“¿Especies amenazadas que declarar?” El subestimado comercio europeo de carne de animales...

“¿Especies amenazadas que declarar?” El subestimado comercio europeo de carne de animales silvestres

Las incautaciones y los estudios llevados a cabo en los aeropuertos han detectado una tendencia potencialmente alarmante: carne de animales silvestres transportada a Europa desde África. Parte de ese comercio es de especies amenazadas. Nadie conoce todo su alcance

Un antílope azul (Cephalophus monticola). Consumidos ampliamente como carne silvestre, los antílopes azules están incluidos en el Apéndice II de CITES, lo que significa que su comercio está controlado. Los antílopes azules y los roedores constituyen el 75 por ciento de los cuerpos encontrados en el estudio del aeropuerto de París. Fotografía de Derek Keats, Flickr Creative Commons.
Sean Mowbray | Mongabay Latam

@MongabayLatam

Suiza es la sede de CITES, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, pero eso no quiere decir que sea inmune al tráfico de fauna silvestre o que alguno de sus ciudadanos no haya desarrollado un gusto por la carne de animales silvestres.

“He cogido vuelos en Camerún que iban directos a Suiza. He estado en la cola con gente delante de mí que tenía una bolsa térmica grande delante de ellos y la han facturado sin ningún problema”, dice Karl Amman, considerado el primero en denunciar el comercio de carne de animales silvestres en la década de los 90 y que continúa estudiando el problema.

Cada año, unas 40 toneladas de carne de animales silvestres llegan a los aeropuertos de Ginebra y Zúrich, probablemente, pase lo mismo en otras capitales europeas, donde carne procedente de la caza furtiva —incluso carne de especies amenazadas— es comercializada ilegalmente y servida en cenas urbanas. El problema podría ser grave y parte del tráfico podría estar bien organizado pero, hasta ahora, solo se han realizado unos pocos estudios en un par de países para determinar qué está pasando en los puntos de entrada europeos.

Mientras que la mayor parte del comercio de fauna silvestre que se lleva a cabo por todo el mundo permanece en el país específico —ya sea en África, el sudeste de Asia o en las Américas— los expertos están totalmente seguros de que la carne de animales silvestres está abriéndose camino en las mayores ciudades europeas, donde la demanda de manjares exóticos o el “sabor del hogar natal” impulsa un comercio que todavía no se ha cuantificado. Entre las especies amenazadas que se están sirviendo en Europa podría haber grandes simios amenazados, aunque nadie sabe cuántos ni con qué frecuencia.

La cabeza de un mono de la familia de los Cercopithecus, también conocidos como cercopitecos, y una variedad de otra carne de animales silvestres confiscados en Suiza. Debido a que a los inspectores de aduanas toda la carne carbonizada les parece básicamente lo mismo, a menudo, la carne de animales silvestres incautada es destruida sin identificar de qué especie proviene. Como consecuencia, los investigadores no están seguros de qué porcentaje de carne de animales silvestre transportada proviene de especies amenazadas. Fotografía cortesía de la Organización Tengwood
Conoce las especies

Al ojo inexperto, la carne de animales silvestres —sobre todo cuando está troceada y ahumada— es irreconocible como su especie original. Aquí radica el principal problema en lo que se refiere a la aplicación de las medidas aduaneras, con unos funcionarios ya agobiados que se enfrentan a una larga lista de posibles amenazas que van desde terroristas a inmigrantes ilegales y probablemente inexpertos en la identificación de especies de carne de animales silvestres —más aún en identificar la carne de especies amenazadas—. Como consecuencia, los restos carbonizados que son transportados a Europa que se confiscan a veces son a menudo a lo sumo categorizados como “carne de animales silvestres” o “carne silvestre” o más típicamente solo como “productos de origen animal” (que incluye carne doméstica o pescado).

Esta falta de información hace el trabajo de los investigadores como Noëlle Kümpel de la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL, por sus siglas en inglés) y presidenta del Grupo de Trabajo sobre Carne Silvestre del Reino Unido, aún más difícil. “En el Reino Unido, [el Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales] publica informes anuales de confiscaciones de productos de origen animal”, le dijo a mongabay.com. Pero no hay una cuenta específica de las cantidades de carne de animales silvestres.

Otro problema: debido al potencial peligro para la salud que plantea la manipulación inadecuada de carne sacrificada en malas condiciones, a menudo, la carne de animales silvestre confiscada es desechada o incinerada inmediatamente, sin la documentación de la especie.

