Dunkerque: entre la Historia, la verdad… y Nolan

Dunkerque: entre la Historia, la verdad… y Nolan

Héctor Jesús Cristino Lucas

Hollywood parece comprender a su público siempre que éste se esfuerza por crear una película. Tiene sus propios códigos y reglamentos que la mayoría ha entendido desde el comienzo sin chistar un poco: El entretenimiento no es lo más importante en el cine. No, es lo único. Y bajo esta regla, tan elemental como indudablemente poderosa, es que se ha regido nuestra cultura pop occidental desde el comienzo del séptimo arte. No sólo alimentando nuestro imaginario colectivo con historias emocionantes, conmovedoras o repletas de suspenso, sino también afectando “gravemente” nuestra percepción de la Historia -con mayúscula- en más de una ocasión.

Todos los cinéfilos amamos a Steven Spielberg, pero nunca cuestionamos que la adaptación de la novela de Michael Crichton, Jurassic Park, tiene graves errores históricos. Errores, que sin duda alguna, fueron transportados a pantalla grande de igual modo: los dinosaurios que aparecen ahí -es decir, los tiranosaurios, los brontosaurus o los velociraptores- no son de la era jurásica, sino de la cretácica. En todo caso, ya desde la novela hasta la película, debiera llamarse “Cretácic Park”. Sin embargo, nadie negará que el nombre de Jurassic Park suene mejor y con mayor fuerza. Nada nos remonta más a la prehistoria que ese mítico y ya recordado título.

Algo similar ocurrió con el film de 1966 One Million Years B.C, que por cierto, pudiera ser una de las primeras cintas en mostrar el cine como una herramienta más de entretenimiento que de Historia misma. Ahí, vemos incontables escenarios tan imposibles como ridículamente surrealistas. Criaturas prehistóricas conviviendo unas con otras aunque pertenezcan a eras diferentes, incluyendo a los humanos quienes luchan con tiranosaurios o tortugas gigantes. Sin embargo, el error más ridículo, es el físico de los actores… demasiado atractivos para ser de hace un millón de años. Es decir, tan sólo vean a Raquel Welch.

Sin embargo, y pese a todo lo mencionado, ninguna de éstas películas quedan exentas de ser parte importante de la historia del cine. Esos errores, de hecho, los vuelven más valiosos tanto por la excentricidad como por la curiosidad que envuelven el argumento. Podríamos pasarnos horas y horas hablando de estos detalles imposibles que el cine nos ha implantado en el imaginario colectivo pero no sólo resultaría interminable, sino también ridículo e innecesario.

Podríamos decir que George Lucas fue el culpable por hacernos creer que es posible escuchar las explosiones en el espacio sideral luego de ver a la Estrella de la Muerte explotar en mil pedazos, o que auténticamente como muestra Zack Snyder o Frank Miller había sólo 300 espartanos en la batalla de Termópilas como sugiere el título tanto de la novela gráfica como de la película. Pero aquí es donde la pregunta -una de tantas que se han hecho ya- puede realizarse cada que veamos una película que se jacta de ser tanto histórica como “basada en hechos reales”. Y esa es: ¿acaso importa que sean históricas o bien, científicamente exactas? ¿Eso importan en el cine?

Es buena bajo los parámetros del cine de Nolan. Es perfecta para los entendidos de Interestellar, Inception o El Caballero de la Noche

Como dije, Hollywood comprende a su público, y configura su cine para éste. Y si la única regla que rige cada uno de sus universos cinematográficos es el entretenimiento, evidentemente la respuesta sería: No, no importa ni un poco. Y ni siquiera es un punto negativo. Se pueden ver los filmes como un mundo parecido al nuestro, casi exacto, con hechos similares, pero que no son los mismos. Por ello es que se menciona que la literatura es imaginación y el cine es ilusión.  Nos recrean universos inexistentes. El error radicaría más bien en creer fielmente todo lo que una película te dice, para esto lo mejor es ver un documental aunque ciertamente algunos abusan del entretenimiento también.

Sin embargo, al no importar si la Historia o la ciencia son correctas, el entretenimiento ha otorgado resultados un tanto excéntricos como el Noé de Darren Aranofsky, que no sólo se dedica a adaptar el relato bíblico de la famosa arca sino también a unir ciertos evangelios apócrifos venidos del Libro de Enoc, por ello es que se insertan personajes como gigantes a la historia judeocristiana del diluvio. O bien, a dar giros que van más enfocados al anacronismo, o a la manipulación de la Historia para contar otra versión, como lo realizado con Tarantino al ver al escuadrón anti nazis de Brad Pitt asesinando al mismísimo Adolf Hitler en Inglorious Bastards.

Pues bien, dentro de esta tanda de películas es que pudiera encajar Dunkerque,  la más reciente producción de Christopher Nolan, famoso por sus películas “complejas” como Inception o Interestellar y la famosa Trilogía del Caballero de la Noche, por muchos aspectos.  Verán, cuando recién estrenaba ésta película los franceses pegaron el grito al cielo. Dunkerque se centra en la llamada Operación Dynamo, una inmensa campaña de evacuación por mar de las fuerzas aliadas que habían quedado atrapadas en la región de los Flandes franceses al norte del país, casi colindando en la frontera Bélgica tras la derrota de mayo de 1940 al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

En cambio, con un movimiento ofensivo inesperado, los alemanes lograron penetrar el frente francés, acorralándolos junto con británicos y bélgicos por igual en las costas del canal de la Mancha. Esta famosa operación, que empezó por cierto el 26 de mayo al 5 de junio, permitió salvar del cerco y del terrible cautiverio Alemán a unos 360 mil hombres, de los cuales, y esto es histórico, 120 mil eran franceses. Allí fue cuando los soldados fueron embarcados desde las playas de Dunkerque hacia la costa inglesa, en cientos o miles de embarcaciones tanto militares como por supuesto, civiles. Pero he aquí el verdadero problema histórico que le han criticado tanto a Nolan.

