Murciélagos y virus: lucha contra la mala reputación

Murciélagos y virus: lucha contra la mala reputación

John C. Cannon | Mongabay
  • El ecólogo Merlin Tuttle afirma que se está centrando demasiada atención mediática e investigación en los murciélagos basándose en los tenues enlaces con virus causantes de enfermedades mortales como el ébola.
  • El virus vivo del Ébola nunca se ha encontrado en los murciélagos y los virólogos reconocen que otros animales podrían estar implicados.
  • No obstante, los científicos han extraído cepas vivas de otros virus peligrosos de los murciélagos, y los investigadores afirman que seguir estudiando la asociación entre los virus y los murciélagos (y otros animales) nos ayudará a prepararnos mejor para otros brotes de enfermedades.

Un tocón quemado es todo lo que quedaba cuando un equipo de virólogos llegó a Méliandou en 2014. Habían estado buscando el origen del brote mortal de la enfermedad causada por el virus del Ébola que había empezado a finales del año anterior. Un mosaico de pistas llevó a los investigadores a los restos calcinados del árbol en este pequeño pueblo guineano de no más de unas decenas de familias.

El árbol había sido el hogar de murciélagos que los lugareños capturaban en ocasiones para comer. También es el punto donde podría haber estado Emile Ouamouno antes de enfermar. Se cree que Emile, un bebé de Méliandou fue la primera persona en contraer la enfermedad en este brote. Con pocos más datos para avanzar, los científicos sugirieron que el origen del virus que infectó a Emile podría ser el árbol y sus murciélagos.

Los virólogos dijeron a un reportero de Science que no podían confirmar si la gente de Méliandou había quemado el árbol para deshacerse de los murciélagos, que temían que podían ser portadores del virus del Ébola. Sin embargo, el ecólogo Merlin Tuttle tiene pocas dudas de que así fue. Para él, este tipo de persecución es parte del patrón que se inicia cuando hay rumores de que los murciélagos podrían tener algo que ver con el brote de una enfermedad.

urciélago de charretera de Wahlberg (Epomophorus wahlbergi) a punto de polinizar un baobab en Kenia. Incontables miles de murciélagos de charretera viven en pueblos africanos sin que se conozca daño a los humanos, dice Merlin Tuttle. Foto y leyenda © Merlin Tuttle

“Personalmente, he documentado casos en los que cientos de miles, a veces millones, de murciélagos se enterraban vivos en sus cuevas —añadió— solo porque a alguien se le ocurría una idea descabellada antes de que se demostrara y se descubriera que no era verdad”.

Hace poco, en 2012, Tuttle y varios colegas viajaron a una cueva en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, donde esperaban ver una colonia de murciélagos. Sin embargo, los lugareños, temerosos de los microbios que causan enfermedades, que daban por hecho que llevaban los murciélagos, habían cerrado la entrada para cuando ellos llegaron, dijo.

Tuttle, investigador en la Universidad de Texas, sostiene que las acusaciones que retratan a los murciélagos como fuentes de peligrosos virus y enfermedades como el ébola suelen ser prematuras y muy exageradas. Dice que la especulación prematura puede encender el tipo de reacción que presenció en Cuba y que sospecha que ocurrió en Guinea.

“Cuando alguien publica un titular aterrador, los murciélagos pueden ser erradicados antes de que alguien descubra que ni siquiera eran culpables”, explicó a Mongabay.

El brote de ébola en África occidental fue, en efecto, aterrador. Mató a más de 11 000 personas en 10 países antes de disiparse en 2016. Una vez los murciélagos se vinculan con un acontecimiento así, “¿Qué persona en su sano juicio toleraría que hubiera murciélagos bajo esas circunstancias?”, dijo Tuttle.

Colonia de murciélagos insectívoros en una cueva de piedra caliza. Foto de Rhett A. Butler / Mongabay
Apasionados de los murciélagos

El septuagenario ha estudiado los murciélagos en todo el mundo y sigue con su defensa de la conservación de los murciélagos, sobre todo por los beneficios que nos ofrecen. El servicio forestal de los Estados Unidos informa de que unas 300 especies de árboles frutales necesitan los servicios de polinización de los murciélagos. Un estudio en Indonesia descubrió que los murciélagos y las aves impulsaban la producción de cacao en un 31 por ciento, lo cual representa un salto en las ganancias anuales de los agricultores de 730 dólares por hectárea.

