Ivette lleva 15 días desaparecida: las autoridades no nos están buscando

Ivette lleva 15 días desaparecida: las autoridades no nos están buscando

Existe un protocolo de actuación para casos con características de trata, pero en Puebla no hay especialización al respecto

Foto: Marlene Martínez.
Karen de la Torre

@karelampia

La última vez que Teresa Hernández habló con la agente ministerial encargada de investigar la desaparición de Ivette, confirmó que estaba sola en la búsqueda. La agente le dijo que la Primera Comandancia ya no podía buscarla porque un día antes Teresa reportó que había aparecido.
El primer contacto que tuvo con la policía para que iniciara la investigación fue el tercer día de interponer la denuncia de -lo que se podría denominar- la primera desaparición de Ivette, vía telefónica:

—¿Ya habló con el novio?

—No señorita, no nos ha dado la cara.

—¿No está en la casa del novio?

—Es que no sabemos dónde vive.

—Deme el nombre y el domicilio para yo ir a entrevistarme con él.

—Es que no sabemos nada, sólo sabemos que se llama Luis y es de Tlaxcala.

—Deme el nombre completo y el domicilio para yo ir a verlo.

La trata de personas sólo se puede investigar si los agentes y policías ministeriales están capacitados para ello. Es un delito tan complejo que demanda una especialización: su definición ni siquiera se encuentra en el Código Penal junto con los demás delitos. Para definir, prevenir, sancionar y erradicar la trata de persona hay una Ley que consta de 48 páginas: no es sencillo, el trabajo se reparte en los tres niveles de gobierno. A este documento se suman los protocolos de actuación. Puebla tiene el suyo.

Ese día, el tercero después de su desaparición la agente investigadora le prometió a Teresa ir a su casa para entrevistarla y armar una estrategia para localizar a Ivette, no fue.

La investigación debe hacerse de manera inmediata, eficiente, exhaustiva, profesional, imparcial, libre de estereotipos, sin discriminación y orientada a explorar todas las líneas de investigación

“La investigación debe hacerse de manera inmediata, eficiente, exhaustiva, profesional, imparcial, libre de estereotipos, sin discriminación y orientada a explorar todas las líneas de investigación”, se lee en el Protocolo para la investigación, preparación a juicio y juicio de los delitos en materia de trata de personas para el estado de Puebla.

La desaparición

El domingo 16 de julio Ivette no regresó a casa, Teresa esperó a que lo hiciera. “Ivette es muy joven merece hacer su vida”, pensó. El lunes 17, por la preocupación, fue a la Fiscalía. No le tomaron la denuncia porque Teresa “no era familiar” de Ivette.

“En el caso de los delitos en materia de trata de personas todos se persiguen de oficio, es decir, que la autoridad puede recibir la denuncia de cualquier persona sin necesidad de que ésta demuestre alguna calidad específica”, señala el Protocolo.

En el caso de los delitos en materia de trata de personas todos se persiguen de oficio

Para algunas personas la sangre no es nada. Desde hace siete años Ivette vive/vivía en casa de Teresa, su ex-suegra. Hace un año aproximadamente, Teresa Hernández se enfrentó a su hijo porque golpeó a Ivette e interpuso una denuncia penal en su contra. Él se salió de la casa, Ivette y los tres niños, sus nietos, se quedaron.

El martes 18, como a las tres de la tarde, después de la ceremonia de graduación del jardín de niños del hijo mayor de Ivette, Teresa regresó a la Agencia especializada en Delitos Sexuales y Violencia Familiar de la Fiscalía del Estado, y esperó durante más de cinco horas. Antes de las nueve de la noche alguien al fin le tomó la denuncia por la desaparición de Ivette. “En cuanto se toma la denuncia se emite la alerta”, le dijeron. La única indicación que le dieron fue que esperara; que esperara hasta que alguien se comunicara con ella. Nadie lo hizo.

“La atención a la víctima siempre debe ser inmediata, sin demora e incondicional”: el Protocolo.
Al día siguiente, el miércoles 19, Teresa volvió a la Agencia especializada y preguntó a una de las secretarias por un asesor jurídico, alguien le había dicho que era su derecho tener uno. La secretaria le explicó que ya no era su derecho: la Fiscalía no cuenta con el personal suficiente para darle un asesor a todo mundo.

Ese miércoles la secretaria le dio en un papelito la dirección del lugar a donde debía ir para entrevistarse con la agente ministerial a la que le fue asignada la investigación del paradero de Ivette, a 10 kilómetros de ahí. La previno: “ya es tarde, no creo que encuentre a nadie, tiene que ir temprano”.

El jueves 20, a las nueve de la mañana, Teresa hizo acto de presencia en la Primera Comandancia ubicada en la Popular Castillotla; la agente ministerial que buscaba no estaba, se había ido a atender un evento a Tlaxcala. Otra agente ministerial la ayudó a hacer el volante para que Teresa tapizara Puebla y Tlaxcala con información de la desaparición de Ivette: sexo femenino, edad 23 años, nacionalidad mexicana, estatura 1.50 metros, tez blanca, complexión media, cara ovalada, iris aceitunada, boca mediana, labios gruesos.

