Kong: Skull Island, de vuelta, el rugido del monstruo

Kong: Skull Island, de vuelta, el rugido del monstruo

Héctor Jesús Cristino Lucas

El género de Aventuras nace de la misma forma que el de la Ciencia ficción: un cúmulo de historias, en muchas ocasiones placenteras, del hombre mezclando la fantasía, pero también la ilusión o la esperanza de su posibilidad. El hombre creyendo, con poderosa certeza, que aún había mundos perdidos allí afuera por descubrirse. Esta es la razón que llevó a Arthur Conan Doyle en 1912 a escribir su famoso libro de aventuras The Lost World sobre una expedición perdida en una meseta sudamericana repleta de criaturas prehistóricas. El principal referente del género que inspiraría, además, el nacimiento del famoso King Kong de Merian Caldwell en 1933.

Así como detrás de Metrópolis de 1927 está el temor del hombre a una era tanto acelerada como automatizada, impregnado de concepciones marxistas al respecto; King Kong es una muestra clara del ser humano asumiéndose pequeño ante los misterios del mundo. Piénselo: una isla atrapada en el tiempo repleta de criaturas que el hombre creyó extintas y de monstruos de esos que habitan en lo más recóndito de nuestras pesadillas. Más temprano que tarde, el argumento del simio gigante -nacido en las fantasiosas creencias de muchos exploradores, y de la evidente novela de Doyle junto a su adaptación muda de Harry O. Hoyt en 1925- pintaba para lo que fue, un éxito.

Y el éxito, además de todo lo dicho, se debió también a los fantásticos efectos especiales de un tal Willis O’Brien, uno de los pioneros indiscutibles en efectos especiales de Hollywood. Ya había trabajado antes en The Lost World de Hoyt y se encargó también de darle vida a King Kong en el 33. Fue algo sorprendente: ver a seres humanos compartir pantalla con dinosaurios era casi una fantasía -o pesadilla- hecha realidad. Fue uno de los primerísimos trabajos en Stop Motion que marcaron un antes y un después, inspirando a miles, como al famoso Ray Harryhausen y a sus maravillosas cintas de fantasía y aventuras: Clash of the Titans o Jason and the Argonauts.

Aunque fue en Japón en donde le sacaron más jugo al asunto al crear en 1954, y por primera vez, el famoso Gojira de Ishiro Honda. Un trabajo que mezcla mitología nipona con una evidente crítica sociopolítica ante la devastadora bomba que arrasó con Hiroshima y Nagasaki en 1945, y la idea de un monstruo radioactivo que destruye ciudades fue aceptada por el público con horror y mucha fascinación. Por ello, y para 1962, colocaron al gorila frente a frente con el famoso Kaiju -palabra referida a un monstruo japonés- y los vieron pelear cuerpo contra cuerpo. En esa versión el Stop-Motion dio paso a las botargas.

Así, saltamos a 1976 cuando el director John Guillermin junto al productor italiano Dino De Laurentis -famoso por producir películas de culto como Barbarella (1968) o Flash Gordon (1980)- crearían, a sorpresa del público, el primer remake del famoso filme de 1933. Y los elegidos fueron Jeff Bridges -así es, el mismísimo dude de The Big Lebowski– y Jessica Lange -más conocida ahora por su participación en la serie American Horror Story. Una de las cintas más recordadas, sobre todo, por añadirle elementos románticos y hasta eróticos. Tan sólo recuerden la famosa escena de Kong bañando a Lange en una cascada. Épico.

Y de ahí brincamos al 2005, cuando Peter Jackson, un enamorado del cine fantástico, del horror y la ciencia ficción, retomó la historia del simio siguiendo la misma premisa de la versión original. El neozelandés, quien ya había enamorado al público y se había ganado a la crítica con sus adaptaciones a The Lord of the Rings, fue recibido con aplausos por los fanáticos. Y no es para menos, el King Kong de Jackson fue bastante fiel al clásico, como dinámicamente impresionante. Además, el papel de la rubia interpretado por Naomi Watts le dio un poder desconocido a la película y muchos, incluyéndome, pensamos: ¿Quién puede superar esta versión?

La crítica la catalogó como el remake definitivo de la fantástica película de aventuras de 1933. Por eso, nadie esperaba una nueva versión del simio en la pantalla grande, pero llegó acompañado de Tom Hiddleston y Samuel L. Jackon.

Traerlo de vuelta responde a un objetivo tan básico como efectista. Lo que se busca es crear un nuevo universo de monstruos gigantes reiniciando de cero las famosas versiones de estas míticas criaturas. Gracias a ello es que vimos el modesto pero aceptable Godzilla de Gareth Edwards -mejor conocido como el genio detrás de Rogue One– en el 2014. Amada por unos y odiada por otros, fue la primera pieza en el ajedrez para construir el ya nombrado Monsterverso que continua en el 2017 con Kong: Skull Island. Y se presume que por el 2020 podremos verlos verlos juntos en una épica batalla que no se había visto desde los 60s.

Sin embargo, la esencia está ahí. Existe, sin importar las grandes diferencias, un algo que nos hace estar completamente seguros que es King Kong y no un intento de parecérsele. Y ahí está, más que implicita, la fascinación del hombre ante mundos desconocidos y la fantasía por encontrarlos.

