Perú: el bosque que lucha contra el olvido

Perú: el bosque que lucha contra el olvido

Los bosques secos ocupan tanta área en el planeta como Estados Unidos y México juntos. Estudios indican que en Perú solo queda el 5 % de lo que alguna vez hubo y que de este número reducido, los ubicados en los alrededores del río Marañón, poseen 40% de endemismo

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Existe muy poca información sobre estos ecosistemas y en los últimos años se han reducido considerablemente. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Jack Lo Lau | Mongabay Latam

@mongabaylatam

La primera vez que fui a un bosque seco no quería alejarme de la sombra de un algarrobo en los Bosques de Pómac en Lambayeque. El sol me tuvo seco. Lo único que quería era un poco de agua helada que refrescara los 35 grados centígrados que marcaban los termómetros. Recuerdo mirar alrededor y preguntarme: ¿cómo hacen estos árboles? ¿Quién puede vivir así?

En el olvido

Hay bosques secos en América y África. Costa Rica, El Salvador, México, Colombia, Bolivia, Argentina, Paraguay, Ecuador, Perú, Venezuela y hasta la India y Madagascar. Todos juntos suman 11 millones 500 mil kilómetros cuadrados, una extensión más grande que México y Estados Unidos juntos. En Perú no hay muchos estudios sobre este bioma. Según datos recogidos de la Estrategia Nacional sobre Bosques y Cambio Climático 2016, del Ministerio de Ambiente de Perú (MINAM), en el país hay más de 3 millones 600 mil hectáreas entre Piura, Tumbes, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca y Áncash. Y los dividen en ocho tipos de bosque seco: tipo sabana, de pie de monte, de lomada, de colina baja, de colina alta, de montaña, manglar y subhúmedos de montaña.

Sin embargo, en este estudio no se consideran los bosques ubicados en Junín y el sistema del río Mantaro, Apurímac, Tarapoto e Ica. “No hay un mapa que represente adecuadamente todas estas áreas. En todos los que te topes vas a encontrar datos diferentes. Es bien difícil calcular cuánto puede haber de bosque seco en Perú. No hay información sobre los bosques secos interandinos. El gran problema de siempre, no hay estudios que nos den información”, afirma para Mongabay Latam Reynaldo Linares, Investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en Perú y experto en bosques secos.

Un artículo de 2010, llamado “Extensión y conservación del bosque seco tropical en las Américas”, publicado en la revista científica Biological Conservation por los investigadores de la Universidad de Alberta, Carlos Portillo-Quintero y Arturo Sánchez-Azofeifa, afirma que Perú es el país que más bosque seco ha convertido en América, solo queda alrededor del 5 % de lo que antes hubo. A pesar de esta situación, en el Programa Bosques del MINAM respondieron así ante la consulta de Mongabay Latam sobre planes e información de bosques secos: “Por el momento, como Programa Bosques, contamos con información sólo vinculada a los bosques amazónicos húmedos (cobertura de bosques, pérdida de bosques). Asimismo, nuestra intervención se centra por el momento solo en comunidades nativas amazónicas (implementación del mecanismo de incentivos económicos para la conservación).

Como parte de la nueva gestión se está considerando elaborar nuestros instrumentos para otras categorías territoriales de bosques, así como bosques secos y bosques andinos, pero eso todavía es un proceso”. Por eso no resulta extraño que algunos expertos los llamen los “bosques olvidados”.

En Perú estudios indican que tan solo queda el 5% de lo que alguna vez hubo. Foto: Conservamos por Naturaleza.

 

Un lugar importante

Hace dos años Piura vivía una de las más intensas sequías de las últimas décadas. Algunos trabajadores iban con la camisa desabotonada y los pantalones arremangados. En los primeros días de 2015, la temperatura superó los 37.5 grados centígrados, igualando el límite histórico de la región de hace 30 años.

El año anterior solo había llovido una vez y la gente estaba más que desesperada, abochornada. En épocas de sequías como las vividas, el calor se siente doble en el bosque seco. Estos espacios suelen ser muy calientes pero su importancia es tan alta como su temperatura. Son esponjas de humedad, retienen agua, evitan que la poca agua que llega en la temporada de lluvia se evapore, y lo distribuyen lentamente al ambiente, regulando así, el ciclo del líquido elemento.

