Trasplante de órganos: una segunda oportunidad de vida

Trasplante de órganos: una segunda oportunidad de vida

Tomada de hoysaludable.com/
Mtra. Daniela Ramos Jiménez

El pasado 6 de junio se conmemoró como cada año el día Mundial de los pacientes trasplantados generado por la Organización Mundial de la Salud en 2006,  donde el objetivo es crear conciencia sobre la necesidad que presentan millones de personas con enfermedades crónicas o terminales, de recibir un trasplante que les devuelva un poco de calidad de vida o inclusive les permita seguir viviendo.

Un trasplante consiste en una cirugía en la cual una persona con alguna enfermedad crónica o terminal (receptor), recibe de una persona sana o fallecida (donador), el órgano o tejido que necesita para seguir viviendo. Según el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA) en México el órgano que más se necesita es el riñón y se estima que alrededor de 13 mil pacientes se encuentran en lista de espera, seguidos por córnea con casi 8 mil pacientes. Los reportes mencionan que desde el año 2000 hasta el 2017 en total 38,084 pacientes han recibido un riñón  principalmente de donador vivo, es decir donde una persona sana logra donarle uno de los dos riñones funcionales devolviéndoles un poco de vida a la persona receptora, siendo la Ciudad de México el área donde se realizan la mayoría de los trasplantes seguidos por Jalisco, Guanajuato y Puebla.

El proceso de donación y recepción de un órgano no es tan sencillo ya que los pacientes deben ser sometidos a diversos estudios y consideraciones médicas y quirúrgicas, además de aprobar todos los criterios de un comité de trasplantes donde no solo se evalúan consideraciones de salud, sino que también cuestiones socioeconómicas, nutricionales y psicológicas, ya que un procedimiento como este implica trabajar con un equipo multidisciplinario de manera que se busque que el órgano donado tenga una vida útil de duración considerable. Esto debido a que por desgracia los órganos donados no son para siempre.

En el caso de donador de una persona fallecida, si se cuidan o procuran sus órganos es una segunda manera de vivir, para muchos pacientes esto representa en realidad seguir viviendo y darle una segunda oportunidad de vida a otra persona que nos necesita.

En algunos reportes de los Estados Unidos mencionan que la supervivencia de riñones trasplantados es de 10 años, en Europa de 15 años, mientras que en México es de 5 años en promedio y en casos especiales hasta 10 años. Esta diferencia tan importante se debe principalmente al seguimiento en los diferentes tratamientos, ya que aun recibiendo un órgano y las mejorías en salud que esto representa, no significa que deberá dejar de tomar medicamentos o no cuidar lo que come o dejar de hacer ejercicio, ya que al contrario es cuando más se debe cuidar para evitar un rechazo y pérdida del órgano trasplantado, sin embargo en México, lo que en muchas ocasiones sucede es que el paciente al sentirse mejor, deja de llevar a cabo sus respectivos tratamientos lo cual lo coloca en un riesgo importante para dañar el órgano o injerto trasplantado.

Dentro de estos tratamientos, uno de los más importantes es la nutrición debido a que el sobrepeso y la obesidad se han asociado al rechazo y pérdida de los órganos trasplantados, esto significa que si una persona trasplantada presenta una ganancia de peso excesiva relacionado con una mala o inadecuada alimentación y una falta de ejercicio, las probabilidades de generar un rechazo son muy grandes, por lo que nutrimentalmente hablando se presentan dos tratamientos, el primero es un tratamiento pretrasplante donde los nutriólogos buscamos mejorar o mantener en condiciones estables la salud del paciente de manera tal que al recibir el órgano se encuentre en las mejores condiciones para entrar a cirugía y así evitar complicaciones, mientras que una vez que se haya recibido el órgano deberá recibir un tratamiento adecuado para reducir riesgos de enfermedades relacionadas con el trasplante pero principalmente se deberá buscar que el órgano trasplantado tenga una vida larga.

Sin embargo, todo esto sucede si la persona logra conseguir un donador o si por suerte se le otorga la donación de donador fallecido, pero para llegar a este punto en nuestro país pueden pasar muchos años, en promedio desde los 5 hasta los 12 años de espera dependiendo del tipo de órgano que se necesite, todo esto debido a que México no es un país que done órganos ya que por desgracia alrededor de este tema existen muchos tabús o ideas erróneas, ya que por ejemplo, en el caso de las donaciones de riñón o de hígado, en el primero sin problema una persona puede vivir con un solo riñón y se ha observado que el riesgo de que una persona donadora genere enfermedad renal es la misma que si tuviera los dos riñones ya que es un órgano que se adapta y compensa la falta del segundo órgano y en el caso del hígado es un órgano que al igual que el riñón se adapta por lo que podemos vivir sin complicaciones con una porción adecuada del órgano.

En el caso de donador de una persona fallecida, si se cuidan o procuran sus órganos es una segunda manera de vivir, para muchos pacientes esto representa en realidad seguir viviendo y darle una segunda oportunidad de vida a otra persona que nos necesita. Una donación muy común es de padres hacia los hijos, sin embargo también existen casos de hijos hacia los padres, ya que es un acto de amor y agradecimiento profundo.

Por todo lo anterior, es importante recalcar que la donación es una segunda oportunidad de vida, no solo para el receptor sino también para el donador, debemos hacer más conciencia sobre esta necesidad y eliminar muchas ideas erróneas al respecto, lo más valioso para los seres humanos es la vida por lo que cuidarla y compartirla es un acto de amor invaluable.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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