Bastan dos minutos para prevenir la anemia en el mundo

Bastan dos minutos para prevenir la anemia en el mundo

La propuesta, que ya es norma internacional de la OMS, fue impulsada por un grupo de investigadores encabezado por el ingeniero químico egresado de la IBERO Rafael Pérez-Escamilla Costas, asesor de aquella organización, la FAO, la fundacón Melinda Gates y el Banco Mundial, entre otros

Foto: Brad Person, tomada de internet.
Pedro Rendón | Prensa Ibero

@prensaibero

Dos minutos bastarían para prevenir la anemia en el mundo, pues ese es el tiempo aproximado que deberían esperar médicos y parteras para pinzar el cordón umbilical a un recién nacido, una vez que aquél deja de latir. Se ha demostrado que esto disminuye la probabilidad de que un niño tenga anemia durante la infancia, la cual está ligada a un desarrollo motor y mental pobre.

Esta propuesta de solución a la anemia es ya una norma internacional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que fue impulsada por el equipo de investigadores encabezado por el doctor Rafael Pérez-Escamilla Costas, egresado de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, quien demostró con un ensayo aleatorio clínico la valía de retrasar el pinzado del cordón umbilical, en lo que fue el primer estudio sobre el tema en el mundo en vías de desarrollo (Guatemala). La efectividad de dicha intervención se confirmó con varios estudios en distintos países, y es un ejemplo de cómo el trabajo de Pérez-Escamilla en el tema de la nutrición contribuye al mejor desarrollo infantil.

Los problemas de inequidad social no se resuelven con galletas mágicas […] Lo que se necesita es atender profundamente los problemas de los determinantes sociales de acceso a la salud y educación de alta calidad que dará a las personas en edad adulta oportunidad de romper el ciclo de transmisión de la pobreza

El doctor Pérez-Escamilla Costas es miembro del Consejo de Alimentación y Nutrición de la Academia Nacional de Medicina de los Estados Unidos, y miembro del Consejo Directivo del Instituto Sackler de Nutrición de la Academia de Ciencias de Nueva York. Ha sido asesor de nutrición materno-infantil de diversas organizaciones de las Naciones Unidas, incluyendo el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), así como de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Banco Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates y los gobiernos de México, Brasil y Colombia. Y en Estados Unidos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), los Departamentos de Agricultura y Salud, y la Agencia Internacional de Desarrollo.

Ingeniero Químico por la Ibero (1978-1982) y maestro en Ciencias de los Alimentos por la Universidad de California en Davis (1983-1985), entró a estudiar este posgrado con la idea de desarrollar una galleta para eliminar el hambre en el mundo, la cual hoy, después de más de treinta años en el tema la nutrición, piensa que es una utopía. “Es una lección importante que me dio la vida. Los problemas de inequidad social no se resuelven con galletas mágicas; tienen raíces profundas en fallas enormes de las estructuras de poder y riqueza de las sociedades. Nunca vamos a poder conseguir esta equidad, este desarrollo que México merece, si tratamos de simplificar todos los problemas y pretendemos resolverlos con un poquito de polvos mágicos”.

Lo que se necesita, afirma, es “atender profundamente los problemas de los determinantes sociales de acceso a la salud y educación de alta calidad que dará a las personas en edad adulta oportunidad de tener trabajos que les ayudarán a tener calidad de vida para ellos y sus hijos, y así romper el ciclo de transmisión de la pobreza”.

Medir, primer requisito para resolver un problema

Doctor en Nutrición (1986-1991) y posdoctor en Desarrollo Infantil Temprano (1991-1993), ambos por la Universidad de California en Davis, Pérez-Escamilla responde así a la pregunta de cómo contribuyen sus investigaciones a intentar garantizar la seguridad alimentaria.

“Lo primero que se necesita para poder resolver un problema es medirlo. Hace veinte años no había metodologías sencillas costo-efectivas para medir la inseguridad alimentaria en los hogares, ni en México ni en ninguna parte del mundo. Lo que conseguí con mi equipo de trabajo y muchos colaboradores más fue introducir en Latinoamérica una escala desarrollada en Estados Unidos que mide la inseguridad alimentaria, la cual pude validar con la población hispana en Connecticut, y después con la de Brasil, Colombia y México [En nuestro país esta escala para medir la inseguridad alimentaria, a nivel municipal, estatal y nacional, que para efectos prácticos se trata de un cuestionario, ya forma parte de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares(ENIGH) y otras encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)].

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) decidió adoptarla como una medida estándar para toda América Latina, bajo el nombre de Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA). Este proyecto está teniendo tanto éxito que ahora la FAO está midiendo la inseguridad alimentaria con esta escala en más de 150 países, a través de las encuestas mundiales de Gallup (sondeo de opinión usado en los medios de comunicación). Hay países como Brasil donde gracias a este esfuerzo el gobierno pudo demostrar que bajó en 30 por ciento la inseguridad alimentaria, lo que coincidía totalmente con la inversión masiva que empezaron a hacer en la redistribución del gasto en desarrollo social”.

