¿Es posible que ayudando a que las mujeres se liberen económicamente se...

¿Es posible que ayudando a que las mujeres se liberen económicamente se ayude también al medio ambiente?

Organizaciones conservacionistas en general se están centrando en las mujeres con programas que intentan alcanzar cambios sociales y medioambientales al mismo tiempo.

Un pequeño subgrupo de estas organizaciones utiliza la posibilidad de una libertad financiera para fomentar que las mujeres participen en proyectos que beneficien el medioambiente.

Sin embargo, los resultados son difíciles de medir, e investigar si la idea realmente funciona es difícil de conseguir, esto hace que los expertos confíen más en el instinto que en evidencias de la evaluación

Mujeres tanzanas llevan colmenas al bosque. Fotografía de Felipe Rodríguez/APW.
Roz Evans | Mongabay Latam

@mongabaylatam

Los roles de género tradicionales en la zona sur del mundo suelen implicar que son los hombres quienes deben asumir responsabilidades. Quizá por eso se pueda perdonar que los esfuerzos de conservación a lo largo de la historia hayan obviado a todo un género al considerar al hombre encargado de tomar las decisiones sobre los recursos naturales y usuario final de los estos. Pero los tiempos están cambiando. Las organizaciones conservacionistas en general se están centrando en la mujer a través de programas que intentan alcanzar un cambio social y medioambiental al mismo tiempo. Este enfoque con conciencia de género está produciendo resultados alentadores para la conservación, especialmente con proyectos que incluyen a las mujeres en las decisiones de gestión de los recursos y del medio ambiente.

Sin embargo, el empoderamiento se asume de muchas formas. Un pequeño conjunto de estas organizaciones utiliza la perspectiva de libertad financiera para animar a las mujeres a participar en proyectos que beneficien al medi oambiente. El acercamiento ha generado interés y resolución, pero poca evidencia de si realmente funciona.

“Yo diría que en muchos casos esto es más a lo que se aspira que lo que se hace”, añade.

Reservas del leopardo de las nieves y de las abejas

Un grupo conservacionista con experiencia operativa de la organización Snow Leopard Trust con sede en Seattle, trabaja en cinco países asiáticos para conservar el leopardo de las nieves (Panthera uncia), en peligro de extinción. La gente mata a los animales por sus pieles o como venganza por haber atacado a su rebaño, y vulneran su hábitat con la agricultura.

El estudio ha mostrado que a las mujeres, especialmente si son pobres y de ambiente rural en países en desarrollo, les afectan más los cambios ambientales que a los hombres, y Snow Leopard Trust realizó estudios en 2014 que muestran un efecto similar. Los estudios también muestran que la ausencia de un ingreso estable fue uno de los factores más significativos en la predicción de muertes de leopardo por represalia.

An endangered snow leopard (Panthera uncia) in a valley in the Ladakh region of northern India. Photo by Tashi Lonchay via Wikimedia Commons
Un leopardo de las nieves (Panthera uncia) en peligro de extinción en un valle de la región Ladakh al norte de la India. Fotografía de Tashi Lonchay vía Wikimedia Commons

“Las mujeres tienden a tener más actitudes negativas que los hombres hacia los predadores como el leopardo de las nieves. En parte, porque como gestoras principales del hogar y los rebaños deben soportar desproporcionadamente superiores por los daños causado por la vida salvaje, como la depredación de los rebaños”, dice a Mongabay Charudutt Mishra, director de Ciencia y Conservación del grupo.

La identificación de estas diferencias de género llevó al equipo a enfocarse en la mujer en alguno de sus proyectos. Uno de ellos, llamado Snow Leopard Enterprises (Iniciativas para el leopardo de las nieves), forma a mujeres para producir y vender productos hechos de lana de camello, oveja, yaks o cabras

La idea es tener un ingreso doméstico extra para compensar las pérdidas en los rebaños causadas por los leopardos.

“[L]as mujeres ganan un grado de independencia financiera. Al mismo tiempo, asumen como propios los aspectos de conservación del proyecto, las comunidades se comprometen a no cazar leopardos de las nieves ni a sus presas”, dice Mishra. Si dejan de cazar, la comunidad recibe bonos adicionales en efectivo.