La biología y conservación de los murciélagos han sido el centro de la carrera científica de 55 años de Tuttle. Ahora, sigue con su misión de reivindicarlos a través de sus fotografías, libros y artículos populares, además de un blog que reúne a un grupo de “fanáticos de los murciélagos”.

En las investigaciones científicas ha cuajado un énfasis injustificado en los murciélagos como portadores de enfermedades, dice Tuttle. Con una cantinela constante, afirma que una oleada de evidencia científica especulativa, seguida de historias incluso más especulativas —a veces hiperbólicas— por parte de los periodistas, lleva a la matanza innecesaria de murciélagos.

En la opinión de Tuttle, los murciélagos son tan sospechosos como cualquier otro animal que se encuentre en África occidental y central, donde se han originado todos los brotes de ébola. Los científicos han descubierto que los chimpancés, gorilas, un pequeño antílope asustadizo llamado duiker y varios roedores tienen ARN del virus del Ébola en su sangre, aunque solo se han encontrado fragmentos y no genomas completos.

El aislamiento de una cepa del virus infeccioso del Ébola de los murciélagos podría indicar que los murciélagos son portadores del ébola, pero hasta ahora ha sido elusivo. Los investigadores han encontrado anticuerpos de ébola en la sangre de murciélagos, pero también en la de muchos otros animales. El descubrimiento de esos restos de batalla entre el sistema inmunológico y un virus se suele malinterpretar, dijo Jens Kuhn, virólogo en el Instituto Nacional de Salud en Bethesda, Maryland.

“Mucha gente lo acepta muy rápidamente como signo de infección [de ébola], pero no significa eso”, dijo Kuhn. “Los anticuerpos solo significan exposición a algo parecido al ébola”.

El resultado es que nadie ha encontrado pruebas definitivas entre los murciélagos y alguno de los 25 brotes que se han dado desde 1976. Como resultado, para cuando estaba desapareciendo la última epidemia, empezaron a emerger estudios que expresaban dudas sobre el papel de los murciélagos en la enfermedad.

Zorro volador de la India (Pteropus giganteus) en vuelo. Foto de Julie Larsen Maher © WCS.
A la caza de los orígenes

Lo que los científicos buscan —y lo que algunos piensan que podría ser una especie de murciélago— es el organismo que lleva el virus del Ébola en su población de forma continua, conocido como reservorio. Sea lo que sea ese reservorio, no enferma ni se muere, así que es una fuente esencial del virus hacia otros organismos.

No todos los científicos que buscan un reservorio de ébola están obsesionados con los murciélagos.

“Hay algo sobre esta historia ébola-murciélagos que no me encaja”, dijo Siv Aina Leendertz, viróloga del Instituto Robert Koch en Berlín. “No creo que haya suficientes pruebas en estos momentos para decir que el ébola circula de forma continua en los murciélagos”.

Leendertz publicó un análisis en 2016 en el que planteaba que la cadena de infección podría incluir un insecto acuático como las efímeras. Dijo que no era más que un ejemplo para demostrar cómo se podría involucrar a otro animal con la posibilidad de estar “totalmente equivocados”.

“Si solo nos centramos en los murciélagos de la fruta”, añadió Leendertz, “podríamos pasar por alto otras cosas que nos podrían dar información, más pistas, más piezas del rompecabezas”.

Aun así, los anticuerpos que los investigadores han extraído de la sangre de murciélago demuestran que los murciélagos “definitivamente tienen algo que ver”, afirma.

Vampiro común (Desmodus rotundus) en el Zoo del Bronx en Nueva York. Foto de Bill Meng © WCS

Para muchos de nosotros, hablar de los murciélagos como portadores peligrosos de virus que causan enfermedades no es muy complicado, dijo Kuhn.

“Encaja por completo en nuestra narrativa de que los murciélagos acarrean cosas muy malas”. En el Infierno de Dante, Satán adopta forma de murciélago. Su naturaleza nocturna llama a nuestro miedo más básico a la oscuridad y lo desconocido. Y por supuesto, está Drácula, el vampiro, que puede cambiar de forma y convertirse en murciélago en la famosa novela de Bram Stoker.

