Narratofilia: la enfermedad del periodismo según Salcedo Ramos

Narratofilia: la enfermedad del periodismo según Salcedo Ramos

El cronista Alberto Salcedo Ramos advierte en la Universidad Iberoamericana sobre las tres luces rojas del periodismo latinoamericano: la autocomplacencia, los textos facilistas y la indulgencia con el poder

Fotos: Luis Lemini.
Sara Barragán del Rey | Vania Pigeonutt | Perro Letrado

@PerroLetrado

Hay dos formas de escuchar a Alberto Salcedo Ramos. Una es lúdica,  entretiene y hace que los asistentes al taller de crónica Echar el cuento se rían y se fascinen con su inmensa colección de citas, canciones, imágenes, chistes e historias de historias.

La otra forma es levantando las faldas al sarcasmo y escuchándole entre líneas. Como en toda buena historia, ahí está la esencia. Los consejos de Salcedo Ramos, cronista en las revistas SoHo y Gatopardo, en Colombia, y corresponsal de la revista alemana Ecos, están atravesados por una crítica incisiva al periodismo actual en América Latina.

—Los periódicos llevan mucho tiempo sirviendo más para madurar los aguacates que para informar a la gente —dice Salcedo muy serio.

Todos se ríen. Algunos sólo sonríen.

—Cada vez estoy más convencido de que las verdades que me interesan las están contando los escritores de ficción y que el periodismo, que se da golpes de pecho en nombre de la verdad, se está alejando de ella o la está prostituyendo.

“Los periódicos llevan mucho tiempo sirviendo más para madurar los aguacates que para informar”

Aludiendo a unos medios que no evidencian los abusos del poder, ni la estrangulación de la clase media, ni la desigualdad social, Salcedo dice que “hay como un miedito de meterse a contar la vida del poderoso, del magnate” y critica que “en América Latina, el periodismo narrativo sea cada vez más fastidioso y monótono con temas como las derrotas y los excluidos”. Desde su punto de vista, esto, junto con el abuso de los temas relacionados con la muerte, termina por generar una espectacularización de la violencia.

Otro de los vicios que considera presentes en el periodismo es lo que él llama la “narratofilia” que consiste en creer que todo es digno de ser narrado en la autocomplacencia.

—Todo el que no sabe de qué diablos va a escribir, empieza hablando de las nubes. Hay una especie de embriaguez del propio discurso facilista.

Junto a las nubes y el sol que brilla al atardecer (como recursos fáciles pero vacíos en la escritura), Salcedo advierte sobre la desmesura del yo en algunos cronistas y el afán de protagonismo. El ego, al fin y al cabo, es algo de lo que no escapa ningún escritor, tampoco los periodistas. Y, para explicarlo, Salcedo alude al ego de Orson Welles: “Me da mucha ira cuando termino un capítulo y la máquina de escribir no me aplaude”. El público asistente al taller vuelve a sonreír.

Pero el facilismo parece que también afecta a la búsqueda de temas. Para el cronista colombiano es una tendencia que “se ha ido comiendo el periodismo, lo ha ido devorando”.

—Los temas deben salir de atreverse a mirar. La mejor manera de conocer un lugar que no conocemos es atrevernos a perdernos en él, caminar sin saber adónde vamos a llegar. Ese es el periodismo que yo recomiendo.

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Su charla se estructura a partir de las preguntas que plantea a los talleristas, una estructura que le ha servido también de punto de arranque en otros talleres de crónica de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, de la que forma parte; preguntas que responde con más preguntas y con ejemplos de otros narradores. Recurre a canciones de Héctor Lavoe y Rubén Blades, a imágenes de los boxeadores Mike Tyson, Kid Pambele y Emile Griffith e historias como “El último beso de Loba Lamar”, de Pedro Lemebel.

En su propia metodología pedagógica está la clave de cómo encuentra sus historias: curiosidad y olfato, sustentados siempre en variables periodísticas: “las de siempre”, dice, que las historias sean universales, que afecten para mal o para bien a un gran número de personas y que permitan mostrar los conflictos de la sociedad.

