Internet, las reglas y la formación valoral

Internet, las reglas y la formación valoral

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“En uno de los capítulos de la serie británica Black Mirror le recuerda a un atribulado primer ministro inglés que internet no tiene reglas. No: las reglas deberíamos tenerlas nosotros antes de compartir información”.

Vanesa Robles. “¿Lo difamé con un click? Usted tiene la culpa por existir.

 

Ya he dedicado este espacio varias veces al tema pero la realidad sigue empeñada en traerlo a la escena y resulta necesario, urgente diría yo seguir insistiendo para tratar de hacer consciencia en los lectores, en los padres de familia, en los docentes que están formando a las nuevas generaciones en esta anomia moral producida por la dictadura del internet.

La semana pasada ocurrió otro caso de linchamiento moral en el que los medios de comunicación a nivel nacional hicieron eco irresponsablemente de lo que circula en las redes sociales sin el mínimo trabajo de verificación de la información y de consulta de las distintas versiones de los actores.

Sí, como ya lo adivinaron se trata del terrible caso del profesor Ramón Bernal Urrea, quien trabaja –y ojalá continúe trabajando- en la Prepa 10 de la Universidad de Guadalajara. El hecho es simple. En una clase con alumnos de nuevo ingreso el profesor trató de ejemplificar muy gráficamente, con lenguaje fuerte, la escena que se vive en muchos hogares mexicanos donde el machismo, el maltrato a la mujer y la violencia intrafamiliar se viven cotidianamente. Su actuación buscaba sensibilizar a los estudiantes sobre todas las implicaciones negativas que tiene esta cultura que a pesar de muchos esfuerzos de cambio sigue prevaleciendo en muchos hogares mexicanos.

Como la mayoría de los lectores sabe, a alguien se le ocurrió grabar, editar y subir a las redes sociales solamente el fragmento en que el profesor está actuando el ejemplo, desatando de inmediato la furia de esta especie de “Santa Inquisición” contemporánea que es cierta parte de la comunidad de feisbukeros y tuiteros que prácticamente “quemaron vivo” al docente tachándolo de misógino, machista, violento, intolerante y todos los adjetivos que podamos imaginar relacionados con este tipo de comportamientos.

El video se hizo viral y según la periodista de Guadalajara, Vanesa Robles tuvo en muy pocas horas más de ochenta mil reproducciones. Para la noche de el día en que se publicó este fragmento del video, muchos medios informativos -incluyendo el principal noticiario de la televisión mexicana que conduce ahora Denisse Maerker o periódicos internacionales como El País que antes fue ejemplo de buen periodismo- hicieron eco de la indignación generada en las redes y se unieron al linchamiento público del profesor Bernal sin tomarse la molestia de verificar la fuente y el contexto de donde venía el video ni de buscar la versión de otros estudiantes o del mismo profesor afectado.

Hasta el momento casi nadie de los que descalificaron al profesor sin tener pruebas ha publicado una disculpa por el gravísimo error cometido. Como si la honra y el prestigio de una persona, de un profesor no tuvieran ningún valor, este incidente quedó grabado en el espacio virtual como uno más de tantos que surgen

El linchamiento llegó incluso a la petición de firmas para una iniciativa de Change.org en la que se solicitaba al rector de la Universidad de Guadalajara el despido inmediato del profesor.

Pero la realidad era otra. Resulta que el profesor escribió y publicó una carta aclarando lo sucedido y se difundió el video completo en el que quedaba claro el contexto en el que se dio la actuación del profesor para ejemplificar lo que no debería suceder en una familia. Como afirma Vanesa Robles en su excelente artículo: “No hay duda: los videos siempre dicen la verdad… hasta que resulta que no”.

Sin embargo, hasta el momento casi nadie de los que descalificaron al profesor sin tener pruebas ha publicado una disculpa por el gravísimo error cometido. Como si la honra y el prestigio de una persona, de un profesor no tuvieran ningún valor, este incidente quedó grabado en el espacio virtual como uno más de tantos que surgen, se viralizan, escandalizan, indignan por un momento y luego desaparecen como si nada hubiera sucedido. Los periodistas, los medios de comunicación parecen haber perdido todo sentido de responsabilidad sobre las consecuencias de sus publicaciones y sobre la mínima ética que debe guiar sus comportamientos para verificar toda la información que reciben antes de hacerla pública. Resulta más cómodo hacer una nota de lo que se recibe en un video por internet que verificar, contrastar, buscar la versión de los protagonistas, analizar y luego informar.

También los ciudadanos comunes, los usuarios de las redes sociales parecen haber perdido o tal vez nunca han tenido la consciencia moral sobre lo que implica compartir algo en las redes sociales o unirse a comentarios y juicios sumarios contra cualquier persona o grupo sin tener idea sobre la veracidad de la información.

Este fenómeno se generaliza cada vez más. Tristemente podemos cada día ser testigos de muchos hechos parecidos al del profesor de la preparatoria 10 de la U. De G. Una razón que pesó mucho en mi decisión sobre escribir de este tema en la Educación personalizante de hoy es que durante la misma semana en que ocurrió lo del profesor Bernal ocurrieron hechos similares en la ciudad de Puebla y con medios poblanos que involucraron a dos profesores que conozco y estimo desde hace muchos años. Docentes comprometidos, responsables y respetuosos de quienes tengo elementos suficientes para saber que son incapaces de cometer acciones negativas como las que los pusieron, al igual que al profesor Bernal, en el banquillo de los acusados y en el blanco de la inquisición de las redes sociales. Estos dos casos han tenido menos repercusiones mediáticas y se han reducido a lo local pero no dejan de ser igualmente graves por las consecuencias que tienen para la honra y el prestigio de estos profesores que les han llevado muchos años construir.

La conclusión que surge a partir de los casos que refiero es que todos estamos expuestos a este tipo de acusaciones y a que las acusaciones se conviertan en verdaderos linchamientos públicos por el potencial de amplificación de la información que supone el auge de las redes sociales y ante la irresponsabilidad ética de muchos periodistas y medios actuales.

Internet no tiene reglas, no es un ente moral. Pero nosotros los humanos sí lo somos y como afirma la periodista deberíamos tener reglas mínimas antes de compartir información o de sumarnos a la crítica y la descalificación de personas a quienes ni siquiera conocemos.

En la llamada sociedad de la información en que nos ha tocado vivir en la que las tecnologías de información y comunicación (TIC) están omnipresentes en las vidas de todos los habitantes de la aldea global para bien y para mal, surge un nuevo desafío para las escuelas, las universidades y los educadores. Porque el reto de educar en el mundo de las TIC no tiene que ver únicamente con enseñar a los estudiantes el uso eficiente de las herramientas para resolver problemas técnicos o laborales sino con la generación de espacios de reflexión y formación sobre la dimensión ética del uso de los medios y sobre la responsabilidad que tenemos como usuarios de estos medios cada vez que compartimos determinada información o nos pronunciamos sobre un hecho.

Internet no tiene reglas pero nosotros deberíamos tenerlas. Internet no tiene consciencia moral pero nosotros deberíamos tenerla. Internet no humaniza o deshumaniza el mundo por sí mismo, somos nosotros con nuestro uso responsable o irresponsable quienes contribuimos a que la tecnología nos acerque y construya comunidades humanas o sirva para destruirnos unos a otros, para difamarnos todos a todos, para destruir vidas humanas que deberían ser para nosotros infinitamente más valiosas que cualquier instrumento o red de comunicación.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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