Sin estos bosques, el calor se sentiría más y existiría menos agua. Las raíces de los árboles también controlan la erosión en el suelo y evitan los deslizamientos y los huaycos. Solo las raíces del algarrobo (Prosopis Pallida), uno de los árboles más representativos de los bosques secos, llegan a ingresar hasta ochenta metros de profundidad, como enterrar una lanza del tamaño del Hotel Sheraton del Centro de Lima bajo tierra. Un estudio realizado por David Beresford-Jones, de la Universidad de Cambridge, determinó que una de las razones del fin de la Cultura Nazca, en la costa sur de Perú, fue el exterminio de sus bosques de huarangos (familia de los algarrobos del norte) que terminaron por debilitar sus suelos que se hicieron gelatina con las inundaciones y deslizamientos que trajo el Fenómeno de El Niño por esos años. Ya en la actualidad, una iniciativa busca recuperar algo de lo que antes hubo.

“Me di cuenta de que el bosque seco realmente necesitaba ayuda. En imágenes de satélite se veía claramente que el 99 % del bosque original se había perdido en la zona sur. Lo que quedaba eran pequeñas reliquias de las que obtenemos semillas para replantar”, comentó Oliver Whaley, del Jardín Botánico de Kew de Londres, que trabaja desde fines de los años noventa restaurando y reforestando el bosque seco de Ica, con especies nativas como las acacias, las guayabas o el molle. A su vez, es la organización que más fuertemente está trabajando en esta zona del sur de Perú con el bosque seco. Han publicado distintos libros sobre flora y fauna endémica, y trabajan con los colegios en temas de educación ambiental, promoviendo viveros y jardines de plantas prioritarias para estos bosques.

Bosque seco de La Libertad, norte de Perú. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Bosque seco de la ACP Bosque Natural El Cañoncillo, La Libertad. Foto: Conservamos por Naturaleza.
El patito seco

El bosque seco tuvo la mala suerte que le tocara convivir muy de cerca con la selva amazónica. “Se le ha dado muy poca atención en todo el continente americano. La niña mimada son los bosques húmedos de la Amazonía. Siempre se dice que son espectacularmente diversos, lindos, hay muchos animales vistosos, es todo verde. A primera vista es mucho más atractivo que cualquiera. Inclusive de parte de los mismos biólogos, siempre ha habido un énfasis grande en Amazonía. Y eso ha hecho que otros ecosistemas en América sean olvidados, como los bosques de neblina, toda la parte andina en general, los bosques de polylepis, los bosques montanos y los desiertos, que son más áridos, poco amigables, con menos animales coloridos ni paisajes impactantes. Por eso le llamamos los ‘bosque olvidados’ ”, sentencia Linares.

Sentado en el patio de comidas de un centro comercial de Lima, Luis Albán, consultor especialista en Bosque seco, con varias décadas trabajando en este bioma y liderando distintas iniciativas para conservarlo, resalta un vacío en las universidades peruanas. “En toda la costa de Perú, solo hay una universidad, la Nacional de Tumbes, que hizo una escuela de forestal y ambiental. Luego, todos los ingenieros forestales que se forman en el país, en la Universidad Nacional Agraria La Molina, la Universidad Nacional del Centro del Perú, y la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, salen con una mirada amazónica y tal vez de algunas especies andinas. Pero en bosque seco no se ha hecho nada”, dijo para Mongabay Latam.

En Piura, en su oficina con las ventanas y puertas abiertas para intentar refrescar los ambientes calientes, Alexander More, director ejecutivo de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI) de Piura, también señala algunos problemas que tienen para obtener fondos para conservar a estos espacios olvidados. “Los bosques secos son un ecosistema de alta prioridad por su grado de deforestación, presencia de especies endémicas y amenazadas. Como ejemplo, la región tumbesina (bosques secos ecuatoriales de Ecuador y Perú) es la cuarta región de endemismo en el mundo, con el mayor número de aves endémicas. Su prioridad de conservación y cooperación ha sido importante entre los años noventa y los dos mil. Con los grandes problemas ambientales, de cooperación y de financiamiento para temas de conservación de biodiversidad, los fondos se han focalizado en atender ecoregiones que generan servicios ecosistémicos de alto impacto nacional y/o global (…) lamentablemente, la falta de investigaciones e información del bosque seco, ha hecho que no hayamos podido demostrar aún que sus servicios ecosistémicos tienen un impacto global similar a los otros ecosistemas”, afirma More para Mongabay Latam.

Lo que más falta es información sobre bosques secos. El Estado sigue sin tener planes para ellos. Las universidades no promueven su estudio y, como no hay investigaciones ni cifras suficientes para justificar su conservación, los fondos internacionales están dirigidos a otros espacios. Sin embargo, esta situación lo único que hace es motivar a más gente a protegerlo.