Según en una  columna publicada por un diario francés de nombre Le Monde que escribe el teniente coronel e historiador Jérome de Lespinosis, Dunkerque del cineasta inglés Christopher Nolan no retrata el evento como realmente ocurrió. La película está enfocada burdamente, según palabras de Lespinosis, a hacernos creer que los ingleses lo hicieron todo solos, ya que menciona en dicha columna, que Nolan no sólo no respeta la visión histórica de ésta gran evacuación, sino que ha olvidado otorgarle el papel merecido a los franceses en dicha operación, reafirmando con dureza que en esta película, Nolan olvida a casi 40 mil soldados franceses sacrificados en el frente.

Un detalle bastante interesante que hay que tomar en cuenta, ya que el suceso ocurrido en Dunkerque es considerado históricamente como una operación franco-británica. Cosa muy extraña, ya que tanto los 120 mil soldados franceses evacuados y otros 200 mil  británicos, según el teniente coronel Jérome de Lespinosis brillan por su ausencia en ésta película.

En pocas palabras, Nolan nos ha entregado una película de mera perspectiva, pero jamás una película histórica. Exactamente lo mismo que ocurrió con el film Pearl Harbor de Michael Bay, donde la perspectiva dominante era la americana, siendo estos como la máxima víctima del conflicto histórico y dejando a los japoneses como meros y planos “villanos”. Curioso, ya que se dejaron muchos elementos interesantes sólo para alabar una sola perspectiva: la de Michael Bay. Es decir: Cineasta norteamericano es igual a película aún más norteamericana. Por ello, la que mejor retrata éste evento es y siempre será, según los propios historiadores el Film estadounidense-japonés de 1970 Tora! Tora! Tora! De Richard Fleischer y Kinji Fukasaku.

Y bueno, no quisiera apelar a las obviedades más básicas en cuanto estos temas, pero si volvemos a las palabras y a las interesantes acusaciones del Coronel e historiador Jérome de Lespinosis, obtenemos la misma conclusión. Cineasta inglés es igual a = película aún más inglesa. Sin embargo, y ahora que sabemos todo esto, ¿es importante calificar el film de Nolan con respecto a su veracidad histórica? Evidentemente no. El entretenimiento y la Historia tampoco es que existan en una eterna contienda, ya que son perfectamente compatibles, pero como en la mayoría de las ocasiones, Hollywood no distingue entre ambos y nos ofrecen -en el mejor de los casos, híbridos- que muchos considerarían obras maestras dignas y de carácter casi documental.

Ahora bien, ¿la película necesita ser históricamente exacta para ser buena? La taquilla y la crítica han respondido fácilmente. Dunkerque es la película del año. Elogiada por su carácter visual y técnico, por su magistral forma de narrar un hecho histórico como si de un rompecabezas se tratara y eliminando convencionalismos argumentales como el de protagonista o villano. Aquí, al parecer, la perspectiva elimina a los personajes evidentes y la guerra es exaltada como si fuera el mayor y más importante protagónico. Aciertos técnicos sin lugar a dudas, que sí, vale mucho la pena destacar.

Pero entonces ¿Dunkerque es una buena película? Pues bien, antes que nada debemos aclarar algo. Que sea históricamente errónea o hasta engañosa en ocasiones no nos dan las herramientas adecuadas como para juzgarla negativamente, ya que tantas películas, es decir, clásicos indispensables del séptimo arte, también se verían afectados. Sin embargo, nunca está de más aclarar estos detalles, saber diferenciar entre la Historia, el cine y la ilusión, y saber disfrutar si realmente la película es buena por muchos otros aspectos. Y sí, Dunkerque es una buena película, pero he de aclarar una cosa. Dunkerque es una buena película… a lo Nolan.

Es buena bajo los parámetros del cine de Nolan. Es perfecta para los entendidos de Interestellar, Inception o El Caballero de la Noche. Para los parámetros estrictos y clásicos de Hollywood, ya que apesta a Oscar a lo lejos. Es buena como película bélica dejando de lado a quienes la defienden por no ser la típica película de guerra explícita a lo Platoon de Oliver Stone o Hacksaw Ridge de Mel Gibson, ya que es lo de menos. Realmente, la violencia es lo de menos. Si me lo preguntan, Dunkerque acierta en muchos aspectos. En la belleza de la imagen, en la conmoción, el suspenso a veces y el estilo narrativo. Es buena, sí, pero sólo a lo Nolan. Sin embargo mi veredicto final será distinto en esta ocasión. Bastante a decir verdad.

Dunkerque no debe juzgarse por ser históricamente inexacta. Debe juzgarse porque es entretenidamente fallida.

Sinopsis:

“Año 1940, en plena II Guerra Mundial. En las playas de Dunkerque, cientos de miles de soldados de las tropas británicas y francesas se encuentran rodeadas por el avance del ejército alemán, que ha invadido Francia. Atrapados en la playa, con el mar cortándoles el paso, las tropas se enfrentan a una situación angustiosa que empeora a medida que el enemigo se acerca.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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