En el territorio del leopardo de las nieves, los ayuntamientos y los líderes políticos tienden a ser exclusivamente de hombres, y la iniciativa de artesanía es un intento deliberado por mejorar el capital social y político de las mujeres además de su capital financiero, dice Mishra.

También se pretende conseguir que las mujeres accedan a más beneficios ofrecidos por los programas de conservación tradicionales. El estudio muestra que participan más hombres que mujeres en los proyectos de conservación y, por lo tanto, se benefician más de ellos, por ejemplo trabajando como guardas o guardabosques.

A Kyrgyz woman holds a pet mat, one of the products produced through a program that aims to both improve women’s incomes and encourage communities to conserve snow leopards. Photo courtesy of the Snow Leopard Trust
Una mujer kirguisa muestra un felpudo de animal, uno de los productos elaborados a través del programa que busca mejorar los ingresos de las mujeres y fomentar que las comunidades protejan los leopardos de las nieves. Fotografía cortesía de Snow Leopard Trust

El Fondo de Vida Salvaje y Gente Africana (APW), ONG con sede en Nueva Jersey y Simanjiro, Tanzania, tiene un enfoque similar. El grupo ayuda a las comunidades de pastores rurales tanzanas, muchas de ellas pertenecientes al grupo étnico masái, a construir pequeñas empresas respetuosas con el medio ambiente. Cuenta con un proyecto de formación para mujeres y les facilita microcréditos para crear negocios de apicultura.

Las mujeres venden la miel por sus propiedades medicinales o para producir la cerveza de miel que se usa en las celebraciones masái. Este año han cosechado su primer lote para comercializarlo bajo la marca Mama Asali (“Miel Madre” en Suajili), con la esperanza de atraer a las ciudades de alrededor y a los alojamientos para safaris que quieran vender productos locales.

A nivel medioambiental, la idea no es solo promocionar los polinizadores locales sino crear reservas de abejas —zonas con numerosas colmenas que estén protegidas de las prácticas agrícolas nocivas y disponibles para el pastoreo masái tradicional. APW pide a las más de 1000 mujeres que participan que “devuelvan” sus fondos con actividades respetuosas con el medio ambiente como plantar árboles en las escuelas o recoger basura.

¿Por qué las mujeres? “En parte, por supuesto, porque soy mujer, dirijo el programa y veo la necesidad, en particular en esas comunidades masái, que tienen las mujeres… de conseguir más voz en estas comunidades que están realmente dominadas por el hombre”, dice Laly Lichtenfeld, cofundadora y directora ejecutiva de APW, a Mongabay. “También pienso que las mujeres consiguen que se hagan las cosas. Somos conscientes de eso ¿no?”.

El programa quiere aprovechar lo que Lichtenfeld considera una relación más directa de la mujer con el medio ambiente que la del hombre. “Las mujeres… son las que recogen la leña del fuego, llevan el agua, lavan la ropa, construyen las casas. Todo lo que hacen está íntimamente ligado al medio ambiente”, dice.

Las mujeres montan colmenas como parte del proyecto que ayuda a los tanzanos rurales a crear los negocios de apicultura. El programa busca una relación en la ganen tanto el medio de vida de las mujeres como los polinizadores. Fotografía de Felipe Rodriguez/APW.

Pero, ¿funciona?
Proyectos como estos buscan una relación que beneficie a ambos, a las finanzas de las mujeres y el medio ambiente, pero hay poca investigación para saber si realmente funciona, especialmente en la parte medioambiental.

Un estudio bibliográfico del 2013 realizado por la ONG ecologista WWF-UK reflejó claramente la realidad. Esta reseña buscaba evidencias empíricas de si adoptar un acercamiento por género ayudaría a conseguir metas de conservación, pero el autor encontró la pregunta difícil de responder. Menos de un 1 por ciento de los estudios de conservación incluían una dimensión por género. Y entre los que lo hicieron, encontraron que tendían a enfocarse en obtener resultados de desarrollo más que resultados de conservación. Asimismo, los proyectos incluidos en los estudios tendían emplear el enfoque popular del incremento de la participación de las mujeres en la toma de decisiones sobre políticas y gestión, más que el de sus ingresos.