Eso no quiere decir que la carne de animales silvestres no entrañe riesgos para la salud, ya que carne sacrificada ha sido vinculada con una amplia variedad de enfermedades, incluida VIH, Marburgo y E.coli. Se ha sugerido que la epidemia de fiebre aftosa en el Reino Unido a principios de la última década se inició con las importaciones de carne de animales silvestres. También se sospecha que el brote de Ébola de 2013 en África occidental se propagó a través del consumo de murciélagos frugívoros infectados.

A raíz de estas epidemias, se temía que la carne de animales silvestres importada ilegalmente pudiera ser una puerta de entrada para estos virus a las ciudades europeas. En marzo de 2015, Kümpel y sus colegas publicaron un análisis titulado “La Carne de Animales Silvestres y el Ébola: Mito y Realidad”, en un intento de aclarar parte de la confusión con respecto a las afirmaciones de que el comercio de carne de animales silvestres estaba detrás del brote de Ébola de 2013 y podía provocar una pandemia mundial.

Los investigadores escribieron que el Ébola solo puede estar activo en la carne de animales silvestres 3 o 4 días y dado que la mayor parte de la carne traficada está ahumada, las probabilidades de que el virus sobreviva el viaje a Europa o a los Estados Unidos son muy pequeñas. “El riesgo de propagación recae en el movimiento de personas infectadas, no de carne infectada”.

Aun así, la amenaza potencial de enfermedad es el motivo por el que la carne de animales silvestres casi nunca se almacena para su análisis —a diferencia del marfil, el cuerno de rinoceronte, los cráneos de grandes simios u otras partes identificables de animales salvajes—. El miedo de que enfermedades infecciosas sean transmitidas a los humanos a través de la carne de animales silvestres o ganado y la resultante destrucción rápida de la carne traficada obstaculizan la evaluación científica de los patrones de tráfico europeos.

Incluso cuando se preservan los especímenes de carne de animales silvestres para su estudio, los expertos todavía pueden equivocarse. “Nos llamamos a nosotros mismos especialistas en carne de animales silvestres y creemos que podemos reconocerla. Pero muchas veces nos equivocamos”, dice Bruno Tenger sobre análisis anteriores. Forma parte de la Organización Tengwood y es miembro del equipo que estudió la entrada de carne de animales silvestres en Suiza. El análisis del ADN es la única forma segura de identificar la especie de origen con seguridad.

“El ADN es realmente crítico”, añadió la compañera de investigación de Tenger, Kathy Wood. Sin embargo, en la actualidad no es una prueba que se esté llevando a cabo en las incautaciones de carne de animales silvestres en los aeropuertos internacionales y otros puntos de entrada.

Un cadáver de pangolín confiscado por la aduana suiza. El año pasado CITES prohibió totalmente el comercio de todas las especies de pangolín, ya que están sufriendo un rápido declive en la naturaleza debido a su caza furtiva para abastecer los mercados asiáticos. Los pangolines también están siendo traficados para su consumo en Europa. Fotografía cortesía de la Organización Tengwood.
Europa como destino del comercio de carne de animales silvestres

Aunque las autoridades saben desde hace tiempo que la carne de animales silvestres está apareciendo en los platos europeos, una de las primeras apreciaciones significantes del comercio tuvo lugar hace solo ocho años en París. Los investigadores del ZSL y de la Escuela Nacional de Veterinaria y del Museo de Historia Natural de Toulouse estudiaron carne de animales silvestres confiscada en el aeropuerto Charles de Gaulle de vuelos procedentes de África. Durante un periodo de 17 días, un total de 134 pasajeros fueron registrados; encontraron que nueve de ellos llevaban un total de 188 kilógramos (414 libras) de carne de animales silvestres.

Los investigadores dicen que, si se extrapolan las cifras, podrían pasar unas 270 toneladas a través de este aeropuerto cada año. Al multiplicar estos totales por todos los aeropuertos principales europeos, la escala del tráfico supuso un gran impacto para los investigadores. “La gente sabía que se estaba comercializando con la carne de animales silvestres, pero no sabían hasta qué punto”, dijo Anne-Lise Chaber, quien lideró la investigación.

Chaber apunta que el equipo estudió Charles de Gaulle en parte debido a la reticencia de otros aeropuertos a abrir sus puertas al escrutinio. “Estoy segura de que si fuésemos a llevar a cabo el estudio en otras capitales, encontraríamos una tendencia similar… es probable que la mayoría de las grandes ciudades estén afectadas por el comercio de la carne de animales silvestres”.

