Pancho Lelo de Larrea Organ Trio: hard bop, soul & rock

Pancho Lelo de Larrea Organ Trio: hard bop, soul & rock

El proyecto parte de la larga tradición que los tríos tienen en el jazz, con sus particularidades y las características esenciales del género

Foto: primeraplananoticias.mx
Josué Cantorán

@josuedcv

Guitarra, órgano y batería no es un formato común para un trío de jazz, por lo que el sonido que dicho ensamble produce es igualmente atípico. Para empezar, al no haber un contrabajo que se haga cargo de los graves, es el órgano el instrumento que debe asumir esa función. Luego, por la naturaleza de su sonido, el órgano requiere un tipo de interacción particular con otros instrumentos, lo que brinda “una textura peculiar muy agradable”.

Así lo explica el guitarrista Francisco Lelo de Larrea, quien se presentará en concierto este domingo 2 de abril en el parque Soria de San Pedro Cholula para cerrar la segunda jornada del Festival Internacional Jazzatlán 2017, con entrada libre. En su tercera edición, el evento jazzístico más grande de Puebla recibirá por primera vez a Pancho Lelo de Larrea Organ Trio, ensamble conformado por Gabriel Puente en la batería, Roberto Verástegui en el órgano y el titular en la guitarra.

–Retomamos las influencias del hard bop de los años cincuenta y sesenta –dice Pancho Lelo de Larrea en entrevista con Lado B– pero le damos un toque de soul y de rock, y sin duda siempre está presente el jazz tradicional. Las composiciones que vamos a tocar serán originales y algunos standards clásicos. A partir de ahí ensayaremos las sincronizaciones, el lenguaje de interacciones y todos los colores que se puedan dar con ese formato.

Este trío tiene menos de un año de existencia, pero los músicos que lo integran se conocen desde tiempo atrás. Originario de Santiago de Chile, el baterista Gabriel Puente llegó a la Ciudad de México hace poco más de quince años, y desde entonces comenzó a tocar con Lelo de Larrea, quien años antes había emigrado desde Monterrey. Roberto Verástegui, también regio, es más joven y recién llegado a la escena jazzística capitalina, a donde arribó hace apenas unos tres años.

En esta ocasión, los músicos conforman un proyecto que, aunque parte de la larga tradición que los tríos tienen en el jazz, ofrece una propuesta bastante particular que mantiene las características esenciales del género: la improvisación, la interacción constante entre instrumentos y la capacidad de explotar la energía a partir de las composiciones y las formas y estructuras que se crean en el momento.

Como explica Lelo de Larrea, los tríos requieren mayor capacidad de concentración y de atención de los músicos que ensambles con mayor número de instrumentos, pues estos se encuentran desprovistos de secciones rítmicas o de instrumentos que aparecen sólo en momentos clave de las composiciones, exigiendo a los intérpretes mayor condición y capacidad de reacción.

–En un trío de órgano, guitarra y batería –explica Lelo de Larrea– estamos constantemente creando, no podemos hacernos a un lado en ningún momento, tenemos que trabajar siempre en el factor sorpresa y en la esencia de la música del jazz. Tenemos que trabajar sobre la energía y las dinámicas constantemente, los tres debemos ir encarrillados al mismo ritmo. Además, el trabajo de la batería es diferente cuando trabaja con un contrabajista que cuando lo hace con un organista. La frecuencia, el nivel y la interpretación son diferentes. Pero también cambia la forma de tocar de la guitarra porque debe ir acompañando al órgano, armonizando según las frecuencias, interactuando, o debe ir siguiendo su mismo registro para dar colores diferentes. Hay que prestar atención muy distinta a la que debes prestar cuando tocas con un pianista, saxofonista o trompetista.

Luego de diez años, habrá nuevo disco de Pancho Lelo de Larrea

Aunque el de Francisco Lelo de Larrea no es un nombre desconocido en la escena del jazz mexicano, hasta ahora su trabajo propio sólo se encuentra registrado en una grabación de larga duración. En 2007, el disco 5uinteto, que contenía siete composiciones propias del guitarrista, recibió grandes elogios de la crítica especializada por sus estructuras sólidas, su sonido limpio y su influencia del hard bop. Este material, que fue grabado junto a algunos de los pesos más pesados del jazz mexicano, como el contrabajista Aarón Cruz, por fin tendrá una secuela.