Añade: “En México no están muy bien las cosas, y lo ha detectado esta escala. Esto ayuda a la sociedad civil a poner presión sobre el gobierno para preguntar cómo se van a hacer las cosas para resolver o mejorar la situación. Así que la ELCSA es una metodología de medición que ayuda a los evaluadores y tomadores de decisiones a entender cómo focalizar sus programas, al saber qué impacto están teniendo sus inversiones en la seguridad alimentaria de las familias”.

 Esta pasión por traducir la ciencia a políticas públicas le ha permitido al doctor Pérez-Escamilla trabajar en comités muy importantes; por ejemplo, el de Guías Alimentarias de Alimentación en los Estados Unidos, durante la Presidencia de Barack Obama; el de Guías Alimentarias de la Organización Mundial de la Salud, en Ginebra, Suiza; y el de Desarrollo Infantil Temprano de la prestigiosa revista The Lancet.

Cursos optativos para aprender sobre injusticia social

Para este egresado de la Ibero hay otra infancia muy importante, y es la de él, la de Rafael, cuando en su carácter inquisitivo encontró su motivación por estudiar Ingeniería Química. “Desde pequeño me llamaba la atención entender cómo se producían los juguetes, los materiales de plástico, los textiles para las ropas, la extracción y destilación del petróleo (eran los años de la bonanza petrolera), y la producción de alimentos procesados”. Mucho años después, frente al salón de clases, durante el segundo semestre de la carrera [entonces en Cerro de las Torres), vivió una etapa muy formativa en la que aprendió, como buen químico, que lo importante es “la sustancia de lo que le enseñan a uno para formarlo”; pues él fue uno de los alumnos que, a raíz de la caída de los edificios de salones de la Ibero, en el temblor de 1979, tomó clases en aulas de lámina prefabricadas dispuestas en las canchas de futbol y otras áreas, los famosos “gallineros” que hoy define como “un inconveniente menor”.

¿Qué destacaría de esos años de formación que tuvo en la Ibero?

“Tuve una formación extraordinaria en ingeniería; pero al mismo tiempo humanista, porque debíamos tomar varios cursos optativos del área de ciencias sociales y literatura [su autor latinoamericano predilecto es Gabriel García Márquez]. En esos cursos aprendí mucho sobre la injusticia social en México y en el mundo, sobre la persecución de personas por sus ideologías y su manera de pensar. También destacaría los profesores que tuve, comenzando por mi mentor, el doctor Armando Rugarcía Torres (quien fue Rector de Ibero Puebla de 1991 a 1999). Ellos siempre nos hacían ver la magia de la ingeniería en la industria; pero sobre todo, que de nada servía todo ese conocimiento si no íbamos a ayudar a disminuir las inequidades sociales en México. Y cada vez que había un discurso de graduación o un evento importante enfatizaban más el tema de inequidad social que el de la ingeniería. Eso me marcó para toda la vida”.

Es a Rugarcía Torres a quien el doctor Pérez-Escamilla le debe su ingreso al posgrado en la mejor institución del mundo para especializarse en el área de alimentación, pues fue el primero que le dijo: “No es fácil entrar, pero no pierdes nada con intentarlo”. “Esa es la importancia de un mentor, te ayuda a conseguir un sueño. Y yo en esa etapa jamás soñé que me iban a aceptar en la Universidad de California; y sucedió”.

¿Cuáles serían los mejores recuerdos que tuvo en cada uno de sus posgrados?

La Maestría en Ciencias de los Alimentos fue mi primer encuentro con la ciencia básica, mi introducción al maravilloso mundo de la biología, la bioquímica y la microbiología. Fue cuando empecé a formarme como un científico riguroso, donde realmente aprendí lo que es el método científico, formular una hipótesis y diseñar experimentos para probarla. Aprendí a escribir artículos científicos, a hacer presentaciones científicas, a comunicar de manera directa y sustantiva lo que estaba tratando de investigar, lo que había encontrado y cuáles eran las implicaciones de esos hallazgos. También aprendí a traducir la información científica a políticas públicas y a educación para la población.

El doctorado fue la etapa de mi vida donde me adentré totalmente en la salud pública y me enfoqué en la nutrición materno-infantil. A través de la formación en ese programa maravilloso en la Universidad de California en Davis comprendí que entre más temprano en la vida se interviniera y se previnieran los problemas, mejor iba a ser el retorno de esa inversión y los resultados a largo plazo para el desarrollo de las personas. En esa época decidí que quería seguir ligado a México, por lo cual elegí hacer mi tesis doctoral sobre el impacto del apoyo a la lactancia materna en los hospitales de maternidad de Hermosillo, Sonora, con el fin de mejorar este comportamiento en nuestro país; lo que poco a poco ha ocurrido.

 

En el trabajo de toda su vida, ¿cuál considera que ha sido su principal aportación a la lactancia materna?

He contribuido mucho con la evidencia que se ha utilizado para mejorar las prácticas de lactancia dentro de hospitales y a nivel comunitario en el mundo. De esta aportación me siento muy orgulloso porque comencé a enfocarme en este tema en una época en que había pocos recursos para hacer este tipo de trabajos; pero creo que comprendí su gran importancia, la que se ha confirmado a través del tiempo.