Cuatro años más tarde esta hipótesis recibió una mayor credibilidad en Suiza.

Tenger y Wood de la Organización Tengwood estudiaron la carne de animales silvestres que llega a los aeropuertos de Ginebra y Zúrich. Las 40 toneladas que se cree que son introducidas clandestinamente cada año en el país pueden no parecer un gran número en comparación con las miles de toneladas cazadas furtivamente para consumo local y urbano en los estados africanos, pero para los investigadores supuso un choque.

El cadáver de un puerco espín de cola de pincel africano. Aunque considerada una especie de Preocupación Menor por la UICN, su amplio consumo está considerado como un problema de conservación. Fotografía cortesía de la Organización Tengwood

Los científicos creen que, probablemente, su estudio solo fue aprobado porque las autoridades aduaneras dieron por sentado que no había nada, o muy poco, que encontrar. “Creían que tenían un problema muy pequeño. Lo sorprendente fue, primero, que [carne de animales silvestres] estaba entrando y en cantidad”, le dijo Wood a Mongabay.

El estudio suizo añadió un nuevo detalle al comercio: se analizó el ADN para identificar exactamente qué especies están siendo traficadas. Se encontró que una tercera parte procedía de especies catalogadas por CITES como amenazadas e incluía pangolines, pequeños carnívoros y primates. Se encontraron tres especies de cercopitecos (monos africanos), todos ellos estaban siendo traficados desde Camerún.

“Si está entrando en Suiza, que es un país muy pequeño y la sede de CITES, entonces, evidentemente, está entrando en muchos otros lugares”, concluye Wood.

Para incrementar la sensibilización sobre el tema de la carne de animales silvestres, la Organización Tengwood colaboró con la autoridad Federal Suiza de Seguridad Alimentaria y Veterinaria para producir un catálogo en el que aparecen imágenes gráficas de carne de animales silvestres carbonizada para ayudar a los funcionarios de aduanas a identificar a las especies traficadas.

Según un informe semestral de la CITES suiza que cubre 2013/14, durante ese periodo se llevaron a cabo siete incautaciones de carne de animales silvestres identificada con un peso total de 83,3 kilógramos (183 libras) y se repartieron multas por un valor de 8500 francos suizos (8431 dólares). La sanción más severa, por un total de 3000 francos suizos, fue impuesta por el contrabando de 30 kilógramos (66 libras) de carne de animales silvestres, el cual comprendía una amplia gama de especies, tales como los Casi Amenazados antílopes duiker bayo (Cephalophus dorsalis), el puerco espín de cola de pincel africano (Atherurus africanus) y los amenazados pangolines.

“Suiza se enfrenta a los mismos desafíos que cualquier otro país: es imposible tener un control que cubra todos los pasajeros que llegan y, por lo tanto, siempre habrá importaciones que pasen sin ser detectadas”, dice Lisa Bradbury, científica con el Órgano de Gestión de la CITES de Suiza. “El estudio no ha tenido ningún impacto directo en [las incautaciones] dentro de Suiza que podamos medir o cuantificar”.

Sin embargo, el estudio suizo y el catálogo han, “con suerte”, asistido a los funcionarios de aduanas junto con los funcionarios de CITES para identificar qué especies están catalogadas por CITES y, por lo tanto, justifica una multa. Las especies traficadas como carne de animales silvestres que no están catalogadas por CITES son destruidas y no se toma ninguna otra medida adicional, según informa Bradbury.

¿Grandes simios en el menú o un mito urbano?

Es difícil de decir, sin una mayor investigación, si hay grandes simios que entran en Europa como carne de animales silvestres o no en cualquier cantidad. Pero “ya sea un gran simio u otro primate, es un preocupación real; muchos, muchos primates están en la Lista Roja de la UICN”, dice Michael Bruford, ecologista molecular de la Universidad de Cardiff. Urge a regular el uso del análisis de ADN barato en los puntos de entrada para recoger información. Fotografía de Rhett A. Butler de un chimpancé cautivo
La carne de los grandes simios también está realizando el viaje a través de los océanos del mundo hacia Europa —aunque la seriedad y el alcance de este contrabando son prácticamente desconocidos con muy poca información—. En un estudio de 2006, recoge que se encontraron partes de 27 gorilas y chimpancés en mercados de carne de animales silvestres en ciudades en América del Norte y Europa Occidental.

