Aranzazú Ayala Martínez | Ana Karen de la Torre

@aranhera | @karelampia

En promedio casi 4 de cada 10 mujeres (39%) que desaparecen en Puebla tiene entre 14 y 17 años, según el histórico de cifras de 2011 a junio de 2017, y el 38% de las que siguen desaparecidas es o era menor de edad.

De acuerdo con datos de la Fiscalía General del Estado (FGE), obtenidos vía transparencia, en el periodo referido desaparecieron 1975 mujeres, de las cuales han sido localizadas 1198; es decir que 777 (39.4%) continúan desaparecidas.

Si bien de 2011 a 2015 la mayoría de las desaparecidas era encontrada, a partir de 2016 esa tendencia cambió drásticamente, al punto de que este año menos de la mitad ha sido localizada.

Lo que no ha cambiado es el promedio de edades en que las mujeres desaparecen y, sobre todo, que son las de esa edad las que menos se encuentran. Las adolescentes son las que más han desaparecido sin que a la fecha se sepa de su paradero: 91 de 16 años siguen sin ser localizadas, así como 87 de 15 años, 70 de 14 y 55 de 17 años.

Tepeaca, primer lugar en desaparición de mujeres

Al contrastar los datos de la FGE con los del Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas (Rnped), de 2011 a junio de 2017, se encuentran diferencias: la FGE registra  777 y el Rnped 789. En cuanto a los municipios donde desaparecieron las mujeres, la Fiscalía tiene denuncias de 47, y el Rnped de 51.

Pero lo que hay en común es que el municipio de Tepeaca, ubicado a sólo 46 kilómetros de Tenancingo, Tlaxcala, “la capital de la trata de personas”, como le han calificado varias organizaciones dedicadas a la lucha contra la explotación sexual, tiene la tasa más alta en desaparición de mujeres.  

Según los datos de la FGE a Tepeaca le siguen Tepexi de Rodríguez, Tecamachalco y Ciudad Serdán; en quinto lugar está Puebla capital, seguido de Francisco Z. Mena y Tehuacán.

En cuanto a las cifras del Rnped a Tepeaca le siguen -en ese orden- Ciudad Serdán, Tecamachalco, Tepexi de Rodríguez, Caxhuacán, el municipio de Puebla y Tehuacán.

Desde 2015 Tepeaca tiene la tasa -por cada 100 mil habitantes- más alta en desaparición de mujeres a nivel estatal, de acuerdo con las cifras de la Fiscalía, como lo documentó LADO B en una investigación de ese año, en la que encontró silencio y opacidad en torno a este fenómeno. Y nada ha cambiado.

Datos inciertos

Pese a que las cifras del Rnped son alimentadas por las fiscalías y procuradurías de los estados, con base en las denuncias (averiguaciones previas, carpetas de investigación o actas circunstanciadas del fuero común) de desapariciones sin localizar y por lo tanto tendrían que coinciden con las de la FGE, esto evidentemente no sucede.

El Rnped ya ha sido calificado por familiares de personas desaparecidas de diferentes estados de ser poco confiable.

Y cabe aclarar que la FGE fue omisa al informar a este medio en cuántos casos existe una averiguación previa o carpeta de investigación, por lo que se ignora cuáles son simplemente reportes o denuncias.

Finalmente conviene recordar que en México la cifra negra de delitos, esto es, aquellos que nunca se denuncian, es del 93.6% de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2017 de Inegi, por lo que el número mujeres desaparecidas podría ser mayor tanto en Puebla como a nivel nacional.

5 puntos claves en la localización de mujeres desaparecidas

Entre las torres de carpetas de la Agencia Especializada en localizar personas desaparecidas de la FGE de Puebla, están las de Patricia, Guadalupe, Liliana y Saraí. Ellas desaparecieron este año.

1) Aplicación del Protocolo Alba  

“Mi nombre es Natalia Romero, mi hija es Patricia Ortega Romero; desapareció el 14 de junio de este año a las 3:25 de la tarde. Salió de su trabajo y no regresó. Hasta ahorita no sé nada, seguimos buscándola, y vamos a seguir buscándola hasta encontrarla. Tengo mucha fe y esperanza de que algún día la voy a encontrar”.