“Hay que ver la vida de los personajes y no sólo escuchar sus frases”

Una de las preguntas más frecuentes durante el taller gira en torno al cómo: ¿Cómo lograr escribir una crónica como Los ángeles de Lupe Pintor, que da título a su último libro publicado en 2015? O como otras tantas que ha publicado en diversos libros, antologías y revistas en todo el mundo y por las que ha recibido numerosos premios internacionales y se ha ganado un prestigio en varios rincones del planeta. Él lo explica una y otra vez:

—Las historias están en los periódicos y en las conversaciones de la calle y aparecen acompañando al personaje. Creo en un periodismo donde uno emprenda la aventura de meterse a fondo en la realidad y no simplemente dedicarse a hacer preguntas. Alma Guillermoprieto dice: ‘El periodista se ha convertido en un esclavo del entrecomillado’. Hay que ver la vida de los personajes y no sólo escuchar sus frases. Con la acción, tengo la verdad.

Y para conseguirlo, una de sus estrategias es invitar a sus entrevistados a comer. Según cuenta, las personas ante su platillo favorito se animan a conversar. Y si algo le gusta a Salcedo Ramos, además del vallenato, es la comida.

Pero no sólo charla con sus personajes, también consigo mismo. Cada día, antes de irse a dormir registra en una grabadora todo lo que aprendió, lo que observó, el tono de cada persona y hasta la forma en que tose. Durante una hora se convierte él mismo en su propio lector. Para entender, para encontrar en el fondo mismo de los detalles la historia que le estaba esperando. Ahí está la vida del periodismo, explica apasionadamente. Por eso no se necesita la ficción, “sólo se necesita ser curioso”.

La influencia de los relatos orales que escuchaba de niño en Barranquilla, donde nació en 1963, sigue así presente en su forma de narrar y de escribir. Una época en la que asegura que él ya era periodista sin saberlo y en la que las canciones y las conversaciones eran su fuente de información. Hoy se autodefine como cazador de groserías y dichos. Esta vez aprende un dicho mexicano: “¡O la bebes o la derramas!”. Y lo repite hasta el cansancio.

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La ficción es, precisamente, otro de los vicios que él considera perverso en géneros como la crónica. El problema, para él, es agarrarle gusto a la mentira para embellecer las historias.

—Con la mentira pasa lo mismo que con el sexo, se empieza con la vergüenza y se le coge el gustico. En América Latina no existen verificadores de datos. Si se pusieran en marcha, muchos libros quedarían reducidos a ocho páginas.

Salcedo Ramos se esfuerza en aclarar la diferencia entre ficción y literatura. La crónica, contesta ante las dudas de los asistentes, participa de la literatura tanto como del periodismo, es reportería acompañada de herramientas literarias.

—¿Y qué no es la crónica? No es un género para hacer florituras, para tirar pompitas de jabón por el aire, que no tengan un sustento en la realidad y en la información. Hemingway decía: “La escritura no es diseño de interiores sino arquitectura”. ¿Qué hacemos con metáforas sin datos? No hacemos nada.

“Desconfíen de sí mismos. Salgan de la zona de confort. Salten al vacío”

Durante las 18 horas que dura el taller, sin apenas descansos, apurando el tiempo hasta el final, Salcedo Ramos pide a los estudiantes y periodistas convertir el error en fuerza, transformarlo en una motivación y una potencia.

—El talento se cultiva. Ayúdense con buenos editores. Desconfíen de sí mismos. Salgan de la zona de confort. Salten al vacío. Lean mucho.

Desconfiar de uno mismo, ejercer la autocrítica y violentar los propios prejuicios es, para el cronista colombiano, una necesidad. “A veces, uno, desde la prevención parte de la moraleja y no de la historia”, explica. A veces, los periodistas, están “demasiado preocupados por la ideología”.

Antes de despedirse, al finalizar la conferencia en la que también están presentes, como público, periodistas que son también profesores de la Ibero como Laura Castellanos, Alejandra Xanic von Bertrab, Sergio Rodríguez Blanco, Federico Mastrogiovanni y Oswaldo Zavala, Salcedo Ramos cita al escritor colombiano Héctor Rojas Herazo: “me gusta los que buscan la verdad, pero desconfío de los que creen que la han encontrado”.


El taller Echar el cuento se llevó a cabo el 20 y 21 de febrero de 2017 y fue organizado por el Subsistema de Periodismo del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana en colaboración con el Programa Prensa y Democracia (PRENDE) y las publicaciones digitales Lo Político, Perro Letrado y Perro Crónico.

Publicación original: Perro Letrado, www.perroletrado.com

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