Hay historias de carne de grandes simios encontrada en Nueva York y Toronto; y afirmaciones de que también es vendida en París, Bruselas e, incluso, en la región inglesa de Midlands. Pero los investigadores no han cuantificado cuánto está siendo traficado y qué proporción del comercio de carne de animales silvestres constituye —en caso de que exista—. Este desconocimiento no es un motivo para sentirse tranquilo, sino más bien un motivo de preocupación. Se necesita investigar para ver si los rumores son lo único que se está expandiendo o si bien la carne de grandes simios está llegando a los mercados europeos.

En la misma África, los grandes simios solo representan una pequeña parte de todo el comercio de carne de animales silvestres. Pero, aunque los simios no son un objetivo habitual de los cazadores, la caza furtiva todavía figura como uno de los principales impulsores de su declive. Otra especies amenazadas son comidas en cantidades mucho mayores, pero incluso unos pocos grandes simios cazados pueden suponer un gran riesgo para estas especies altamente amenazadas: el año pasado, el gorila oriental de planicie, también conocido como gorila de Grauer (Gorilla beringei graueri) fue clasificado como especie en Peligro Crítico de extinción por la UICN y se cree que solo quedan unos 5000 en estado salvaje. Otros tres grandes simios, el gorila occidental de planicie (Gorilla gorilla gorilla), el orangután de Borneo (Pongo pygmaeus) y el orangután de Sumatra (Pongo abelii) también están clasificados como en Peligro Crítico de extinción; mientras que los chimpancés (Pan troglodytes) y los bonobos (Pan paniscus) están clasificados como especies Amenazadas, con sus números reduciéndose año a año.

Durante su carrera, Tom de Meulenaer, Jefe de Ciencias en la Secretaría de CITES en Ginebra, ha oído muchos rumores sobre que la carne de simio está disponible en las ciudades europeas. Dice que la escasez de pruebas sugiere que es probable que el comercio sea poco más que un mito urbano. “Lo habríamos oído”, afirma. “Es como con los rinocerontes, lo oyes y hay incautaciones. En el caso de los primates, es extremadamente raro que cualquier consumo sea registrado fuera de África”.

Sin embargo, no todos los investigadores de la carne de animales silvestres están de acuerdo con este punto de vista: Chaber señala que su estudio fue muy pequeño en escala y alcance y, solo porque no identificase la carne de ningún gran simio, no significa que los primates no estén siendo traficados.

Tenger apunta que, debido a que los funcionarios de aduanas no están analizando la carne incautada, es muy probable que haya grandes simios entre la carne de animales silvestres traficada: “Ni siquiera sabes lo que tienes, podrías estar tirando una parte de un gran simio y ni lo sabrías”.

“No hay un esfuerzo serio por identificar la carne ahumada que llega a Europa desde el África Central. Puede ser de cualquier animal… Esa es la realidad”, concluye Meulenaer.

Un pangolín a punto de ser convertido en carne de animal silvestre en Camerún. Una pregunta a la que se enfrentan los investigadores europeos es qué proporción del comercio de carne de animales silvestres está siendo llevado a cabo por traficantes criminales para alimentar un hambre por manjares exóticos o está siendo llevado a cabo por africanos que quieren servir el “sabor de la tierra natal” a sus parientes en Europa. Fotografía de Eric Freyssinge con licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 licencia internacional
La necesidad de la certeza

Ante esta falta de información, los investigadores están pidiendo muchas más muestras de ADN. Y según Michael Bruford, un ecologista molecular de la Universidad de Cardiff, los análisis de la carne de animales silvestres ahumada podría realizarse con mucha facilidad en los puntos de entrada nacionales.

En un estudio de 2011 llevado a cabo en Guinea-Bisáu, Bruford y un equipo de investigadores usó el código de barras genético para identificar las especies de varios bultos de carne carbonizada disponible en los mercados locales. Estaban buscando evidencias del consumo de grandes simios, pero, en cambio, encontraron que los vendedores, de manera habitual, estaban identificando incorrectamente la carne que estaban vendiendo. Descubrieron que la carne de facóquero estaba siendo vendida como babuino —una de las carnes más caras de Guinea-Bisáu— y también que la mona de Campbell (Cercopithecus campebelli), una especie clasificada como de Menor Preocupación por la UICN, era la segunda especie más comercializada, en contra de la creencia local.

