#Resistencias: Territorios liberados

#Resistencias: Territorios liberados

En la Huasteca potosina, 140 comunidades nahuas y teenek emprendieron una singular batalla contra el gobierno federal y empresas que buscan gas y petróleo debajo del agua de sus manantiales: amparados en el derecho de los pueblos originarios, los municipios de Xilitla y Tanlajás se declararon “libres de fracking”, un agresivo método de extracción de hidrocarburos que ya ha sido prohibido en países como Francia, Alemania, España, Austria e Irlanda

Texto: Daniela Pastrana y José Ignacio De Alba
Fotografías y videos: Mauricio Palos

@pdpagina

Xilitla, San Luis Potosí. Sólo desde la altura de un cerro se puede dimensionar la cantidad de vida que tiene este lugar: el color verde de las copas de los árboles se extiende en el horizonte hasta perderse en la bruma; los pájaros revolotean, gritan, cantan, cacarean. El agua de los ríos, perdida en una gama de azules traslúcidos.

La Huasteca potosina es uno de esos sitios donde las ciudades parecen asediadas por la selva: la lluvia convierte las calles en riachuelos, los sapos suelen perderse en la plaza principal de los pueblos, y por las tardes, los mosquitos victimizan las piernas de turistas en bermudas.

En el centro de la Huasteca, el pueblo de Xilitla es una lucha perdida contra la naturaleza. Las casas improvisadas entre calles torcidas pierden el sentido de lo práctico y lo estético. Las macetas de los restaurantes son acechadas por chapulines que tienen el color de las flores. El sol mismo pierde la monotonía del color cualquier tarde, cuando prende el cielo en un incendio de rojos. Vivir aquí es, a veces, irreal. El poeta surrealista Edward James construyó un castillo con culto a la vida; mandó poner escaleras en forma de raíz que llevan a planchas con vista al cielo, hizo pasillos entre los troncos de los árboles forrados de musgos, arcadas donde sólo pasa el río, ventanas con vista a cascadas turquesa y flores de piedra habitadas por escarabajos azules. El hombre escribió: “Mi casa tiene alas y, a veces, en la profundidad de la noche canta”

Vista del Cerro de la Silleta. Xilitla, San Luis Potosi, Mexico. 8 de Junio del 2017. Mauricio Palos / Boreal Collective para Periodistas de a Pie

Este paraíso, que reposa entre sombras de árboles, nieves de maracuyá, pescado frito y abundantes cascadas de aguas frías, parece intocado por la guerra que ha regado el tufo de la muerte por todo el país. Apenas a 90 kilómetros, en Ciudad Valles, comienza la ruta del terror que sembraron los cárteles del Golfo y Zetas en toda la región. Pero otra forma de violencia se cierne esta zona. Una amenaza silente, amarrada al sueño del desarrollo y a los tesoros ocultos bajo la tierra: el fracking.

El fracking, o fractura hidráulica, es un método para la extracción de petróleo y gas de esquito (o gas shale), un tipo de hidrocarburo no convencional que se encuentra atrapado en capas de roca, a gran profundidad. Para extraerlo se tienen que inyectar a alta presión millones de litros de agua, químicos y arena a través de pozos profundos para fracturar la piedra donde están depositados los hidrocarburos.

Es una técnica controvertida. Sus detractores dicen que el uso desmedido de agua y el backflow (los líquidos utilizados para fracturar la piedra) dañan y contaminan los mantos acuíferos, ríos y lagos. Que la ruptura de piedras del subsuelo ocasiona sismos y la perforación de pozos libera gas metano, uno de los gases de efecto invernadero más dañinos.

En Estados Unidos, donde se inventó, ha posibilitado obtener hidrocarburos en lugares donde antes no podía y ha llevado a ese país a su sueño dorado: la autosuficiencia energética. Hasta hoy, los estadounidenses han colocado más de un millón de pozos en su territorio. Sólo Nueva York y el estado norteño de Vermont prohibieron la técnica por los daños que puede provocar. Pero el fracking también fue prohibido en Francia. Alemania, España, Austria e Irlanda, y organizaciones como Greenpeace alegan que, en medio de la batalla contra el cambio climático, el segundo país más industrializado del mundo no puede apostar por técnicas tan agresivas para la extracción de combustibles.

En México, el gobierno se niega a dar información sobre la infraestructura petrolera del país con el argumento de la seguridad nacional. La Alianza Mexicana contra el Fracking asegura que las empresas Halliburton, Baker Huges, Weatherford, Tecpetrol y Schlumberg ya obtenían gas y petróleo con la fractura hidráulica antes de que fuera aprobada la Reforma Energética, en 2013. Según una investigación del portal Sin Embargo, Petróleos Mexicanos confirmó, vía transparencia, que desde 1980 se ha utilizado el fracking para la extracción. Lo cierto es que el interés por explotar reservas de gas shale en el país va en aumento: según la misma investigación, 9 de cada 10 pozos que hay en el país se construyeron en los últimos 14 años.

