(Para que) Viva México

(Para que) Viva México

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“…la sangre echa raíces
y crece como un árbol en el tiempo.
La sangre en el cemento, en las paredes,
en una enredadera: nos salpica,
nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.

La bocas de los muertos nos escupen
una perpetua sangre quieta”.

Jaime Sabines. Tlatelolco 68.

 

La patria en que vivimos cumple este viernes-sábado doscientos siete años de una existencia convulsa, marcada por guerras internas e invasiones externas, conflictos ideológicos, desigualdades que parecen insalvables, exclusiones por motivos de raza, religión, clase social u origen, pobreza centenaria y abusos de poder, conflictos por el poder, impunidad desde el poder.

La patria en que vivimos sigue siendo una tierra donde la sangre echa raíces y crece, crece imparable como un árbol en el tiempo. Un lugar de lugares manchados de sangre en el cemento, en las paredes, en las calles y las plazas, en las selvas y los desiertos.

Esta patria que nos vio nacer es un escenario en el que a pesar de que tratemos de ignorarla, la sangre nos salpica y nos moja de vergüenza a todos, las bocas de tantos y tantos muertos nos escupen un reclamo de justicia, de reconciliación, de paz y verdadera democracia.

 

“Confiaremos en la mala memoria de la gente,
ordenaremos los restos,
perdonaremos a los sobrevivientes,
daremos libertad a los encarcelados,
seremos generosos, magnánimos y prudentes.

…Aquí no ha pasado nada.
Comienza nuestro reino…”

Jaime Sabines. Tlatelolco 68.

En esta patria que vivimos los gobernantes hacen negocios con los recursos que deberían destinarse a combatir la pobreza, a construir hospitales y escuelas, a poner las condiciones para que todos puedan vivir como seres humanos y desarrollar sus proyectos de felicidad en paz y colaboración para hacer realidad la sociedad democrática que tanto se desgasta en los discursos.

En nuestra patria estos negocios son cada vez más sofisticados y llegan a niveles que pueden llamarse #EstafaMaestra porque se realizan a partir de un diseño estructural cada vez más complicado con el fin de evadir y engañar a la sociedad que ahora cuenta con organizaciones que buscan vigilar a las autoridades y presionar para que haya rendición de cuentas. Mecanismos tan complicados que incluyen empresas inexistentes y manchan a instituciones que eran los reductos de confianza de la sociedad como las universidades.

Porque en esta patria que nos tocó vivir los gobernantes corruptos siguen confiando en la mala memoria de la gente, pensando que con ordenar los restos, perdonar a los sobrevivientes, declarar que se investigará “hasta las últimas consecuencias”, “que se aplicará todo el peso de la ley”, es suficiente para que todo se olvide, para que no pase nada y cada seis años vuelva a comenzar el reino de los que acceden al poder.

Y en efecto, en esta patria que vivimos no pasa nada, sigue sin pasar nada a pesar de que pasan tantas cosas. Sigue sin pasar nada ante los socavones que producen muertos, frente a la delincuencia asociada con la política, en torno a la corrupción que lo envuelve todo.

“México, creo en ti,
Porque escribes tu nombre con la X
Que algo tiene de cruz y de calvario:
Porque el águila brava de tu escudo
Se divierte jugando a los volados:
Con la vida y, a veces, con la muerte”.

Ricardo López Méndez. México, creo en ti.

Mientras tanto en las escuelas que trabajamos -donde penetra cada día con más intensidad la terrible realidad de esta patria en que vivimos- seguimos pensando que la educación cívica se hace con monótonas ceremonias a la bandera, con el canto a coro de un himno nacional que los niños no entienden, la enseñanza de unas leyes que en la vida diaria no se cumplen y la memorización y declamación de poemas románticos que exaltan a ese México abstracto en el que ya no podemos reconocernos.

En un país en el que la sangre echa raíces y nos moja de vergüenza cada día más, padecemos el fenómeno del acoso escolar y no priorizamos la construcción de modelos de convivencia escolar pacífica en la que se arreglen los conflictos mediante el diálogo.

