De Jodorowsky, El Topo y Cultura Colectiva

De Jodorowsky, El Topo y Cultura Colectiva

Foto: Tomada de Revista Yaconic.
Héctor Jesús Cristino Lucas

Es uno de los personajes más polémicos de la historia del séptimo arte -al lado quizás de grandes como  Passolini o Ruggero Deaodato en su momento- y aunque muchos no saben con exactitud la inmensa trayectoria de toda su carrera, lo cierto es que casi por obligación será el blanco perfecto para el atosigante y ya predecible mar de críticas que lo han acompañado desde su aparición al mundo con ese nombre, que molesta a algunos y fascina a otros: Alejandro Jodorowsky. Así es, el polifacético artista franco italiano autor de la psicomagia y el artífice de extrañezas cinematográficas como lo son y siempre serán El Topo o La Montaña Sagrada. Así es, el mismo.

El día de hoy, más que una crítica, se pretende hablar. Más que una recomendación, se pretende reflexionar. Me disculpará usted, querido y recurrente lector -si es que existe- pero con esto, más que causar polémica, se pretende perder el tiempo.

Hubo una ocasión, de esas que nunca olvidas, en la que escuché a una de mis ex compañeras de universidad mencionar una frase bastante divertida: “Alejandro Jodorowsky es como el Paulo Coelho de los chairos.” Me causó una gracia tremenda, es cierto, aunque no con el fin que se pretendía. Es decir, lo que me mataba de risa no era tanto el hecho de aceptar esa afirmación, sino que en una ocasión Jodorowsky publicó en su propio facebook una experiencia bastante curiosa. Según cuenta, en una de las tantas Ferias del Libro de León Guanajuato se sentó debajo de una enorme foto de Coelho… y la gente de verdad creyó que era el auténtico autor del Alquimista.

“La crítica o la opinión  de aquel que no vio la película completa porque le pareció mala o aburrida no es válida. No debería tomarse en cuenta”; hay que leer y ver a Jodorowsky para poder criticarlo, dice El Cinemaniaco

Mi ex compañera comparaba la literatura de Jodorowsky, su arte, su visión de nuestra existencia como algo rotundamente similar a Coelho: autosuperación barata, cursilería bañada de demagogia y el hecho de que ambas filosofías -independientemente de si estos autores pretenden llamarle como tal- es que el universo conspira para que logres todo lo que te propongas. Pero en a mí lo único que me parecía gracioso eran dos cosas. Número 1: que tanto Coelho como Jodorowsky, físicamente son bastante parecidos. Y número 2: mi compañera en realidad no sabía mucho de lo que estaba hablando. Sólo era una frase graciosa, y porque hacía reír, se asumía como algo cierto.

No vengo aquí a ser un arduo defensor de Jodorowsky ni mucho menos. Sino a remarcar ciertos detalles que siempre me han parecido curiosos y que en muchas ocasiones no nos detenemos a analizar. Pues bien, al grano. Éste hombre me parece alguien bastante subestimado pero por razones superfluas, equivocadas y hasta vacías. Más que vacías, razones, por mucho, que giran en torno a la clásica jugarreta aún más barata que la filosofía del universo conspirando, que es y siempre será: insultar al de al lado, como todo el mundo lo hace -aunque no conozcas nada de él- para parecer intelectual. Y eso fue exactamente lo que hizo mi ex compañera.

Si bien ella había visto una que otra película de Jodorowsky, me confesó que no las había terminado porque eran confusas y aburridas. Si bien sabía del famoso Manual de Psicomagia, no pasó de la tercera hoja ni mucho menos, o peor aún, si conocía a Coelho sólo era por el éxito en ventas del Alquimista, porque era eso, un best seller… entonces, ahí fue cuando lo comprendí. Una crítica -una buena crítica quiero decir- es la que está completamente informada, y por supuesto, fundamentada. Lo sé, parece algo obvio, sobre todo si de periodismo se trata, pero últimamente las obviedades parecieran ser el requisito mínimo o el menos importante para nuestra era digital.

Mi experiencia con mi ex compañera no sólo fue una de las situaciones más importantes que me hizo aventurarme a ser “un crítico de cine”, sino que, y más importante todavía, me hizo comprender que el que dejó de ver la película porque le pareció mala a los veinte minutos es un mal crítico.

Mary Jo Tucker, una importante autora y eminencia en la crítica cinematográfica, mencionó con respecto a la película de 1996, Mary Reilly -la versión alternativa de la historia del Dr. Jekill and Mr. Hyde– lo siguiente:

“Tengo pesadillas sobre que me obliguen a ver Mary Reilly una vez más”.

Que me hace afirmar que el crítico -de sea lo que sea- tiene que forzosamente sufrir. Tiene que obligarse a sentarse, ver, leer, investigar y abastecerse más de lo que pueda aún aunque sepa que lo que está viendo es una auténtica mierda. Es decir, la crítica o la opinión  de aquel que no vio la película completa porque le pareció mala o aburrida no es válida. No debería tomarse en cuenta.

