Morelos: el epicentro de la tragedia

Morelos: el epicentro de la tragedia

En el municipio de Axochiapan nadie recuerda haber sido el epicentro de nada, mucho menos de un terremoto. Una catequista murió mientras hacía guardia en el Santuario y, curiosamente, es la única víctima mortal en el municipio donde se originó la tragedia que ha devastado el sur del estado y algunas colonias de la capital del país. Este es un recuento de daños de Morelos, donde la gente camina sorprendida, sin poder creer lo que el movimiento de la tierra puede destruir

Pie de Página
Texto: Estrella Pedroza. Fotos y Video: Cortesía Especial

24 de Septiembre, AXOCHIAPAN, MORELOS.- Leonor Jaime Ampudia murió el 19 de septiembre pasado, mientras rezaba en el Santuario del Padre Jesús. Ella era catequista y ese día le tocó cuidar al Santísimo, pero la cúpula del Santuario se desplomó y le cayó encima.

Leonor fue la única víctima mortal en este municipio, colindante con el estado de Puebla, donde se originó el terremoto de 7.1 grados que revivió el terror en la ciudad de México y destruyó colonias en otros municipios de Morelos y Puebla.

Pero aquí, en Axochiapan, un municipio de poco más de 30 mil habitantes, además de Leonor hubo sólo dos personas heridas. Y aunque hay unas 500 casas afectadas, ninguna colapsó, según información preliminar proporcionada por trabajadores del Ayuntamiento, basada en diagnósticos realizadas por ingenieros que revisan los inmuebles.

El día del temblor, el presidente municipal, Edgar Muñoz Sanabria, dijo que tenía el registro de 100 casas afectadas y por lo menos dos templos religiosos -San Pablo y Padre de Jesús- presentaron afectaciones estructurales. Ahora se sabe que 130 viviendas tienen daños en las estructuras y deberán ser demolidas

Los datos oficiales indican que hubo afectaciones en algunas comunidades alejadas de la cabecera municipal, como Marcelino Rodríguez, Telixtac, Tlalayo, Quebratadero, Palo Blanco, Los Carros. Sin embargo, en las calles del centro del municipio, llama la atención que, a diferencia de otros municipios,  las afectaciones en la mayoría de las viviendas son mínimas, a pesar de que tienen una estructura antiguas.

Foto: Estrella Pedraza | Pie de Página

En Axochiapan la comunidad católica se organizó, por décadas, todos los días  para acompañar al Santísimo, resguardado en el Santuario que data del siglo XVII. Los vecinos montan guardias para rezar de 10 de la mañana a las 7 de la noche. Los días 19 le tocaba realizar la hora santa a la familia de Leonor. Ella fue acompañada por su esposo Salomé Hernández, hoy sobreviviente del inusual sismo, pues aunque el estado de Morelos no es ajeno a los movimientos telúricos, son tan pequeños que la gente no recuerda cuándo había sido la última vez que sintió que la tierra se movía en este lugar.

“Esto ha sido un golpe muy fuerte para la comunidad católica, nuestras iglesias fueron dañadas”, dijo una señora que prefirió no dar su nombre.

A Leonor le sobreviven tres hijas, cinco nietos, y su esposo, quien prefirió no hablar de lo sucedido. Sus conocidos y familiares la recuerdan, sobre todo, por su compromiso con la fe católica. “Era muy buena catequista, muy buena gente, muy católica, siempre estaba en la iglesia” dijo Ángela Onofre. Otra vecina, Victoria Pérez, resumió: “Murió en el lugar donde a ella le gustaba estar: junto a Dios”

Jojutla, la desolación

Morelos enfrenta una de las tragedias humanitarias más difíciles que se recuerden. Aquí no hay una cultura de prevención sísmica como en la ciudad de México. El terremoto del 19 de septiembre ha dejado un saldo, en datos preliminares del gobierno estatal, de 74 personas muertas y 10 mil viviendas afectadas

Apenas a 70 kilómetros de Axochiapan, en el municipio de Jojutla Juárez, las imágenes son totalmente distintas. Ahí, 17 personas perdieron la vida, 300 casas se colapsaron y 2 mil viviendas están dañadas, según informó el alcalde, Alfonzo de Jesús Sotelo Martínez el 22 de septiembre. Pero a pesar de que es la zona más devasta, “la gente no se quiere salir de sus casa. No se quieren salir por temor a que les roben sus pertenencias”, dijo el edil.

En Joju como le llaman en la región a ese municipio, “ni propios ni extraños damos crédito a lo que está pasado”, me comparte Nora Celia Domínguez, una reportera de la zona sur, durante las charlas nocturnas que hemos podido tener. “Entré anoche y me desmoroné, me duele, a veces yo entro crisis, imagina como está la gente que vive ahí”.