No obstante, como Leendertz, Kuhn pide que se lance una red más grande para buscar a los animales que nos conectan a virus como el ébola. Tiene la corazonada de que un insecto o artrópodo podría tener que ver en la transmisión del virus de animales a humanos —quizás una garrapata que deja el agente infeccioso en la sangre de otro animal huésped antes de llegar a nosotros.

Nuestra asociación con los murciélagos, en las tradiciones y en la vida real, se remonta a hace milenios —piensa en las moradas en cuevas de nuestros ancestros—, y esa es una razón por la que Tuttle cree que su reputación como distribuidores de enfermedades es tan improbable.

“Millones y millones de personas comen murciélagos todos los años,” dijo. “Ojalá hubiera una buena razón para que la gente no comiera murciélagos porque ya se ha causado la extinción de algunos y, ciertamente, hay otros amenazados”.

“La verdad es que no hay pruebas de que comer murciélagos haya causado ninguna pandemia ni brote de enfermedad importante”, añadió Tuttle.

Kuhn coincide en que esta relación cercana señala a la participación de algún otro organismo. Si los murciélagos son el reservorio que se busca del virus del Ébola, “¿Por qué no tenemos un brote de ébola tras otro?”.

¿La respuesta? “Hay algo más que los murciélagos”, dijo.

Cueva de Bracken en San Antonio, Texas, es la casa de verano de más de 15 millones de murciélagos cola de ratón de México (Tadarida brasiliensis), convirtiéndose en la colonia de murciélagos más grande del mundo. Foto en el dominio público de Ann Froschauer / U.S. Fish and Wildlife Service
Un problema de imagen

Hasta hace unos 20 años, los murciélagos eran conocidos principalmente por ser portadores del virus de la rabia —aunque entonces, como ahora, las posibilidades de contraer rabia de un murciélago eran astronómicamente pequeñas, con una media de menos de tres casos al año en EE. UU.

Desde finales de los noventa, sin embargo, empezó a fondo la investigación científica para analizar el papel de los murciélagos en la transmisión de otras enfermedades.

Después de eso, “los murciélagos se pusieron de moda”, dijo Jens Kuhn.

El virus de Nipah, que podría causar una encefalitis mortal, golpeó Malasia en 1998. Hizo que enfermaran los cerdos y mató a más de la mitad de sus víctimas, que eran sobre todo granjeros. En 2003, los investigadores aislaron el virus de Nipah vivo de la orina y la saliva de murciélagos que parecían sanos, y ahora los estudios se refieren al género Pteropus de los murciélagos de la fruta como el “reservorio silvestre” de la enfermedad.

El síndrome respiratorio agudo grave (SARS) apareció en 2003, enfermando a 8100 personas. Los científicos determinaron que los humanos probablemente lo había contraído de civetas a la venta en mercados locales, y los investigadores nunca han extraído el virus vivo de un murciélago. Sin embargo, en 2005, un estudio titulado “Los murciélagos son reservorios naturales de coronavirus como el SARS” apareció en la destacada revista Science.

Una vez la comunidad científica estableció la conexión, por tenue que fuera, entre el SARS y los murciélagos, ese dato fue el que recordó la gente, dice Tuttle, no el de que no habían encontrado el virus vivo.

“Nunca ha habido pruebas de que el SARS viniera de los murciélagos”, añadió.

En efecto, muchos de los científicos que publican esas investigaciones matizan sus conclusiones y explican que hace falta más trabajo. Aun así, ese matiz se suele perder en los medios.

En un informe de 2014 sobre el inicio del ébola en Guinea publicado en el New England Journal of Medicine, por ejemplo, los autores se refieren a los murciélagos de la fruta como “un reservorio posible” del virus del ébola. No obstante, alentada por lo que Tuttle ve como un énfasis excesivo en los murciélagos en el reino de la investigación virológica, una noticia sobre ese artículo decía claramente que los murciélagos de la fruta “son reservorios del virus”.

