Enseñar la comprensión: claves para una convivencia escolar democrática

Enseñar la comprensión: claves para una convivencia escolar democrática

Escuela Yo’on Ixim
Foto: Martina Žoldoš
Martín López Calva

@M_Lopezcalva

Mucho se habla hoy de los problemas de acoso y violencia escolar. El popularmente denominado Bullying se ha convertido en un fenómeno que se generaliza cada vez más en todas las escuelas –al mismo tiempo que se vuelve también una especie de moda con la que se califica casi cualquier comportamiento en el que una persona se siente ofendida- y desafía a los docentes, a los orientadores educativos, a los directores escolares y a las autoridades del sistema educativo estatales y federal.

Este nuevo factor que ha surgido en los últimos años en el ámbito escolar parece ser un reflejo evidente de la realidad de violencia que ha venido escalando en nuestro país desde que se inició la llamada “guerra contra el narcotráfico” y que en este año ha tenido un momento especialmente crítico. La violencia que impera en la sociedad permea también la realidad escolar.

La respuesta a este fenómeno ha sido diversa: desde la proliferación de cursos y manuales para capacitar a los profesores hasta la formulación de algunas estrategias de política pública que parecen centrarse en una visión reactiva y no preventiva, en una perspectiva de reglamentación y no de formación.

Sin embargo, desde el punto de vista de una Educación personalizante la solución radical a este problema de la violencia escolar está en la construcción de una convivencia escolar constructiva y democrática y esta construcción tiene de fondo el reto de enseñar la comprensión, que el pensador francés Edgar Morin considera uno de los saberes fundamentales que debe estar en el centro de la educación de este cambio de época.

Morin afirma que existen dos tipos de comprensión: la comprensión objetiva que sirve para entender las ciencias o las distintas asignaturas y la comprensión intersubjetiva que facilita el entendimiento entre los seres humanos. Ambos tipos de comprensión son necesarios y distinto  s porque no es lo mismo educar para entender la Física o la Química que para la comprensión humana.

El padre del pensamiento complejo considera que la educación para la comprensión humana es la “misión espiritual de la educación” en nuestros tiempos porque es la condición para generar la solidaridad intelectual y moral de la humanidad, elementos urgentes para revertir las dinámicas de exclusión, intolerancia, agresión y violencia que parecen estar apoderándose de la existencia social y planetaria.

El problema de la comprensión tiene dos grandes polos según este autor: por una parte está el polo planetario que es el de la comprensión dentro del tejido complejo de grupos humanos, culturas y pueblos que constituyen la realidad de la especie humana cada vez más interconectada y cada vez también, más atravesada por la incomprensión. Por otro lado está el polo individual o interpersonal que es el de las relaciones particulares entre miembros de una misma familia o de una comunidad vecinal o escolar en el que tampoco es absolutamente cierto que la cercanía genere comprensión, puesto que muchas veces estas relaciones cercanas producen por el contrario, malos entendidos, celos, agresiones y violencia.  

“La comprensión humana sobrepasa la explicación. La explicación es suficiente para la comprensión intelectual u objetiva de las cosas anónimas o materiales. Es insuficiente para la comprensión humana.

Esta comporta un conocimiento de sujeto a sujeto. Si veo un niño llorando lo voy a comprender sin medir el grado de salinidad de sus lágrimas y, encontrando en mí mis angustias infantiles, lo identifico conmigo y me identifico con él. Las demás personas se perciben no sólo objetivamente, sino como otro sujeto con el cual uno se identifica y que uno identifica en sí mismo, un ego alter que se vuelve alter ego. Comprender incluye necesariamente un proceso de empatía, de identificación y de proyección. Siempre intersubjetiva, la comprensión necesita apertura, simpatía, generosidad”.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro

Como plantea esta cita, el trabajo para lograr la comprensión humana va mucho más allá de la explicación, porque para comprender a otra persona no basta con tener explicaciones sobre su comportamiento o sus ideas y creencias sino que se requiere una identificación, un proceso de empatía y de proyección intersubjetiva que se sustenta en el reconocimiento del otro como un “otro yo”, como alguien con la misma dignidad y con los mismos derechos que yo.

Este reconocimiento del otro ser humano como un igual no es nada fácil en un mundo cada vez más plural en el que existen múltiples identidades, formas de pensar y de vivir, escalas de valores que orientan la existencia, ideologías, creencias, razas, culturas y subculturas. En este contexto surgen muchos obstáculos para la comprensión que van desde el egocentrismo o el sociocentrismo a nivel interpersonal que nos hacen creer que nosotros y los nuestros poseen la forma correcta de pensar y de vivir y que todos los diferentes están en el error, hasta el etnocentrismo que genera actitudes y comportamientos marcados por la xenofobia y el racismo que han llevado a lo largo de la historia a guerras terribles y muertes masivas.

Un elemento adicional que obstaculiza la comprensión es lo que Morin llama el “espíritu reductor” que consiste en reducir a un ser humano a una etiqueta generada por una sola de sus características o de sus acciones.

El combate educativo a la violencia escolar y la contribución de la escuela para la construcción de una sociedad respetuosa y pacífica tienen en la enseñanza de la comprensión un eje fundamental que implica retos importantes.

Educar a las nuevas generaciones en la consciencia de la diversidad humana que los haga valorar su propia identidad y cultura al mismo tiempo que se abren a la comprensión de otras identidades y culturas superando el egocentrismo, el socio y etnocentrimo y el espíritu reductor es la forma más eficiente –y yo diría que tal vez la única- de lograr una convivencia escolar pacífica y democrática.

Formar a los niños y adolescentes en la empatía y la identificación de los demás a partir de verlos como semejantes es el fundamento para lograr esta educación de la comprensión.

“La tarea más importante de prevención de violencia tiene que ver con fortalecer el quehacer educativo en las escuelas, lo que supone promover la construcción de un tejido socio-comunitario que fortalezca la cohesión social a la vez que contribuya a desarrollar competencias para vivir con otros desde el respeto y la responsabilidad compartidas, entre los miembros de la comunidad escolar”.

Cecilia Fierro Evans

Como afirma la Dra. Fierro, destacada investigadora en el campo de la convivencia escolar, la solución a la violencia y el acoso escolar no puede centrarse en la construcción de protocolos de reacción a los actos violentos que suceden en el ámbito escolar y en la promulgación de reglamentos que establezcan sanciones para los alumnos y profesores que abusen de otros miembros de su comunidad escolar. El combate a la violencia en la escuela no debe basarse en una perspectiva que judicialice el problema sino en una visión auténticamente pedagógica.

De manera que la tarea más importante para prevenir la violencia se debe sustentar en el fortalecimiento del quehacer educativo en las escuelas, que está muchas veces diluido por las múltiples demandas administrativas, burocráticas y legales. Este fortalecimiento pasa por la construcción de un tejido social que desarrolle las competencias de los niños y adolescentes para vivir con los demás en una convivencia basada en el respeto y en la corresponsabilidad, en la resolución de los conflictos y desacuerdos a partir del diálogo entre iguales y no de la violencia y la imposición que dan la fuerza y el poder.

La construcción de escuelas que sean modelos de convivencia humana sustentada en la identificación con el otro, en la empatía y en el respeto y valoración de la diversidad es la única forma realmente efectiva de terminar con la violencia en las comunidades educativas y de apostar por la construcción de una sociedad pacífica y democrática en el futuro.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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