Durante los primeros días posteriores al sismo, los reflectores de la tragedia se concentraron en la Ciudad de México y poco después, las brigadas de apoyo comenzaron a voltear a Morelos. Aunque el presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador del Estado visitaron la zona, el apoyo a los damnificados ha sido muy lento.

Foto: Estrella Pedraza | Pie de Página

La zona sur del estado es la más afectada. Pero no es la única. Cuernavaca, la capital del estado, tiene daños impactantes, como el colapso de La Torre Latinoamericana, unos de los edificios más emblemáticos de la ciudad y que actualmente funcionaba como condominio con 52 suites.

También están dañados inmuebles históricos y considerados patrimonio de la nación, como la Catedral y el reloj del Museo Cuauhunahua (antes Palacio de Cortés), y algunos edificios del primer cuadro de la ciudad. Incluso, algunos hospitales públicos de las periferias, como la Clínica 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social ubicada en Avenida Plan de Ayala.

El terremoto también volteó una antena de radio, ubicada en la parte superior, y se llevó el mirador y pisos superiores, que cayeron sobre una unidad de trasporte público, dejando atrapados a los pasajeros. “Nunca había sentido tanto miedo. Yo vi cómo se derrumbó el edificio fue impresionante”, compartió con angustia Jenny Juárez, una comunicóloga que apenas logró salir de la estación Audiograma que está justo a un lado de La Torre Latinoamericana.

 

En Morelos nunca había pasado algo así. Desde el martes 19, hay comercios cerrados a lo largo del centro histórico y la circulación es un caos, a pesar de que se han habilitado calles en sentido contrario para agilizar el tránsito. La indicación es evitar la zona siniestrada.

La mayor parte del centro de la ciudad tiene construcciones viejas, del siglo XIV y del siglo XIX, y hay por lo menos 10 edificios históricos acordonados, que podrían ser demolidos. Se respira tristeza, desconcierto, incertidumbre. Las personas caminan con asombro, se detienen, observan y no creen lo que ven. “No es lo mismo ver edificios colapsados en televisión que verlos aquí, en vivo”, comentan entre sí dos señoras que caminan por el centro.

Una pequeña historia de amor y de terror

Eran los primeros minutos después del sismo y los ciudadanos comenzaron a organizarse: jóvenes, personas de la tercera edad y policías fueron los primeros en auxiliar, mientras algunos periodistas intentábamos documentar.

De pronto, escuchamos un grito desgarrador.

-¡Nooo, mi hija, mi hija está ahí!

Era Xochiquetzal Salazar, académica en psicología, activista feminista y amiga, que vivía en uno de los condominios que minutos antes se había colapsado. Con notable dificultad seguía gritando e intentaba acercarse a la zona siniestrada para rescatar a su hija, Ámbar Colibrí, que estaba en casa en el momento del sismo.

Los reporteros que la conocemos tratamos de tranquilizarla, pero ella sacaba fuerza para seguir gritando que su hija estaba ahí, bajo los escombros. Como pude, con la ayuda de una joven que también la conocía y en contra de su voluntad, la llevé a una zona segura y ahí nos quedamos en medio de una crisis de nervios.

 Xochiquetzal es asmática, pero yo lo supe hasta ese momento. Lo decía en medio de unas palabras hermosas que salían en su desesperación: “Ámbar, mi colibrí, amorosa, hermosa, eres fuerte, todo va estar bien”.

Por más de una hora esperamos y cuando Xochiquetzal parecía desvanecerse por un ataque asmático, la llevé a una ambulancia. Justo en ese momento, los rescatistas sacaron en una camilla a una joven que vestía un short negro y una blusa gris y usaba tenis. Estaba cubierta de polvo. “Es mi hija”, gritó su madre.

Colibrí, sorprendentemente, estaba consciente y le dijo: “mamá estoy bien”.

Corrimos a la ambulancia, y las dos fueron trasladadas al Hospital G Parres, que también tenía daños graves. Pero eso no importó mucho en ese momento.

En las horas siguientes, los ciudadanos que presenciaron los trabajos de rescate, de las personas atrapadas -tanto en el edificio como en la “Ruta”- permanecían atónitos, prácticamente en silencio. Sólo se escuchaba los gritos de quienes trabajaban para liberar a las víctimas atrapadas en los escombros. Sacaron a varios. Lamentablemente, un joven de 30 años, atrapado en el edificio, no tuvo la misma fuerte que Colibrí.

 

Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx

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