Las áreas protegidas resultan ser fuentes “significativas” de emisiones de carbono

Las áreas protegidas resultan ser fuentes “significativas” de emisiones de carbono

Un nuevo estudio descubre que el estado de protección oficial no evita la deforestación (ni las grandes cargas de carbono que libera) en muchos de los parques y reservas mundiales

Menos del nueve por ciento de las reservas que los investigadores tomaron como muestra contribuyen al 80 por ciento de las emisiones totales de carbono entre el año 2000 y el 2012, lo que sitúa a este pequeño subgrupo de reservas a la par del total del sector del transporte del Reino Unido

Benji Jones | Mongabay Latam

@MongabayLatam

La deforestación es una gran fuente de carbono atmosférico; cada vez está más en el punto de mira de los proyectos de mitigación del cambio climático por todo el mundo. Ahora, incluso los bosques en zonas protegidas pueden ser fuentes “significativas” de emisiones de carbono, dicen los investigadores. Según un nuevo estudio publicado hace unos días en Scientific Reports, una revista de Nature, la deforestación en las zonas protegidas de los trópicos, sobre todo en Brasil e Indonesia, libera millones de toneladas métricas de carbono cada año.

Cortar los bosques es un golpe doble para los bosques. Las investigaciones indican que la pérdida forestal no solo libera dióxido de carbono directamente a la atmósfera ─lo cual representa casi una quinta parte de las emisiones de carbono antropogénicas, es decir, causadas por los humanos─, también reduce los llamados “pulmones” de la Tierra. Según los científicos, eso son malas noticias para un clima que ya se está calentando.

Parece que ni siquiera las zonas protegidas ─que ahora cubren un “alentador” 15 por ciento de la superficie global terrestre─ están protegidas del alcance de la deforestación, destaca el informe.

Daños de un incendio en el Parque Nacional Berbak en 2011. Según el autor principal Murray Collins, el parque y los bosques protegidos de alrededor se vieron degradados dramáticamente por un incendio más reciente (2015). Foto de Murray Collins

“Estamos viendo que se pierde mucho bosque en zonas protegidas”, dijo a Mongabay Murray Collins, autor principal del estudio e investigador asociado en la Universidad de Edimburgo. “Existe el riesgo de pensar que, a pesar de toda la deforestación que está sucediendo en el mundo, al menos las zonas protegidas estarán a salvo”.

Collins afirma que no es así. De hecho, es un problema del que los investigadores han sabido desde hace tiempo, añade. Sin embargo, las consecuencias para el clima no estaban tan claras. Ahí es donde entra el equipo de Collins.

Al utilizar mapas de la cubierta forestal, las reservas de carbono y las zonas protegidas, los investigadores averiguaron cuánto carbono está relacionado y se libera con la deforestación en las zonas protegidas de los trópicos ─donde se encuentran gran parte de los bosques mundiales y la biodiversidad─. Al hacerlo, los investigadores querían cuantificar el impacto en el clima de la llamada “percepción errónea” de que no ocurre deforestación en la red mundial de zonas protegidas.

Según el estudio, la información puede ofrecer oportunidades fáciles para mitigar el cambio climático. Collins dice que mejorar la implementación de un área protegida existente, lo cual podría tener grandes beneficios para el clima, es mucho más fácil que reducir la deforestación en otros tipos de usos de la tierra.

“[Las zonas protegidas] podrían ser el centro de los trabajos de protección para reducir las emisiones de la pérdida forestal sin tener que cambiar el estado de la tierra”, dijo. “Por ejemplo, si intentas reducir emisiones de una gran concesión de tala, tienes que cambiar las prácticas de gestión y todo eso”.

Esta última opción sería mucho más difícil, añadió.

Deforestación para palma aceitera cerca del Parque Nacional Sebangau en Kalimantán Central, Indonesia. Foto de Rhett A. Butler.

