El museo comunitario de la Romero Vargas, un museo vivo

El museo comunitario de la Romero Vargas, un museo vivo

Foto: Luis Colchado
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Un museo no tiene que ser un espacio estático y solemne. Un museo también puede construirse con la vida diaria de las personas que lo habitan, puede ir mutando y puede transformarse en un espacio del que se apropia la gente.

Justo así es el Museo Comunitario de la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas: un museo vivo. Con este término lo describe Olivia Sesma, una de sus fundadoras, quien cuenta que todo empezó cuando fue a un encuentro de museos comunitarios a Oaxaca, en 2003; le gustó tanto la idea que sus compañeros en el evento le pusieron un plazo de tres años para hacer el propio y fundó uno en Veracruz.

Después regresó con su familia a Puebla, a vivir en la Romero Vargas. Llegando buscó espacios de cultura, y encontró a la Asociación Civil Unidad, Servicio y Desarrollo. Ahí propuso la idea, pensó que sería fácil, dice, porque la Romero Vargas ya tiene de todo: tradiciones, cultura, incluso vestigios arqueológicos. Los vecinos dicen que en la mayoría de las casas se encuentran restos prehispánicos.

Foto: Luis Colchado

A los demás miembros de la agrupación les gustó la idea y quisieron emprender el proyecto. “Como que es un virus”, dice Olivia. Y ahí empezó la vida del museo comunitario: pasaron apenas ocho meses desde el nacimiento de la idea hasta el inicio de su funcionamiento.

La primera misión del equipo fue encontrar un inmueble. Olivia, Hugo, Cris y otros compañeros hicieron un proyecto para presentarlo a la presidencia auxiliar y pedir el inmueble. “Ahí va, tengan las llaves”, cuentan que les dijeron al entregarles el lugar abandonado.

Todo fue construyéndose con ayudas y donaciones. Los exhibidores donde ahora tienen piezas prehispánicas antes mostraban el pan recién hecho en un súper mercado. El equipo hizo boteos y rifas, pidiendo cooperación de casa en casa, hasta que el 6 de diciembre de 2014 el lugar abrió sus puertas.

El museo tiene también sesiones de cuentacuentos y talleres de cartonería, radio, teatro de sombras, cursos de verano y clases de inglés. Incluso fue sede de un taller de mandalas impartido por uno de los niños que asiste regularmente.

Foto: Luis Colchado

La idea de los museos comunitarios es que sean vivos, que estén siempre en movimiento, y esto se lo dan las iniciativas de promoción de lectura, las presentaciones de libros, y las actividades de la gente que asiste. Aunque el espacio es pequeño –una sala de exhibición y una biblioteca con espacio para lecturas– lo que se busca es que cada vez sea más grande la comunidad.

Las personas involucradas totalmente en el proyecto son 12, pero son más los que se suman de otras formas. Cris, la vicepresidenta de la asociación divide a los simpatizantes en tres grupos: los que hacen presencia, los que no siempre van pero apoyan, y los que no necesariamente dan apoyos pero simpatizan con el espacio.

En este tiempo el museo ya ha tenido gente de Brasil y de Perú en intercambios culturales y festivales, y este 13 de septiembre será sede en Puebla del Día del Museo Comunitario, evento que se celebra a nivel Latinoamérica.

Cris dice que aunque ha habido buena convocatoria todavía es relativamente poca la gente que va. Ese es el reto que tiene el museo, que se integren más personas de la comunidad y que el proyecto que convirtió un salón social abandonado en un museo vivo, siga creciendo.

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