A participant in a program that aims to help both women and snow leopards in India. Communities in snow leopard country often kill the cats for their fur or in retaliation for their preying on livestock. Photo courtesy of the Snow Leopard Trust
Una participante en el programa que busca ayudar tanto a las mujeres como a los leopardos de las nieves en la India. Las comunidades en el país del leopardo de las nieves a menudo matan a los animales por su piel o como represalia por haber atacado al rebaño. Fotografía cortesía de Snow Leopard Trust

WWF empezó a introducir una perspectiva de género en sus propias políticas una década antes, dejando la siguiente observación: “A juzgar por la escasez de la información disponible, podemos dejar de preguntarnos qué hemos conseguido desde entonces”.

Sin embargo, una línea de investigación por separado muestra un claro, aunque indirecto, beneficio medioambiental al mejorar los ingresos de las mujeres: son más capaces de adquirir educación para ellas y para sus hijos, y eso se refleja en la salud de sus familias, lo que lleva a las familias más pequeñas a dejar una huella medioambiental menor.

La investigación sobre los beneficios para las mujeres es más limitada, pero los resultados están definitivamente enfrentados. Desde una perspectiva positiva, las mujeres que participan en los programas a menudo ven claras ventajas. En su tesis doctoral del 2012 para la Universidad de Montana, Kathryn Khumalo entrevistó a mujeres involucradas en proyectos que generaban ingresos con el objetivo de reducir la dependencia de las comunidades de los recursos naturales en la Reserva de Conservación Kwandu de Namibia. Las mujeres dijeron a Khumalo que el incremento de sus ingresos y poder controlarlos era de suma importancia para ellas, y que los ingresos extra los usaban en alimentarse y educarse a sí mismas y a sus familias. “Es para mí, porque es mío”, contestó una encuestada.

Asimismo, las mujeres que participaron en un proyecto de ecoturismo en Vietnam con un aumento para sus ingresos redujeron su dependencia de los hombres, mejoraron su autoestima y comenzaron a participar más en sus comunidades.

Sin embargo, el mismo estudio veía desigualdades, entre ellos violencia contra las mujeres, que permanecen sin resolverse. Otros proyectos con el objetivo de generar ingresos para las mujeres han conllevado un considerable incremento de la carga de trabajo en las mujeres o conflictos entre sexos porque los hombres temían perder el control sobre sus mujeres e hijas o veían su condición social alterada. Y, por supuesto, las mujeres no siempre tienen el control de los ingresos que generan.

Los proyectos que generan ingresos a menudo lo hacen a través de iniciativas de artesanía que consiguen que las utilicen recursos sostenibles en lugar de alternativas menos sostenibles. Sin embargo, algunos críticos señalan que eso puede perpetuar la idea tradicional y, a veces, marginal de que el lugar de la mujer es la casa, “llevando a cabo actividades que generan pequeños ingresos y alimentando a la sociedad en general”, según escribió Liz Watson, geógrafa de la Universidad de Cambridge, en un reportaje del 2005 que evaluaba proyectos en India y Ghana. Watson advirtió que, involuntariamente, apoyando este estereotipo se podría perjudicar el objetivo mayor de atajar la desigualdad de género.

Al final, es difícil para las organizaciones de conservación saber seguro si sus programas están ayudando o dificultando la carrera de las mujeres hacia el empoderamiento, reconoce Lichtenfeld. “Estas son cosas que son muy difíciles de controlar, ya que interfieren en la vida personal de la gente y en sus hogares”, dice.

Sobre la iniciativa de apicultura de APW afirma: “Sí creo que probablemente hay casos en los que los hombres les piden el dinero, o al menos parte de él”, a lo que hay que añadir que el marido de una mujer la retiró del programa porque no tenía su permiso para participar.

Aun así, Lichtenfeld afirma que no ha habido otras señales obvias de problemas. “Lo que estamos intentando hacer es mantener una relación lo más cercana posible con las mujeres e intentamos, sin entrometernos, cerciorarnos de que no haya problemas en cómo se desarrolla el programa”, dice, “y, hasta el momento, no ha surgido nada alarmante”.

