Casita de Barro, la sustentabilidad como herramienta de justicia social

Casita de Barro, la sustentabilidad como herramienta de justicia social

Ina Vanooteghem y Manuel Palma Barbosa aplican en San Jerónimo Tecuanipan una propuesta educativa desde la perspectiva de honrar el conocimiento tradicional campesino

Martina Žoldoš

Todo comenzó con la búsqueda personal de una vida sustentable, una manera eficiente y autosuficiente de valorar la vida en el campo.

Ina Vanooteghem y Manuel Palma Barbosa juntaron lodo para la construcción de la casa, recogieron madera abandonada para las puertas y ventanas, crearon un baño seco, instalaron botellas usadas en las paredes que funcionaran como tragaluces, montaron una bicicleta vieja que sirviera como bomba humana para subir agua de la cisterna al tinaco, sembraron semillas, muchas semillas en el huerto de traspatio para alimentarse.

Y después de varios años de prueba y error, experimentando con diferentes ecotecnias, la Casita de Barro y sus creadores, Ina y Manuel, pasaron a la segunda fase.

Se trata de una propuesta educativa de calidad desde la perspectiva de honrar el conocimiento tradicional campesino, donde todas las personas enseñan y aprenden al mismo tiempo

Con la finalidad de ofrecer un espacio donde se pudiera compartir el conocimiento que han adquirido durante la construcción y la sabiduría de sus cohabitantes de San Jerónimo Tecuanipan, diseñaron una propuesta educativa de calidad desde la perspectiva de honrar el conocimiento tradicional campesino, donde todas las personas enseñan y aprenden al mismo tiempo.

Aunque formalmente los niños refuerzan en la Casita de Barro lo que aprenden en la primaria en la mañana, hay mucho intercambio de conocimiento entre ellos, los maestros, la mayoría estudiantes universitarios, y los abuelos que con frecuencia visitan la escuelita para compartir sus experiencias.

“El niño campesino tiene habilidad de observar la naturaleza desprendida del hecho que ha convivido con ella por generaciones. En este modo de vivir hay un respeto, una sensibilidad hacia el entorno natural que sus maestros no tienen, ya que vienen de la ciudad,” afirma Manuel.

Este proyecto de educación es sólo uno de muchos que Ina y Manuel han desarrollado con la participación de los miembros de la comunidad. La construcción de lodo ha recibido mucha atención y varias familias se han acercado preguntando por algún tipo de asesoría en cuanto a la construcción de su propia casa de barro. Además instalaron varias estufas “lorenas”, hechas de lodo y arena, “una manera muy eficiente de usar poca leña con máximo calor sin crear el humo dañino para el sistema respiratorio,” confirma Ina.

Hace poco, varias familias formaron una cooperativa para comercializar productos locales de producción biointensiva, se han impartido talleres de producción de setas y las mujeres están haciendo productos naturales de aseo personal. El proyecto más reciente es la construcción de la biblioteca en el kínder de la comunidad –de barro, por supuesto.

Manuel considera la sustentabilidad como una herramienta de justicia social, ya que puede generar un modelo de autoconstrucción que podría elevar el nivel de la vida de la gente: “De ahí la exploración de la sustentabilidad como una forma de ser eficiente y que nos recuerda mucho en la forma a como los abuelos vivían.”

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