Sacó 250 copias de la hoja que le dieron en la Primera Comandancia con la fotografía estirada y de baja resolución de Ivette y se fue a pegarlas a la Central de Autobuses y en los autobuses con dirección a Tlaxcala.

Regresó a la Primera Comandancia el viernes 21 y tampoco encontró a la agente investigadora. Teresa le llamó desesperada, le dijo que era urgente, que ya no podía esperar más; la agente le pidió que la alcanzara en la Casa de Justicia de Agua Santa y ahí, afuera del edificio Teresa lloró de impotencia al saber que la agente no movería ni un solo dedo para encontrar a Ivette.

Palabras más, palabras menos, la agente le dijo que no podría hacer mucho porque el lunes 24 se iría de vacaciones; al ver a Teresa llorar, trató de consolarla diciéndole que no se preocupara, que estaría en contacto con ella, que cuando tuviera la información suficiente ella detendría al responsable.

Teresa le repitió que no tenía el nombre completo del sujeto y trató de explicarle la historia. La agente le dijo que le diera algo para poder moverse; que investigara el nombre y el domicilio.

Teresa le pidió que solicitara la sábana de llamadas del celular del sujeto, que era lo único real que tenía de él y la agente le dijo que la solicitara ella, que si decía que era clienta de esa compañía telefónica no tendrían por que negársela.

La agente no se movería. Teresa fue a un Centro de Atención a Clientes de una compañía y le negaron rotundamente la información que solicitó. Al salir llamó a la agente:

—Estuve en el Centro de Atención a Clientes y me dijeron que usted debe solicitar el registro de llamadas, nadie más.

—No, sí se lo tienen que dar.

—Usted con oficio lo debe solicitar.

—Bueno, ya déjelo así.

—Claro, como no se trata de su hija, sino de la mía, está fácil decirlo.

Después de ese episodio Teresa fue a la Fiscalía, se quejó ante la Dirección de la Policía Ministerial y ahí le dijeron que sería el propio comandante quien se encargaría de llevar la investigación, que esperara durante el transcurso de ese viernes su llamada. No llamó. Quien sí llamó fue la agente, la que la hizo llorar horas antes; nuevamente le pidió el nombre completo y la dirección y le advirtió que ella no podría solicitar la sábana de llamadas porque era costoso; si quería que ella lo hiciera, tendría que desembolsar una suma considerable de dinero o que ella podría hacerlo de manera “externa”.

El Protocolo de investigación de delitos en materia de Trata establece que el registro de comunicaciones es una prueba a recabar en todo caso. A Teresa le explicaron que la denuncia de desaparición no correspondía a denunciar un delito, sino que el delito, si es que había uno, se conocería al momento de encontrar a Ivette.

Regresó

Apenas era la tercera cita que Ivette tenía con “Luis”, él había estado en su casa, ella había pedido permiso para salir con él. La invitó a la feria de Tlaxcala.

El 25 de julio Ivette regresó a su casa. No dijo gran cosa, se la pasó llorando


Antes de salir Ivette le comentó a la hija de Teresa que Luis le había pedido que se fuera de vestido y zapatillas y que ella se había rehusado a usar vestido, que accedió a llevarse zapatillas.

Ivette tiene una hermana gemela a la que le hablaba con frecuencia, antes de desaparecer le platicó que estaba con Luis. La hermana incluso guardó el número de teléfono del pretendiente. Desde el lunes 17 mantuvo conversaciones con él por mensajes; él le aseguró que la dejó por la Avenida San Felipe y ya no supo más de ella, pero que de alguna manera él sabía que está bien.

El sábado 22 de julio Ivette se conectó a su cuenta de Facebook y escribió a la hija de Teresa para decirle que estaba bien y que Luis no tenía que ver en eso. No dijo su ubicación ni nada, la razón del mensaje era no culpar o librar de alguna responsabilidad a Luis.

El 25 de julio Ivette regresó a su casa. No dijo gran cosa, se la pasó llorando. Lo que sí dijo, sin detalles, fue que escapó de un lugar, que le rogó a alguien para que la ayudara a regresar con sus hijos. Rubí Cervantes, psicóloga en El Taller A.C. habló con ella para ofrecerle medidas de seguridad; Ivette las rechazó y entre llanto le dijo que saldría adelante por sus hijos, que sus hijos la ayudarían a superar lo que le había pasado.

Al día siguiente Ivette se fue, antes usó el teléfono público cerca de su casa. Rubí enfatiza en decir que no cree que se haya ido por su voluntad.

Aunque Teresa insistió en la Primera Comandancia que posiblemente era un caso de trata de personas, ningún protocolo fue usado ni de referencia para dar con Ivette. Al contrario, la Fiscalía, desde su primer contacto le dejó en claro que aunque no contara con capacitación, ni herramientas, la investigación del paradero de Ivette corría por su cuenta.

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