Raw, más que leyendas negras y expectación

Raw, más que leyendas negras y expectación

Héctor Jesús Cristino Lucas

Debería existir una regla entre todos los cinéfilos referente a películas que emergen de lo desconocido: No juzgar ni muchos menos predisponerse ante trucos de marketing que diversas distribuidoras realizan para levantar cierto tipo de filmes. Frente al monstruo que representa Hollywood hoy en día acaparando la pantalla grande, esto del marketing-morbo se vuelve una herramienta de contrapeso. Pero así como es efectivo el clásico: “La película prohibida del momento” o “El filme de horror definitivo de la década”, también se corre el riesgo de que el público se canse de las leyendas negras de la industria.

Cuando The Witch de Robert Eggers se estrenó el año pasado, por ejemplo, ocurrió eso, la crítica dijo que era “una película de horror estremecedora. De las mejores en la memoria reciente.” Y entre la expectación, el guionista y crítico de cine Drew McWeeny mencionó incluso que “parecía que estuviésemos viendo algo que no deberíamos ver”. Variety sólo acrecentó el escándalo con encabezados del tipo: “La primer película en ser apoyada por una secta satánica” y El Cinemaniaco, antes del estreno oficial en México, la consagró como “De los listones más altos en cuanto a películas de Satán”… aunque resultó contraproducente.

Este tipo de marketing sólo hizo que el público fuere al cine a juzgar y no precisamente a disfrutar. Lo mismo ocurrió con Goodnight Mommy de Veronika Franz, proclamada por muchos como “La The Shining del siglo XXI” o con It Follows de David Robert Mitchell exaltada como una “Excelente película al más puro estilo John Carpenter”. Con The Neon Demon de Winding Refn, “abucheada en los Cannes por ser altamente ofensiva”, y por supuesto, con el más reciente: Raw de la francesa Julia Ducournau, que desde su paso por el Festival de cine fantástico, Sitges, se conocía como: “El filme que provocó diversos desmayos en su estreno”.

Sin embargo, tampoco podemos negar que el Festival de Sitges ha sido el principal promotor de todo este tipo de películas. Es ahí donde A Serbian Film de Spasojević alcanzó mayor notoriedad en los medios de comunicación, convirtiéndose -según muchos críticos- “En la película más infame y violenta de nuestros tiempos”. Allí es donde se popularizaron las películas del Nuevo Extremismo Francés. Donde A l’interieur de Julien Maury y Alexandre Bustillo se convirtió en uno de los Home Invasion más brutales de todos los tiempos o donde el Martyrs de Pascal Laugier se transformó en uno de los más grandes tabús del horror contemporáneo.

Así pues, Raw continúa la tradición, emergiendo de Sitges para el mundo como una película “prohibida”. Pero que quede claro, yo no pretendo responder la pregunta del millón: ¿acaso tienen razón, es el filme más brutal de todos los tiempos? Puesto que es irrelevante y subjetivo. Lo que sí puedo afirmar es que la película es una propuesta sumamente interesante. De hecho, que tenga producción Belga pero de la misma forma sea Francesa, habla mucho de su estética, ya que parecería una película perdida el movimiento Extremista Francés, sólo que con una diferencia: la violencia, el gore y lo escatológico pertenecen más al orden de lo contemplativo.

Raw no maneja lo gráfico como Martyrs o A l’interieur aunque parecieran salir de la misma cuna. En cambio explota lo sublime, la belleza de lo grotesco y la pasión por lo sangriento justamente como lo hizo Winding Refn con The Neon Demon. De hecho se le parece bastante. Cuando se estrenó fue calificada como una “Torture Porn embellecida”. Así es Raw. Pareciera esforzarse, tanto en colores, movimientos de cámara y uso de fotografía, en embellecer la violencia. El canibalismo, la carne y el hambre son tratados de una manera contemplativamente bella, de la mano por supuesto de una historia pasional y lastimosamente trágica.

