Medicina

Medicina

Javier Caravantes

@javicaravantes

A José Prats Sariol la mala prosa le causaba dolor estomacal. Temía que alguno de los textos de sus alumnos, del taller gratuito en la Casa del Escritor, le provocara tal desazón que lo obligara a correr al escusado más cercano. 

A mí tanto estrés me provoca presentar libros, que en varias ocasiones, apenas termino de hablar, en la boca del estómago me aguijonea un dolor tan profundo que sólo con altas dosis de medicamentos inyectados en las venas se puede contener.

Las experiencias fueron terribles cuando tuve que visitar por primera vez ciudades donde los libros se presentaron. Luego de los monótonos aplausos debí correr buscando un taxi rumbo a la clínica más cercana. A las presentaciones de libros debo los dolores físicos más fuertes que mi cuerpo ha sentido. Además de un considerable gasto económico. 

Alejandro Badillo me propuso tomar cervezas. Quedamos en un bar del centro. No fue sino hasta muy arrancada la plática cuando me preguntó si podía presentarle su última novela. En un par de meses, en el restaurante “Casa Nueve”. 

Por una cabeza fue ganadora del premio nacional Amado Nervo. Publicada este año en coedición por Ficticia y la Universidad de Veracruz. De ciento veintitrés páginas. 

En los talleres literarios de la SOGEM, cuando estaban ubicados en la ex cárcel de San Javier, conocí a Alejandro Badillo. Él asistía al de cuento impartido por Alejandro Meneses. Aunque han pasado más de diez años aún conservo el recuerdo de la primera vez que lo escuché leer. Desde entonces me gusta la prosa que Alejandro ha desplegado en los libros Tolvaneras, Vidas volátiles, Ella sigue dormida, y en la novela La mujer de los macacos. 

Hace tres años presenté su libro de cuentos La herrumbre y la huellas, (el ataque de gastritis de esa noche nada tuvo que ver con los cuentos de Alejandro, fue no haber comido por terminar el texto que leería en la presentación). 

Un nuevo libro de Badillo fue motivo para alejar la cobardía, esa que me acecha cuando debo hablar en público, mucho más severa si el tema es literatura. Una mañana que desperté con hambre voraz comencé a leer Por una cabeza.

Arrancar con epígrafe de Thomas Bernhard siempre es buena señal, más si el resuelto lector acaba de leer Hormigón. En Por una cabeza, como en la novela del autor austriaco, la duda es enunciada desde la primera oración. La inconsistencia del narrador es parte determinante en el desarrollo de la trama, estamos ante el recorrido de una duda. El conflicto sobre las identidades de los personajes se fragua desde los párrafos iniciales; las preguntas como motores narrativos.

“El trabajo se agotó”, la cantina donde la acción arranca recuerda al Lontananza de David Toscana. Hombres abatidos por no tener empleo sortean el paso del tiempo mirando el vuelo de las moscas y beben una cerveza nunca demasiado fría. 

Una historia se cuenta de muchas formas. Los evento se suceden, una ficha empuja a otra, un atardecer derrota la luz, un cuerpo se degrada hasta quedar como blanquísimo esqueleto. Justificaciones, casualidades, caminos que se acercan. Usted ponga el peor escenario y siempre habrá explicaciones.

“Renovábamos los tragos mientras los segundos se despeñaban lentamente, como si el mundo entero, el bar que nos contenía, fuera un reloj de arena”. 

El rompimiento, lo que volatiliza a los personajes de Badillo, es un disparo: el recurso dramático que hace botar los resortes en el trayecto de la voz narrativa. Una cabeza que rompe los cristales de las ventanas es la motivación de la historia.

Alejandro continuamente emplea el sometimiento de los objetos a la prosa, a su mirada, construir atmósferas con palabras, a la repetición de Benhartd. La voz que narra lo periférico. 

“Usted sabe: imaginamos como mecanismo de defensa; a veces podemos aislar una imagen, sacarla del cúmulo, proyectar al futuro o llevarla al pasado para mirarla con nueva luz. En este punto cobró importancia el balazo que habíamos escuchado.” 

Es notable la presencia de elementos naturales que ayudan a construir metáforas. La eficacia en la manera de describir me recuerda al Bestiario de Arreola. 

“Habrían salido de algún lugar cercano, como pájaros alertados por el inicio del fuego. Los policías eran carroñeros que habían evolucionado en los últimos años.” 

Foto: Cortesía

En el viaje del héroe ya todo está perdido. Entonces sucede un cambio de perspectiva. Como recurso de cierre el personaje principal ¿muta? de identidad. 

“Estaba, sin duda, en una de las muchas realidades que me cercaban”.

En un ensayo reditado en su sitio web Enrique Villa-Matas considera necesarios al menos tres requerimientos para la innovación literaria: 

1 Romper estructuralmente con la narrativa clásica.

2 Explorar las inconsistencias del narrador.

3 Llevar el lenguaje hasta el límite de la comprensión. 

Estoy seguro de que la más reciente novela de Alejandro Badillo sería avalada como innovadora de la tradición literaria por el autor de Dublinesca. 

¿Cómo se construye una buena novela? ¿Tradición y riesgo, disciplina y talento, lecturas y suerte?, ¿paciencia? No y sí. He tenido la oportunidad de mirar de cerca la carrera de varios autores de la generación de Alejandro, la pasión por el riesgo estético más una resuelta ética me parece que lo distinguen.

El día de la presentación iba a comprar lanzoprasol pero aposté a que el entusiasmo que me había provocado la lectura de Por una cabeza podría ser el remedio para mi enfermedad.  

En un cuaderno escribí oraciones que me salvarían si de pronto mi memoria colapsaba. Sucedió. Empecé a tirar halagos sin muchos argumentos. Aún así no pasó nada en mi estómago. El dolor no llegó. Incluso pude tomar un mezcal y reí varias veces. Casi no tartamudeé. La prosa cura. El siguiente párrafo es el inicio de Por una cabeza:

“Verá usted: no sé cómo empezar. Una historia se cuenta de muchas formas. Los evento se suceden, una ficha empuja a otra, un atardecer derrota la luz, un cuerpo se degrada hasta quedar como blanquísimo esqueleto. Justificaciones, casualidades, caminos que se acercan. Usted ponga el peor escenario y siempre habrá explicaciones. Palabras que engendran palabras: gestos lloriqueos. El caso es que estábamos aquella mañana en el centro del pueblo. Perros desvencijados por el sol: puro hueso. Sus siluetas se movían como banderas derrotadas.”

NO COMMENTS

Leave a Reply