El cuerpo sin órganos, la posibilidad de desaprender la norma

El cuerpo sin órganos, la posibilidad de desaprender la norma

Una teoría de Gilles Deleuze y Félix Guattari sobre un autodescubrimiento para reconstruirse a partir de la destrucción del cuerpo normado

Imágenes: Francis Bacon. Tomadas de internet.
Ámbar Barrera

@Dra_caos

¿Cómo liberarnos de los puntos de subjetivación que nos fijan, que nos clavan a la realidad dominante? Arrancar la conciencia del sujeto para convertirla en un medio de exploración, arrancar el inconsciente de la significancia y la interpretación para convertirlo en una verdadera producción, no es seguramente ni más ni menos difícil que arrancar el cuerpo del
organismo

Deleuze y Guattari ¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos? 1947

Entre las especies animales, el ser humano es el que más tiempo tarda en aprender a valerse por sí mismo después de nacer, mientras tanto, los adultos y la sociedad serán sus modelos a seguir. La forma de pensar, la personalidad y la cultura no serán lo único que este aprendizaje afecte de manera directa. Aunque a menudo se pierde de vista, el cuerpo es esencial para nuestra experiencia de vida. El cuerpo también aprende de distintos modelos.

El género y la belleza son dos claros ejemplos sobre cómo moldeamos nuestros cuerpos de acuerdo a lo que aprendemos sobre lo que “debería” ser un cuerpo femenino o masculino, y de cómo “debería” ser un cuerpo bello. Muchas otras cosas norman el cuerpo: la herencia histórica, la economía, la religión, las subculturas. Hay quien afirma que “nada en el cuerpo viene de forma natural”, tal es el caso de la académica Laurence Le Bouhellec el pasado 5 de abril en La Capilla del Arte de la UDLAP, durante su coloquio para explicar la teoría filosófica sobre el Cuerpo sin Órganos.

¿Y qué es un cuerpo sin órganos? De acuerdo con la explicación de Le Bouhellec, es una metáfora para hablar de los cuerpos emplazados fuera de las normas, algo que puede lograrse a través de un proceso diverso en el que se busca hacer reversible la normativa inicial que se aprendió desde antes de hablar o caminar.

En el arte pueden mencionarse dos personajes que lograron el emplazamiento como cuerpos sin órganos: el dramaturgo francés Antonin Artaud y el pintor británico Francis Bacon.

La teoría

El cuerpo sin órganos es una teoría de Gilles Deleuze y Félix Guattari, dos destacados filósofos franceses de la segunda mitad del siglo XX. La idea inicial surge justamente con el dramaturgo Antonin Artaud y su llamado teatro de la crueldad, un teatro que busca marcar profundamente al espectador con escenas e historias violentas o impactantes.

¿Y qué es un cuerpo sin órganos? Según Le Bouhellec, es una metáfora para hablar de los cuerpos emplazados fuera de las normas, algo que puede lograrse a través de un proceso diverso en el que se busca hacer reversible la normativa inicial que se aprendió desde antes de hablar o caminar…

En el desarrollo de la teoría, los filósofos se refieren a un proceso de autodescubrimiento de las personas para la reconstrucción de sus cuerpos a partir de la destrucción del cuerpo normado.

Para tener un acercamiento inicial al Cuerpo sin órganos, la también maestra en filosofía y titular del Departamento de Letras, Humanidades e Historia de la Universidad de las Américas Puebla (Udlap), Laurence Le Bouhellec explicó brevemente la importancia del cuerpo respecto de la existencia.   

–La existencia humana es, en primer término, existencia corporal. Nuestro emplazamiento se da siempre en primer lugar desde el cuerpo. Y este cuerpo nuestro ha sido sistemáticamente moldeado por diferentes modos culturales que han hecho del pensar del cuerpo y de la visibilidad del mismo, signos de identidad a nivel cultural.

Un ejemplo de lo anterior son las películas que hablan de personas que no están moldeadas acorde a la norma sociocultural y por ello terminan siendo rechazadas por alguna comunidad, como sucede en las películas de los años 70 El niño salvaje (François Truffaut) y El enigma de Kaspar Hauser (Werner Herzog), ambas basadas en historias reales.

El niño salvaje (1970) es sobre un niño encontrado en un bosque de Francia a principios de 1800 al que intentan enseñar a socializar, sin éxito. La llamada civilización hizo el esfuerzo de capturarlo dos veces al menos, pues el niño siempre intentaba escapar, y además lo estudiaron minuciosamente, hasta que finalmente lo consideraron “caso perdido” ya que no logró ser y actuar como dictaba la normativa social de la época. Actualmente hay teorías que exploran la posibilidad de que ese niño estuviera dentro del espectro autista.