–Este año tengo entre mis planes grabar el próximo disco –revela Francisco Lelo de Larrea–, que tendrá igualmente el formato de trombón, saxofón, batería, contrabajo y guitarra. De la misma manera, lo haré con composiciones mías y lo grabaré en la ciudad de Nueva York ya con músicos de la escena neoyorquina. Espero que para el verano ya esté grabado y en el transcurso del resto del año se estaría mezclando y masterizando. A mediados del próximo año ya estaría en plataformas digitales y a la venta en físico.

En 2011, el guitarrista migró de la Ciudad de México a Nueva York para estudiar una maestría en jazz performance. Ahí convivió con una escena jazzística muy particular y distinta a la existente en nuestro país. En dicha ciudad, como explica el músico, coexisten distintas generaciones de músicos y diversos subgéneros del jazz –desde el hard bop hasta el latin jazz–, además de que una preocupación de la escena es contribuir a la tradición del género y hacerlo evolucionar. Justo esa intención de hacer evolucionar la música a través de propuestas novedosas es la mayor lección que la escena neoyorquina legó al músico mexicano.

Sin embargo, el guitarrista se reconoce como parte de la escena del jazz mexicano, específicamente de una generación que vivió la expansión del jazz en el gusto del público y el fortalecimiento de un circuito que en los últimos quince años ha logrado hacerse más sólido.

–Desde que el jazz llegó a México en los cincuenta –dice– han existido tendencias efímeras de escenas porque los músicos siempre han terminado trabajando en otras labores, como el hueso. El jazz por sí solo siempre ha sido muy difícil. Nosotros admiramos a los músicos de aquella época porque aportaron tanto, fueron serios y tenaces en que no muriera la escena, ya fuera grande o pequeña en cuanto a la cantidad de músicos y proyectos.

Foto: memoriafoto.wpbilingual.com

Para Lelo de Larrea, su generación tomó la estafeta del jazz mexicano en la década de los noventa, pero son de recordarse y valorarse esfuerzos previos de músicos como Agustín Bernal, José Sánchez “El Tigre” y Ramón Negrete, así como Francisco Téllez, creador de una escuela de jazz que eventualmente se convertiría en la primera licenciatura especializada en el género en Latinoamérica. Pese a previos obstáculos y gracias a la tenacidad de algunos personajes, hoy se puede hablar de una escena sólida, considera el músico.

–No hay manifestaciones efímeras o chispazos como sucede en muchas partes del interior de la república –expone– sino que se ha forjado una identidad de la escena. Eso es muy importante, hoy por hoy hay músicos de todas edades que tienen muy buen nivel y gran conocimiento de la música. Nos da mucho orgullo a todos y por ello seguimos participando.

Además, para el guitarrista, algunas ciudades de la provincia, como Xalapa, Guanajuato, Querétaro y Morelia, han comenzado a tener movimiento propio tan grande que incluso podrían producir sus propios festivales de jazz sólo con talento local.

–No solamente ha habido crecimiento en cuanto a la escena musical formada por los músicos –afirma–, sino también del público. La gente cada vez va más a los conciertos, cada vez compra más música jazz, y no sólo los clásicos como Miles Davis, Coltrane, Mingus y Parker, sino discos nacionales, jazz hecho en México. Digamos que el jazz se ha puesto de moda en los últimos diez años. Eso es algo que nos beneficia. Como cultura estamos creciendo.

Es justo en ese contexto en el que aparece un proyecto como el Festival Jazzatlán, hoy considerado un referente nacional gracias a su calidad y amplia cartelera, a pesar de que este año será apenas su tercera edición pero ha traído a músicos internacionales tan relevantes como Cyro Baptista y a lo más relevante y novedoso de la escena nacional.

–Estoy honrado participar del Festival Jazzatlán –finaliza–. Rodrigo Moctezuma es un amigo de hace muchos años y hemos compartido siempre el proyecto de Jazzatlán desde que inició hace más de 10 años. Me ha dado mucho gusto y orgullo ver cómo ha ido creciendo más allá del restaurante, más allá de lo local. En el interior de la república resuena el festival de jazz de Cholula.