Formar para lo que no importa tanto en la escuela

Formar para lo que no importa tanto en la escuela

Foto: Marlene Martínez
Mtro. José Rafael de Regil Vélez

El de las escuelas es un mundo “diferente” de otros mundos. En él habitan muchas personas que solo han estado en la escuela: fueron al kínder, a la primaria, la secundaria y la licenciatura y de allí se integraron al mundo laboral en alguna escuela: entienden la vida de manera escolar.

En este contexto, es fácil que pese a las reformas educativas, los acuerdos secretarias y demás instrumentos jurídicos y administrativos existentes se siga enfocando como importante la adquisición de conocimientos con la promesa soterrada de que las competencias cognitivas serán las que abrirán los espacios de la vida adulta para los estudiantes.

Un vistazo a los mundos del trabajo y la ciudadanía muestran algo muy diferente. Hace tan solo unos cuantos días –el 19 de mayo- María Ramos publicaba en el medio Politikon que las habilidades “blandas” o competencias no cognitivas tienen un impacto enorme en el desempeño laboral, al grado que pueden servir como factores predictivos de la trayectoria profesional que alguien va a seguir.

La doctora en economía del trabajo señala que “la perseverancia, la motivación, la diligencia, la capacidad de empatía, y en particular lo que los anglosajones llaman conscientiousness (la tendencia a ser organizado, responsable y trabajador, que podríamos traducir como “meticulosidad”) parece ser uno de los rasgos de personalidad que mejor predice el desempeño laboral y los salarios”.

Se trata justo de lo que a las personas de las escuelas pareciera no resultarles lo suficientemente importante como para incorporarlos en sus planteamientos pedagógicos explícitos; es decir, hablan de estas competencias, pero no lo hacen parte clara de sus actividades pedagógicas y mucho menos del diálogo con sus estudiantes para que tomen en cuenta cómo mejorar en esos ámbitos de su crecimiento personal.

Corresponde a los directivos y profesores de las escuelas mirar más allá de las aulas preguntándose: cómo se forma para esto que nunca ha sido importante en la escuela, pero que es trascendente para la vida de todo adulto

Creo que esto sucede por lo que señalé al comienzo del escrito: una gran cantidad de docentes suelen pertenecer a un colectivo que nunca ha tenido que vivir fuera de la escuela, no se ha sometido a la demanda de tener que responder a otro tipo de desafíos laborales y suelen participar muy poco en la vida de sus comunidades como ciudadanos protagonistas de los espacios públicos que les corresponden.

Pese a ello, hoy es importante intentar lúcidos para ayudar a los alumnos a formarse en todo aquello que más allá del conocimiento les permita interactuar como ciudadanos capaces de responder de sí, con, por y para los demás encargándose del mundo que les tocó vivir, en el cual tendrán que  asumir un patrimonio social, cultural, político y económico que habrán recibido y al que tendrán que transformar en solidaridad y justicia.

En un intento trans sexenal educativo, las reformas a la educación básica y media, el Modelo Educativo recientemente presentado a la sociedad mexicana, proponen un perfil de egreso de personas capaces de asumirse ciudadanos corresponsables de la vida social, política, económica, cultural. Tienen en la mira una persona capaz de aprender a aprender para resolver reflexivamente problemas especulativos y prácticos, trabajando colaborativamente al tiempo que se cuidan y cuidan de los demás para relacionarse sustentablemente con el mundo que les tocó vivir.

Corresponde a los directivos y profesores de las escuelas mirar más allá de las aulas preguntándose: cómo se forma para esto que nunca ha sido importante en la escuela, pero que es trascendente para la vida de todo adulto.

Y el resto es intentarlo: diseñar metodologías y técnicas que lleven a la formación integral y no meramente cognitiva de las personas, teniendo indicadores claros de que en efecto hay capacidad en los discípulos de manera inicial para movilizar los conocimientos y las habilidades a partir de actitudes proactivas a fin de solucionar los problemas reales que la vida en convivencia plantea a todos. No hay recetas de cocina, sino construcción reflexiva que responda a los fines que no cambian, pero en las circunstancias que siempre cambian.

Hoy se trata de formar para lo que no está importando tanto en la escuela, pero que debería ser importante porque en ello se jugará la convivencia pacífica y participativa que permitirá tener la capacidad de colaborar realmente a dejar este mundo un poco mejor que como se le ha encontrado y en el que la vida humana digna sea de alguna manera posible.

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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