El enigma de Kaspar Hauser (1974) se trata de la historia de Kaspar, un adolescente alemán que vivió a principios de siglo XIX y se cree que estuvo aislado de la sociedad durante toda su infancia. Su caso fue misterioso y aunque también fue sometido al aprendizaje social y consiguió hablar y socializar, la historia apunta que fue asesinado probablemente por un rechazo a su origen “salvaje”.

El cuerpo resume entonces la existencia: Ir desnudo, sucio y sin hablar un idioma reconocible se trataría en estos tiempos, igual que en el siglo XIX, de una corporalidad fuera de los límites aceptados.

–Lo que nos dice Marcel Mauss (antropólogo y sociólogo francés) es que no hay un cuerpo genuino o un cuerpo natural. Básicamente todo es adquirido. Y estas películas lo ejemplifican: es el entorno comunitario donde crecemos lo que nos educa. Educar no es un acto libre, sino que es una necesidad para incorporarse a un determinado entorno social.

El trabajo que Deleuze y Guattari desarrollaron tiene que ver con intentar aplicar el devenir reversible, es decir, la capacidad que tenemos sobre nosotros mismos para deshacer nuestra educación anterior, eso es a lo que se llama el cuerpo sin órganos.

Le Bouhellec explicó que en esta teoría también tiene una fuerte influencia el psicoanálisis lacaniano, que afirma que no existimos como “personas naturales” ya que la cría humana, dice Lacan, nace demasiado prematuramente sin saber hablar, caminar o alimentarse por sí misma, lo que lo obliga a depender continuamente del modelo de otros.

–No sabemos hoy en día qué tanto determinados cuerpos que vemos desfilar en algunos eventos impactan y funcionan como modelos simbólicos, deseables para identificarse con ellos.

Sobre esa misma línea de pensamiento, durante la década de los 50 comenzó a analizarse cómo es que dictadores, por ejemplo Hitler, lograron moldear grandes grupos de personas en personas-máquina, es decir, en personas que seguían fielmente un modelo.

El psicoanálisis concluyó lo mismo que los sociólogos: Somos un constructo simbólico. Hasta las distintas formas en las que se manifiestan las enfermedades pueden ser constructos particulares en cada cultura.

Así que para quien decida comenzar a cuestionarse a sí mismo desde el cuerpo sin órganos, tendrá que abordarlo desde la base del cuerpo como una construcción simbólica y desde el psicoanálisis, desde el descubrimiento del inconsciente.  

–El emplazamiento que sucede a partir de la construcción simbólica se da más desde el consciente y no desde el inconsciente, precisamente porque tendemos a no aceptar en nosotros el papel del inconsciente en nuestra psique. La parte del consciente se asocia a las normas y el inconsciente sería este polo fuera de la norma. Si por voluntad llegamos al polo de la inconsciencia podríamos deshacernos de la norma e ir al encuentro del cuerpo sin órganos.

Otro punto importante a entender sobre el cuerpo sin órganos, es que no necesariamente se refiere a cuerpos individuales.  

–Dicho de otra forma, el hombre no es el producto de su cuerpo, sino que el cuerpo es el que produce al hombre. Entonces enfrentamos dos formas de ver el ser humano en el tiempo y el espacio. Desde el polo de las sociedades primitivas, sabemos que la palabra cuerpo no existe. Lo que existe es el cuerpo comunitario, ni siquiera en su lenguaje pueden conjugar palabras desde el yo, tú, él o ella, es decir, desde el ser individual. Al contrario, en sociedades de occidente más modernas, desde el cuerpo individual se inicia la existencia.

Un ejemplo de lo anterior es que en la cultura griega y otras culturas anteriores, el máximo castigo para una persona era el exilio, porque la persona no podría ser alguien fuera de la comunidad, según su cosmogonía. Posteriormente, los castigos se volvieron individuales y el máximo castigo podía ser, por ejemplo, la tortura física.  

La individualización del cuerpo ha tenido un efecto de aislamiento o encierro para las personas. Le Bouhellec afirma que el efecto conseguido con la individualización es el contrario al esperado, pues desprendernos de la comunidad de esa manera no nos hace más libres, sino que nos encierra en nosotros mismos.