“Hace millones de años, cuando esta zona estaba conectada con el Atlántico, esta era una gran laguna. Por acá se paran encontrando restos de dinosaurios, por ejemplo”, comenta Luciano Troyes, líder conservacionista y director de la UGEL (Unidad de Gestión Educativa Local) de Jaén, Cajamarca, mientras caminamos en su Área de Conservación Privada (ACP) Gotas de Agua, que protege un hermoso bosque seco al que llegan observadores de aves de todo el mundo. “Vienen hasta acá a ver todas las aves que tenemos y a valorar estos bosques. Por ejemplo, el Inca Finch (Incaspiza), endémico de esta zona del Marañón, vuela por estos árboles. Tenemos que promover más educación ambiental para que las generaciones que vienen puedan tomarnos la posta. Quisiera que mi área se convierta en un lugar que promueva la investigación y conservación”, dice Troyes, quien está encontrando en el ecoturismo una forma de obtener algo de dinero para conservar su área.

Bosque seco ubicado en los alrededores del río Marañón. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Luciano Troyes en su Área de Conservación Privada (ACP) Gotas de Agua en Jaén, Cajamarca. Foto: Conservamos por Naturaleza.

El bosque seco tiene una característica única. Se regenera automáticamente con la presencia de lluvias o la llegada del Fenómeno de El Niño. Lo que parece un desierto se vuelve verde en lo que cae el agua. “Es un espacio que se recupera rápidamente si está bien cuidado y manejado. Sin embargo, como todo ecosistema, funciona como una liga. La estiras y regresa. Pero si lo sigues haciendo va a llegar a su límite y no va a regresar más. Se debilita, se rompe”, cuenta Linares, quien está muy preocupado por su conservación. El Estado no tiene planes claros para el bosque seco, hay poca información, la gente que vive en él sufre cada vez que hay sequías o gigantes inundaciones, y el bosque se debilita cada vez más, sin marcha atrás. Pero Linares no pierde la esperanza, resaltando el endemismo de este ecosistema comparado con una de las principales joyas naturales del mundo: las islas Galápagos. “Lo interesante es que los bosques secos que tenemos acá tienen niveles muy similares a Galápagos. En el Marañón, hemos estimado un 40 % de especies endémicas. Eso no significa que hay un montón de especies, pero sí que las especies que se encuentran ahí, un 40%, solo se pueden encontrar en ese valle.  Y no en otro lugar del mundo. Y con el Marañón pasa algo todavía más especial. Este es un valle que tiene 400 kilómetros de largo, y es donde ocurren estos bosques secos. Hay especies de aves, de plantas, de lagartijas, que están restringidas a secciones de este valle. Entonces eso hace que se incremente la diversidad, pero sobre todo los endemismos. Una misma especie no necesariamente la encontramos en todo el Marañón. En muchos casos, solo están en unos cuatro kilómetros a lo largo de este valle. Es por eso que es importante no represar los ríos como este. Si se represa y resulta que justo da en el espacio donde está restringida esta especie única en el mundo, la podemos perder para siempre. Es por eso que hay que poner mucha atención”, sentencia otra vez Linares, que compara a los bosques secos con islas en tierra, rodeadas y aisladas por otros ecosistemas.

En los bosques secos ubicados en los alrededores del río Marañón, se encuentra más de 40% de endemismo, cifra que supera a las Islas Galápagos. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Bosque seco del Marañón. Foto: Conservamos por Naturaleza.

El río Marañón es una de las más importantes fuentes de agua y vida en el Perú, y es el principal afluente del Amazonas. Comparado por su belleza natural y paisajística con el Gran Cañón de los Estados Unidos. Robert F. Kennedy Jr, Presidente de Water Keeper Alliance, movimiento que promueve la conservación de los ríos en todo el mundo, llegó a Perú a fines de 2016 y declaró que “el Marañón debería ser considerada una reserva de biósfera. Tiene un ecosistema muy rico y tenemos que protegerlo”. Gracias a un Decreto Supremo emitido en el segundo gobierno de Alan García, el Estado promovió la construcción de 20 megahidroeléctricas a lo largo del cauce de este río. Tan solo Chadín II, la primera de este conjunto planeado en beneficio de todos los peruanos y concesionada en el gobierno de Ollanta Humala, convertiría a esta parte del Marañón en una piscina de 32,5 kilómetros cuadrados. En estos momentos, toda inversión está paralizada porque Odebrecht, la empresa constructora brasileña sindicada por corrupción, lavado de dinero y asociación criminal, era la que estaba detrás de esta megaobra que hubiera destruido un espacio único en el planeta, a pesar de que muchos gobernantes creen que es un lugar árido, limitado, estéril, seco.

