Narices electrónicas, un proyecto para desarrollar sensores olfativos

Narices electrónicas, un proyecto para desarrollar sensores olfativos

Los investigadores prevén su utilidad para detectar olores en la industria alimentaria, cosmética y de seguridad

Ámbar Barrera

@Dra_caos

Los sentidos son nuestra conexión con el mundo. Son los que nos permiten conocerlo, describirlo y explicarlo. Cada sentido (olfato, vista, tacto, gusto y oído) se conforma por un mecanismo fisiológico específico que percibe y transmite la información sobre el mundo para que nuestro cerebro lo interprete.

El ser humano ha inventado objetos que emulan algunas de las funciones de los sentidos. La cámara fotográfica es el más claro ejemplo sobre la emulación del sentido de la vista y el micrófono es el ejemplo de un dispositivo que imita el sentido del oído.

Cuando las evaluaciones olfativas corren a cargo de seres humanos resulta sumamente subjetivo, pues la percepción cambia con el estado de ánimo, de salud y de la edad

En el mundo de la electrónica también hay sensores que pueden percibir el mundo, incluso a un nivel en el que los sentidos humanos no pueden, como en el campo de la óptica, en el que se ha desarrollado una manera para ver desde el mundo microscópico hasta el espacio exterior.

El doctor Severino Muñoz, académico e investigador, reconoce que así como en el campo de la óptica y la audición se ha avanzado mucho, en cuanto al olfato aún existen retrasos importantes debido a la complejidad de los sensores olfativos.

El doctor Muñoz coordina un grupo de investigación y desarrollo de aplicaciones en la Facultad de Física y Matemáticas de la BUAP enfocado en la creación de Narices electrónicas.

¿Para qué sirve una nariz electrónica? Tiene un gran campo de utilidad  en la industria de la comida, la seguridad y hasta en la medicina. Por ejemplo, en la industria alimentaria y cosmética, alimentos, bebidas, desodorantes y otros perfumes requieren de una evaluación olfativa. Y en el área de seguridad se usa el olfato de los perros para la detección de drogas.

El doctor Muñoz explica en entrevista para LADO B que cuando las evaluaciones olfativas corren a cargo de seres humanos resulta sumamente subjetivo, pues la percepción cambia con el estado de ánimo, de salud y de la edad. Además se espera que al igual que en otros campos, el desarrollo de narices electrónicas llegue más allá de la percepción humana al poder detectar ciertas enfermedades a través del aliento, por poner sólo un ejemplo.

La nariz humana es compleja, contiene 900 sensores de olores, una cifra elevada si se compara con los sensores en la boca, que son tan sólo 26.

Cuando percibimos algún olor, su reconocimiento dependerá de la experiencia previa, es decir, si nuestro cerebro no sabe qué es, podrá percibirlo pero no sabrá cómo catalogarlo o cómo reaccionar ante él. Y las narices electrónicas se enfrentarán al mismo problema, requerirán sensores capaces de percibir gases y químicos específicos para poder interpretarlos.

Actualmente ya existen sistemas comerciales olfativos para uso industrial que se cotizan entre 30 y 50 mil dólares. La intención del proyecto de Narices electrónicas en la facultad de Físico Matemáticas con el equipo del Doctor Muñoz es el desarrollo de sensores olfativos con cristal de cuarzo, un material barato que reduciría su costo de producción y por lo tanto el de venta en el mercado.

Su equipo se enfoca en la búsqueda de nuevas películas sensibles que ayuden a percibir distintos olores, el desarrollo de sistemas capaces de procesar las señales enviadas por los sensores y el desarrollo de software para su visualización digital. Y también trabajan con prototipos de robots para comenzar a desarrollar las aplicaciones prácticas para los sensores.

En su laboratorio, el equipo de Narices electrónicas cuenta con un robot capaz de localizar fugas de gas doméstico, a través de un par de sensores. Se maneja por control remoto y cuando detecta la sustancia indicada, envía una señal vía bluetooth a una computadora a manera de reporte.

Las ideas para el prototipo final son muchas, una es que sea capaz de hacer rondas automáticamente y que cuente con sensores de proximidad para no chocar con ningún objeto. Sin embargo, la parte más importante es el desarrollo de los sensores, ya que los robots son sólo un soporte para sus funciones.

Este proyecto es multidisciplinario. Por ahora se conforma por nueve estudiantes de distintas ingenierías, aunque proyectan la formación de un grupo numeroso que incluya estudiantes e investigadores en biología y química.

 

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