LADO B

@ladobemx

El sismo trajo desgracia a más de la mitad de los municipios del estado. En los últimos días hemos visto con pena las ruinas y escombros de lo que fueron hogares, la mayoría muy humildes. Pero también hemos visto reaccionar a la sociedad mexicana. Hemos visto aquí y allá escenas imposibles de contar sin caer en la cursilería, quizás porque justo se trata de escenas de amor, un amor espontáneo por el otro, la otra, por todos y todas, por lo que somos como pueblo, como estado, como país.

Acá les presentamos la primera parte de las historias que hemos encontrado en el andar periodístico de los últimos días.

Los mariachis

Vienen de muchas partes del estado para cantar y que su canto sirva para ayudar y apapachar el corazón.

Las ardillas de Tilapa

Foto: Marlene Martínez

A hora y media de la capital poblana está Tilapa, un municipio de tan sólo 8 mil habitantes, en la entrada de la mixteca.

Dos días después del sismo, los daños son evidentes tan sólo en las casas de la calle principal.

A un lado de la banqueta, a bordo de una batea enganchada a una moto están 9 jóvenes, algunos con pinta de adolescente.

—¿Son voluntarios?

—¡Sí! -responden varios al unísono-. Somos las ardillas.

—¿De dónde son?

—De aquí, de Tilapa.

—¿Les podemos tomar una foto?

—¡Sí!

La fotógrafa se coloca delante de ellos y aprieta el obturador.

De una casa llena de escombro sale un adulto al que los muchachos llaman “inge” y se monta en la moto.

—Oiga, ¿y como cuántas son las casas afectadas? -le preguntamos al “inge”.

—Mejor pregúnteme cuáles no.

—¡Gracias! -dice la fotógrafa a las ardillas.

—¡Otra, otra, para que salga yo! -reclama el “inge” y los muchachos le hacen coro.

La fotógrafa se prepara, todos posan: click.

La urbanista

Foto: Ámbar Barrera

Egresó hace varios años pero Denisse Larracilla siente que su deber como universitaria es aportar algo a la sociedad, por eso en cuanto ocurrió el sismo del 19 de septiembre se fue a los pueblos a ofrecer sus servicios para identificar los daños en las viviendas.

Llegó a las juntas auxiliares de Tochimilco porque en las comunidades de Atlixco que no estaban tan afectadas le dijeron que allí había personas cuyas casas ahora son escombros.

Denisse se metió a cada una de las viviendas, anotaba en su libreta cuáles eran los daños y lo que le contaban las personas que vivían allí, mientras uno de sus compañeros tomaba fotografías. Después junto con sus colegas de Puebla, Atlixco y Tlaxcalancingo determinaba si era seguro que las personas continuaran habitando sus casas.

A veces fue necesario tirar algún muro, entonces Denisse y sus compañeros se armaban de cuerdas, mazos y palas, luego cargaban las rocas para despejar el espacio, como también lo hicieron en algunos de los caminos de Tochimilco para que la ayuda pudiera llegar a las poblaciones más apartadas.

NO COMMENTS

Leave a Reply