Al día siguiente de que Patricia no apareciera, encontraron el automóvil que manejaba con las puertas abiertas en la via corta a Tlaxcala, kilómetro 29 de La Magdalena, Tlaltelulco. El jefe de Patricia reportó la desaparición del vehículo al 911, pero no la de Patricia.

De Patricia hasta hoy no se sabe nada. Hace poco le hablaron a la familia para decirles que su expediente había sido transferido a otra agencia.

Desde el 2013 se creó oficialmente la Agencia del Ministerio Público Especializada en Investigación de Personas Desaparecidas; desde el 2012, con posteriores actualizaciones, existe el protocolo para buscar mujeres desaparecidas en la entidad, aunque, de acuerdo con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos llamada “Campo Algodonero”, en todo México debe buscarse a las mujeres desaparecidas con el “Protocolo de Atención, Reacción y Coordinación en caso de Extravío de Mujeres y Niñas” (Alba).

Ambos protocolos tienen puntos importantes en común que en la práctica no se aplican: coordinación inmediata interinstitucional con perspectiva de género y el agotamiento de posibles líneas de investigación.

El objetivo principal en la búsqueda de mujeres desaparecidas es salvaguardar su integridad física. La familia de Patricia no tiene idea de quiénes pudieran ser los culpables.

Patricia tiene dos hijas.

Foto: Marlene Martínez

2) Comunicación con los familiares

La familia de Liliana es de Acatlán y tiene la esperanza de que esté en Puebla. A menudo viene al municipio a recorrer las calles para pegar carteles y buscarla. La dilación de la Fiscalía en investigar el caso les hace creer que si la encuentran será con apoyo de la sociedad.

“No sabemos nada de cómo va la investigación de la Fiscalía -dice una de las tías de Liliana- estamos desesperadas”.

Las familias tienen el derecho constitucional de colaborar con el Ministerio Público e incluso pueden impugnar ante los jueces las omisiones de esta misma institución.

Valeria Yuteita, de la Red de Abogadas Feministas, explica a LADO B que para las autoridades es muy fácil manipular a las familias diciéndoles que sí están investigando cuando la realidad es diferente. Recomienda tres cosas:

Que los familiares lleven por escrito su solicitud de Alerta Ámber en caso de que la desaparecida sea menor de edad, o de aplicación del Protocolo Alba que funciona tanto para niñas, adolescentes y mujeres.  

Que las familias de las víctimas registren todo lo que hacen en una bitácora: lo que están investigando y cómo están contribuyendo a la investigación.

Que tengan registro de nombres y cargos de todas las personas que les atienden en cada etapa.

“Esto puede servir en caso de que sean violentados o los quieran estafar, o incluso que les pidan favores. Pueden presentar una queja contra ese funcionario público, no solamente ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, sino que hay un Organismo que inicia procedimientos administrativos contra funcionarios: Contraloría del Estado”.

“En algunos casos, se ha encontrado a las desaparecidas en el primer domicilio que señalaron los familiares, por eso es importante que sepan lo que está haciendo y lo que no hace la policía ministerial”, dice la abogada.

Marcha para exigir la aparición de personas desaparecidas en Puebla. Julio 2015.
Foto: Marlene Martínez

3) Existencia y alcance de bases de datos públicas

“Mi nombre es Guadalupe Arellano Tlaseca, mi hija desaparecida es Saraí Ávila Arellano. Ella desaparece el 3 de agosto de este año, 2017. Lo que Fiscalía me ha dicho es que están trabajando y están investigando; el hecho de todo esto, yo siempre lo he dicho: tanto medios de comunicación, como Fiscalía, como todas las personas a mi alrededor, a los padres, a las madres de familia, que yo lo único que quiero es encontrar, que me ayuden en la búsqueda de mi hija; si hay un culpable o hay culpables, Fiscalía está trabajando eso y Fiscalía se encargará”.