Ante una realidad dominada por la búsqueda de dinero y poder sin importar los medios para alcanzarlos sucumbimos ante las presiones que piden escuelas que capaciten personas competitivas y eficientes para el mercado y no encontramos aún la forma de educar personas integrales que sean capaces no solamente de sobrevivir en este mundo de la economía global sino de vivir humanamente tratando de transformarlo, de hacerse cargo de él y volverlo un mundo más incluyente y justo.

Frente a la necesidad de democratización de nuestra patria seguimos viviendo una escuela centrada en la autoridad y el control, en la disciplina por temor y el trabajo individual y competitivo, sin poner atención a la urgencia de formar personas con conciencia y hábitos democráticos que sean en el futuro ciudadanos o gobernantes que busquen el bien común a través de la participación colaborativa de todos.

En medio de una patria manchada por la corrupción y la impunidad que se sustenta en la apuesta por la falta de memoria seguimos viviendo escuelas que enseñan fechas y datos pero no forman memoria y conciencia histórica.

En un país en el que reina la descomposición causada por el imperio de una política carente de ética, nuestras escuelas siguen enseñando valores aislados como si fueran conceptos a memorizar en vez de enfatizar y asumir con seriedad la tarea de una formación ética compleja que eduque la libertad de los futuros ciudadanos y los capacite para vivir los dilemas existenciales a los que la sociedad actual los va a enfrentar.

Para que viva México necesitamos hacer nuestro el reto de una auténtica formación ciudadana que forme en modelos de convivencia dialógica, pacífica, empática, razonable y basada en la comprensión más que en la imposición.

Para que viva México requerimos docentes, directores, orientadores, padres de familia, empresarios, organizaciones sociales y medios de comunicación comprometidos con el empoderamiento de la sociedad civil para lograr procesos de rendición de cuentas y aplicación de la ley en los casos como el de la #EstafaMaestra, el #Socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, la #CasaBlanca, el caso #Odebrecht y todos los casos escandalosos de corrupción y negligencia por parte de los gobernantes en complicidad con grandes empresas, universidades y otras instituciones sociales.

Para que viva México necesitamos una educación que cultive la memoria histórica y social para desterrar para siempre la cultura de “Aquí no pasa nada”.

Todo esto es difícil pero sin duda posible. Ojalá estas fiestas patrias sean un momento para la reflexión y el compromiso para lograr que todos los educadores empecemos a trabajar para que viva México.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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2 COMMENTS

  1. En medio de mucho tristeza, autoritarismo,decepción en nuestro hermoso país al leerlo me resignifica mi ser humano en mi vida, mi profesión en preescolar que amo.
    Saludos y gratitud Dr. Martín López Calva

  2. Gracias por esta oportunidad de reflexionar sobre nuestro México actual, especialmente en medio de las condiciones imperantes de incertidumbre, demagogia y cinismo político, violencia y empoderamiento de la delincuencia, falta de espacios y oportunidades de cambio real, manipulación y desencanto de las masas que dejan como consecuencia esa apatía, desvinculación y enajenación social que mencionas, ocasionando la parálisis hacia el mejoramiento urgente y la perpetuación de los sistemas caducos y amafiados.
    No obstante la causa y raíz de todos nuestros males la señalas con precisión: la deficiente educación, una educación real y auténtica, transformadora y formadora de mentes comprometidas con el mejoramiento de su entorno, a través de principios y valores, pobremente transmitidos e inspirados.
    Acaso sea esa nuestra actual maldición: la de haber desterrado una cultura de valores, desde la casa, en el origen de la fuente educacional, el hogar, desentendiéndose las familias de inculcar y proteger valores tan esenciales para la vida en sociedad como la honestidad y honradez, la integridad, la lealtad a los principios éticos y cívicos, el respeto en todas sus formas, la solidaridad con el prójimo, la rectitud de las acciones, el honor y dignidad, la satisfacción por el esfuerzo y empeño, entre otros tantos, que debieran estar reforzándose y promoviéndose en todas las esferas sociales, particularmente en las escuelas y medios de comunicación.

    ¿Acaso debemos resignarnos también a la muerte de la grandeza de México, a su destino luminoso marcado en las raíces de su historia, renunciando a derrotar a la bajeza, la injusticia y la destrucción de su mejor futuro…?

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