Oaxaca: la tierra no deja de moverse

Oaxaca: la tierra no deja de moverse

La furia de la tierra regresó ayer al Istmo de Tehuantepec. Dos semanas después del devastador terremoto del 7 de septiembre y mientras las familias siguen viviendo en la calle, tres nuevos sismos con epicentro en las costas oaxaqueñas regresaron el pánico a esta región oaxaqueña. El día terminó con un puente y varias casas más destruidas, y los damnificados cubriéndose con lonas de una tormenta

Foto: Diana Manzo | Pie de Página
Diana Manzo | Pie de Página

@DianaManzo31

JUCHITÁN, OAXACA.- Sigue temblando. No deja de temblar. La tierra ruge, esto ya es insoportable. Está lloviendo. Hay Truenos y rayos. Las lonas no aguantan la lluvia y sigue temblando. Nos abrazamos. Cada que tiembla nos abrazamos. Estamos juntos. La familia es lo único que tenemos ahora.

Creíamos que este fin de semana las cosas mejorarían. Pero no. De repente comenzó a rugir la tierra de nuevo y se movió fuertemente. No supe como cargué a mi hija, de 5 años, y la saqué. Me sentía mareada. No paraba de temblar. Pensé lo peor. Sentí que mi casa se colapsaba. Mis familiares gritaban, mis vecinas pedían a dios, en zapoteco, parar esto. Por fin terminó. Pero desde entonces no se ha dejado de mover la tierra. Réplica tras replica. Desde el terremoto del 7 de septiembre dormimos en el patio. Montamos un campamento.  Somos más de 10 los que vivimos en la casa con la tía Elsa y el tío Carlos. Ahora nos mantenemos bajo el agua. Estamos en la calle refugiados bajo una lona. Mi hijo, de 11 años, es el más asustado.

La furia de la tierra volvió al Istmo de Tehuantepec. Dos semanas después del devastador terremoto, tres nuevos sismos seguidos, con epicentro en Juchitán -el más fuerte de 6.1 grados en la escala de Richter- regresaron el miedo y la zozobra a esta región oaxaqueña.

En muchos pueblos del Istmo, 90 por ciento de las viviendas sufrieron afectaciones; algunas se colapsaron con el terremoto del 7 de septiembre y unas 34 más terminaron por derribarse este sábado 23. Las autoridades de Oaxaca reportaron el deceso de dos personas originarias de Asunción Ixtaltepec.

Karina Santiago Pineda es de Asunción Ixtaltepec, su casa se localiza frente a un puente vehicular que colapsó con este nuevo sismo, y  también terminó de pulverizarse  la casa de su abuelo. Su familia montó un espacio en un árbol de almendras, donde vivirán por varios días.

Lo mismo ocurre con las hermanas Alonso López, en Unión Hidalgo, quienes montaron su fogón en su patio y ahí comen y duermen. Tienen miedo a que se les caiga su vivienda, pues las réplicas sísmicas no han dejado de reproducirse desde el 7 de septiembre.

“Ya ni sabemos que día estamos  viviendo, esto cada vez es más feo y triste, no sabemos cómo terminaremos, gracias a la sociedad civil, a los jóvenes y gente que nos da un bocado, nos da alimentos, pero de ahí nada, ahora lo urgente es el techo, estamos durmiendo en la calle y bajo la lluvia”, expresaron las hermanas.

Pánico y crisis nerviosas

La desolación y el miedo se han apoderado de la gente. En las unidades médicas la principal demanda fue la atención de crisis nerviosas, y también para los pacientes que son diabéticos  e hipertensos, quienes en su mayoría se han descontrolado.

os sismos de este sábado ocasionaron que cinco hospitales de la región evacuaran a los pacientes. La unidad de salud del IMSS en Salina Cruz atiende a los enfermos fuera de sus instalaciones. Pero muchos temen que en la consulta les agarre un nuevo sismo y no van; otros, simplemente por la distancia en la que se encuentran las unidades móviles, prefieren automedicarse.

Foto: Diana Manzo | Pie de Página

Eden Marín López, médico general y quien en su consultorio particular en Juchitán ha dado consultas gratis, explicó que desde el terremoto del 7 de septiembre, las crisis nerviosas se han disparado en más del 100 por ciento, sobre todo en pacientes diabéticos e hipertensos, y mujeres embarazadas, quienes no han dejado de acudir para ser atendidas.

Explicó que con el apoyo de médicos radicados en Oaxaca, pero oriundos de Juchitán, consiguió medicamentos y ha podido dar atención gratuita a las familias; sin embargo, la demanda es excesiva.

Por eso, el médico consideró urgente que las autoridades implementen la ayuda sicológica casa por casa, o a través de los grupos de vecinos.

“Los sismos han causado la crisis, muchas personas llegan con presión alta o depresión, otras con su diabetes incontrolada, realmente debemos tomar en cuenta la salud, porque las constantes replicas desde el pasado 7 de septiembre han dado un giro a nuestras vidas y que es urgente atender”, expresó.

Amelia Matus Gómez y Martha Campos Landeros son de Juchitán, el terror y el miedo sigue invadiéndolas y por eso decidieron dejar su hogar y montar un espacio afuera de sus viviendas. “No hay de otra, la tierra se mueve y hay que temerle”, dicen.

En las calles de Juchitán y los pueblos vecinos la mayor parte de los negocios cerró por temor a nuevas réplicas. A pesar de que las autoridades municipales han montado cocinas comunitarias y albergues, muchas familias como la de Amelia y  Martha  prefirieron quedarse y a ellas aún la ayuda no les llega.

“Mi casa está colapsada, la urgencia más grande son las colchonetas y lonas, la lluvia amenaza con llegar y eso tememos que nos mojemos, todos los vecinos decidimos salir, nadie está en su casa, tenemos miedo, necesitamos apoyos, la comida y los víveres han llegado de la sociedad civil quienes nos traen atole o tamales o guisos, hemos visto solidaridad”, dijo Martha.

El agua, las lonas, colchonetas y comida preparada es la mayor urgencia de las familias, quienes reclaman a sus autoridades la falta de atención para los nuevos refugios que se han instalado. “Aquí no ha llegado nada, nadie está en su casa, tenemos mucho miedo, ese nuevo sismo causó alerta, preferimos estar debajo de este árbol… mi casa es de dos pisos, mi hija sacó una colchoneta y esperamos que alguien nos done una lona. Si llueve no sabemos qué haremos, porque muchas familias están como nosotras”, expresó por la mañana Matilde Salinas en Juchitán.

En la tarde, efectivamente, el aguacero terminó por completar la desgracia de las familias juchitecas.

* * *

Me motiva ayudar. Creo que con el periodismo podemos ayudar a cambiar las cosas. Pero esta es una situación muy difícil. Hoy, por ejemplo, estaba entrevistando a una familia de que se refugió debajo el árbol y le daba mucho sol, cuando un funcionario pasó. Creo que para que yo no dijera que no hacen nada, se bajó del carro y les regaló dos lonas. Cuando se fue,  la señora me dijo: “ya vez, fue una bendición que vinieras”.

Así pasan los días en el Istmo. Entre réplica y réplica (en los primeros días hubo más de mil). Entre el miedo y la tristeza. Algunas familias protegidas con trapos de tela, otras bajo un árbol y unas pocas con lonas se refugian en sus banquetas y en la calle. Han montado sus fogones entre vecinos y preparan comida para todos. Nadie quiere entrar a su casa.

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