¿Para qué existe el periodismo?

¿Para qué existe el periodismo?

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

¿Por qué a los medios de comunicación les tendría que importar la gente? La pregunta parece absurda, pues estos no se dirigen a los animales o a las flores sino a la gente y, no obstante, muchos parecen estar enfocados en desinformar: no hay una vocación periodística que explique los porqués de un hecho. Contestar qué pasó y dónde lo puede hacer cualquiera que no sea especialista en periodismo. Sin embargo, la gente todavía le da un voto de confianza a la información mediática, pese al poco contenido explicativo.

En países como México las condiciones para que la industria de la información mediática tenga éxito a través de noticias poco contextualizadas radican principalmente en el rezago educativo de la población, la carencia de servicios básicos y una vida atada al trabajo precario o a la pobreza.

Si bien los medios tienen ciertas responsabilidades éticas, sociales y culturales con los públicos, estos pueden lavarse las manos apelando a que la gente ni chista por los contenidos mediáticos; es más, los consume.

No se hacen filtros mínimos del contenido como: ¿qué tipo de empresa genera la nota? ¿qué tendencia política tiene el medio? ¿me está explicando un hecho o sólo me comenta algo? ¿es coherente lo que me están diciendo? 

Claro, también existen los medios que hacen periodismo en pro de los públicos informados, pero estos tienen pocos seguidores comparados con los que han apostado por el entretenimiento, la espectacularización de la noticia o la inmediatez de la información. Además eso es lo que vende y lo que genera likes: de alguna manera los medios deben posicionarse en las redes sociales, y si es con base en imágenes sobre violencia, tortura, escarnio social y político o recopilación de memes acompañados por dos renglones que respondan al qué y cuándo, mucho mejor.

En Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales. Cultura, lectura y deporte. Percepciones, prácticas, aprendizaje y capital intercultural (UNAM, 2015), Andreas Pöllmann y Olivia Sánchez Graillet presentan los resultados de una encuesta nacional (realizada en el 2014) acerca de los hábitos que los mexicanos tenemos en relación a la cultura, la lectura y el deporte. El tercer capítulo del libro está centrado en el consumo mediático y ¿qué creen? más de la mitad de los mexicanos continuamos expuestos a la televisión o a las imágenes mencionadas (en el caso de internet).

Por otro lado, nuestro consumo cultural está asociado a nuestro nivel educativo, que a veces también se liga al estatus socioeconómico. Con ello considero que los pocos destellos de discernimiento intelectual están en las instituciones educativas (algunos jóvenes universitarios, por ejemplo, dejan de seguir sitios empresariales o políticos disfrazados de periodismo cada vez más). No obstante, los medios de comunicación siguen teniendo un gran respaldo de credibilidad ante los grandes públicos, por eso sus contenidos funcionan, o las notas falsas se hacen virales con mayor rapidez.

Si bien todos podríamos ser potenciales reporteros en las redes sociales y tener la foto, el audio, el video o la narración antes que los medios, no es lo mismo que una empresa mediática respalde esos datos, no importa si están sacados de contexto o desinforman, pues la gente suele pensar que  “si lo dice un medio ha de ser verdad”. En pocas palabras, la mayoría de los mexicanos no cuenta con las herramientas necesarias para exponerse a los medios.

Por ejemplo, no se hacen filtros mínimos del contenido como: ¿qué tipo de empresa genera la nota? ¿qué tendencia política (si es que existe) tiene el medio? ¿me está explicando un hecho o sólo me comenta algo? ¿es coherente lo que me están diciendo?

Asimismo, en relación con los productos mediáticos e informativos que se ofrecen por internet, somos consumidores desesperados y flojos, si no nos dicen algo en menos de dos minutos y con imágenes, entonces es aburrido; a veces por eso nos quedamos con los títulos de las notas o el comentario breve de lo que nos ofrecen, pero no nos informamos.

Ante este panorama, los medios, en vez de hacer periodismo, se suben al tren de la inmediatez, de la burla ramplona, de la acentuación de estereotipos o de la discriminación, pero no piensan en crear sujetos informados: no les importa –aunque tendría que importarles, por ética profesional–, pero si los periodistas en México siguieran ese rumbo no comerían, o su camino económico sería doblemente complicado. Además, parece que el periodismo bien hecho es consumido por pocos, en parte porque no está posicionado entre el gran público ni lo estará: el rezago educativo le conviene al Estado y a otros grupos de poder (entre ellos las empresas mediáticas).

Insisto, las condiciones sociales están puestas para que el periodismo haga como que informa, por lo menos el periodismo mexicano tiene el mejor de los escenarios: grupos de poder que compran los espacios mediáticos; periodistas que no dirán ni pío porque necesitan la chamba, y una población con rezago educativo que difícilmente cuestiona. La pregunta es, ¿para qué y para quién, entonces, existe el periodismo?, ¿a qué tipo de estructura impulsa y solidifica esa profesión?

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