Pero antes de que eso suceda … hablemos de Kong: Skull Island. Y aquí hay algo que es necesario aclarar. Ésta no es con exactitud un remake de la versión original, ni mucho menos de la versión de Peter Jakcson. Es, más bien, un reboot. Un reiniciar de cero. Por ende, no sería justo compararlas con sus antecesoras, ya que como todo, el reboot obedece a ciertos elementos distintos del remake. Sabiendo eso, entendemos que el nuevo Kong, de la mano de Jordan Vogt-Roberts tiene como único y específico objetivo, mostrar las capacidades del monstruo para el futuro enfrentamiento con el kaiju. Es por ello que difiere demasiado a las versiones clásicas.

Ya desde el título nos queda claro que habrá diferencias. Todo el embrollo sucede en la famosa isla calavera, por lo que no tendremos -al menos por ahora- al simio en las grandes urbes; al simio subiendo rascacielos con la rubia en la mano. Una escena tan mítica en nuestro imaginario colectivo. No hay, tampoco, la famosa historia de amor. La famosa versión romántica de una Bella y la Bestia como lo presentaron en 1933 -y como responde también a las famosas historias de amor de monstruos trágicos al estilo Drácula o Frankenstein– por ende, estamos frente a algo nuevo y arriesgado. Algo que probablemente a muchos les cause conflicto.

Sin embargo, la esencia está ahí. Existe, sin importar las grandes diferencias, un algo que nos hace estar completamente seguros que es King Kong y no un intento de parecérsele. Y ahí está, más que implicita, la fascinación del hombre ante mundos desconocidos y la fantasía por encontrarlos. Y eso es algo que vale muchísimo la pena.

Por ello, las tantas diferencias no son el principal error de la película, sino, más bien, elementos que hay que tomar muy en cuenta. La pregunta aquí es: ¿Qué nos ofrece Kong: Skull Island? Primero, un clarísimo homenaje a las versiones clásicas. Aunque dije que no era justo compararla es obvio que hay guiños y un importante halo a sus antecesoras. Por ende, la esencia es rescatable. Segundo, un imponente monstruo, el más grande Kong que se ha visto nunca en el séptimo arte, con el único propósito de poder enfrentarse a Godzilla. Y tercero, efectos especiales alucinantes que captan el mejor espíritu de un mítico Ray Harryhausen, eso sin duda.

Lo único que falla, y esto es evidente, es un guión sólido. Aunque la premisa básica es exactamente la misma a las versiones anteriores -personajes atrapados en una isla repleta de monstruos- aquí no hay objetivos claros. Es decir, parece que se hicieron de un reparto que incluía a Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson y hasta un John Goddman para tener nombres que presumir en taquilla, pero sin saber qué hacer con ellos en la historia, vamos que no aportan casi nada a la película. En pocas palabras, no hay un guión sólido que se sostenga por sí solo, todo es acción, y una acción muy bien lograda pero parece que no va a ningún lado, y eso es chocante a veces.

Sin embargo, sus objetivos como reboot, vaya que se cumplen. Vemos con claridad al simio luchar. Vemos sus habilidades y su imponente imagen. Muchos le han dado el visto bueno a Kong: Skull Island en contraposición al Godzilla de Edwards, ya que muchos se quejaron de que el kaiju no aparecía mucho en pantalla y todo se limitaba a seres humanos intentando lidiar con el conflicto. Es decir, que había un evidente desarrollo de personajes -que hacía principal referencia al Gojira de 1954, ya que en la primera el monstruo tampoco salía tanto- y por ello, resulta bastante curioso que en Kong es al contrario: el monstruo aparece más, sus protagonistas no son su fuerte.

Lograr que estos dos elementos funcionen: la historia llena de dinamismo y peleas colosales, junto al desarrollo de sus personajes en un guión medianamente completo, es todo un reto. Muy pocas películas dentro de éste género lo han logrado, y está, sobra decirlo, no está en la lista. No al menos como la de 1933, el remake de 1976, y por supuesto, la versión de Peter Jackson.

Algo que hay que destacar es su imponente halo setentero. Algunos hasta la han descrito como una combinación entre Apocalypse Now de Francis Ford Coppola y Jurassic Park de Steven Spielberg. Y a pesar de todo la cita delinea un trasfondo tan político como maliciosamente satírico. Uno de los elementos que, afortunadamente, no dejan a la deriva el argumento, ya que al igual que el Gojira clásico se pretende una crítica antibélica. Una crítica al ser humano y a las atrocidades que el hombre ha dejado con las guerras. Y el personaje que más evidencia este punto es John C. Reilly, quien quedó -literalmente- atrapado en el tiempo y su interpretación es tan excéntrica como curiosa.

En pocas palabras, Kong: Skull Island es un festín lleno de acción, monstruos y peleas alucinantes que es mejor disfrutarlas en 3D. De hecho, la confrontación final, sin duda, hace que el boleto valga la pena. He ahí el asunto y creo que en el fondo no nos prometieron otra cosa más que sólo eso. Ver al simio hacer lo que mejor hace. Y sí, eso es lo que realmente nos dan. Al verdadero rey de los monstruos -un título que recibió Godzilla tiempo después- reclamando su lugar en el cine de Aventuras y Horror. Aunque sus personajes pasen desapercibidos y a un chocante segundo lugar, Kong y sus impactantes batallas, rescatan el film de un rotundo: meh.

Kong: Skull Island le pertenece al simio, evidentemente. Y quién quiera otra cosa pierde su tiempo.

Sí, está de vuelta el rugido del monstruo.

Sinopsis:

Un diverso equipo de exploradores es reunido para aventurarse en el interior de una isla del Pacífico tan bella como traicionera que no aparece en los mapas, sin saber que están invadiendo los dominios del mítico Kong.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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