Murciélago de la fruta color pajizo macho (Eidolon helvum) de Kenia. A pesar de las pruebas disponibles, esta especie fue culpada de forma errónea por el caso índice, un niño en Guinea, en el brote de ébola del 2014, dijo Tuttle. Foto y leyenda de © Merlin Tuttle

Las investigaciones que exploran la relación entre murciélagos y virus llevaron a nuevas hipótesis sobre el papel de los murciélagos en la propagación de enfermedades y revelaron nuevas teorías sobre cómo su sistema inmunológico las controla. Los periodistas y la sociedad se aferraron a aspectos de la biológica única de los murciélagos como el principio y el final de la historia de cómo los virus llegan de los animales a las personas.

Kuhn investiga muchas de las familias de virus que se asocian con los murciélagos y dijo que los eslabones “débiles” que han encontrado los científicos, como con el ébola, son fáciles de exagerar.

Por ejemplo, algunos medios populares utilizan el hecho de que los murciélagos vuelan para explicar cómo los virus van de un sitio a otro. Eso es una “simplificación peligrosa”, dice Kuhn, que se ha “sobreexagerado por completo en los medios”.

También se ignora a otros animales voladores, según Tuttle.

“De acuerdo, pueden viajar largas distancias, pero también las aves y los insectos”, dijo. “No son los únicos que pueden viajar largas distancias”.

Un reportaje con el titular “Por qué los virus letales están aumentado” llamó a los murciélagos “posiblemente uno de los animales más peligrosos del mundo”.

Parte del artículo se había realizado desde la cueva Gomantong en el Borneo malasio, hogar de los vencejos que giran los nidos que se utilizan para hacer sopa de nido, uno de los platos más populares en algunas partes de Asia. Los trabajadores escalan a la parte más alta de la cueva dos veces al año para recoger la rentable cosecha después de que los pájaros se vayan. El paseo en bucle al interior de corte cavernoso de 90 metros en el bosque también es popular entre los turistas, y no es raro que se lleven algún tipo de, ehm, recuerdo que les ha caído desde la parte alta de la cueva de los millones de murciélagos y aves que viven allí. El artículo alertaba: “podría haber ébola en las heces que os caen en los hombros”.

<No solo no se ha encontrado nunca ébola en Malasia, sino que tampoco se han encontrado otros miembros de su familia, los filovirus. Es incorrecto implicar un riesgo de ébola para los visitantes de la cueva, además la insinuación más amplia y atrevida de la frase es que los murciélagos están constantemente saltando entre virus mortales. Si ese fuera el caso, dijo Tuttle, ¿Por qué ninguno de los colectores de nidos ni los visitantes han enfermado o provocado un brote tras dejar la cueva? Especialmente si se tiene en cuenta que los humanos llevan haciendo prácticamente lo mismo desde hace cientos de años.

“No hay pruebas de que ningún humano en la historia del mundo haya contraído una enfermedad por las cacas que caen en su hombro de un murciélago”, dijo.

Tuttle utiliza su página web para fustigar esos reportajes, que afirma ponen a los murciélagos en riesgo de represalias, entre ellos se incluye un artículo de Mongabay de abril de 2016 que ya ha sido corregido.

La cueva Gomantong en el Borneo malasio es hogar de millones de murciélagos. Los recolectores de nidos de vencejo para sopa y los turistas son visitantes frecuentes de esta cueva. Foto de John C. Cannon / Mongabay

El murciélago se detiene aquí

¿Cuál es el efecto de la matanza internacional de murciélagos? En un estudio de 2016, un equipo de investigadores de murciélagos intentó poner cifras a la cuestión, además de a las otras causas del declive de murciélagos en todo el mundo, revisando casos de muertes de murciélagos sucedidas desde 1790.

Hasta principios del siglo XXI, descubrieron que la “matanza intencionada” por parte de los humanos era la causa más significativa de las muertes de murciélagos, a menudo porque la gente los veía como plagas. Luego, alrededor del año 2000, con la aparición de las turbinas de viento, estas se convirtieron en la principal causa de su muerte. También lo hizo el síndrome de la nariz blanca, una enfermedad causada por un hongo que puede ser mortal en los murciélagos. Sin embargo, el estudio no reveló pruebas de que la gente haya aumentado sus esfuerzos para destruir murciélagos en los últimos 100 años, incluso con la línea de investigación de los murciélagos como portadores de enfermedades que empezó hace un par de décadas.