La estética es el gran acierto del filme, y esto sin duda es de destacar, ya que la mirada de una mujer, dentro de un filme de horror, crea una perspectiva distinta y en este específico caso es tan llamativa como singular. Lo mismo con Ana Lily Amirpour con A Girl Walks Home Alone At Night o las Sister Soska con American Mary.

Sin embargo, Raw no es una película que busca llamar la atención con el puro cascarón. Tiene momentos increíbles, deslumbrantes y capaces de quedarse en tu memoria por mucho tiempo. No es el típico filme cuyo único mérito es su imponente tráiler o su campaña publicitaria. De hecho, en muchos cines de nuestro país se comenzaron a repartir bolsitas con el nombre de la película, esto para que pudieras vomitar si tuvieses la emergencia. Un truco publicitario bastante llamativo -e inspirado por Peter Jackson, ya que hizo exactamente lo mismo en el estreno de Braindead– aunque igualmente pretencioso. Esto hizo que la expectación fuere aún mayor.

Sí, esta película vale mucho la pena. Pero no por eso que todo el mundo asegura. No porque las reseñas, los trucos publicitarios o las mismísimas  distribuidoras -En nuestro país: Caníbal- la estén elevando como el film máximo de horror absoluto. Vale la pena por su interesante propuesta. No es el típico y cansino filme de horror al estilo James Wan: The Conjuring o Insidious. Vale la pena porque intenta ofrecernos -dentro de este mar de decadencia creativa- una nueva perspectiva y dimensión al género, al igual que The Witch, Goodnight Mommy, It Follows y The Neon Demon. Agreguen a Raw en la lista, porque ha venido para quedarse.

De hecho resulta tan estéticamente bella que al igual que como pasó con el filme de Refn, su argumento se mueve con elegancia en distintos géneros. Tanto así que algunos críticos ni siquiera han podido clasificarla. Sería fácil pensarla solo como película de horror así como la he clasificado -y sí, lo es, ya que maneja elementos de este tipo con gran maestría- pero también se adentra en el thriller psicológico y al drama adolescente, muy al estilo Cine Teen, pero a través de temas tabú: el canibalismo y las parafilias. De hecho Raw está completamente ligada a la metáfora del cambio hormonal de la mujer. De alcanzar la plenitud como figura femenina tras enfrentarse al cambio -sea físico o psicológico- que impone la sociedad.

En el fondo creo que todos -el público, la distribuidora, la crítica- hemos malinterpretado la intención original del film. Quizás nunca intentó ser una película de horror que iba a destrozar tu cabeza por las escenas gráficas. Quizás su directora sólo estaba ofreciendo un drama psicológico cuyas escenas gráficas, aunadas a su simbolismo -tan sólo hay que notar que la protagonista lleva el nombre de una de las obras magnas de Sade, Justine– evocan el cambio y la transgresión con la que todos nos enfrentamos alguna vez a la juventud. Porque si ha de juzgarse así, entonces Raw sí es profundamente voraz y violenta. Lo cierto es que todos proclamaron al filme como el más intenso y desagradable en años menos la propia Julia Ducournau.

Raw tiene todos esos elementos indispensables para volverse un clásico de nuestra era. Dentro de esos filmes que proponen, que se arriesgan y que no se limitan por la clasificación, ésta se ha hecho de un lugar bastante especial. Dejemos al lado todo el barullo y la predisposición, la película es excelente por muchos otros aspectos y por ello mismo la recomiendo.

Raw es más que leyendas negras y expectación.

Sinopsis:

Justine, una joven de 16 años, vive en una familia donde todos son veterinarios y vegetarianos. Es una estudiante brillante y prometedora, pero al ingresar en la facultad de veterinaria descubre un mundo decadente, despiadado y peligrosamente seductor. Durante la primera semana, obsesionada por encajar con sus compañeros de clase, se aleja de los principios que le han inculcado su familia, y come carne cruda por primera vez. Las consecuencias no tardan en llegar, y la joven empezará a develar su verdadera naturaleza.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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