Cuando la universidad cambia la vida

Cuando la universidad cambia la vida

Para Rosy Govela, con un abrazo hasta la eternidad

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“A Luisa y a mí, sin duda, el viaje nos marcó, nos ayudó a revisar, discutir y definir, años adelante, lo que queríamos de nuestra fe, si es que la queríamos, y de nuestra vida hacia eso que llamábamos entonces “el mundo”. Pero tengo la idea, que ya nunca podré desahogar con ella, de que para Rosa fue un viaje definitivo, durante el que se asomó al territorio que sería su hogar de muchas maneras, durante los años que vivió hasta su temprana muerte”.

Alejandra López. Rosa Govela. En memoria.

I.

Este domingo compartí el artículo en el que Alejandra te recuerda y te despide haciendo una breve semblanza de tu muy fructífera vida que terminó demasiado pronto por “…una de estas enfermedades inclementes que parecen aquejar al mundo con el propósito de hacernos dudar del sentido de la vida…”, como dice ella en su texto. Lo compartí expresando mi enorme tristeza y diciendo que así como es cruel e ilógico que mueran antes los hijos que los padres, no deberían irse los alumnos antes que los maestros. Mucho menos si son un testimonio de congruencia y compromiso como lo eras tú.

II.

Acabamos de bajar del avión después de un aterrizaje bastante feo. Estamos esperando el equipaje que está tardando mucho. De pronto y como por hacer plática, mi amiga Laura me dice: “¿Tú conociste a Rosa Govela?” Imagina que pude haberla conocido porque estudió en la Ibero hace ya un buen número de años, cuando yo ya trabajaba ahí y ella aún no, pero sin duda no imagina siquiera la cercanía y el afecto que nos unió. Respondo que sí y me suelta la noticia de golpe: “Se murió hoy. Me acaba de llegar un mensaje”.

No lo puedo creer, no lo quiero creer. La noticia me cae como un balde de agua helada. Laura me muestra un texto de recuerdo que publicó una compañera de ella, hoy periodista, en el que salvo un par de imprecisiones de datos del contexto, hace una semblanza muy clara, justa, cercana y afectuosa que la describe con admiración.

Desde ese momento no han parado de fluir los sentimientos y las imágenes que me regresan a esa universidad de finales de los ochenta y principios de los noventa en la que con muy escasos recursos y más inspiración que instalaciones o equipo, iniciamos un proyecto de pastoral universitaria que nos marcó para siempre.

III.

En su artículo, Alejandra comparte aquel viaje a Tepexoxuca y al Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER) en Zautla –¿fue el mismo viaje o fueron tal vez dos diferentes que se mezclan ahora en nuestra memoria?-, donde conocimos la admirable obra educativa que inició el muy recordado Gabriel Salom, luchador incansable por la formación de los jóvenes campesinos e indígenas, pionero en la creación de instituciones orientadas a promover a los más pobres en nuestro estado de Puebla, tan lleno de contrastes e injusticias.

Un viaje que a todos nos marcó de diferente forma. A algunos, como menciona la autora del artículo, les dio elementos para discutir, revisar y definir lo que querían de su fe y de su ser en el mundo, a otros los sensibilizó un poco hacia la realidad de los que sufren, a nosotros como profesionistas recién egresados que iniciábamos nuestra carrera como educadores universitarios nos ayudó a reafirmar nuestra vocación, a reforzar la esperanza en que era posible aportar elementos que ayudaran a formar en valores y a educar en una fe anclada en la realidad a jóvenes que respondían con creces al llamado y nos superaban en congruencia y compromiso.

A ti, como dice el artículo, creo que te cambió la vida para siempre porque te llamó a experimentar el compromiso con los más desfavorecidos con una especial radicalidad que te llevó a optar por renunciar a un futuro convencional como Ingeniera industrial -tal vez en una empresa, en el contexto de la ciudad y de la clase media en el que creciste- para elegir convertirte en una educadora popular de tiempo completo y trabajar en el CESDER entregando literalmente tu vida a los jóvenes y a las mujeres de la sierra norte, ocupando distintos cargos y dirigiendo diferentes proyectos en estos años –mas de veinte, según mis cuentas- en los que nos diste a todos un ejemplo enorme de congruencia, valor y compromiso.

IV.

Recuerdo que fui a tu boda, allí mismo en el CESDER, en medio del paisaje imponente de la sierra. Una boda sencilla y llena de significado, una boda en la que sellabas tu compromiso con Rafael, pero también con toda la comunidad que fue testigo y que te acompañó o fue acompañada por ti en sus luchas y en sus alegrías, en sus necesidades y sus tristezas.

La vida nos fue llevando por senderos distintos. Ahora me arrepiento de no haberte visitado algunas veces, de seguir acercándome a ese proyecto tan rico y tan ejemplar. Creo que fui al CESDER una o dos veces más, hace ya muchos años. Luego te vi un día que pasaste a saludarme brevemente porque estabas en la Ibero tomando un curso o participando en algún congreso. Ya habías terminado entonces tu maestría en Desarrollo rural en la UAM, estabas muy contenta, con esa sonrisa que siempre te caracterizó pero que se había vuelto más profunda, más madura y llena de esperanza y sentido.

V.

Hay un debate entre los autores: unos dicen que no es posible una educación en valores, una formación ética en la universidad porque los jóvenes llegan ya con sus valores muy firmes y arraigados y no pueden cambiar. Otros, por el contrario, afirman que sí es posible y aún necesario promover durante la formación universitaria espacios de formación valoral, de reflexión ética, de sensibilización y concienciación social.

Tu caso sin duda no puede ser concluyente desde una perspectiva científica, pero para mí es un ejemplo contundente y emblemático de que la universidad sí puede cambiar la vida de los jóvenes y generar posibilidades de decisión existencial que den sentido a su vida en la entrega a los demás y en la búsqueda de una sociedad más justa, más fraterna y humana.

Había sin duda una formación valoral previa que adquiriste en tu familia y en tu educación preuniversitaria. Pero la universidad generó espacios que hicieron que esa formación previa germinara y se concretara en una decisión vocacional profunda y radical de servicio a los demás.

Tú fuiste un ejemplo de la profundidad con que la universidad puede cambiar la vida: por una parte, porque ese viaje y otros procesos que viviste en la Ibero cambiaron tu vida y te llevaron a ser una gran educadora y promotora popular. Por otro lado, porque tú misma, como profesora y directora de la licenciatura en Planeación del desarrollo rural, seguramente lograste cambiar la vida de muchos jóvenes que estudiaron en el CESDER y que hoy, gracias a ti, son profesionales comprometidos con su comunidad y personas que viven los valores que les transmitiste con tu testimonio.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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