Paul Cryan, biólogo experto en murciélagos en el Servicio Geológico de Estados Unidos y autor de la investigación, reconoce que la percepción de los murciélagos afecta la forma en que tratamos a estos animales.

“Parece que la gente estigmatiza y vilipendia las cosas que no comprende, y los murciélagos están entre esos animales incomprendidos”, escribió Cryan en un correo electrónico. Sin embargo, basándose en la investigación del equipo, “No esperaría que aumentaran los esfuerzos de exterminación con la salida a la luz de nueva información sobre las enfermedades y los murciélagos”, añadió.

A Tuttle le pareció que las conclusiones del estudio eran insuficientes. Dijo que la investigación de Cryan y su coautor no tenían en cuenta el hecho de que las revistas científicas habían dejado de informar de “matanzas humanas deliberadas” de murciélagos en los 80, con lo que posiblemente se ignoraban incidentes más recientes.

Desde entonces, “las revistas científicas han publicado casi exclusivamente artículos para demostrar hipótesis, lo cual significa que no hay más información sobre matanzas deliberadas por parte de humanos como las que aparecían antes al menos a veces”, dijo Tuttle.

Aunque no se informe de ellos, sigue firme en su idea de que las matanzas de murciélagos continúan. “En México y el resto de América Latina, a veces es difícil encontrar un árbol hueco que no se haya quemado para matar murciélagos (temidos de forma equivocada como murciélagos vampiro)”, dijo Tuttle. “Y con la nueva especulación, las matanzas podrían empeorar”.

“En mi experiencia, vaya donde vaya, la gente que teme a los murciélagos intenta matarlos”, añade.

Tuttle está frustrado con los otros científicos, muchos de los cuales han seguido la línea de moda en la investigación de enfermedades centrada en los murciélagos para obtener subvenciones lucrativas.

A finales de 2014, en medio de la crisis del ébola, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó 1,77 mil millones de financiación para el Centro de Control y Prevención de Enfermedades “para la preparación y respuesta al ébola”, que incluía dinero para apoyar la investigación científica entre 2015 y 2019.

Ese dinero no se ha destinado todo a la investigación de murciélagos, pero Tuttle dice que está fuera de control con la amenaza que el ébola nos plantea. Además, sugiere que el deseo de mantener el flujo de esa financiación está retorciendo las conclusiones que publican los investigadores y las revistas, aunque no quiere dar el nombre de nadie.

Esos informes suelen llevar avisos sobre el valor de murciélagos para el ecosistema y de que las pruebas que relacionan a los murciélagos con los virus no se tendrían que ver como justificación para matarlos. Muchos artículos de noticias también destacan la importancia de los murciélagos para el control de insectos y para polinizar los cultivos como forma de desalentar las represalias.

Sin embargo, dijo Tuttle, ese tipo de afirmaciones suelen aparecer al final del texto, después de las noticias aterradoras, llamativas y, posiblemente, peligrosas.

Murciélago de charretera pequeño (Epomophorous labiatus minor) con un higo en Kenia. Los murciélagos frugívoros son dispersores de semillas vitales para la reforestación de áreas tropicales y subtropicales. Foto y pie de © Merlin Tuttle

Uno de estos estudios apareció en la revista Virus Evolution a principios de junio de 2017 y hablaba de considerar a los murciélagos “los principales reservorios evolutivos” de coronavirus,el grupo que incluye los virus que pueden causar SARS y MERS.

El objetivo de ese estudio era encontrar virus que aún no se conocen en la ciencia. Es parte de un trabajo liderado por investigadores del Proyecto PREDICT, un esfuerzo de 100 millones de dólares financiado por la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos para reducir el riesgo de pandemias globales.

Tuttle reprendió al nuevo estudio de inmediato, afirmando en una respuesta escrita que compartió con Mongabay que los murciélagos son fáciles de capturar en grandes números, lo cual los hace buenos sujetos de estudio. Como resultado, no es sorprendente que se encuentren muchos virus en ellos. (De forma paradójica, Tuttle dijo que muchos de los científicos que buscan enfermedades en los murciélagos utilizan una trampa que él inventó.)