Ecosistema amenazado por la construcción de 20 megahidroeléctricas a lo largo del cauce del río Marañón. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Su competencia: la comida

En los primeros días de diciembre de 2016, la ciudad de Piura colapsó. Se quedó seca. Agricultores y empresas agroindustriales desviaron el agua que llegaba del río Chira a la ciudad. Una batalla donde nadie sabe para quién trabaja. El área agrícola en Piura es de aproximadamente 240 000 hectáreas, entre cultivos de mango, limón, arroz y banano orgánico.  Tan solo la escasez hídrica de diciembre y enero trajo pérdidas por más de 200 millones de soles.

“El nivel de las aguas subterráneas va cayendo porque a parte del bosque, hay una competencia terrible por abrir pozos y bombear agua para regar todos estos campos de cultivo que han reemplazado a los bosques. La reserva de agua en el suelo se va agotando y la competencia es más dura. La agricultura demanda mucha agua y el bosque no la encuentra y se termina muriendo”, comentó el ingeniero Ricardo Jon, especialista en bosque seco del departamento de Lambayeque.

La deforestación del bosque seco en el norte del Perú está incontrolable. El Gobierno Regional de Piura hizo un aproximado de la deforestación de algarrobo en su región y se calcula que se pierden más de 20 000 hectáreas anualmente solo para carbón que es utilizado para el pollo a la brasa. El negocio de la leña o carbón mueve alrededor de 50 millones de soles al año. Basta darse una vuelta por los alrededores de Piura para encontrarse con hornos ilegales de carbón emanando un delgado hilo negro que para muchos huele a pollo. Números que siguen justificando la destrucción de este hábitat de cientos de especies en peligro. No solo son plantas y aves. En Piura, más de 200 000 personas viven en los dos millones de bosque seco. Sin embargo, estos peruanos se resisten y hacen todo lo posible para no quedarse secos, quebrados.

Bosques secos de La Libertad, norte de Perú. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Alternativas

Son 45 minutos desde la ciudad de Piura hasta el poblado de Locuto. Una carretera perfectamente asfaltada te lleva a esta parte de Perú donde, de buena gana, le sacan el jugo al bosque. Ahí, en medio de lo que muchos llamarían desierto, conocí a Estela Arroyo. La presidenta de la Asociación de mujeres Apóstol San Juan de Locuto, una comunidad campesina donde viven unas 9000 personas. Ellas producen algarrobina, caramelos, pan y miel. “Comprendimos que podemos aprovechar el bosque sin talarlo. Y acá ya se habían bajado todo el bosque. A nosotras nos sirve que los árboles sigan vivos. Pero el problema es el agua. Se están secando los árboles y los frutos están marchitos”, dijo Estela, con tres baldes en mano, para darle el alcance al camión cisterna. Más de 100 soles al mes se gasta ella para que su familia pueda estar sana (y limpia). ¿Cómo hacen Estela y sus vecinos para convivir en un ambiente tan árido?

“La innovación debería ser un componente para generar progreso y desarrollo. Tenemos que ser muy creativos en estas situaciones que nos llevan al límite”, afirma María Soledad Ortiz, regente forestal de Piura, que viene trabajando planes de manejo para aprovechar el palo santo en las alturas de los bosque secos. Ella quisiera replicar lo hecho en Ecuador, cuando la empresa cosmética Natura, en alianza con la Universidad de Loja y NCI, empezó a aprovechar el palo santo para hacer inciensos relajantes. “Era el 2003 y encontramos en Ecuador un hermoso bosque solo de palo santo, en Zapotillo. Y ahí se nos quedó la idea de que deberíamos conservarlo. Empezamos a tomar datos y al tiempo apareció Natura para hacer este proyecto”, recuerda con emoción sus épocas en NCI, Luis Albán. “¿Por qué no podemos hacer más cosas parecidas acá? No tenemos información. Sin información no podemos hacer nada. Recuerdo que hace algunos años, fueron a Piura unos diseñadores de modas que buscaban colores y texturas para hacer botones. Cosas así podríamos hacer. Tenemos la obligación de innovar en este bosque y el Estado tiene que incentivar ello”, afirmó Albán.

Podemos ir sacando algunas conclusiones. Este bosque es seco porque depende de las lluvias que llegan con el Fenómeno de El Niño. Hay una presión fuerte por estos bosques, que no les permite recuperarse como se recuperaban cada vez que venían estas lluvias. La gente que vive en el bosque, no está encontrando otras alternativas más que tumbarlo. Y ante esa problemática, Gastón Cruz, profesor de la Universidad de Piura y experto en algarrobales, afirma que “tenemos que darnos cuenta del verdadero valor del bosque. Además de darnos agua y contribuir al clima, por ejemplo, para la economía local, un árbol caído representa cincuenta soles de ganancia. Aprovecharlo sin talarlo, doscientos.”. Todo cambiaría si tuviéramos planes, información.