Lo que critico aquí, no es que se le den adjetivos como el de “literatura basura o filosofía de superación personal barato” a Jodorowsky, porque puede que sea cierto… lo que critico en realidad es que no hay mucho fundamento constructivo, ni conocimiento necesario para llegar a tal afirmación. Jodorowsky ha sido el blanco perfecto para ese específico tipo de público: el que no entendió la película y la quitó de su DVD a los cinco minutos -si es que aún hay aventureros que hacen esto- o quien se deja influenciar por los otros, asumiendo pensamientos como “Si alguien importante critica a Jodorowsky, por ende, debo hacerlo. Eso me hace intelectual”. Por ello es que digo que las obviedades hoy en día son el requisito mínimo.

En la última semana Jodorowsky fue víctima de otra acusación. Pero no fue la típica de siempre: “Bufón autor de superchería psicomágica”, sino de violador. Uno de los autores del recurrente portal web Cultura Colectiva -que me limitaré a no mencionar- se refirió a Jodorowsky como un criminal que se había salido con la suya en un artículo bastante polémico que llevaba por nombre: “El día en que Jodorowsky violó a una mujer para una película y nadie dijo nada”. Un titulo bastante arriesgado pero excelente para generar vistas. Tanto fue así que el público enloqueció, la nota se hizo viral y el propio Alejandro Jodorowsky tuvo la dicha -o la desdicha- de leerla.

Dicha porque el acusado aún está vivo como para responder, y desdicha porque Cultura Colectiva también lo estaba como para escuchar.

La nota afirmaba -escribo en pasado porque luego de la réplica de Jodorowsky ésta fue eliminada- que durante la filmación de El Topo se cometió una auténtica violación que hasta entonces había quedado impune. Según el artículo el hecho transcurría justamente en una de las escenas más escandalosas de todo el film, donde éste preciso personaje -es decir, el Topo- interpretado obviamente por Jodorowsky, “viola” al personaje que encarnaba la actriz Mara Lorenzio. ¿Y de dónde, en específico, éste autor o la propia Cultura Colectiva se habían basado para realizar ésta afirmación? La verdad NO existía una fuente clara. No la mencionaba por ningún lado.

El propio Jodorowsky, tras realizar su réplica, indaga de dónde pudieron haber sacado la información, ya que el autor fue bastante ambiguo con su fuente. Sin embargo, el chileno mencionó una posibilidad:

“Es muy posible que hayan leído alguna de las entrevistas que hice en EEUU o en Inglaterra. Filmé “El Topo” fuera de cualquier intento industrial. Cuando dije a Cinematograía Mexicana que iba viajar a New York para vender El Topo, se burlaron de mí. “Usted está loco, solo el Indio Fernandez logró exhibir una pelicula y por eso le hemos levantado una estátua. Ninguna película mexicana más a atravesado el muro de nopales” En ese ambiente norteamericano cinematográfico se despreciaba el cine mexicano. Todo lo dominaba el gigantesco Hollywood. 
Tuve que abrirme paso usando el casi nulo medio que yo tenía: un ataque con escandalosas declaraciones. Así lo hice: me disfracé del personaje bandido místico. Me presenté en las entrevistas con barba, melena, traje de cuero negro y dije cosas para sorprender a los entrevistadores.

 “Soy antifeminista, odio a las mujeres a los gatos, he comido con Diego Rivera tacos de carne humana. El Topo era una filmación donde las cosas pasaban realmente: ¡Esa escena de la violación es una violación real! Los animales (que yo había comprado muertos en un tétrico zoológico de la región) que han visto muertos los maté con tenedor que yo mismo afilé”.

Aunque esta afirmación fue bastante polémica, lo que muchos no sabían es que fue mencionada en un ambiente propicio para el marketing de El Topo. Y esto, como bien lo menciona el propio Jodorowsky no era más que un truco publicitario, el ya clásico marketing-morbo para que el público acostumbrado al gigantesco Hollywood, en una década como los años 70s, fuera a ver una película mexicana de ese tipo en tierras extranjeras. No dista mucho de lo ocurrido con Cannibal Holocaust donde Deodato dejó que se esparciera el rumor -apropósito por cierto- de que todos sus actores habían muerto en su película, o bien, con The Blair Witch Project que todos habían desaparecido.

De hecho, en el propio DVD del film, en la sección Comentarios del Director, se aclara aún más el arduo trabajo que costó exhibir El Topo y las grandes calamidades que sufrió Jodorowsky que hacía películas independientes en competencia con la macro-industria. El rechazo de compañías como MGM o la Universal Studios lo llevaron directamente con el -en aquel entonces- underground productor discográfico Alan Douglas, que ya había trabajado con Miles Davis, The Last Poets o el propio Jimi Hendrix. Y aunque Douglas intentó por todas partes exhibir este trabajo tampoco lo consiguió. A todos les causaba repelús el western surrealista y violento del polémico Jodorowsky.