“Si tuviera muchos millones de dólares para buscar virus en ti, podría encontrar muchos nuevos virus y podría inventarme un montón de historias aterradoras sobre su relación con cosas peligrosas”, añadió.

Tuttle escribió el 14 de junio en su página web que la investigación propaga “la presentación innecesariamente sensacionalista de los murciélagos como animales excepcionalmente peligrosos”.

“Muchos virus son inocuos o incluso beneficiosos, incluidos algunos relacionados con los mortales”, escribió Tuttle el 2 de julio. “Además, la cantidad de virus encontrados en los murciélagos no es necesariamente un indicador del riesgo”.

También dijo que la “excepcional diversidad” de coronavirus encontrados en murciélagos es de esperar, ya que los murciélagos son “un grupo excepcionalmente antiguo, diverso y extendido”. Con unas 1300 especies, uno de cada cinco mamíferos conocidos es un murciélago.

El estudio de Virus Evolution se presentó con el benévolo título “Patrones globales en la diversidad de coronavirus”. Sin embargo, generó una cobertura mediática con titulares como “Los murciélagos son un reservorio global para coronavirus mortales”, que apareció en la sección de noticias de la revista Nature.

La caza de virus que aún no han causado un brote ni se ha demostrado que sean perjudiciales para los humanos ha atraído las críticas de otros científicos. Michael Osterholm cuestiona el valor de pasar tanto tiempo buscando esos virus desconocidos previamente. Es epidemiólogo en la Universidad de Minnesota y dirige a un equipo que ha trabajado para
desarrollar rápidamente una vacuna contra el virus del Ébola desde 2014.

Osterholm defiende que se ponga más esfuerzo en el desarrollo de vacunas y se entreguen a los trabajadores sanitarios, en lugar de aumentar el catálogo de virus con consecuencias desconocidas

“No me importa si tienes un camión de bomberos grande, rojo y brillante”, dijo. “Si no tiene motor, ¿de qué sirve?”.

Murciélagos de la fruta Rodrigues (Pteropus rodricensis) en el Zoo del Bronx. Foto de Julie Larsen Maher © WCS
El murciélago que conocemos

De todas maneras, dijo Osterholm, los murciélagos siguen claramente relacionados con “enfermedades infecciosas muy graves”, y expresó su preocupación sobre ignorar las pruebas que conectan a los murciélagos con las enfermedades infecciosas.

“Este concepto de que cualquier descripción de los murciélagos como portadores de virus es injustificada o peligrosa para los murciélagos, yo creo que es ingenua”, añadió.

Jens Kuhn coincide en que dado lo que hemos aprendido sobre murciélagos y virus en las dos últimas décadas, especialmente con el virus del Ébola, está justificado que haya más investigación.

“Hay que guiarse por la información que se tiene, no por la que no se tiene”, dijo Kuhn. “Hay suficientes pruebas anecdóticas y raras que me llevan a pensar que los murciélagos tienen algún tipo de participación en el rompecabezas [del ébola]”.

Aunque Kuhn enfatiza lo diferentes que son estos virus —“No puedes meterlos todos en el mismo saco—, ofrece una respuesta al reto de Tuttle y Osterholm sobre el valor de identificar virus que son nuevos para la ciencia. Entender cómo evolucionan estos virus y se relacionan los unos con los otros podría ayudarnos a prepararnos mejor para los brotes, dijo.

Ahora, es una búsqueda en la que los científicos se sientan en la frontera de su conocimiento. No importa la punta, “todavía no hemos visto el iceberg”, dijo Kuhn.

El Síndrome respiratorio de Oriente Medio, o MERS, es un ejemplo de lo que los investigadores como Kuhn pueden averiguar de esas relaciones. El coronavirus del MERS —de la misma familia que el virus SARS— puede causar neumonía y diarrea. De las 2000 personas infectadas desde 2012, el 35 por ciento han muerto.

Tuttle señaló que cuando el brote de MERS estalló en 2012, los científicos y los medios no buscaron al culpable muy lejos.

“Antes de saber nada, prácticamente apostaron todo su dinero —predijeron por escrito— a que era casi seguro que provenía de los murciélagos”, dijo.