La liberación en el cuerpo sin órganos

Antonin Artaud fue un dramaturgo francés que vivió a principios del siglo XX, y a través de su perfeccionamiento como actor fue precursor del llamado teatro de la crueldad, un teatro que buscaba enfrentar a los espectadores a sensaciones físicas lo más reales y perturbadoras posibles.

Sobre ello escribió el mismo Artaud en 1968:

“El Teatro de la Crueldad ha sido creado para restablecer en el teatro una concepción de la vida apasionada y convulsiva, y es en este sentido de rigor violento y condensación extrema de elementos escénicos que debe entenderse la crueldad en la cual están basados. Esta crueldad, que será sangrienta en el momento que sea necesario, pero no de manera sistemática, puede ser identificada con una especie de pureza moral severa que no teme pagar a la vida el precio que sea necesario”.


–Artaud fue alguien que requirió necesariamente trabajar el cuerpo, emplazarse sobre él. La crueldad para Artaud está en los discursos tradicionales que nos han hecho hombre-máquina, que han desvirtuado completamente en nosotros ese potencial que tenemos de ser seres flexibles, adaptables, abiertos a las posibilidades del entorno y en vez de emplazarnos desde el campo de lo posible, nos han emplazado desde el campo de lo necesario, del deber ser, con todas las normas que eso implica.

Desde ese punto de vista, el cuerpo normado se vuelve una cárcel. Es necesario usar cierto tipo de ropa porque diferentes partes del cuerpo no se pueden representar como tal. Le Bouhellec pone como ejemplo que por eso las mujeres “deben usar sostén, porque el cuerpo natural se ve mal, representa una falta de pudor”.

Para Deleuze Bacon transformó el cuerpo más allá de los sistemas tradicionales y de cualquier norma académica o vanguardista, pues en sus pinturas carece de contorno, confunde visualmente y ese es el cuerpo, dice, al que podemos llegar desde el devenir reversible. Un ser que no obedece ninguna regla pero que no se aísla del mundo

–Hay que pensar el cuerpo sin órganos como una metáfora. Obviamente no existe como tal un cuerpo sin órganos, pero la metáfora surge en un campo de reflexión donde se busca enfatizar en cada persona la posibilidad de re-emplazarse desde un devenir reversible e ir al encuentro de ese potencial que nos permitirá puntualmente liberarnos de la represión.

Otro punto importante sobre el cuerpo sin órganos es que definitivamente no se trata de un cuerpo que se destruye literalmente. Es decir, como ejemplifica la académica, no es el cuerpo de un masoquista, un alcohólico o un suicida.

–El cuerpo sin órganos deshace un cuerpo normado pero encuentra un potencial de energía y de afectividad alternativa para el cuerpo mismo.  

Los textos de Deleuze y Guattari son los que posteriormente teorizan y le dan gran eco a la idea de Artaud. Y aunque los autores también enfatizaron en que no hay un modo concreto para lograr llegar al cuerpo sin órganos, tanto Artaud desde el teatro, como Francis Bacon en la pintura, lograron llevarlo a la práctica.  

–Deleuze considera que Bacon en su pintura logró transformar el cuerpo más allá de los sistemas tradicionales y de cualquier norma académica o vanguardista. Los cuerpos de Bacon carecen de contorno, confunden visualmente. Eso para Deleuze es el cuerpo al que podemos llegar desde el devenir reversible. Un ser que no obedece ninguna regla pero que no se aísla del mundo.

Las posibilidades del cuerpo sin órganos se traducen en resultados diversos, heterogéneos, plurales y complejos, un contraste con la modernidad, que ha fabricado a los sujetos desde lo homogéneo y la normatividad.

–Así que la propuesta del cuerpo sin órganos es que resulte de tal forma que nadie puede imitar la pintura de Bacon, porque son cuerpos de intensidades y sólo corresponden a lo que Bacon quiere que se haga de su propio cuerpo y su visibilidad.

El cuerpo sin órganos tampoco es una obligación, ni siquiera un ideal. Es una posibilidad. Le Bouhellec señala que esta posibilidad aparece cuando una persona tiene un desencuentro con el cuerpo normado y existe una apertura para el proceso de lo reversible, sin que exista una receta para ello.

Este proceso, sin duda, podrá generar cierto nivel de malestar, pero su objetivo final es la construcción a un nuevo nivel de bienestar.

–Lo que somos cada uno de nosotros no es una unidad, nuestro núcleo base es la fragmentación, la heterogeneidad. Uno es lo que es, sin categoria. El pensar desde una no-categoría permite mucho más fácilmente el ir y venir, el devenir reversible, porque no tenemos ningún punto de partida fijo.

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