Bruford dice que es una pena que un instrumento como la muestra de ADN no sea usado más ampliamente, sobre todo en las aduanas internacionales, ya que es barato y fácil de usar. Cree que su implantación podría ayudar tanto a identificar las especies de carne de animales silvestres como a limitar el país de origen, lo que, potencialmente, facilitaría los procesamientos judiciales, del mismo modo que el Sistema de Indexación de ADN de Rinoceronte que se usa para coger a los cazadores furtivos.

A pesar de estar disponible desde 2009, dice que un uso más amplio de esta tecnología “realmente nunca ha estado en el radar” de los agentes de inspección fronterizos, probablemente porque la identificación de la carne de animales silvestres está lejos de ser una prioridad.

En cuanto a si encontrarían qué grandes simios están entrando en Europa o no, Brudford no puede pronunciarse, pero argumenta que “ya sea un gran simio u otro primate, es un preocupación real; muchos, muchos primates están en la Lista Roja de la UICN”.

¿“Sabor de la tierra natal” o crimen organizado?

Una pregunta importante que aún está, en gran medida, sin respuesta es si el mercado mundial de la carne de animales silvestres es llevado a cabo, principalmente, por individuos, o es parte de redes más grandes de tráfico del submundo criminal.

En los años 90, según de Meulenaer, los correos diplomáticos eran conocidos por viajar de África a Europa con bolsas repletas de carne de animales silvestres. Él cree que estas redes de tráfico sofisticadas ya no existen, pero admite que los números obtenidos de los pocos estudios disponibles hablan por sí mismos: “La carne de animales silvestres no llega sola”, dice. “Debe de haber viajes regulares de un lado para otro. De otra manera no traes esas cantidades de carne”.

Se sabe que algunos africanos que viajan entre sus países natales y sus nuevas residencias en Europa, traen de vuelta un poco de carne, de la misma manera que un francés que viaja a su nuevo hogar en Nueva York podría rellenar una bolsa con unas ruedas de queso francés de primera calidad. Esta práctica, conocida como traer de vuelta un “sabor de la tierra natal” es habitual entre los africanos occidentales donde la carne de animales silvestres tiene una larga tradición.

Significativamente, esta práctica no implica necesariamente el tráfico de especies amenazadas; las ratas de caña son consumidas habitualmente en el África occidental y a menudo se encuentran en las incautaciones de carne de animales silvestres. En 2013, en un estudio estadounidense, los roedores constituían la mitad de las 543 incautaciones de carne de animales silvestres.

Un puerco espín de cola de pincel africano (Atherurus africanus) a la venta para carne en la Provincia Oriental de Camerún. Se detectó a esta especie entre carne de animales silvestres confiscada cuando entraba en Europa. Fotografía de Anonymous. Se autoriza la copia, distribución y/o modificación de este documento bajo los términos de la Licencia de documentación libre de GNU, versión 1.2

Sin embargo, otros viajan solo con carne de animales silvestres en la maleta, lo que sugiere que la carne, simplemente, está siendo traficada para ser vendida a los comerciantes de los mercados. Los beneficios del contrabando pueden ser lucrativos. Un mono de cuatro kilógramos (8,8 libras) puede costar alrededor de 100 euros (o unos 105 dólares) en París, comparado con los 5 euros (unos 5,37 dólares) por la misma carne en Camerún.

Amman afirma que este comercio es “especializado”, y gestionado por personas que son conscientes de dónde es más estricta la aplicación de la ley. Apunta que, a diferencia de otros productos provenientes de la fauna silvestre, como el marfil o el cuerno de rinoceronte, que tienen unas rutas comerciales limitadas, “la carne de animales silvestres es distribuida donde quiera que vayas”. En Europa esto puede ser donde quiera que haya poblaciones de inmigrantes de africanos. No se sabe hasta qué punto el comercio también puede extenderse a mercados gourmet o de productos más exquisitos, ni la participación del crimen organizado en el transporte.

La punta del iceberg

Lo que se conoce con cierta seguridad es que la lucha de Europa con el influjo de carne de animales silvestres es pequeña comparada con la gran crisis que se está desencadenando en África.

“Algo que nos preocupa a todos es el impacto masivo de los mercados de carne de animales silvestres en África Central y África Occidental”, dice de Meulenaer. “Se estima que la captura anual de animales silvestres es seis veces mayor que lo que puede la selva puede sostener. De hecho, África está comiendo sus selvas y estaremos frente a un síndrome de selva vacía —como lo que tenemos en el sudeste de Asia— en muy poco tiempo”.