Aunque en un principio se sospechó que los murciélagos habían causado un brote de MERS en 2012 y se han encontrado virus relacionados en ellos, el virus que causa la enfermedad llegó probablemente a través de camellos domesticados (Camelus dromedarius). Foto de Anne-Claire Benoit

De hecho, los epidemiólogos acabaron por descubrir que el virus había saltado —o se había derramado— a los humanos a través de un animal común en Arabia Saudí: los camellos (Camelus dromedarius). Los epidemiólogos utilizan el término “derrame” para hablar del momento en que el portador de un virus desliza el virus que lleva a un organismo de otra especie.

Los humanos domestican camellos desde hace miles de años. Si nuestros compañeros jorobados fueran el reservorio de virus MERS definitivo, es decir que han llevado el virus sin mostrar signos de enfermedad, parece lógico que nos habríamos dado cuenta de un derrame a los humanos antes de 2012.

Kuhn dijo que la historia compartida dejó a los investigadores de la salud pública con una gran duda: “¿Cómo diantres llegó el virus a los dromedarios?”.

Cuando los virólogos comprobaron el linaje del virus MERS, descubrieron que “todos los vecinos son un coronavirus de murciélago”, dijo. “La conclusión más lógica es que este es un virus de murciélagos que saltó a los dromedarios”, estableciendo a los murciélagos como huéspedes probables y como un posible reservorio del virus MERS.

El MERS no es la única enfermedad de este tipo. En 2009, un equipo liderado por CDC tomó una muestra viva de un filovirus llamado Marburg de unos murciélagos de la fruta conocidos como murciélagos egipcios (Rousettus aegyptiacus) que se instalan en cuevas en África en decenas de miles.

Las infecciones del virus Marburg han llevado a alrededor de una docena de brotes en los humanos desde 1967, originados en su mayoría del contacto con las cuevas. La ofensiva más mortal registrada en 2005 mató al 90 % de las 252personas que contrajeron la enfermedad en Angola.

Desde entonces, los investigadores han descubierto que los murciélagos pueden llevar una forma infecciosa del virus Marburg durante meses en sus colonias sin síntomas visibles. Además, y esto es una pieza muy importante del rompecabezas, pueden expulsar partes del virus en su saliva, heces y orina.

El hecho de que pueda circular en sus sistemas por un periodo extendido de tiempo ha llevado a muchos científicos a deducir que los murciélagos son “al menos portadores” de Marburg en el medioambiente, dijo Kuhn. Eso no significa que los murciélagos egipcios sean el reservorio definitivo, pero una conexión tan fuerte con un filovirus parece dar a entender que el ébola, otro filovirus, podría también residir en los murciélagos de forma similar.

Los científicos han descubierto que los murciélagos egipcios (Rousettus aegyptiacus) pueden llevar el virus Marburg, aunque no se ha relacionado de forma directa ningún brote con el contacto entre murciélagos y humanos. Foto de Zoharby (trabajo propio), CC BY-SA 3.0 o GFDL, vía Wikimedia Commons
La suerte de nuestra parte

El hecho de que los murciélagos puedan sobrevivir los efectos del virus Marburg parece apoyar la idea de “que los murciélagos tienen relaciones fisiológicas únicas con los microbios”, dijo Paul Cryan.

Parte de eso tiene que ver con cómo viven su vida los murciélagos. Como mamíferos voladores, los murciélagos gastan mucha energía, lo cual aumenta su temperatura interna. Este constante estado febril puede ser especialmente destructivo para el ADN a menos que un organismo pueda desarrollar una solución. Cryan dijo que recuerda “sentir escalofríos” hace unos años al leer un estudio en Science que proponía que el singular sistema inmunológico de los murciélagos, perfeccionado a lo largo de millones de años de evolución para reparar el daño causado al ADN con los vuelos, podría ayudar a explicar por qué pueden soportar una asociación tan cercana con los virus.

Los humanos no tienen adaptaciones tan inteligentes para soportar invasores microscópicos, o eso se piensa, y eso nos hace más vulnerables que los murciélagos ante las enfermedades que causan los virus y otros organismos.