Rogel del Rosal, miembro de la Alianza Mexicana contra el Fracking muestra en un mapa, las zonas por las que atravesara un gaseoducto que ha sido instalado por partes, con engaños y corrupcion de autoridades locales. Tanlajas, San Luis Potosi, Mexico. 9 de Junio del 2017

Ninguna de las compañías que hacen fracking en México es mexicana. Ninguna autoridad mexicana monitorea o recopila información sobre los daños ambientales que provocan esas empresas. En México hay 3,780 pozos, y 98% de ellos está en Veracruz y Puebla. En la Huasteca Potosina, en cambio, no hay ni uno. Las empresas ni siquiera han podido entrar a explorar. De la mano de autoridades municipales y agrarias, con el apoyo de la Coordinadora de Organizaciones Campesinas e Indígenas de la Huasteca Potosina (COCIHP) y la Alianza Mexicana contra el Fracking, los pueblos nahuas y téenek emprendieron una cruzada por la defensa del agua y de su tierra:

En 2015, el cabildo de Xilitla aprobó rechazar “en todo el territorio del municipio” los proyectos de extracción de hidrocarburos no convencionales. En 2016, fue Tanlajás el que se declaró formalmente “libre de fracking”.

Hasta ahora, 140 comunidades de 10 municipios de la Huasteca Potosina han firmado las actas de asamblea que dicen: “Aquí NO”.

“Aquí manda la asamblea”

El mural comunitario cubre una pared de la cancha de básquetbol, donde los niños tratan de acertar la pelota en el aro. La imagen muestra un río, del que salen brazos y las manos que sujetan granos de café, maíz, plátanos. Una víbora avanza por debajo del agua. También hay un armadillo, un perro y un dios. Y todos hacen un frente contra una plataforma de petrolera que tiene la muerte a sus pies. “Amo kitlapanas tetl (No al rompimiento de la piedra madre). Uxtuapan dice: No al fracking”

Uxtuapan es un barrio de Xilosuchico, una de las 24 comunidades de Xilitla que firmaron un acta de la asamblea para rechazar el fracking.

Aquí firmaron, “con todo y jóvenes, como 500 ciudadanos”, dice Celedonio Hernández Martínez.

Celedonio es presidente de la cooperativa La Igualdad, que trabaja el café orgánico desde hace 20 años. Es un hombre que sonríe fácilmente y no oculta la gracia que le provoca el ataque de mosquitos a los extraños. Mientras caminamos por su finca de café, Celedonio nos dice que, hagan lo que hagan las empresas y el gobierno, la comunidad no va entregar el agua de su manantial.

“Es que has de cuenta que es un patrimonio de la comunidad, porque ese es el nombre de aquí del barrio, Uxtuapan, que significa cueva con agua, o manantial de cueva, y se ha cuidado mucho: las señoras van a trabajar allí, hacen limpieza. Son dos aguajes, uno ahí y otro está más abajo. Se ha mantenido mucho ese manantial. Orita estamos dispuestos a defenderlo, estamos comunicados. Si detienen a alguien, vamos”.

– ¿Por qué piensan que pueden detener a alguien?

– Porque hay amenazas. El juez saliente dice que sí lo amenazaron, lo llegaron a amenazar los mismos de la empresa. Nosotros no tenemos abogados porque sabemos que la máxima autoridad es la Asamblea (de ejidatarios). Aunque venga el presidente de la República, la máxima autoridad es la Asamblea. Y ellos saben bien que no pueden entrar nomás porque sí. Solamente que nos lleguen a sacar a fuerzas con Ejército, o la policía, pero esto ya sería una violación.

Aunque diga el presidente del país, insiste. Mande quien mande. La Asamblea decide porque eso está en la Constitución de México. Y por si acaso, advierte muy amable: “y si ustedes han venido nada más también para convencernos tampoco, estamos bien cómo estamos. Aunque no nos den nada”.

“No aceptamos el fracking porque nos va a perjudicar nuestro ambiente y nos va a destruir los manantiales y nuestro cultivo”


Celedonio supo del fracking en una reunión en Papantla, Veracruz. Ahí escuchó las máquinas y vio “la lumbre que salía, se miraba cerquita, y se sentía el calor ahí, cerca la primaria, el kínder también”.

Entonces regresó y contó lo que había visto a la Asamblea de su pueblo. Cuenta que luego llegaron de las empresas a tratar de convencerlos de todos modos: “Primero vinieron y no encontraron a nadie. Vinieron por segunda vez, encontraron al juez y el juez no se convenció. Vinieron la tercera vez, entonces sí encontraron todas las autoridades, pero dijeron ellos: ‘que opine la asamblea, si la asamblea lo acepta adelante’. Vinieron todavía en la noche a ofrecerles dinero. Porque le buscan estrategias. Mandaron uno que habla en nuestra lengua para convencer, y luego mandaron más, a uno que ya conocía aquí. Ofrecían el bienestar, tener agua hasta en las casas, ofrecían todo, o sea que la comunidad se iba a ir a superar, iba a estar más bien, pero no, ni así nos convencieron, sabemos que no nos va a llevar a bien, que no era cierto que nos iban a poner tubería, ¿cómo es posible que nos iban a poner tubería si ese manantial no tiene agua suficiente para abastecer toda la comunidad? Ellos lo que buscaban era perforar o ver, como ellos traen aparato, si hay petróleo. Desde ahí empezamos a ver que era mentira”.

En abril de 2016, con la presencia de los representantes de la empresa y del gobierno estatal, la Asamblea dijo que no. Ese día, recuerda Celedonio, “hasta los jóvenes hablaron, muchachas, dijeron que prefieren andar cargando su yugo que tener agua en su casa, porque ellos sabían bien que no era cierto. No iban a poner agua, ellos lo que buscaban era petróleo”.

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Este reportaje fue realizado con el apoyo de Fundación Ford y elaborado por el equipo de Pie de Página. Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor

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