El “Triángulo Rojo” ya era un polvorín en 2016

El “Triángulo Rojo” ya era un polvorín en 2016

En 2016 la violencia en delitos de alto impacto se concentró sólo en seis de los 217 municipios del estado, cuatro de ellos dentro de la zona del Triángulo Rojo y dos de ellos muy cercanos a ella: Atzitzintla, Esperanza, Cañada Morelos y Palmar de Bravo. Las autoridades no pusieron atención a esta zona, pese a que ya había alertas de la escalada delictiva

Foto: Marlene Martínez.
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

En 2017 la violencia reventó en Puebla. En la zona conocida como “Triángulo Rojo”, por donde atraviesan los ductos de Pemex y donde tiene su auge el robo de combustible, los enfrentamientos armados, las detenciones y ejecuciones entre presuntos criminales, policías y Ejército son ahora frecuentes. Pero en 2016 la violencia en delitos de alto impacto se concentró sólo en seis de los 217 municipios del estado, cuatro de ellos dentro de la zona del “Triángulo Rojo” y dos de ellos muy cercanos a ella.

Un análisis estadístico realizado por Lado B, con la asesoría del doctor Ariel Alcántara de la Universidad Iberoamericana, reveló que los municipios que tuvieron un aumento superior al esperado en delitos de alto impacto (homicidio doloso, robo con violencia y secuestro) son los que se concentran en la región del “Triángulo Rojo” más cercana a Veracruz, de acuerdo con los datos recogidos por el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Los municipios que tuvieron una incidencia mayor a la esperada en al menos dos de estos tres delitos, para 2016 aparecieron sólo en una parte de la entidad.

Se trata de Atzitzintla, Esperanza, Cañada Morelos y Palmar de Bravo, separados por apenas 63 kilómetros de distancia.

Aljojuca y Oriental, los otros dos municipios que presentaron una cantidad extraordinaria de delitos, no son propiamente parte del “Triángulo Rojo” pero sí bastante cercanos; de Atzitzintla a Aljojuca hay 30 kilómetros de distancia, y de este último a Oriental otros 30.

En análisis de años anteriores los municipios con esta alza en delitos superior a lo esperado se ubicaban en varias regiones del estado, pero en 2016 hubo una evidente focalización en las localidades donde la violencia se descontroló en 2017.

Principalmente los cuatro municipios más cercanos entre sí –Altzitzintla, Esperanza, Palmar de Bravo y Cañada Morelos– son los que este 2017 han tenido mayores eventos de violencia, incluso ejecuciones a manos de agentes del Estado, asesinatos de policías ministeriales e implicación de autoridades en hechos delictivos. Lo que estos 4 lugares tienen en común es el robo de combustible.

Rodrigo Elizarrarás, Maestro en Ciencia Política de la New School for Social Research, y consultor y analista político, dijo entrevista para Lado B que hay evidencia de que en los últimos tres años en Puebla han aumentado los índices delictivos en gran parte por el robo de combustible.

En 2016 hubo una evidente focalización en las localidades donde la violencia se descontroló en 2017

El consultor dijo que hace cerca de año y medio, cuando trabajó en un proyecto de análisis para Pemex, ya veía muy claro que Puebla, junto con Guanajuato, era de los estados que estaba empeorando en cuanto a robo de ductos y problemas relacionados con este delito. Él considera que una posibilidad de la focalización de la incidencia en el “Triángulo Rojo” es la rentabilidad del robo de combustible: es un negocio redondo a muy bajo costo y que prácticamente no se investiga.

El escenario para Puebla, en la opinión de Rodrigo, es que las situación va a empeorar un poco, al menos hasta el próximo año, tomando en cuenta también el proceso electoral de 2018 y el efecto de desborde de la violencia.

“Lo que pasa, y se ha visto en otros estados, al escalar la violencia y asentarse grupos criminales es que los gobiernos intentan minimizar la situación, y hay un contagio de los delitos hacia localidades cercanas”, comentó.

Las autoridades no pusieron atención

Ninguno de los seis municipios donde se disparó la inseguridad estuvieron en la mira de las autoridades en 2016. Sin embargo, al hacer una revisión hemerográfica hubo eventos frecuentes de balaceras, hallazgos de cadáveres y enfrentamientos.

En Aljojuca y Oriental los eventos delictivos que llegaron a los medios no tuvieron relación –o al menos no de manera directa– con el robo de combustible. En Aljojuca destacó un secuestro que culminó en una balacera y en Oriental el asesinato de tres personas.

Lo que pasa, y se ha visto en otros estados, al escalar la violencia y asentarse grupos criminales es que los gobiernos intentan minimizar la situación, y hay un contagio de los delitos hacia localidades cercanas

Pero en los otros cuatro municipios los hechos delictivos consignados en los medios sí estaban ligados públicamente al robo de combustible y/o hubo señalamientos de posibles implicaciones.

En mayo se reportó el primer enfrentamiento entre presuntos chupaductos y la Gendarmería nacional, y en diciembre ocurrió otro en Palmar de Bravo, entre militares y civiles. El mismo mes el Ejército instaló un puesto de vigilancia en Cañada Morelos.

Pese a todos los indicios respecto del aumento alarmante de delitos de alto impacto reflejado en las cifras oficiales, no fue sino hasta mayo de este año que se creó el Grupo de Coordinación Puebla Segura para combatir la inseguridad.

Dicha iniciativa reúne a Secretaría de la Defensa Nacional, la Procuraduría General de la República, la Policía Federal; la Secretaría General de Gobierno, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, la Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal de la capital.

Las autoridades no pusieron atención a esta zona pese a que ya había alertas de la escalada delictiva. Rodrigo Elizarrarás dijo que las autoridades suelen minimizar los problemas, a la par que los gobiernos municipales están rebasados en sus capacidades para atender la violencia, y esa actitud no ayuda en nada porque solamente hace que el fenómeno de la inseguridad vaya creciendo en lugar de cohibirlo.


Nota metodológica:

La “ji cuadrada”: ¿Cómo se calcula una tendencia a la alza en la incidencia delictiva?

Imagina los baches en la época de lluvia. Siempre hay baches, por las condiciones normales de lluvia, tráfico pesado y mala calidad del pavimento. Pero, ¿cómo saber cuándo la aparición de estos agujeros en las calles es demasiada y hay que preocuparse?

El análisis estadístico “ji cuadrada” permite calcular los valores que son más altos de lo esperado, es decir cuando lo extremoso o inesperado aparece. Por ejemplo, analizando los baches “observados” en una calle, se pueden calcular los baches “esperados”. Lo esperado es el valor que se presenta si no hubiera un evento extraordinario. Midiendo la distancia entre lo esperado contra lo observado se tiene un medio para reconocer, cuando lo extremo o extraordinario hace su aparición.


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