“El problema de nuestros gobernantes es que no se dan cuenta que la conservación no solo es un tema biológico, es un tema social y económico. Si solo estamos mirando cuántas aves nos quedan o cuántas hectáreas nos faltan conservar, no vas a poder hacer la conservación que esperas. ¿Sabemos cuánta algarroba tenemos y cuánto se produce? ¿Sabemos dónde están las mejores parcelas de bosque seco? No hay cifras exactas, solo tibias aproximaciones. No le estamos dando a la gente alternativas. Su única opción termina siendo tumbarse todos los árboles para poder comer”, afirma Luis Albán, quien resalta la poca prevención que tenemos en Perú. “Cuando viene mucha lluvia, nos destruye todo. Cuando viene poca, también. Si ya sabemos cómo será, ¿el gobierno por qué no hace planes de manejo? ”, sentenció.

El Gobierno peruano no tiene planes concretos para este bioma y no se cuenta con información suficiente para promover el desarrollo de estas importantes zonas. Foto: Conservamos por Naturaleza.
Lo que fue, no será

El ingeniero Ricardo Jon es descendiente chino, hijo de culí. Creció en las costas de Áncash, en Huarmey. Recuerda que durante los años cincuenta, en su casa cocinaban, lavaban y hacían todo con leña de algarrobo. No se imaginó que se volvería uno de sus árboles preferidos y se arrepiente de no haberse preocupado nunca por conservar su principal fuente de energía. En la actualidad cuando pasas por Huarmey, solo encuentras gigantes dunas donde antes hubo un tupido bosque de algarrobo, así como nos contó el cronista español Fray Reginaldo, en sus primeras historias de la conquista de Perú. Jon ahora vive en Chiclayo, luchando por conservar y proteger a ese árbol que alguna vez le ayudó a limpiar sus pantalones. Cabe resaltar, que durante las primeras semanas de febrero, las lluvias e inundaciones en Chiclayo dejaron el estadio de fútbol, el cementerio y decenas de barrios completamente inundados, dejando más de 60 mil afectados.

¿Cómo conservar el bosque seco y ayudar a las personas que viven de él? “Tenemos que entender que la conservación pasa por un tema económico. Tenemos que preguntarnos, cuál es el negocio y qué puedo hacer yo. Pero para eso, necesitamos información, datos que no tenemos. Y lo mismo pasa en todos los rubros. ¿Acaso el Estado sabe cuánto de oro y de petróleo tenemos? No sabe, por eso las empresas vienen y hacen lo que quieren. Sin información, la gente seguirá pensando que los bosques secos no sirven para nada, y seguirán promoviendo minería, agricultura y otras actividades que lo que harán es apoyar a su desaparición”, sentencia Luis Albán, que espera que en algún momento el gobierno empiece a incentivar la conservación y los estudios de estos bosques que necesitan de nuestra ayuda. “El MINAM, el Serfor, el ANA, no se están sentando a conversar. El sector ambiente sigue dividido como por estancos. Todos se mueven en lo suyo. Dicen que coordinan, pero operativamente no lo hacen”, otra vez recalca Albán, mientras se para de la mesa y se retira del centro comercial bajando las escaleras eléctricas.

Un mes después de la sequía que dejó sin agua a Piura en diciembre de 2016, llegó una tempestad que no se detiene por nada. Lluvias que inundan la ciudad, que destruyen los campos de cultivos (recuerden que los suelos están debilitados por la deforestación del bosque), que activan todas las quebradas, que bloquean las carreteras, que hace colapsar todo. Solo entre Piura y Lambayeque se estima que van casi 6000 personas afectadas en dos semanas de lluvias. Según el informe del Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) de Piura, más de 700 casas se han dañado por los incansables aguaceros. En el distrito de Pacora en Lambayeque los chivos y las gallinas fueron sepultados por los deslizamientos que han afectado a unas 2000 personas. El 3 de febrero de 2017, el Presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski declaró en estado de emergencia a los departamentos de Tumbes, Piura y Lambayeque. Según reportes del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) de Perú, las lluvias continuarán y aumentarán en la zona norte del país. Mientras tanto, el bosque seco, mojado e inundado, continuará como está: quebrado, estéril, limitado.

Publicación original: Mongabay Latam

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