Incluso sin esas adaptaciones, la probabilidad de que los humanos contraigan un virus de los murciélagos es infinitésimamente pequeña, dijo Tuttle. Su ciudad de Austin, en Texas, tiene un historial de seguridad envidiable con los murciélagos. Espectadores de todo el país se reúnen en las noches de primavera para presenciar el éxodo de hasta 1, 5 millones de murciélagos de debajo de un puente en el río Colorado. En los 80, los funcionarios de salud pública estaban preocupados por si alguien se contagiaba con la rabia, pero Tuttle hizo una campaña para que no se molestara a los murciégalos. En lugar de deshacerse de ellos, los funcionarios aceptaron sus consejos e instalaron señales pidiendo a los visitantes que no tocaran a los murciélagos.

“Treinta y tres años después, seguimos esperando a la primera persona dañada por un murciélago”, dijo.

Globalmente, es mucho más probable contagiarse de la rabia a través de los perros, ya que son responsables de un 99 por ciento de los casos.

Tuttle también señala a su extensa experiencia con los murciélagos en decenas de países con poco más que una vacuna contra la rabia como única línea de defensa.

“He hecho todo lo que puedes hacer para exponerte a uno de estos supuestos… virus mortales”, dijo. “Sigo estando muy sano a los 75 años”.

Murciélagos cola de ratón (Tadarida brasiliensis) emergen del puente de Congress Avenue en Austin, Texas. A pesar de los iniciales avisos de peligro de los funcionarios de sanidad, ninguno de los millones de turistas ha sido atacado ni dañado, dijo Tuttle. Foto y texto © Merlin Tuttle

La buena salud de la que gozan la mayoría de científicos de los países desarrollados puede ser suficiente para mantener un virus alejado, dijo Kuhn. Guinea y los otros países endémicos del ébola están entre los más pobres del mundo.

“Es muy posible que necesites que te inmunosupriman para que suceda la primera infección”, dijo Kuhn, “para hacer que la especie salte”.

Tuttle se remite a las estadísticas para demostrar la poca frecuencia de enfermedades asociadas con los murciélagos. Señaló que en los últimos 40 años, el ébola, el Marburg, el MERS, el nipah, el SARS y una enfermedad vírica llamada hendra han causado entre todas solo 15 000 muertes humanas. En comparación, dice, durante ese tiempo, los cálculos conservadores indican que 2,2 millones de personas han muerto de la rabia transmitida por perros, algo que se considera poco habitual.

“Ocupó grandes titulares porque era sensacionalista y diferente”, dice en referencia al ébola. “Esta enfermedad es trivial si se compara con muchas otras causas de mortalidad humana”.

Sin embargo, para Kuhn, esa justificación es peligrosa.

“Eso es cierto, por supuesto, para cualquier enfermedad de la historia cuando empezó”, dice. “En el momento en que hay un brote con 11 000 muertes, probablemente valga la pena intentar averiguar de dónde sale el virus”.

La deforestación y las carreteras siguen abriendo nuevas áreas de naturaleza y acercándonos a los animales y los virus que llevan. Con ese tipo de nueva exposición, el próximo brote de ébola podría afligir a cientos de miles de personas, dijo Kuhn.

“Sí, es una situación hipotética, pero no necesariamente improbable”, añadió, “como nos ha mostrado este brote en África occidental”.

Una cosa está clara: que vamos a compartir nuestro futuro con estas enfermedades zoonóticas, independientemente de cuál sea el reservorio y si se transmite a través de un murciélago, un cerdo o un camello.

“Para que quede claro”, dijo Tuttle en un correo electrónico, “Reconozco que los murciélagos pueden transmitir algunas enfermedades aterrorizantes, como todos los otros animales, sobre todo los humanos”.

Como ecólogo de población, reconoce nuestra relación cambiante con otras especies y, dejando de lado a los murciélagos, lo difícil que es predecir lo grave que será el próximo derrame de una enfermedad de los animales a los humanos.

“No sé de nadie con mi formación que no piense que vamos a encontrarnos con algunos baches muy graves en el camino”, añadió Tuttle.

Shreya Dasgupta y Rebecca Kessler colaboraron en este artículo.

Imagen de cabecera: murciélago de charreteras pequeño en Kenia © Merlin Tuttle.

Sigue a John Cannon en Twitter: @johnccannon

Nota del editor 31/8/17: Por petición de Merlin Tuttle, tres afirmaciones fueron modificadas para reflejar de forma más adecuada su opinión.

Referencias:

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