El resultado

Investigado o no, la base de todo para Helen Anthem, directora del programa Modos de Vida Ecológicos y Gobernanza de la ONG Fauna y Flora Internacional, es que reclamar el empoderamiento de la mujer y los objetivos de conservación puede ser difícil de alcanzar cuando se enfoca en la libertad financiera. Esa es una evaluación dura viniendo de alguien que ha escrito sobre la importancia de centrarse en las mujeres dentro de las obligaciones de conservación.

“Creo que más organizaciones están trabajando ahora sobre el género. Se trata esencialmente de mejorar la participación de las mujeres y de una oportunidad para beneficiarse de las intervenciones de conservación. Puede que una forma de hacerlo sea a través de actividades que propician el fortalecimiento económico, pero quizás no sea la mejor”, dice Anthem a Mongabay en un correo electrónico.

El hecho de que tengamos esas mujeres ahí, preparadas a crear sus reservas, para mí, es un indicativo muy fuerte desde el punto de vista medioambiental de que el proyecto va en la dirección correcta y está funcionando

Con tres años de existencia, el proyecto de apicultura de APW es demasiado joven para evaluar su efecto tanto en la participación de las mujeres como del medioambiente. Si bien hay que reconocer la falta de evidencias concretas que proyectos como el suyo puedan satisfacer a uno y a otro, Lichtenfeld dice que es optimista, particularmente por los resultados ambientales.

Como un primer triunfo señala la confianza que el personal de APW ha conseguido en la comunidad que era recelosa de las organizaciones de conservación después de que, anteriormente, se hubieran visto forzados a reubicarse cuando sus hogares ancestrales fueron absorbidos por los parques nacionales. “El hecho de que tengamos esas mujeres ahí, preparadas a crear sus reservas, para mí, es un indicativo muy fuerte desde el punto de vista medioambiental de que el proyecto va en la dirección correcta y está funcionando”, dice.

A la pregunta sobre las perspectivas del proyecto en la transformación de la vida de las mujeres, Lichtenfeld fue más circunspecta, subrayando su optimismo y diciendo que el tiempo dirá. Añadió que está comprometida a estudiar los resultados de la iniciativa de la apicultura, reunir información de partida ahora y evaluarla de nuevo en unos años cuando el proyecto haya tenido la oportunidad de hacer efecto.

Por su parte, Snow Leopard Enterprisesha tenido tiempo de sobra para amortizarse, pero incluso así, medir los resultados es de todo menos simple. El proyecto comenzó hace casi 18 años con 50 familias en Mongolia y se ha extendido a cerca de 250 familias allí y en Kirguistán, Pakistán y la India.

Evaluaciones externas han mostrado que el proyecto mejora la calidad de vida y las actitudes hacia los leopardos de las nieves. Por ejemplo, en las Montañas Tost de Mongolia, las actitudes han mejorado durante los 18 años del proyecto, particularmente entre las mujeres, y los ingresos de las familias se han incrementado en cerca del 40 por ciento.

“Tan solo ha habido un caso conocido de muerte de un leopardo de las nieves a manos de un miembro de la comunidad de Snow Leopard Enterprises[en las montañas Tost] durante ese período”, dice Mishra.

Otra señal prometedora: en los últimos seis años, la población de leopardos de las nieves en Tost se ha mantenido estable, pero Mishra señala que Snow Leopard Enterprisesno puede atribuirse el mérito por ello. Tost tiene la única población de leopardos en el mundo que se ha monitorizado a largo plazo, por lo tanto es imposible compararlo con otras zonas.

“[S]egún nuestro conocimiento, estos programas están teniendo el efecto deseado y algunas veces incluso más”, dice Mishra. “Solo el futuro dirá si se ha conseguido salvar al leopardo de las nieves con éxito”.

Las mujeres trabajan con lana cruda en Kirguistán como parte del programa que les ayuda a ganar algo de la artesanía a cambio de actividades por conservar el leopardo de las nieves. Fotografía cortesía de Snow Leopard Trust.
 Citas
A participant in a program that encourages Tanzanian women to set up bee-keeping businesses carries a hive into the forest. Photo by Felipe Rodriguez/APW
Una participante en el programa que anima a las mujeres tanzanas a crear negocios de apicultura llevando una colmena al bosque. Fotografía de Felipe Rodríguez/APW

Publicación original: Mongabay Latam | Traducido por María Jesús Herrera 

NO COMMENTS

Leave a Reply