El análisis de los investigadores reveló que 2018 zonas protegidas de los trópicos almacenan el 15 por ciento de toda la biomasa de los bosques tropicales, es decir, carbono. Eso varía según el área protegida. Las reservas con categorías más estrictas de protección de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ─como “Reserva Natural Estricta” y “Parque Nacional”─ tienen la mayor densidad media de existencias de carbono. Esto sugiere que los parques mejor protegidos tienen más que perder, dicen los investigadores.

“Descubrimos que, de media, el estado de protección alta se concede a los bosques más intactos o con mayor biomasa”, dijo Collins.

Sin embargo, la deforestación no muestra esa preferencia, según indican los resultados. El equipo descubrió que se había arrasado una media de casi un 0,2 por ciento de cobertura forestal en zonas protegidas entre el año 2000 y el 2012.

“La deforestación sucede en todas las categorías de área protegida”, dijo Collins. “No es un fenómeno aislado, lo cual es sorprendente, especialmente cuando ocurre dentro de las [zonas protegidas] de altos niveles de protección”.

Recordemos: la deforestación produce emisiones de carbono. Tanto que el Acuerdo de París de 2015 –el compromiso de 195 países de aplicar acciones concretas para minimizar el calentamiento global– incluye de forma destacada la reducción de la deforestación como uno de sus objetivos principales.

Los investigadores descubrieron que las emisiones de carbono se distribuían de forma desigual en las zonas protegidas. De hecho, menos del nueve por ciento de las reservas que sirvieron de muestra a los investigadores contribuyeron al 80 por ciento de las emisiones totales de carbono entre el año 2000 y el 2012. Esto sitúa este pequeño subconjunto de reservas a la par del sector del transporte del Reino Unido, escriben.

Entonces los investigadores fueron un paso más allá.

“Extraordinariamente”, declaran los autores, solo el 10 por ciento de las áreas protegidas contribuían a un tercio del total las emisiones de carbono registradas entre 2000 y 2012. Muchas de estas zonas de grandes emisiones se encuentran en Brasil e Indonesia, que cargan con casi la mitad de todas las emisiones de carbono, dicen los investigadores.

El estudio destacaba las cinco zonas protegidas que más carbono emiten: el Área de Protección Ambiental Triunfo Do Xingu y el Bosque Nacional Jamanxim, ambos en Brasil, la Reserva de la Biósfera Maya en Guatemala, el Parque Nacional Patuca en Honduras, y el Parque Nacional Sebangau en Indonesia.

Datos de la Universidad de Maryland visualizados en Global Forest Watch muestran que el Área de Protección Ambiental Triunfo Do Xingu perdió casi el 24 por ciento de su cubierta forestal en los 14 años entre el 2001 y el 2014. Gran parte de esta deforestación se produjo en bosques intactos, que son grandes áreas de vegetación original lo suficientemente inalteradas para mantener los niveles de biodiversidad nativa. Según Global Forest Watch, esta pérdida de cobertura arbórea llevó a la liberación de 149,3 millones de toneladas métricas de CO2. Los autores del estudio señalan a investigaciones anteriores que descubrieron que presas, carreteras, minería, tala y agricultura contribuyen a la deforestación en la zona protegida.
La zona de amortiguación que rodea la Reserva de la Biósfera Maya en Guatemala perdió un 36 por ciento de su cobertura arbórea entre 2001 y 2014. Global Forest Watch muestra que esta pérdida de cobertura llevó a la liberación de unos 54,3 millones de toneladas métricas de CO2. Se cree que la tala es una de las principales causas de pérdida forestal en la zona de amortiguación.
El Parque Nacional Sebangau en el Boreno Indonesio perdió alrededor de un 8 por ciento de su cobertura arbórea entre 2001 y 2014, y emitió unos 17,7 millones de toneladas métricas de CO2 en el proceso. Investigaciones anteriores indican que la tala ilegal es un problema en el parque.

