Con el poder o en su contra

Con el poder o en su contra

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

Después de doce años de no gobernar, el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia, en el año 2012, trajo consigo viejas prácticas de censura en la esfera mediática: o con el poder o en su contra.  No es que en los dos sexenios de gestión del Partido Acción Nacional (PAN) no haya existido censura, simplemente que empezaban a vislumbrarse las primeras acciones de “transparencia” de la información pública. En el año 2003 fue creado el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), un organismo perteneciente a la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, el objetivo era transparentar la gestión pública a cualquier ciudadano; mientras que en terreno mediático sirvió como una herramienta de acceso a la información más allá del boletín emitido por las oficinas de prensa.

Claro, no todos los medios de comunicación supieron explotar el recurso de acceso a la información. De hecho con el regreso del PRI a la presidencia, el IFAI  (conocido desde el 2015 como Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales) parece haber tenido retrocesos en el terreno práctico, pues se ha convertido en una herramienta complicada de acceso a la información pública. Hay que tener mucha paciencia para poder solicitar y recibir un dato o por lo menos esperar entre  quince o veinte días para tener respuesta de una dependencia, en el mejor de los casos; o esperar de uno a seis meses por si acaso hay que hacer nuevas requisiciones de información, sobre todo cuando las dependencias públicas a nivel estatal o federal dicen que siempre no eran ellas las que pueden proporcionar información y hay que hacer la solicitud a otra dependencia o ya de plano salen con que la información (¡pública!) está restringida

Ante un panorama así, ¿qué tipo de periodista cuenta con el tiempo necesario para usar la herramienta de acceso a la información? Si nos referimos a los periodistas de investigación, seguro tenemos suerte; pero si son los que se dedican al diarismo, quizá no hallemos ninguno, pese a tener “herramientas a la mano”… ¿Qué le queda, entonces, al periodismo diario? Informar al nivel de las declaraciones oficiales, es decir, de sus boletines, ruedas de prensa o de una que otra entrevista.

En este tenor, en el de la información oficialista, los departamentos de comunicación representan un factor clave para el control mediático, pues utilizan una estrategia de dominación utilitaria y afectiva, en tanto la dependencia pública –a través del departamento de comunicación– además de proveerle información al reportero  también debe ser lo suficientemente sigilosa para tratar bien al gremio periodístico encargado de hacer cobertura de sus eventos. En el caso del periodismo político (encaminado a la agenda informativa de partidos políticos, gobernadores, presidentes municipales, Congreso del Estado, escándalos políticos, etc.), el control sobre la información se comprende a partir de las relaciones que la prensa haya convenido explícita o tácitamente con los grupos de poder y que, a su vez, son sus fuentes de información y clientes a través de la compra de publicidad. El poder, traducido en autoridad, dominación y control, descansa en motivos de obediencia. Por ejemplo, algunos políticos suelen invertir en su imagen y le pagan a la prensa para no ser golpeados mediáticamente, así estén inmiscuidos en actos de corrupción; la prensa, por su lado, sobreentiende ese acuerdo tácito de intereses, de tal surte que, en algunos casos, no visibiliza informaciones de carácter público. Ambas esferas de poder: política y mediática, se miman y obedecen entre sí.

No sé a ustedes, pero todo este modo de operar en el escenario mediático, a través de la secrecía, invisibilización o banalización de la información,  se parece mucho  al modo en que el PRI de la mano con los medios masivos de comunicación informaban en las décadas de los sesenta y setenta; sólo que han pasado cuatro décadas y la gente, cada vez más,  ha buscado nuevas maneras de informarse y comunicarse y deja atrás a los medios de comunicación tradicionales (con todo y su incursión a las plataformas digitales); sin embargo, a algunos partidos políticos y medios de comunicación, la democratización de la información les importa poco.

La politóloga alemana Jana Flörchinger, autora del informe Libertad de prensa en México. Lucha por un derecho fundamental, una investigación financiada por la fundación Rosa Luxemburgo, describe esa vieja conexión entre los poderes político-económico y mediático en el México del siglo XXI, a través de lapidarias palabras: “alianza corrupta”.

NO COMMENTS

Leave a Reply