Ahí fue donde cuando se contactó con Ben Barenholtz, dueño de un cine barato llamado Elgin y como una de las últimas propuestas para salvar la distribución de El Topo, se optó por exhibirla como parte de un proyecto que en aquel entonces se creería un auténtico fracaso: el Midnight Movies. Así pues, dicho proyecto que consistía en exhibir películas en media noche, fue inaugurado por el extrañísimo western de Jodorowsky, convirtiéndose en un hito del cine underground. Así como le siguieron proyectos independientes que hoy en día son enormes referentes para el cine de culto como Eraserhead de David Lynch, Pink Flamingos de John Waters o Night of the Living Dead de George A. Romero.

Más de una ocasión lo hemos mencionado aquí. Jodorowsky es sinónimo de polémica. Para cuando había estrenado El Topo, su nombre aún no se había olvidado. El fantasma de Fando y Lis, su opera prima, aún le perseguía. La famosa exigencia del pueblo mexicano por la expulsión del chileno de nuestro país, luego de su exhibición durante la XI Reseña Internacional de Acapulco era una realidad. Ya estaba fichado. Las palabras “El Topo era una filmación donde las cosas pasaban realmente. ¡Esa escena de la violación es una violación real!” sólo era aprovechar su infamia que desde entonces poseía para darle relevancia a sus bastante subestimados proyectos.

De hecho, en su libro El Topo: A book of a film declara la violación como cierta, pero no precisamente la violación física, sino la mental. La violación de dos actores preparados para improvisar. Una metáfora humorística, como posteriormente se ha tomado dicha declaración desde entonces.

Y si bien este marketing-morbo fue poco ortodoxo, la exigencia por su expulsión del país sólo por una película lo fue más. Peor aún, si Cultura Colectiva dio por ciertas estas declaraciones y le acusó de un criminal impune que sólo se basa en el morbo de la gente para atraer a la audiencia, el título “El día en que Jodorowsky violó a una mujer para una película y nadie dijo nada” es bastante contradictorio. Esto me recuerda a lo acontecido con Bernardo Bertolucci el año pasado, que se le acusó de criminal por haber permitido que la actriz María Schneider fuera violada por Marlon Brando en la mítica y controversial escena de la mantequilla de Last tango in parís.

Pues bien, en ése caso igual de ambiguo que éste, al parecer, se malinterpretaron las declaraciones de manera abismal. Se le acusó a Bertolucci de haber sido el artífice de semejante suceso por, según los medios masivos del año pasado, improvisar dicha escena sin que la actriz supiera que sería violada. Lo que el director desmintió, ya que dicha escena SÍ estaba en el guión y por ende la actriz sabía que había una escena de violación, simulado por supuesto. Según Bertolucci, y lo que probablemente alentó a la malinterpretación, fue que el uso de la mantequilla no estaba en el guión. Ante esto, mencionó una frase que es perfecta para darle cierre a nuestra cita:

Es desolador que alguien sea aún tan infantil como para creer que en el cine suceda de verdad todo lo que se ve sobre la pantalla. Aquellos que no saben que en el cine el sexo es (casi) siempre simulado, probablemente, cada vez que John Wayne dispara a un enemigo, creen que este muere de verdad”.

Jodorowsky siempre estará envuelto en polémica, y en ocasiones, ni siquiera tiene que esforzarse para ello. No hace mucho lo estuvo cuando se compartió un “polémico” tweet donde afirmaba, supuestamente, “Que los padres debían violar a sus hijos…” Obviamente el tweet resultó ser falso, como ya había ocurrido anteriormente con otros tantos casos. Es decir, falsificar tweets falsos es algo muy común hoy en día y éste no era la excepción, pero lo peor no era que Cultura Colectiva haya hecho una afirmación tan peligrosa con su título -lo suficiente como para ser demandados por difamación- sino que su nota haya empezado afirmando que el caso de dicho tweet era auténtico.

Cultura Colectiva, luego de su polémica nota, intentó calmar las aguas ofreciéndole un derecho a réplica a Jodorowsky pero esto sólo simbolizó más leña al fuego y los internautas seguidores del chileno lo tomaron como una auténtica burla. Y aunque lo mejor hubiera sido una simple disculpa por el delito de difamación, haber quitado de internet una grave acusación sin prueba alguna… fue lo menos que pudieron hacer. ¿La moraleja del día de hoy? No me pregunten. Como dije al principio, más que opinar, más que generar polémica, sólo vine a perder el tiempo. Sólo vine a hablar, de Jodorowsky, El Topo y Cultura Colectiva.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft.
Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte.
A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado.
Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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