En su actual trabajo académico, ¿de qué otra manera contribuye a la protección de la infancia?

Esa es la razón por la que estoy ahora en México [permaneció en el país la segunda y tercera semana de febrero] ya que fui coautor y parte del Comité Ejecutivo de la Serie The Lancet sobre Desarrollo Infantil Temprano, que se publicó en octubre de 2016 y fue presentada el 9 de febrero en la Ibero. Para esta edición tuve el honor de estar con el grupo de los mejores investigadores del mundo en distintas áreas del desarrollo infantil: nutrición, acceso a salud, estimulación temprana, educación inicial, protección social y prevención de la violencia. A mí me invitaron por mi experiencia en nutrición, salud materno-infantil y por tener un posdoctorado en desarrollo infantil, lo que me permite entender bastante acerca del desarrollo psicoemocional de los niños: qué lo impacta, cómo se desarrolla, cómo se relaciona y cómo se mide. Trabajamos tres años juntos para entender toda la evidencia que hay en esta área, y cómo ésta se puede usar para que los países puedan llevar a gran escala programas efectivos de mejora del desarrollo infantil temprano.

¿En este momento cuáles son sus principales proyectos de investigación?

Dirijo un programa mundial de escalamiento de programas efectivos de lactancia materna a nivel nacional, en el que utilizaremos un modelo de sistemas que desarrollé con mi equipo. Conseguimos fondos para probar por dos años este modelo en dos países, México y Ghana”. [En nuestro país ya se está completando el proceso con mucho éxito. De hecho, en marzo se hizo la presentación del reporte a los tomadores de decisiones del área de lactancia materna. Y en Ghana, en febrero se terminó el proceso de manera exitosa.] Voy a estar muy ocupado los próximos tres años con este proyecto, pues lo vamos a lanzar en Alemania y en Samoa, en el Pacífico del Sur. Espero que sea un legado muy importante de mi carrera, en la cual empecé haciendo estudios pequeños y bien controlados; y en la que ahora me avoco al análisis de sistemas para que el máximo de personas en el mundo se puedan beneficiar de lo que estos pequeños estudios aleatorios, clínicos o de ciencia básica nos han demostrado.

Como también trabajo en el manejo de la diabetes con promotores de salud [en su estancia en febrero en México visitó una clínica de diabetes del Seguro Popular] conseguí financiamiento de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos para traer a México el tipo de modelo que desarrollé en Estados Unidos con hispanos; pues trato que todo lo que aprendo allá beneficie a México, al adaptarlo a su contexto. Con la ayuda de trabajadores comunitarios y promotores de salud me gusta que mi trabajo apoye a personas pobres que tienen diabetes; enseñarles cómo monitorearse la glucosa, cómo manejar mejor ésta a través de la alimentación, la actividad física, la reducción del estrés y la adherencia a los medicamentos.

Usted es profesor titular de Nutrición, Epidemiología y Salud Pública y director de la Concentración Global de Salud, ambas funciones en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale. ¿Cómo deja su huella en esta faceta de académico?

Lo primero que uno debe hacer en la academia cuando empieza a tener éxito y sus estudios están siendo financiados y reconocidos, es volverse cada vez más humilde. Porque veo a muchos colegas que les pasa lo contrario: se les sube a la cabeza, se vuelven personas muy inaccesibles. Y, cuando las personas hacen eso, es muy difícil que el mundo se beneficie a largo plazo de su conocimiento. La manera como nosotros dejamos nuestro legado no es sólo a través de nuestras publicaciones [tiene dos libros y 180 artículos de investigación] y presentaciones [ha dado más de 300 pláticas en todas las regiones del mundo], es sobre todo por medio de los estudiantes que formamos, cómo los formamos y qué ejemplos les damos de lo que quiere decir ser un investigador ético y con conciencia social.

¿Y cómo debe ser un líder Ibero y qué lo distingue?

Debe ser una persona sencilla que contribuya a reducir las inequidades sociales de México, en primer lugar, y en el mundo, siempre que sea posible; a través de la aplicación honesta y ética del conocimiento que adquirió en esta gran universidad.

Sobre esta forma de pensar del doctor Rafael Pérez-Escamilla Costas dan cuenta los numerosos reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su carrera, como el Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad de Guadalajara (2016), el Premio Patricia Martens a la Excelencia en la Investigación de la Lactancia Materna (2015), el Premio Ehrlich-Koldovski al Mejor Investigador de Lactancia Materna del Mundo Menor de 40 años (1999), el Premio al Compromiso Peter Magrath/W. K. Kellogg y la National Association of State Universities and Land Grant Colleges (2007), el Premio a la Excelencia en la Difusión Educativa del Colegio de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de Connecticut (2004 y 1999) y el Premio a la Promoción del Multiculturalismo y la Acción Positiva de la Universidad de Connecticut, Storrs (1995), entre otros.

NO COMMENTS

Leave a Reply