“Se está haciendo muy poco” para contener esta crisis cada vez más aguda, advierte.

Sin embargo, el mercado europeo de carne de animales silvestres juega un papel importante. Representa un punto final lucrativo para los traficantes africanos y es un lugar donde pueden alcanzar precios altos por especies africanas cada vez más escasas, lo que hace que merezca la pena los posibles riesgos de transportar la carne ilegal, que, en cualquier caso, en la actualidad parecen ser mínimos debido a la aplicación laxa de la ley. Esto podría significar que debido a que cada vez escasean más las especies africanas y aumenta su precio en el extranjero, Europa y los Estados Unidos podrían convertirse en mercados de carne de animales silvestres incipientes.

Como señala de Meulenaer, “todo el aspecto de la subsistencia del comercio de carne de animales silvestres ha cambiado”. Mientras que muchos habitantes de regiones remotas todavía dependen de la carne de animales silvestres para su consumo diario de proteína y para su sustento, también hay un mercado floreciente para las especies amenazadas concentrado en las ciudades africanas. “Se ha convertido en una industria para abastecer el mercado, las grandes ciudades que son las capitales de estos países”. Y solo es un paso pequeño para los comerciantes el buscar los grandes beneficios que se pueden alcanzar al otro lado del Mediterráneo.

Ante esta amenaza potencial, los investigadores instan a que se resuelvan pronto las preguntas importantes en lo que se refiere al papel de Europa en el comercio internacional de la carne de animales silvestres. Los reguladores y las fuerzas policiales necesitan saber: ¿Cuánta carne está siendo traficada? ¿Se está pasando de contrabando carne de grandes simios junto a numerosas especies amenazadas y no amenazadas? Si es así, ¿En qué cantidades? Y ¿Están aumentando las cantidades de carne transportada?

Kümpel insta a que se investigue para cuantificar la escala del problema, para así crear mecanismos para monitorizar el comercio. Dice que lo primero tiene que tener lugar antes de que las medidas coercitivas puedan ser aplicadas. “En la actualidad solo tenemos los datos relativos a las incautaciones y no distingue la carne de animales silvestres [por especies], por lo que no podemos ver si este es un problema que va en aumento o si disminuye”, dice.

Hasta que no se sepa con exactitud la cantidad de carne de animales silvestres que está siendo introducida ilegalmente en Europa, y qué especies están siendo comercializadas, la amenaza a las especies en peligro de extinción, incluidos los primates, seguirá siendo un misterio.

Eres lo que comes

Los expertos dicen que todavía hay otra pieza de este complejo puzle comercial que necesita ser examinada: los consumidores.

El análisis de los hábitos alimenticios de la carne de animales silvestres y las tendencia en las comunidades inmigrantes africanas en Europa es esencial para comprender el comercio, los riesgos para la salud y los problemas de conservación derivados del comercio. Según de Meulenaer, en la actualidad, hay “muy poca” información de este tipo o relación con las comunidades inmigrantes para obtenerla.

Cuando miramos al tráfico de África a Europa, es importante no demonizar el comercio, advierte Kümpel, que apunta que los titulares que denuncian a aquellos que comen ratas o monos no ayudan, provocan horror en algunas personas porque “estamos más separados de esos estilos de vida tradicionales” en occidente. Kümpel concluye que “no tengo ningún problema con la caza y el consumo y el comercio de la carne de animales silvestres, el problema está donde hay conservación y conlleva riegos para la salud”.

Mientras que las especies carismáticas como los elefantes y los rinocerontes siguen estando a la vanguardia de la batalla contra el tráfico de fauna silvestre, más allá de los colmillos de marfil, los huesos de tigre y las pieles de leopardo puede yacer un comercio internacional potencialmente grande de carne exótica de especies amenazadas que podría ser estable, o podría estar yendo en aumento —simplemente, no sabemos—. También puede resultar ser un tráfico, predominantemente, de especies menos amenazadas, pero este comercio puede que no sea sostenible y, potencialmente, devastador a largo plazo.

Eso es por lo que una monitorización mejorada y continuada es ahora necesaria en los puntos de entrada para descubrir exactamente cuánta carne de animales silvestres está entrando en Europa, qué especies están siendo traficadas y si las tendencias están subiendo o bajando. Lo que encontremos puede ser impactante, pero no importa, un estudio profundo proporcionará unos datos procesables vitales.

Publicación original: Mongabay Latam. Traducido por: Yolanda Álvarez

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