El nombre, la fotografía y la información de Saraí no está en la página para la localización de personas desaparecidas de la Fiscalía -ni del Rnped-, de hecho sólo hay un caso. De acuerdo con los Protocolos de búsqueda, es importante que la sociedad y los medios de comunicación tengan acceso a estas bases de datos para que se visibilice a quienes se está buscando, y esta base se encuentre actualizada para saber a quienes ya no se está buscando.

La página del Servicio Médico Forense de personas extraviadas, sustraídas o ausentes tiene más nombres, pero tampoco está actualizada.

Foto: Marlene Martínez

4) Que la solicitud de Alerta Ámber o aplicación del Protocolo Alba conste en la carpeta de investigación

“Mi nombre es Lucía Alejandra Benítez Hernández y el nombre de mi hija es Guadalupe Zavaleta Benítez. Desapareció el primero de agosto; como a eso de las 10, 10:30 de la mañana, ahí en el entronque de mayo. Desde ahí para acá no sabemos nada. Si alguien la ha visto, nadie se ha acercado a decir nada”.

Lucía Benítez desearía que el planeta fuera pequeño para que escarbando –como en un juego de escondidillas– encontrara a su hija.

Manuel Zavaleta, esposo de Lucía Benítez y padre de Guadalupe, cuenta cada día que pasa sin que su hija sea localizada; la cifra la tiene presente y la dice sin titubear. En su percepción, la Fiscalía comenzó a buscar a su hija apenas la segunda quincena del mes de septiembre, cuando se presentó ante el Ministerio Público porque en la primera comandancia no habían hecho labores de investigación definitivas y no tenía certeza de su búsqueda.  

La abogada Valeria Yuteita dice al respecto que dado que los familiares hacen las solicitudes de búsqueda interinstitucional de manera verbal, no consta en autos dentro de la carpeta de investigación. Por eso es importante que lo soliciten de forma escrita para conste en la carpeta de investigación y existan pruebas de la búsqueda.  

Crescencia Martínez Hernández, desaparecida
Foto: Marlene Martínez

5) Que se investigue el “se fue con el novio”

“Parece que cuando las mujeres aparecemos con vida, molesta”, dice Jessica Techalotzi, activista feminista. “¿Qué hay detrás de la frase se fue con el novio? De entrada estamos normalizando la violencia contra las mujeres más allá del secuestro, rapto o privación de la libertad. Quienes tienen a las mujeres desaparecidas creen que las mujeres son de su propiedad, muchas veces está el factor de incomunicación y se despliega toda una maquinaria para alegar que ellas están ahí por su voluntad”.

Jessica está realizando una investigación sobre el amor romántico como factor de vulnerabilidad hacia adolescentes en el contexto de la trata de personas. Desde su punto de vista especializado, por cada “se fue con el novio” puede haber un caso de trata, y es este justo el escenario de la impunidad: amor romántico, acceso a otros contextos socioeconómicos y montajes tanto del victimario como de su familia para que la víctima crea que no puede estar en mejor situación.

Valeria Yuteita considera al respecto que con cada “está con el novio” o “se fue con el novio”, la autoridad limita la investigación. “Presupone que al existir esta situación en la que la chica desaparecida se encuentra en casa de la pareja sentimental, ella está por voluntad y está consciente de las consecuencias: eso es falso. La autoridad incurre en violaciones a derechos humanos porque no está profundizando en la investigación. No está investigando los posibles delitos que existen en ese contexto: estupro, violación sexual, trata”.

“No sólo es una simple privación ilegal de la privacidad, sino que hay un factor de género involucrado ahí. Conocemos casos de chicas que han podido regresar a sus casas, pero en muchos otros no y no se está investigando porque consideran que el ‘se fue con el novio’ es una situación común y cómoda, o al menos que descarta ante la opinión pública una investigación. Es muy importante que se investigue de acuerdo con los protocolos, hay un protocolo de trata para el estado. Investigando de fondo, se pueden detener muchas situaciones de riesgo”, dice Jessica Techalotzi.

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