Como apuntan los científicos, las elevadas emisiones de carbono de zonas protegidas en Brasil no son tan sorprendentes. Eso es porque la red es amplia –la más grande de todos los países tropicales, de hecho– y, para empezar, tenía más carbono. En otras palabras, las reservas de Brasil son las que tenían más carbono que perder.

No se puede decir lo mismo de la red de Indonesia, donde las emisiones son más “preocupantes”, escriben los autores.

Los investigadores no se sorprendieron al “encontrar Brasil a la cabeza de la lista, ya que tiene un patrimonio enorme de bosque protegido de elevadas reservas de carbono”, escriben. “En comparación, la contribución significativamente mayor de Indonesia es más preocupante, ya que ilustra los continuos problemas que tiene el país para gestionar sus zonas protegidas”.

Cuando el tamaño de las zonas protegidas se tiene en cuenta, empieza a sobresalir otra historia.

La corrección del área de bosque con la que empezó una zona protegida –en otras palabras, establecer una cantidad de partida de carbono forestal– genera una nueva lista de áreas que producen más emisiones de carbono de las que se esperaría por su tamaño. Esas áreas, según los investigadores, son quizás incluso más preocupantes.

“Hay un pequeño número de parques que crean muchas más emisiones de las que se esperaría por su tamaño”, dijo Collins. “Se ven afectados por la deforestación de forma desproporcionada”.

Veintitrés parques para ser exactos. A pesar de representar solo el uno por ciento de todas las áreas protegidas, estas 23 áreas produjeron casi un tercio de todas las emisiones de carbono registradas entre el año 2000 y el 2012. Eso es 20 veces más de los que se esperaría por su tamaño.

“Ese es el descubrimiento realmente importante”, dijo Collins. “Tienes esas grandes emisiones que vienen de un conjunto relativamente pequeño de parques”.

Son esas áreas las que cree que deberían ser el centro de atención de los trabajos de mitigación del cambio climático.

“Si pensamos formas en las que podemos reducir las emisiones de carbono en el mundo, deberíamos estar buscando cosas que podamos hacer para ser muy eficientes con las intervenciones”, afirmó Collins. “Esas zonas causan unas cantidades desproporcionadas de pérdida forestal y deberían ser de interés para las intervenciones de gestión”.

Gracias a este estudio, ahora hay una lista de opciones inmediatas –o zonas protegidas que emiten carbono de forma desproporcionada– por las que empezar.

Referencias:

  • Collins, M. B., & Mitchard, E. T. (2017). A small subset of protected areas are a highly significant source of carbon emissions. Scientific Reports, 7, 41902.
  • Banner image: brown capuchin in Brazil by Rhett A. Butler
  • Hansen, M. C., P. V. Potapov, R. Moore, M. Hancher, S. A. Turubanova, A. Tyukavina, D. Thau, S. V. Stehman, S. J. Goetz, T. R. Loveland, A. Kommareddy, A. Egorov, L. Chini, C. O. Justice, and J. R. G. Townshend. 2013. “High-Resolution Global Maps of 21st-Century Forest Cover Change.” Science 342 (15 November): 850–53. Data available on-line from:http://earthenginepartners.appspot.com/science-2013-global-forest. Accessed through Global Forest Watch on February 17, 2017. www.globalforestwatch.org
  • Greenpeace, University of Maryland, World Resources Institute and Transparent World. “Intact Forest Landscapes. 2000/2013” Accessed through Global Forest Watch on February 17, 2017. www.globalforestwatch.org
  • IUCN and UNEP-WCMC (2016), The World Database on Protected Areas (WDPA) [On-line], Cambridge, UK: UNEP-WCMC. Available at: www.protectedplanet.net. Accessed through Global Forest Watch on February 17, 2017. www.globalforestwatch.org
  • Zarin, D., Harris, N.L. et al. 2015. Can carbon emissions drop by 50% in five years? Global Change Biology, in press.

Publicación original: Mongabay Latam

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