Día mundial del docente: ¿Qué celebramos?

Día mundial del docente: ¿Qué celebramos?

Tomada de animalpolitico.com
Mtra. Marisol Aguilar Mier

Como todos los años desde 1994, el 5 de octubre se celebró el “Día Mundial del Docente”, fecha en la que se conmemora la Recomendación Conjunta de la Organización Internacional para el Trabajo (OIT) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) aprobada en 1966 mediante una reunión intergubernamental relativa a la situación del personal docente. Esta resolución constituye hoy en día un marco de referencia fundamental sobre los derechos y las responsabilidades de los docentes a nivel mundial. En específico, la recomendación aborda las normas internacionales para su capacitación inicial y su formación ulterior así como las condiciones de contratación, empleo, enseñanza y aprendizaje. En suma, pretende aportar un conjunto de directrices para promover la condición del personal docente en aras de una educación de calidad.

Esta fecha –por cierto no muy conocida- sirve de pretexto para reflexionar sobre la profesión docente en la actualidad. Y para ello, podríamos iniciar preguntándonos: ¿quién es y qué hace un buen profesor? Sin duda, lograr caracterizar a la docencia es un asunto complejo pues se trata de una práctica multidimensional. Sin embargo, la mayoría asume que el docente es el actor clave del proceso educativo. En la Recomendación de 1966 citada líneas arriba, se señala que “debería reconocerse que el progreso de la educación depende en gran parte de la formación y de la competencia del profesorado, así como de las cualidades humanas, pedagógicas y profesionales de cada educador”.

En sintonía con lo anterior, podemos afirmar que al momento de ejercer la docencia entran en juego un conjunto competencias relacionadas con diversas esferas: la personal, la disciplinar y la pedagógica. La esfera personal tiene que ver con las relaciones que establece el profesor con los estudiantes y sus propias creencias y actitudes hacia la docencia. Esto es de suma importancia puesto que sus acciones se apoyan en la manera en la que concibe el acto educativo, en su forma de percibir la realidad, en sus ideas y en aquello en lo que cree. Por su parte, la esfera disciplinar se asocia con el conocimiento y experiencia que el profesor tiene con respecto a aquello que enseña. Y por último, la esfera pedagógica parte del supuesto de que los conocimientos disciplinares en sí mismos son fundamentales, pero no suficientes para poder enseñarlos. Es necesario por tanto, traducir y estructurar estos conocimientos de tipo profesional y disciplinar en objetos de enseñanza que faciliten la construcción de aprendizajes.  Por ello podemos decir que es una práctica dinámica y reflexiva.

Del mismo modo, es preciso reconocer que la docencia conlleva un gran poder. El profesor es “dueño” del aula y ejerce una gran influencia dentro de ella que permea en diversos niveles sociales ya que va dejando una huella en los alumnos, no sólo dentro de los ámbitos propiamente académicos, también en los personales, al intervenir de manera directa en la formación de hábitos, conductas, creencias y actitudes. Por ello, su figura y el rol que juega le imprimen el carácter de agente social.

(…) la reforma más importante en política pública que puede hacer nuestro país para mejorar sus resultados educativos es construir un sistema sólido que permita seleccionar, preparar, desarrollar y evaluar a los mejores docentes para sus escuelas

En este sentido, el documento de la UNESCO-OIT establece que “la enseñanza debería considerarse una profesión cuyos miembros prestan un servicio público; esta profesión exige de los educadores no solamente conocimientos profundos y competencia especial, adquiridos y mantenidos mediante estudios rigurosos y continuos, sino también un sentido de las responsabilidades personales y colectivas que ellos asumen para la educación y el bienestar de los alumnos”. Y son precisamente estos elementos de responsabilidad y compromiso inherentes a la docencia los que hacen que se le mire como una profesión para la cual es esencial una vocación, una misión que se traduce al servicio y que implica la búsqueda del crecimiento y desarrollo de la persona. No sólo se trata de enseñar, sino fundamentalmente, de educar.

No obstante, a pesar de la gran importancia que tiene la figura del docente, la profesión se ejerce en condiciones desfavorables para un gran número de ellos. La Recomendación es clara ante esto al afirmar que: “la insatisfacción causada por el descenso en la escala social, los bajos salarios, las difíciles condiciones de la enseñanza y el aprendizaje y la falta de perspectivas de carrera o de formación profesional adecuada, han inducido a muchos maestros a abandonar la profesión, a veces tras pocos años de servicio.” Aunado a ello, no hay que olvidar tampoco, las cargas excesivas de trabajo, la situación precaria de muchísimas escuelas, las condiciones de pobreza y marginación de un gran número de estudiantes, la burocracia y corrupción han politizado desde hace ya muchos años a esta importante función, el estrés al que son sometidos, las presiones sociales e institucionales y la visión que tienen muchas personas que la consideran una ocupación de segunda a la que cualquiera puede recurrir como una opción temporal.

Por tanto, y a manera de conclusión, sólo resta decir que, de acuerdo a un estudio realizado por la OCDE, la reforma más importante en política pública que puede hacer nuestro país para mejorar sus resultados educativos es construir un sistema sólido que permita seleccionar, preparar, desarrollar y evaluar a los mejores docentes para sus escuelas. La misma idea la reitera la Recomendación: “la calidad de la docencia es fundamental para que los resultados del aprendizaje sean satisfactorios y supone un sistema educativo que atraiga y retenga a un personal docente motivado, eficaz, con buena formación y en el que los hombres y las mujeres estén equitativamente representados; supone un sistema que apoye a los maestros en el aula y en su desarrollo profesional permanente”.

Ojalá esta Recomendación pueda irse haciendo día a día una realidad pues es claro que nuestra apuesta más importante para el cambio educativo y el desarrollo de nuestro país, son sus docentes. Sean pues estas líneas un homenaje a su invaluable labor, con motivo de la celebración del Día Mundial del Docente.

Referencias:

Recomendación conjunta de la OIT y la UNESCO relativa a la situación del personal docente (1966)

Recomendación de la UNESCO relativa a la condición del personal docente de enseñanza superior (1997)

Disponible en: http://unesdoc.unesco.org/images/0016/001604/160495s.pdf

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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