios elegidos para el estudio. Foto: Nicolás Gálvez

De un total de 233 encuestas realizadas, se descubrió que los encuentros con güiñas no eran frecuentes. Un 49% dijo haber visto uno de estos mamíferos una vez en su vida, aunque este avistamiento, en promedio, ocurrió 17 años atrás. El porcentaje se redujo al 10% durante los últimos cuatro años y al 21% en los últimos 10 años.

Resulta interesante que solo el 16% de los encuestados contó que sus animales habían sido víctimas de la depredación por parte de este felino y solo el 7% indicó que esto había ocurrido en la última década.

En cuanto a matar al felino por depredar sus animales, el 38% respondió que mataría al felino si se le perdieran dos gallinas, pero un 60% dijo que los eliminaría si éstos atacaran 25 gallinas. De todos los encuestados, solo el 10%, es decir, 23 personas, admitió haber matado a una güiña en los últimos 10 años.

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Las cámaras trampa

Un total de 23 373 días de captura de imágenes a través de las cámaras trampa permitieron la obtención de 713 muestras que confirmaron la presencia de la güiña en una determinada área, así como evidenciaron que la aparición del carnívoro depende de si este espacio fue ocupado en una temporada anterior.

Desde una perspectiva ecológica –dice la investigación–, los datos obtenidos a través de cámaras trampas son ampliamente utilizados para estudiar carnívoros en áreas geográficas extensas. “Se trató de un esfuerzo grande”, agregó el investigador.

Mapa que muestra la distribución del área donde se realizó la investigación. Fuente: British Ecological Society

En total, fueron 145 espacios destinados a recopilar información, 73 en el valle central y 72 en los Andes. En cada uno de esos espacios se colocaron dos cámaras trampa con una distancia mínima de 2 kilómetros entre ellas y las muestras se tomaron en un período de cuatro temporadas, entre 2012 y 2014.

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Un camino para su conservación

La información obtenida a través de las encuestas y las cámaras trampa permitieron descubrir que la güiña se adapta perfectamente a la pérdida de bosques. El equipo de investigación también descubrió que las áreas agrícolas grandes e intensivas son realmente adecuadas para esta especie y no deben descartarse como hábitats de mala calidad, debido a que existen áreas no cultivadas que brindan refugio, recursos alimenticios y condiciones adecuadas para las crías.

Por ello, sugieren que “los agricultores con grandes propiedades son actores clave en la conservación de esta especie y deben estar en el centro de cualquier intervención que tenga como objetivo proteger la tierra existente donde se encuentra usualmente la güiña”, señala el estudio.

Por otro lado, “un mayor número de granjas pequeñas se asocia con una mayor densidad de personas, que puede resultar en una mayor persecución a esta especie. Además, una subdivisión alta del territorio impone presiones sobre los recursos naturales, debido a la presencia de más hogares”, explica el estudio.

Paisaje en el que habita la güiña, el segundo felino más pequeño del mundo. Foto: Nicolás Gálvez

En los paisajes dominados por las personas, las poblaciones de animales mamíferos están directamente amenazadas por el comportamiento de éstas, por ejemplo, las especies más grandes a menudo son perseguidas porque se consideran una plaga, una fuente de alimento o un producto comercializable.

Por ello, el cambio de uso de tierra afecta a los carnívoros, como la güiña, no solo porque pone en riesgo su desaparición como predadores de otros animales, sino también porque altera los ecosistemas y tiene importantes impactos en otras especies.

Pese a las condiciones actuales, Gálvez es bastante optimista con relación a la supervivencia de este felino, aunque considera que “se necesita actuar ahora sobre cómo se usa el paisaje”.

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